13 abr 2012

Rollos matutinos 61


Yo quisiera creer

En la siguiente noticia se encierra una curiosa paradoja, si la descubres tendrás la llave para entender muchos enigmas:
Como apoyo a La Hora del Planeta, la Torre Eiffel, la Alhambra, el Vaticano, la Gran Muralla China, el Empire State, las Torres Petronas, el Puente de Sydney, la Cundaesturpe de Milanda y sus seis cundaesturpitas, y miles de edificios simbólicos de más de cinco mil ciudades en el mundo, alumbrados todo el año como faroles emblemáticos del regocijo más tonto en el despilfarro loco para la atracción turística de la voraz polilla que todo lo consume, se han apagado hoy durante una hora. La Hora del Planeta. Con ello pretenden, dicen, los que lo organizan, llamar la atención sobre el peligro catastrófico del derroche de energía para el medioambiente, que es que nos lo vamos a cargar entero si no paramos ya de encender cosas inútiles, y aún así.
Un detallito interesante: Presentadoras de telediario, reporteros, redactores, y todo el ganao de la estructura informativa del Sistema, babosean sonrientes como memos cuando dan la noticia como si se tratara de un caramelo de futuro dulce y bondadoso que hace ver que somos buenos y tiernos como bollicaos, en el fondo, para con todo.


Solución a cuál es la paradoja que encierra El Día del Planeta: Pues que, siendo de lo que alertan en verdad tan catastrófico, ¿a qué coños juega toda esa movida social, cuando luego vuelven a encenderlas una hora después tan contentos? Y, si es que existe una terrible barrera infranqueable para apagar el sinsentido suicida de una vez, ¿a qué viene hacernos tomar el gesto nimio, que sólo tiene utilidad como objeto de proyectos que generan más gasto, más derroche, y más calentamiento, igual que si se tratara de un acontecimiento festivo universal que ha salido bien y que hay que celebrarlo sonriendo condescendientes, como si se hubiera conseguido llegar a no se qué quinto cielo evolutivo, o fuéramos subnormales jugando en el recreo de una guardería en forma de pelota?

Moraleja: En esta paradoja está contenido el retrato de todo el mamoneo que nos va a acabar matando.

Nota: A mi, me recuerda a cuando quieren dejar de fumar los nicotinómanos y no quieren dejar de fumar y entonces dejan un día. Raramente dos. Y luego se ponen moraos con más ganas mientras se dicen que no importa ya fumar porque sin duda están definitivamente en el camino sin retorno de dejarlo para siempre y porque no hay otra manera de hacerlo porque desde luego, lo ultimo es dejar de fumar por nada de este mundo. Aún por la misma vida. Pero también me hace pensar en los complejos mecanismos de la enorme maquinaria de toda esa actividad, tan en pro de un supuesto bien común, pero que sólo tiene sentido en cuanto a pro de donde yectar habichuelas, según se pueda, para forrarse o para seguir tirando. En este caso en concreto, a cuenta del mediopresupuesto del ambiente entero.

Conclusión: ¿Sirve, todos estos mamoneos, para algo más que no sea para buscarse la vida, sacar buena tajada o cubrir necesidades, animar la economía y cubrir las hipotecas? Vamos a pensar que sí, que a lo mejor en algo por ahí sirve de algo, aunque sólo sea por no amargarnos la existencia hoy aquí en este momento con una inritación al fin innecesaria. Y tan poco útil como el apagón. Se me ocurre que hay quien con estas cosas entra en arrobo y es de pronto algo así como que hasta feliz por un momento sintiéndose en la grey correcta por colaborar apagando una bombilla. Pero de verdad… si de verdad quisieran hacer algo, ¿por qué coños las vuelven a encender? Yo… por más que quiero ponerme a encontrarle el lado positivo a la tontuna… Sólo le veo el morrazo. Porque eso de que al menos estas cosas sirvan para ir creando poco a poco no sé que tipo de conciencia… Quisiera tener candor para tragármelo, como, igual que decía el poeta, quisiera tener sed delante de las fuentes. Pero ese tipo de factor es cosa que si no se tiene no hay tutía.

Yo en estos montajes veo siempre un pecado parecido al de jugar con las cosas de comer.
Y, sin embargo, hay que ver lo que son las cosas, otros comen montándoselo, precisamente, de jugar con ellas.

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