15/05/2012

Rollos matutinos 67

Más turbación


El testo de este texto aún no sé cuál será. Sé que tiene su génesis en la emoción que sentí al encontrarme por la red con la imagen de este post, que por una parte hizo brotar de sopetón con su visión en mis sentires el borbotón del gusto, y de otra me gustó enseguida como ideal para enjuagar el poso horrendo que deja tras de sí la del anterior. Me dije, joder, esto si que es una representación mágica del divino toque digital. Si tenemos que ser como gallinas que ovulan con ideas cerebrales a través de estampas de cartón, sea con juegos de colores como este.

La imagen, por si se perdiera del pasaje que ahora escribo, es un dibujo de un cómic de Manara y representa en primer plano a la horizontal y de perfil a una mujer joven y guapa tumbada bocabajo en una cama de sábanas sedosas. Tiene tocada la cabeza con toca blanca y repretada, que puede que sea tal vez de monja, o viuda, o moda de una época o varias de esas cosas a la vez, que le deja al aire sólo el óvalo de la preciosa cara. Sobre la parte trasera de la cabeza, la nuca y parte del inicio de la espalda se ve un trozo de gruesa tela oscura que resalta sobre el blanco de las sábanas, la toca y el camisón, que puede que sea, en caso de ser monja, parte de la parte superior del hábito, o capuchón del vestido en cualquier caso. Hasta hace unos instantes ha estado escribiendo en esa postura cosas en unos folios encima de las sábanas con una pluma de ave que ha dejado abandonada encima de uno de ellos. El camisón lo tiene bien arremangado por detrás hasta más arriba del centro de la espalda, que queda desnuda hasta el final de las prietas nalgas, donde la sabana arrebuja de nuevo el cuerpo celándonos la vista de las piernas para resaltar aún más la desnudez del espléndido trasero, sin duda un poquito ofrecido en pompa. Y ese trozo de rosada pintura voluptuosa forma el centro geométrico de la composición pictórica, y el imán de atracción del ojo que lo mira, el motivo central de la excitación del que lo ve, y parte del contraste que entre el color de las sábanas y el cuerpo sugiere la raja oscura por la que se ha deslizado la mano que abandonó de pronto la pluma, buscando la fuente del placer para jugar con las puntas de sus dedos al lubricio de juegos solitarios. En el lado izquierdo del dibujo, la cara muestra la contención estática del gesto concentrado en alcanzar el éxtasis, con los ojos cerrados para facilitar el arrobo de la imaginación y la boca entrecerrada con labios entreabiertos de lascivia. Del otro lado, un trozo de colcha de un rojo tan intenso como exquisito pone un contrapunto de tonalidad entre las sombras que reinan en la estancia. Entre ellas emerge al fondo rompiéndolas del todo, la trasparencia cristalina de un florero lleno de flores blancas rojas y amarillas. La luminosidad que irradia de la obra, entra por una ventana, quizás un ventanuco, que no se ve porque está detrás del mirón, fuera del cuadro, pero que queda patente por la potente luz, que después de entrar por él ilumina todo el cuerpo resaltando sobre el culo que ella ha descubierto para sentir la excitación de dejarlo al antojo del fantasma con el que se recrea, y se refleja enfrente en la pared del fondo dibujando los barrotes de una reja.
Del dibujo salen cálidos olores corporales exquisitos y ruidos apagados de gemidos placenteros envueltos en frufús.
Se trata de una obra maestra del icono de la paja. De la masturbación aquella que nos decían los curas que nos iba a dejar ciegos, aunque al parecer a ellos era la culpa de su abuso lo que les había convertido en visionarios.
Iba a aprovechar para decir no sé qué sobre ella y su defensa, pero al fin creo que es tontería buscarle al tema de la digital libídine exaltaciones vanas y tontos desarrollos doctorales. Basta con decir que no creo que haya en este mundo individuo que esté inmaculado de manuela. Con esto pasa como con lo de comerse los mocos, que no hay cosa peor vista, pero que todo el mundo sabe que saben a salado. El homínido es un primate onanista por naturaleza. Y del mismo modo que se hurga sola en el coño la moza de Manara, se restriega las meninges en soledad el mono creador. Porque también forma parte de la misma onanía la Philo Sophía.


Digo esto ahora porque ayer, mientras escribía, vino un amigo profesor a casa e interrumpí mi redacción. Hablamos sobre arte y creaciones y pensares y literaturas, y ocurrió que a él le parecían gilipollauras algunas obras que para mí eran envidiables. Yo volví a deducir enseguida de esa contraposición la visión ya vista otras veces, de que cualquier obra de arte es sólo arte en el momento en que encuentra la emoción de alguien que la interpreta así, y lo es por lo tanto al serlo para él el tiempo que eso dure. Mientras tanto, ahí sola, ante el Universo, la obra genial y genuina es como cualquier otra obra animal o vegetal, un producto de la actividad animada de cierta parte corporal, lo mismo que la hez lo es en concreto de la de las tripas. Por eso obrar y cagar tienen antigua sinonimia. Ante un gusto coprófago, una mierda, se convierte de repente en un objeto magnífico cargado de deseo. O al contrario, en una arcada de asco. Y del mismo modo pasa con la cosa artística cuando encuentra una fantasía en la que es capaz de generar estímulo. Del mismo modo también, en el sentido de filia o de rechazo. Mi amigo argumentó que no obstante había obras que eran de por sí algo en sí mismas glorioso, como todo el mundo sabía, y puso por ejemplo espontáneo al Quijote, que sin embargo, como es normal, él no había leído, sino trozos, cuando alumno. De lo cual deduje que en este campo, como en todo, lo convencional tiene un enorme poder publicitario establecido, sobre todo en la enseñanza. Y ya no dije nada interesante de verdad, sino que sólo me pareció interesante seguir con mis razonamientos en el ámbito de Onán, recomprobándome cómo, efectivamente, lo de la literatura era onanismo puro y duro. Y nunca hay en esa manía más que un ser solo. Calentándose las partes sensibles de su seso con un testo fantasma que sólo tiene el significado que él le dé en ese momento de relación con ella. Tanto en el sentido del escritor cuando lo escribe, como en el del lector cuando lo lee. En ese juego especular, ya te lo he dicho otras veces, nunca hay en el fondo nadie más que uno solo jugando a excitarse figuraciones con ciertas combinaciones de gurrapatillos que llaman caracteres. Claro que también hay actos de lectura colectiva, del mismo modo que en el sexo hay orgías, pero aún así cada receptor está tan solo como el dador en su recreo al lado de los otros. Y si bien en el Cine, por ejemplo, la industria tiene mucho de colectivo como cualquier empresa, no hay nada más onanísta que un sala de cine llena de gente mirando hipnotizados las historias que en su interior proyecta el juego de luces que ven en la pantalla. Ya te lo he dicho, es por eso que cada vez nos parece distinta la revisión de una película o un libro, por supuesto también para el propio autor. Porque aunque los resortes del soporte son siempre los mismos, el receptor que activan es siempre diferente, lo mismo que las aguas de los ríos. Y cada vez que nos miramos en esos espejos fascinantes lo que vemos es el nosotros que nunca había sido antes y que nunca más será un instante después. Y entonces, si el espejo es bueno y estamos inspirados para ello, nos corremos de miedo o de emoción, de alegría, de pena, de risa o de llantos, de gusto de haber sido capaces de enredar esa trama, o de creernos más listos por haber aprendido de alguien algo de no se sabe qué, o turbarnos más al descubrir que no sé qué que alguien dice ya lo habíamos dicho nosotros. O al revés, más turbarnos todavía al descubrir que eso que habíamos creído siempre tan de un modo, ahora, de repente, según dice no sé quién, resulta que no era más que todo lo contrario. Y nos pasa como en aquella anécdota que relata aquél libro del siglo XVIII, en la que yendo la princesa caminando en compañía de su tutor por una vereda en medio de un bosque de castaños florecidos, esta empezó a turbarse más y más turbarse con una intensa emoción producida por el espeso olor del floreaje que lo inundaba todo, y decía como embriagada, ay, este olor me recuerda a algo muy familiar pero que no logro recordar el qué, lo tengo en la punta de la lengua del recuerdo, pero no logro acordarme, es… Ay, qué rabia, decía aspirando ávida el olor, no lo logro, es… Y entonces el tutor le dijo, alteza, tenga la precaución de no decir tamaña cosa en público jamás, porque es de todo el mundo conocido que las flores del castaño huelen a jodienda.

¿Ves?, no sabía sobré qué iba a acabar tratando el testo del texto y al final me encuentro que ha acabado siendo un tratado de cognosciencia, de historia y de botánica.

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02/05/2012

Rollos matutinos 66


Curiosidades sobre imaginería religiosa (II)


Esta es otra curiosa cara de la talla religiosa imaginaria. Esta vez la foto detalla una escultura, en magnífico hiperrealismo, de unos pies ensangrentados de hombre atravesados por un clavo, uno encima de otro. Para alguien que no haya sido gravado previamente por una educación orientada a sentir como divino este tipo de gore sería sólo eso, una recreación artística de muy alto nivel del gore cuya exhibición debiera, normalmente, en una sociedad sana, provocar un repelús colectivo insoportable, y estar reservada para mayores sin reservas. Que decidieran libremente, con su uso de razón, darse a ese tipo de cosas, porque por qué no, ese tipo de tendencias ha tenido siempre no pocos adeptos a lo largo de la Historia.
La imagen en concreto es terrible. Sólo el detalle de que la punta del clavo no termina en punta hiriente sino en filete de tornillo romo rompería en un ojo virgen el efecto espeluznante de esta obra maestra del arte del padecimiento. Sin embargo, a los que nos lo han enseñado antes, sobre todo de pequeños, toda una maquinaria didáctica de un subconsciente colectivo gravado por este tipo de torturas, como algo no sólo divino sino incuestionable bajo durísimas penas purgatorias, celestes y aun civiles, sabemos al verla de inmediato que esos pies espantosos forman parte de un cuerpo aún mas tortuoso que, mediante ese paso de tuerca de la punta de tornillo de ese clavo de esos pies, se sujeta a un palo crucial del arte de una religión que además de tener un gusto morboso por esas cosas feas, tiene tremenda vocación autoritaria, y es posiblemente una de las que más muertes y sufrimiento ha causado en su nombre a lo largo de su historia, en la historia humana, allá donde las haya.

La primera cosa que salta a la vista al contraponer las imágenes del (I) y el (II) de estas curiosidades de la imaginería religiosa, es la sinrazón en las que están labradas todas las idolatrías. Más inicuas y peligrosas cuanto más en serio se tomen el objeto de su veneración. La segunda es una gran diferencia en el mensaje de sus talismanes. Es obvio. El de la una trae con ella de inmediato al anima la jocunda y hace pensar en la potencia cumbre del gozo de la vida, en la procreación, y hasta en el jacarandeo, y ante su ocurrencia uno tiende a la risa y la expansión que sana. Y el de la otra lo que trae a la cabeza es el suplicio del dolor y la muerte, que sobrecoge en el susto, la culpa y el temor, y tara la alegría hasta dejártela engurruñía, si te descuidas para siempre. Por supuesto que no puedo dejar de ver la tontería supersticiosa que lastra en el fondo la fiesta ritual de la (I) ni de comprender que, a pesar de todo lo siniestro y sucio que arrastra desde siglos en su imaginario, la superstición de la (II) también engloba en su creencia a parte de esa parte del ánimo humano que trata de buscar la explicación a lo que es inexplicable. Vana manía siempre. Más buscándola precisamente donde menos puede estar. Pero que está ahí y todos la tenemos. Y eso es precisamente lo peor. Ahí es donde reside lo chungo. Por esa puerta falsa del espíritu es por donde entra su horror para anidar. El valle de lágrimas. El cielo como premio al dolor del penitente… El castigo de abstenerse de todo goce carnal hecho castidad… El gozo como algo sospechoso. El sufrimiento como algo grato a la divinidad.
La tercera curiosidad que surge de contrastar la veneración de estas dos veneraciones son algunas coincidencias en los gestos. En general es completa en cuanto al concepto de procesión religiosa en sí, aunque con cierta diferencia de registro. Pero es exacta en cuanto a, por ejemplo, la voluntad de sus devotos de trasmitir su crédito a la propia descendencia. Es decir en ambas hay progenitores que llevan a sus hijos a besar pies o tocar puntas de nabos. Para que alcancen las gracias y aprendan a cogerle gusto al culto que a ellos les pone. Yo… iba a decir que, ya puestos, preferiría mil veces improntar a mi hijo con el toque de un tieso capullo antes que con el roce con la punta de los pies torturados de un muerto, pero la verdad es que no me parece conveniente ninguna de las dos alternativas. Yo, lo que le diría en ambos casos es, mira hijo mío que tontos podemos llegar a ser en esta vida. Para que así tratara de trascender a esas sandeces que nos son tan propias, y, aunque no pudiera quizás quitárselas del todo en modo alguno, pudiera por lo menos aprender a jugar a descubrir la inexistencia de la verdad infinita mirando por encima de las supersticiones, usando el potente magnetismo de la esfera de los mitos como usan las sondas espaciales los campos gravitatorios de los astros que encuentran a su paso, buscando el rebote del toque tangencial para escapar de su atracción echando leches, aprovechando la fuerza de su gravedad ganando perspicacia para mirar más lejos. A ver, más allá, de carambola, cosas a lo mejor más serias.
Sin embargo… Mira, justo iba a ponerme aquí en plan resoluto y doctrinario, diciéndole a esta Piara que es ya una sola Gusanera royéndose el Conejo en el que habita y que, lo más importante, justo ahora, en estos momentos de crítica apretura, es cambiar de chip antes de que nos carguemos el invento. Cerrar ciertos programas que ejecutamos desde que el Tiempo es tiempo. Darnos cuenta del peligro sin razón que tiene el hecho religioso de los grupos y de la insania que maneja los hilos de sus dogmas. Comprender que si el negocio de las armas va a acabar es porque ya no nos podemos permitir matarnos los unos a los otros. Dejar de usar nuestro discurrir por la existencia como una mercancía de mercado. Quitarnos de la consumina como de un tabaco que nos va a matar hasta al estanquero. Pensar que el único mundo que podría ser posible es otro. Otro en el que, para dejar en pocas palabras definido el sentido general que habría de tener, llegarse a plantear iglesias de más de un miembro no fuera ni siquiera concebible. A no ser que fueran bacanales. Pero de pronto me he visto aquí, con el índice levantado en plan aleccionador, sentado en está silla de oficina con ruedas giratorias del Alcampo, dictándole criterios a la pantalla de un ordenador a través de la punta de mis dedos, en plan maestro malo, y no me ha gustado la pinta pantocrata que tenía. Sobre todo por ridícula. Y porque no es mi plan sentar en este asiento ningún tipo de importancias, para no dejar nada importante que sentar. Y porque maestros de eso ya hay muchos en el paro. Y porque… para… Pero, oye, me voy a mear. Que es que me estoy meando. Y no está bien que por filosofar se mee uno, no ya fuera de tiesto, ni en los pantalones, sino en el mismo sitio desde el que se contemplan los aconteceres, que en este caso sería el culo del sillón con ruedas, este, del Alcampo. ¡Te veo luego en el siguiente post!, síiii, después de haberme lavado las manitas. ¿O era antes de, cuando se las tiene uno que lavar? Eso es lo que me pasa. Nunca consigo acordarme de las normas. Y así me va. Bueno. En cualquier caso en este caso, no vas a saber si me las lavo o no, así que si te huelen a algo raro los caracteres del siguiente texto… Aunque nunca podrás saber si es porque no me las lavé después o es que después me fui al templo de Tagata a tocar falos benditos.

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30/04/2012

Rollos matutinos 65

Curiosidades sobre imaginería religiosa (I)

La variedad de las imágenes que mueve en procesión la fe religiosa en el mundo es muy grande. Y resulta interesante que, a menudo, la que en un lugar es sagrada en otros ofenda tabúes y viceversa. Sin embargo están todas hechas de la misma madera.
Mirad que curiosa esta, de Japón, de un rito con miles de años de antigüedad. En muchos lugares de ese país se practica este culto, el quince de marzo. Las imágenes que veneran son igual de duras en todas las localidades, pero Tagata (la de las fotos), es la que la tiene más grande y más gorda. La efigie, como cualquier otra a la que se le atribuya carácter divino, otorga gracias y mercedes a quienes la adoren, en este caso especialmente relacionadas con la fertilidad, las buenas cosechas, la suerte y la bonanza para todo el año.
En la procesión hay fervor, música, ritual, veneración, fiesta y alcohol, devotos y turistas. Como en cualquier otra de cualquier otra religión del mundo que tenga por tradición pasear sus ídolos.
En google, buscando Tagata, sale un montón de información.





Este es un texto que colgué hace tiempo en la página de un amigo, que hace ya más de un año se fue a ese sitio al que nos iremos todos. Y la foto es la de un cipote de 280 kilos y dos metros y medio, tallado en cedro japonés, sacado en andas por los monjes del templo donde se venera, que lo pasean en procesión el quince de cada marzo, desde hace más de mil quinientos años. Le puse este título no porque me resultara más chocante el que se haga un ídolo adorable de un pollón que de una virgen cualquiera, en absoluto, sino porque me pareció perfecto, para cristalizar, por contraste, la esencia común a todas las maderas de los sentimientos religiosos. Pues incluso los de las que no son idólatras de entrada tienen siempre algún objeto venerable por ahí con los mismos atributos. Un libro. Unas zapatillas del maestro. Un sitio. Un cacho piedra. Un mantra… Y en ese sentido, por supuesto, el vergajo de Tagata tiene todo el derecho a estar reconocido como uno más en el Olimpo anímico que habita junto con todas las otras deidades en igualdad de pleno derecho.

Ocurrió entonces que la página de mi amigo era del ámbito local de un pueblo pequeño y entonces surgió un devoto del santo patrón de la localidad que no sólo no pudo soportar el enfrentar lo cierto de que su santo Santo (llamémoslo así para que pueda ser cualquiera de cualquier religión mundana de cualquier pueblo mundial) fuera otra manifestación más de la variada imaginería religiosa, sino que se escandalizó atribuyéndome a mí la culpa blasfema de que también hubiera, en esa quimera humana, pollas. Y entonces escribió escandalizado acusándome de haber sido yo el que había metido esos dos palos santos dentro de la misma policromía, cometiendo una flagrante falta al respeto que, naturalmente, todo el mundo estaba obligado a guardar al tótem suyo. Te pongo lo que dijo:

Amigo Barrancario, me parece de muy mal gusto el comentario que haces de las Religiones. No sé si tú tienes alguna, pero me parece un insulto comparar las procesiones que podemos hacer aquí, como en Semana Santa, o en cualquier pueblo con sus patronos, por ejemplo en el nuestro con SAN SANTO (en mayúsculas en el original). Así que parece mentira que hagas esos comentarios tan vanales (sic). ... Los que quieran información de penes y culos que se vayan a las páginas múltiples de internet. Si yo fuera el administrador de esta página no hubiera publicado dicho comentario.


Su indignado sobresalto, al ver un cipote en religiosa procesión, vino a mostrar del todo el gusanito que yo había tratado indicar cuando colgué aquel texto para hurgar en su escondite. Llamando, el solito, la atención sobre la consistencia irracional de esas ilusiones, muy a menudo, y por razón de ser, excluyentes hasta el fanatismo, encima. La contraposición que hizo entre dos idolatrías abría aspectos brillantes acerca de la iconomanía en general, y sobre todo de la suya propia. Te pongo lo que le contesté para que me entiendas:

Amigo Fulanito (dejémoslo así para que entren todos los que además de adorar un ídolo crean que sólo la madera del suyo merece la consideración de ser habitada por los dioses), si piensas que el acto de fe de estos japoneses (quizás presintoísta) es cosa de penes y de culos es que no entiendes nada de religiones. Si ves en mi comentario alguna falta de respeto a algún tipo de cosa es que deliras de subjetividad, vuélvelo a leer. Y si no entiendes que el asunto religioso es variadísimo en sus manifestaciones es que entiendes poco sobre la vida misma. Piensa, eso si, que si a ti te parece una falta de respeto a tus santos el icono de esos ritos japoneses, más antiguos que el propio cristianismo, y en principio, aunque como todos criticables, tan sagrados y con tanto derecho a ser seguidos como cualquier otro, a ellos puede que también les toque algún tabú la imagen de un montón de feligreses, detrás de un hombre desnudo y clavado vivo, por las extremidades, en un par de maderos. Que visto sin estar marcado con el prejuicio de la educación es lo más natural que esa visión produzca. Y Entonces podrías ser tú el que les faltara el respeto religioso a ellos, que podrían decir del mismo modo, ¡qué insulto comparar ese tétrico pendiente con la alegría de la erección de nuestra santa polla! Que quieres que te diga. Mi comentario no es ningún ataque a nada, es sencillamente observar las cosas que ocurren y tratar de ver el hecho religioso en toda su profundidad. Yo no tengo ninguna religión, desde luego. Pero eso no me quita el derecho a opinar sobre ese asunto humano. Y el respeto que creo que debo tenerles es de un tipo tal que debe ser para todas sin que pueda ir a favor de una por otra, y sólo debe ser escrupuloso con no faltar a la verdad imparcial de lo que vea.


Con esto dije todo lo que quería decir entonces sobre la curiosidad imaginaria de las religiones. Pero ahora, a vueltas de pronto otra vez con las religiones imaginarias en la imaginación, rebotado por lo cansina que es la vaticana que me toca soportar, que no para de meternos, erre que erre, a todos en su infierno por cojones, que me tienen hasta la mismisma santa de Tagata, me han entrado ganas de decir más sobre lo que imaginan sus imágenes, y por eso este post se titula además con un (I). Porque ahora mismo me pongo a escribir un (II) de las Curiosidades sobre imaginería religiosa. En este caso, más centradas sobre, la nuestra.
Si quieres ver más fotos de Tagata, pincha aquí

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23/04/2012

Rollos matutinos 64

Símil gallinero 

Hay un tío que se llama Bruce LaBruce que ha hecho una exposición de fotos en una galería de Madrid en las que hace posar a gente famosa en posturas clásicas de la iconografía católica barroca. Por ejemplo Alaska y su marido, con el torso desnudo lleno de pelambre y tatuajes, así como que mamándole una teta, en una composición que recuerda a la Piedad de Miguel Ángel. U otro famoso de la tele, sentado en una silla, vestido de cura con romántica sotana remangada enseñando unas patas peludas y un par de zapatos de tacón de putón rojos rojos rojos. Ese tipo de juego pensado para provocar. La que más me ha gustado, de las que he podido ver, es una en la que lo que se juega a mancillar es cierta idea santa de la luz. El claroscuro pictórico de los cuadros santos. Sí, ese tipo de luz sombría, o de tiniebla luminosa, que tienen muchos de esos cuadros barrocos de las iglesias, que ya de por sí debieron ser oscuros en el momento de colgarlos, pero que luego se han oscurecido más con la pátina de mierda del humo de los altares y el ambiente enrarecido de los templos, y hasta los claros que tuvieran al principio son hace ya tiempo espacios umbrosos poblados de sombras inquietantes apenas perceptibles. En esa foto, es verdad que lo único que vemos es el rostro de una mujer que adivinamos de pie, con pañuelo negro que tiene un borde blanco alrededor de la cabeza enmarcando un rostro doloroso, y que sujeta por las muñecas un cuerpo que pende a media altura hacia delante con los brazos hacia atrás por donde es sujetado, así un poco con esas formas de pender con que pintan el cuerpo del crucificado en los descendimientos. Pero de él casi no vemos más que un brazo y algo del vientre y una cabeza de la que ni la cara se llega más que adivinar, quizás porque una melena espesa lo tapa con el mismo color que la negrura general del cuadro, o viceversa. Lo otro es más que un claroscuro un negro total. Tétrica tiniebla. Exactamente esa tiniebla ambiental que tienen esos cuadros que a fuerza de verlos en las capillas de los templos ha marcado impronta en el subconsciente colectivo significando una especie de sanctasantórum tenebroso donde habitaría la divinidad del cielo o el infierno. Y eso es lo que se juega a mancillar en la fotografía expuesta en la denodada exposición del tal Labruce. Un recurso pictórico. Una estética artística que un grupo de sus frikis ha elevado al nivel de dogma religioso inquebrantable, cuyo trastoque produce irritación. Genial.
Lo curioso es que ese grupo de enardecidos creyentes en no sé qué cosa se puso tan borde a la puerta de la galería, llegando a tirar un cóctel molotov que algún dios bueno en sus cabales no quiso que estallara, que los políticos meapilas que tenemos, tan unidos a estas hordas fundamentalistas en su católica patriochez, cerraron la exposición antes de tiempo. Bueno va.
Y lo que yo quiero apuntar aquí ahora a este respecto es que estos exaltados que dicen ser tan píos, me hacen pensar en su piar a las gallinas. No por el chiste fácil del pío y el piar, sino por un paralelismo de acción subliminal que tienen en común con algo que una vez he oído de esas aves. Dicen que las gallinas, habrá animal más tonto, ponen más si se les hace pasar en las granjas por delante de las jaulas, la silueta de un gallo recortada en un cartón para que ovulen y por lo tanto pongan. No sé si será verdad, yo no lo he comprobado. Pero en cualquier caso, algo así es lo que les pasa a estos exaltados, que basta con ponerles delante la silueta un poco trastocada de una de sus imágenes simbólicas (que un día fueron también inventadas por un creador, por cierto casi siempre impío y muy frecuentemente maricón, y que les hacen concebir al verlas grandísimos éxtasis de mística ovalada al confundir la vanidad del dios hecha dibujo con la mismísima personalidad del dios, que para ellos estaría en los cielos representando eternamente esas pictóricas poses en plan dogma eterno incuestionable, rodeado de angelitos reviejos regordetes, revoloteando con sus colitas infantiles en pelete), para que se pongan malos de ira al pensar que están jugando con algo tan grande, tan complejo y tan fecundo como es la propia Idea Divina. Que, además de ser una cosa que sería de todos, es, por seguir con el ejemplo, el verdadero Gallo. Que en absoluto está ahí. Porque nada tiene que ver con el recorte de cartón que les hacen pasar por delante a las gallinas. Ni con el monigote que forma un juego de colores puestos en un papel, que les inrita a ellos, al fin el mismo trampantojo del de los originales santos que quieren remedar, muchos, por cierto, creados ya en su tiempo con clara intención porno, para satisfacer la tremenda demanda que había, lógicamente, por ese urgente asunto en los conventos. Ya que entonces no existían, ni las conexiones a interné, ni la fotografía. Pero sí el gusto eterno por las pajas, mentales o venéreas, que los humanos somos capaces, como las gallinas, de hacernos a partir de un puto garrapato que sugiera algo sólo existente en el cerebro de nuestra torpe vista. Y aquí descubro de repente que este símil gallinero no sólo es propio para cuatro colgados religiosos, es extensivo a todo el corral de la cultura humana, porque en realidad ese es el mecanismo que inflama todas las banderas, y en el fondo, a lo mejor no es otra cosa toda la Abstracción, orgullo emblema de nuestra inteligencia porque con ella decimos descubrir matemáticamente el Universo. Y con la cual deberíamos tal vez plantearnos sin embargo si no nos estará velando cosas más sustanciales de la Realidad, que otros animales, en los que no se observa, observen libres de su engaño, y a los que estemos considerando, sin embargo, precisamente por carecer de esa gallinácea facultad tan nuestra, más tontos que nosotros.

De pronto me hace un guiño de razón la forma tan perfecta de encajar que tendría aquí sacar punta a todo aquello del bípedo implume y del pobre gallinazo desplumado. Tan del clásico saber del filo de la sophia.

Sea como sea me da igual, porque yo, este vicio que tengo de darme al onanismo de eyacular ideas puñeteras, lo ejerzo sólo por el puro gusto del placer, te lo vuelvo a decir por si tú no lo sabes todavía, libre de culpas utilidades y destinos, consciente por completo de que tal cosa lo más posible es que, al cabo, no tenga mayor provecho ni se asiente en ninguna base estelar seria. Pero no porque yo sea un pensador fatal, sino porque sea así, cósmicamente hablando, en cualquier caso, siempre, y sin remedio.


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20/04/2012

Rollos matutinos 63


La bolsa o el virus

Lo han llamado El virus de la policía. Y hace unos días lo pilló mi ordenador. Y es como cuando vas andando por una ciudad y un chorizo surge de repente de las sombras y te pone una navaja y te quita la cartera pero todo en el mundo de la nube. Menos lo de la cartera que, aunque te la intentan aflojar con una telemano tan virtual como virtuosa, si te dejas sufre una merma tan material como en el palo del chorizo del polígamo. 100 euros, te pide el ciberdelincuente, a cambio de la libertad de tu pc y de evitarte la deshonra que tú seguramente quieras ocultar. Al igual que aquél, estos, surgen de sopetón, y una vez que los tienes en pantalla, hacen que el resto del mundo desaparezca por completo y sólo quede en tu presente la acuciante extorsión de su amenaza. Si quieres leer entero el texto que te ponen en el cuello, pincha aquí.

Su ordenador fue bloqueado por violación de las leyes de España
, te dicen lo primero. En una interfaz que quiere ser como del Ministerio de Justicia. Y luego, en las causas, te sueltan cosas tan amenazadoras como la de haber andado en sitios con pornografía infantil, sodomías y actos de violencia en relación a los niños, y también, tener que ver con el uso de softwares y transferencias de archivos multimedia violando los derechos de autor. O sea una perdigonada al aire de sustos en abanico para pillar a la totalidad de los pájaros que revoloteamos por la Red. Eso, tiene una multa de cien euros por ser la primera vez, te dicen, y que si no se los pagas en tres días la cosa pasa a que te confiscan el ordenador y tú vas a los juzgados. Después viene una descripción detallada del modo en que tienes que pagar, que, después del flas de descubrirme atracado en un recoveco de la Web, a mí ha sido lo que más me ha sorprendido.
Usted puede pagar la multa usando los bonos Ukash o Paysafecard. Decían llanamente a ese respecto. Después te explican que esos bonos los puedes comprar en más de veinte mil puestos comerciales en España y cientos de miles en el mundo, incluyendo por Internet, cajeros automáticos, estancos, quioscos de prensa y gasolineras. Busque el puesto comercial más cercano. Ordene Ukash/Paysafecard: 100 euros. Obtenga el código Ukash (de 19 cifras) o el Paysafecard (de 16 cifras). Y métanoslos en las ventanitas de diálogo que tiene la ventana del virus y pinche en el botón Pagar multa, que es la única cosa que puedes hacer en tú ordenador mientras no pagues. Venían a concluir.

Increíble. Me dije. Mientras me cagaba en sus muertos y notaba que ese ordene, y otro par de cosillas de sintaxis, hablaba de un factor de posible origen sudamericano, y flipaba con que pudieran existir esos métodos de pago tan de “cartadepagosinriesgo” (tiene tela el nombre del invento), por las gasolineras. Pero el Sistema, ya se sabe, juega a todo y es así.

Desde luego, no me quedó la duda de que no fuera una estafa, ni tuve la mala conciencia de haber sido pillado en una guarrería. Por un lado porque no me gustan los niños para nada y de otro porque un servidor no tiene complejos de meterse en sitios pornos, si es que se le atraviesa una X por el seso o en algún tipo de interés onanista o de conocimiento, como en cualquier otro lugar que se me antoje. De todos modos no era cosa que hubiera hecho últimamente y hacía ya algún tiempo que había andado navegando por eso que llaman el Postporno, corriente cultural de la vanguardia que, por cierto, aconsejo visitar preguntándole al Google. Y lo de los derechos de autor dados por culo… por ahí si que me habría podido pillar a mí el susto de pleno, pero estaba claro que no era un bloqueo policial, y lo de unirlo al asunto de los niños, en mi caso, más que dar pie a tragarme el anzuelo en el primer impulso, fue la prueba descarada de que era un burdo timo.
Quitármelo de encima ha sido un señor coñazo de tres días. Que me acabé tomado con toda la alegría posible en una especie de reto que he ganado. Aunque aún me queda el temor de que ande por ahí tras un bloque de bits y me vuelva a asaltar cuando menos me lo espere.
Mientras me lo quitaba me he dedicado a aprovechar lo que de positivo tenía su infección en cuanto a traerme sugerencias al magín sobre detalles de esta Piara nuestra en la que pastamos todos entre refociles, manduques, cagadas y gruñidos. ¿Habrá mucho panoli que les pague? Es lo primero que me puse a imaginar imaginándomelos. Son datos que sólo los podrán conocer los delicuentes. Pero igual se hacen ricos en un par de semanas. Porque hay mucho karma de culpa por ahí. Y tontos, como para colapsar las redes. Pienso en ese pederastilla corto de entendimientos y largo de culpas y temores, que de repente se encuentra con ese pantallazo en medio de una visita a un sito cochinete, más si fuera de la ley, quizás con la mujer en la habitación de al lado poniéndole la comida a los niños en la casa de una familia establecida en la felicidad… En mis búsquedas por los foros de la Red para encontrar soluciones antivirus leí al respecto más de una declaración interesante. Uno contaba que se lo había quitado a un amigo que le había llamado llorando porque aunque él no tenía nada que ocultar, que eso él ya lo sabía, (eso lo dicen todos, pensé yo y a lo mejor su amigo), su mujer no le creía y era un verdadero drama el que le había montado la puta pantallita. También vi varios que decían sin más que lo habían cogido en xvideos. Otros cuantos contaban que lo habían pillado en el ordenador del curro, donde encima estaban limitados para instalar programas y por lo tanto antivirus que lo pudieran arreglar. Menudo marrón tenía que ser ese. Como a mi me asaltaron mientras buscaba en Google la página del tiempo, puedo comprender que encima no sea necesario que esos trabajadores hayan andado para cogerlo, en vez de estar trabajando, en sitios procelosos desde su puesto de trabajo. Pero vete tú a explicarle eso a tu jefe. Y, ¿Cómo serán los hideputas creadores del invento? ¿Cómo serán sus jetas, sus perfiles, y los sueños y pasiones del culebrón de sus día a día cotidianos? De alguna manera son peor que los que roban a las viejas, me dije con rabia y con desprecio, porque en su caso no llegan ni a saber a quién están amenazando, y aunque pueden ser causas de casos tanto para partirse el culo de la risa como para morirse de la pena, ojos que no ven corazón que no siente, aunque acaben siendo causa última que cause un suicidio a ellos no les queda ni la impresión de la cara de la víctima. Después vi que en eso se parecen a esos banqueros y jueces respetables ejecutores de embargos y desahucios desde detrás de mesas de despacho. Aunque los del virus son, por necesidad, mucho más inteligentes. Y desde luego, de entrada, cabe que mucho menos hideputas. Posiblemente tengan incluso, en muchos casos, más compasión para con los demás. Y a lo mejor hasta que más vergüenza. Y desde luego, se me antojó, más vitalidad y un cierto atractivo. No hay chorizo más criminal que el que funda un banco. Eso está ya claro y está ya dicho, y todo lo centra y lo resume. Y entonces les vi como que de otra forma menos rígida, hasta que con cierto colorido a lo Bonnie and Clyde, y me planteé enfrentarme a lo de quitarme el virus con más sentido del humor. Después llamé al servicio técnico de mi antivirus, que me planteó de entrada, a través de la voz que me atendía, y de tirón, nada más acabar de plantearles mi problema, un servicio en el que me garantizaban el telearreglo pagando, 45 euros, iva incluido. Y cuando le dije que cómo iba a ser eso, que si no tenía derecho a un servicio gratis por haber cotizado mi cuota anual, me soltó un 902 que me llevó a una operadora con acento sudamericano muy marcado, supongo que sita en algún sitio perdido por ahí en algún desierto de sal del cono sur, o al menos, pillada en el erial de un contrato baldío, que no se enteraba mucho o no quería enterarse y al fin de poco me sirvió si no fue para recomendarme el contacto vía email, o vía pago. Lo que me reafirmó en quitar a los atracadores del virus cualquier tinte patibulario. Por decirlo de alguna manera, a lo mejor era mejor pagar a los chorizos virtuales los cien euros que, a los también virtuales chorizos de la empresa de antivirus, los 45 con iva incluido que me querían clavar. Por cierto ¿Serían tan honrados como para quitarte el virus si se les pagaba lo pedido? Los del antivirus parecía ser que sí, porque te prometían la devolución de la pasta si no quedabas satisfecho, se notaba que eran profesionales del pillaje empresarial a largo plazo. Pero, ¿y los otros…? Algo me decía que no. Y sólo encontré un comentario sobre el tema en uno de los cien foros que anduve visitando. No paguéis -decía alguien en un grito de aviso, sin especificar de donde había sacado la cruda información-, que si lo hacéis os dicen que no ha funcionado el pago y te piden que lo hagas otra vez. Entonces sí me dije que vaya hijodeputas que eran los cabrones que habían diseñado el programa del engendro, aunque otra vez volví a decirme de seguida si no le estaría bien empleado al pagano por ser en esta vida tan pringao. Y me pregunté cuántos pringuilis podría haber habido que hubieran pagado varias veces, y hasta qué cantidades habría llegado el que ostentara el record guines de pagos que nunca se podría constatar.

Por estos días fue cuando salió a la palestra de la prensa uno de esos fantoches travestidos, que dicen hablar en nombre de no sé que dios irascible y suyo, con un capirucho lleno de ínfulas con pico en la cabeza, tirando la primera piedra (que prohíbe expresamente su evangelio), en una lapidación verbal contra los adúlteros, las abortistas, los maricones, y hasta los del botellón. Obispos creo que los llaman, son jerifaltes de una secta religiosa muy potente y están enfermos de elación. Desde un altar de una de sus iglesias llenas de imaginerías de torturas delirantes y durante la televisación de uno de sus ritos había proclamado que el homosexual encuentra siempre el peor de los infiernos, con voz suave de áspid dañina y veneno de rotunda intención inquisitiva (ahora anda diciendo que además de ser objetos de condenación son enfermos que hay que tratar con no sé que terapias). ¡Cómo se atreve a echar encima a los demás el fuego de un infierno que sólo existe en el retorcimiento de su mente, en vez de mirarse en un espejo su pinta enfermiza de adefesio! Me lleva a recordar una vez en los ochenta, en la que estaba yo una noche en un pueblo gallego con mi colega y una joven gallega que tenía mucho de meiga, fumándonos unos porrillos en la escalinata de la iglesia, flipando con el entorno gótico de la plaza medieval vacía bajo la luna… cuando acertó a cruzarla el cura del pueblo, que subió por ellas pasando a nuestro lado… Era ese cura clásico, gordo con papada, cuatro pelos hirsutos y grasosos y resoplido en la respiración, negro y sotanario de sotana relustrada por los roces, que traía tras de él los aires de una religión llena de vicios y pecados con la que se había dedicado a gravar su vida y las de sus feligreses durante cuarenta años. Al pasar, reconociendo a nuestra amiga, farfulló algo apenas perceptible pero que sonó claramente a recriminación autoritaria que ya no podía ser tan punitiva como unos años antes habría sido. Mi amiga la gallega saltó como una fiera sin apenas moverse de su asiento en la escalera y le espetó como una bruja que era: ¡Mírate en tus adentros, cura! Y todavía se me pone carne de gallina ahora que lo cuento, mientras escucho la voz ronca de su corta frase resonando en el vacío de la plaza abierta al cosmos de la media noche y le veo irse a toda hostia sin mirar atrás, como demonio oscuro exorcizado por una fuerza santa e invencible, a perderse entre las piedras medievales del estrecho callejón al lado de la iglesia, rechinando los dientes y con el rabo entre las patas. Fue una de esas escenas que se te quedan grabadas para siempre. Ahora que la escribo, me digo que tal vez hubiera tenido ese párroco las manos largas con los culos infantiles como tantos, y eso fuera lo que mi buena amiga meiga supiera bien de él haciéndole invencible su conjuro. No lo sé. Poco después dejé de verla y hasta ahora. Lo último que supe de ella es que poco después se había ido a Nueva York. Y los únicos recuerdos que me quedan además de este, es que tenía un nombre muy bonito y en su ser una asombrosa belleza de bosque salvaje llena de energía, y el de otra vez que me contó que solían irse los jóvenes en grupo al monte a pasar la tarde comiendo psilocibes que crecían entre las mierdas de las vacas, para comulgar con la naturaleza, y un momento en que me dijo, mirándome de una manera extraña como si me los estuviera viendo, que nunca había conocido a nadie que tuviera tantos colores como yo. Lo que guardo en mí como el mejor piropo que nunca me han echado.

Y a qué venía esto… Ah sí, a que me había empezado a imaginar a ese del capirucho lleno de ínfulas, que llaman obispo, que dijo lo del infierno para los que no eran como él, encontrándose con la pantallita del Virus de la Policía mientras estuviera navegando por dios sabe dónde. Claro que en su caso él sabría, como todos, donde lo habría cogido, pero no tendría que preocuparse por darle a su jefe ninguna explicación, porque por un lado sabido es que dicen que es omnisapiente, y por otro, él mejor que nadie sabe que la jefatura de ese policía es otro virus, que sólo importa para asustar al prójimo en beneficio propio.




Post eso: Los del antivirus, después, algo me intentaron ayudar por via email de todos modos. Pero el virus me lo quité yo sólo, entrando al disco duro con un live cd. Busqué y borré algún archivo .dll sospechoso que se había creado en el momento de la infección y luego pude entrar en Modo Seguro y después de comerme el coco hasta la sangre, al tiempo que me dedicaba a dilucidar jugosos personajes e historias sobre el tema hasta la risa, se me ocurrió pasar el easypccleaner que me lo quitó del todo. Para mi sorpresa, y una tremenda satisfacción que me ha durado varios días.

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17/04/2012

Rollos matutinos 62

Barrito triste por un elefante botsuandés

Siempre me ha dado repelús la basca que gusta darse gusto matando animales por causas gratuitas caramente. Más si además, lejos de tener algún romántico atractivo, son viejos y torpes. Más si encima en alguna medida pagan su vicio con parte de mi iva. Mucho más si son expertos en dar el pego en plan bonachón y campechano. Más aún si, como este, resulta que son presidentes honoríficos de grandes o¿ene?gés protectoras de animales, de cara, está ya claro, a aprovechar el gancho para amasar más masa donde apoyar su popularidad. ¿Qué es lo que encierra de verdad en sus adentros?, me pregunto hoy yo también, como hacía esta mañana un comentarista en el periódico. No lo sé. El pozo del ser es insondable. Para mí, será ya siempre el Cazaelefantes. El Fantasma Cazaelefantes. No sé si me permite su Academia este uso de mayestáticas mayúsculas. Pero mayúscula es mi rabia. Y mayúsculo es mi asco. Y mi afecto y mí respeto, cósmicamente hablando, son infinitamente más reales por un solo paquidermo que haya muerto por su rifle, que por toda su paquiderma institución desde el principio de los tiempos.
A lo mejor se fue por ahí de escopeteo al no poder dormir por que le quita el sueño el trágico futuro que su Estado teje para sus tiernos súbditos. Es muy de comprender. Él ya lo dijo: ¡Nadie sabe lo que es eso!
Con el Caudillo era proverbio, y guasa nacional, que le enganchaban al anzuelo los salmones en los ríos de Asturias y Galicia. Este, por lo visto, ha heredado de él entre otras cosas el mismo tipo de gusto cinegético, pero su antojo es más voluminoso, y ejerce un territorio de caza más global. Se ve que, igual de viejo, es más moderno y pretencioso. Más en plan jolibu es lo suyo. Aunque su Casa cuida de que en su caso ejerza a la chita callando estas pasiones. Si no es porque se cae nadie se entera. Quizás lo más grotesco de toda la movida es que siendo tan patosa su realidad encima juegue, soltando pasta, a dejarse hacer creer que es un Tarzán, por una empresa que se dedica a eso. Qué inquietante cenáculo internacional dibuja esos codeos. Y no me duele el dinero que haya podido despilfarrar en ello. Ese valor no es ni más ni menos que una convención impresa en un papel. Lo que lamento es el trunque de las preciosas vidas que haya sacrificado a la estupidez de su megalomanía.
Por eso, permitidme que me abrace ahora a este elefante de Botsuana, como Nietzsche a aquel caballo de Turín, para enfrentar con él el trágico sentido de la vida y llorar por su destino, pidiéndole perdón por la brutalidad de la estulticia humana, al tiempo que clamo a los dioses contra lo aberroncho del alma del cochero.

(¡Porque existen los dioses, eso ha quedado claro! Pero no el falso de él, que es un gore de palo, sino los verdaderos, los de los elefantes, que saben bailar sobre uno de sus pies y hacer el pino con la trompa. Por eso le ha ocurrido el traspié trascendental, precisamente, el día de la República).

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13/04/2012

Rollos matutinos 61


Yo quisiera creer

En la siguiente noticia se encierra una curiosa paradoja, si la descubres tendrás la llave para entender muchos enigmas:
Como apoyo a La Hora del Planeta, la Torre Eiffel, la Alhambra, el Vaticano, la Gran Muralla China, el Empire State, las Torres Petronas, el Puente de Sydney, la Cundaesturpe de Milanda y sus seis cundaesturpitas, y miles de edificios simbólicos de más de cinco mil ciudades en el mundo, alumbrados todo el año como faroles emblemáticos del regocijo más tonto en el despilfarro loco para la atracción turística de la voraz polilla que todo lo consume, se han apagado hoy durante una hora. La Hora del Planeta. Con ello pretenden, dicen, los que lo organizan, llamar la atención sobre el peligro catastrófico del derroche de energía para el medioambiente, que es que nos lo vamos a cargar entero si no paramos ya de encender cosas inútiles, y aún así.
Un detallito interesante: Presentadoras de telediario, reporteros, redactores, y todo el ganao de la estructura informativa del Sistema, babosean sonrientes como memos cuando dan la noticia como si se tratara de un caramelo de futuro dulce y bondadoso que hace ver que somos buenos y tiernos como bollicaos, en el fondo, para con todo.


Solución a cuál es la paradoja que encierra El Día del Planeta: Pues que, siendo de lo que alertan en verdad tan catastrófico, ¿a qué coños juega toda esa movida social, cuando luego vuelven a encenderlas una hora después tan contentos? Y, si es que existe una terrible barrera infranqueable para apagar el sinsentido suicida de una vez, ¿a qué viene hacernos tomar el gesto nimio, que sólo tiene utilidad como objeto de proyectos que generan más gasto, más derroche, y más calentamiento, igual que si se tratara de un acontecimiento festivo universal que ha salido bien y que hay que celebrarlo sonriendo condescendientes, como si se hubiera conseguido llegar a no se qué quinto cielo evolutivo, o fuéramos subnormales jugando en el recreo de una guardería en forma de pelota?

Moraleja: En esta paradoja está contenido el retrato de todo el mamoneo que nos va a acabar matando.

Nota: A mi, me recuerda a cuando quieren dejar de fumar los nicotinómanos y no quieren dejar de fumar y entonces dejan un día. Raramente dos. Y luego se ponen moraos con más ganas mientras se dicen que no importa ya fumar porque sin duda están definitivamente en el camino sin retorno de dejarlo para siempre y porque no hay otra manera de hacerlo porque desde luego, lo ultimo es dejar de fumar por nada de este mundo. Aún por la misma vida. Pero también me hace pensar en los complejos mecanismos de la enorme maquinaria de toda esa actividad, tan en pro de un supuesto bien común, pero que sólo tiene sentido en cuanto a pro de donde yectar habichuelas, según se pueda, para forrarse o para seguir tirando. En este caso en concreto, a cuenta del mediopresupuesto del ambiente entero.

Conclusión: ¿Sirve, todos estos mamoneos, para algo más que no sea para buscarse la vida, sacar buena tajada o cubrir necesidades, animar la economía y cubrir las hipotecas? Vamos a pensar que sí, que a lo mejor en algo por ahí sirve de algo, aunque sólo sea por no amargarnos la existencia hoy aquí en este momento con una inritación al fin innecesaria. Y tan poco útil como el apagón. Se me ocurre que hay quien con estas cosas entra en arrobo y es de pronto algo así como que hasta feliz por un momento sintiéndose en la grey correcta por colaborar apagando una bombilla. Pero de verdad… si de verdad quisieran hacer algo, ¿por qué coños las vuelven a encender? Yo… por más que quiero ponerme a encontrarle el lado positivo a la tontuna… Sólo le veo el morrazo. Porque eso de que al menos estas cosas sirvan para ir creando poco a poco no sé que tipo de conciencia… Quisiera tener candor para tragármelo, como, igual que decía el poeta, quisiera tener sed delante de las fuentes. Pero ese tipo de factor es cosa que si no se tiene no hay tutía.

Yo en estos montajes veo siempre un pecado parecido al de jugar con las cosas de comer.
Y, sin embargo, hay que ver lo que son las cosas, otros comen montándoselo, precisamente, de jugar con ellas.


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25/03/2012

Rollos matutinos 60


Post perceptivo

Algún día llegaremos a entender que la Ciencia no es sino una especie de variedad de la Fantasía, una especialidad de la misma, con todas las ventajas y peligros que la especialidad comporta.
El libro de ello
Georg Groddeck.


Y a alguien que no recuerdo quién también leí decir un día algo así como que todo lo que conocía la Ciencia (y por ende toda la Sabiduría) era comparable como si, tratándose de una radio, conociéramos algo (quizás, en el mejor de los casos, bastante) sobre el dial y el enchufe de la electricidad pero no tuviéramos ni idea de la existencia de las emisoras y las ondas hertzianas.
Otra noticia que leí hace tiempo y que viene aquí perfecta para hacer trilogía este conjunto de citas que en algo tratan de tratar el otro lado del espejo, es la de un juguete educativo y caro (pero ya lo harán los chinos), tan apropiado para mayores paracultos como para niños procultivados. Se trata de unas esferas selladas y trasparentes en las que se ha metido una familia de cierto tipo de camarones, y unas algas, en una solución salina. Las llaman ecoesferas, y parece que si se dejan expuestas a la necesaria cantidad de luz y al nivel preciso de temperatura, se mantienen vivas de forma sostenible y autosuficiente por un tiempo en principio ilimitado. Los desechos de los camarones son el alimento para las algas y las algas generan el alimento y el oxígeno para los camarones. Lo que propongo pensar aquí ahora para cerrar (o abrir) lo que titila en el tríptico de esta especie de colage de post percepción es qué comecocos se harían los camarones cuando al niño, o la niña, se le ocurriera meter el invento en el frigo o en el micro ondas. Porque sí o para ver.

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02/03/2012

Personajes 8


La China.


Fue un flash del tipo fogonazo, que se mantuvo luego un rato encendido como si estuvieran proclamando su majestuosidad con un foco divino. Algo, en la postura erguida que mantenía sobre el alto taburete o en lo estático de su sonrisa oriental, me hizo recordar a esos dioses hindúes que proclaman su divinidad desde postales pasteles de colores. Pero ella era china. Y me miraba sentada bajo el cielo de un buen centenar de jamones en un bar de la Plaza del Carmen de Granada, que es uno de esos nuevos que buscan conjugar lo tradicional con lo moderno. Tiene por un lado todo el disain en el diseño y luego todo el techo cubierto de jamones, y debajo unas pequeñas mesas altas y redondas, con aire mesonero, a las que te puedes sentar en altos taburetes. Está abierto a la calle por enormes cristaleras y una puerta corredera del mismo cristal, que un sensor te abre en cuanto que te acercas, y siempre está lleno de una mezcla de turistas, hechizados como en trance por las patas y las tapas de diferentes embutidos que se sirven sobre un trozo de papel de estraza, y de una amplia representación de la más pura clase media de Graná que va a ponerse hasta el culo, finamente, de chacinas.
Yo entré con una amiga a hacer lo propio y echar un par de cañas y un rato de cháchara, y fue nada más entrar, al ponernos a la barra y mirar a mi alrededor buscando un taburete, cuando se produjo el flash. Porque no sé con que medios, ella llamó mi atención, sentada en el suyo a la mesa que estaba al lado de la cristalera, con un gesto tan magnífico y solícito, que fue como si en vez de un taburete que a ella le sobraba, me estuviera ofreciendo la gracia de un don divino que sólo yo me mereciera. Y entonces fue el momento del foco y de la luz y de que quedáramos por un instante eterno los dos solos unidos bajo el cielo de jamones, mientras yo me acercaba a ella atraído por su éxtasis y ella se regocijaba en el acto de la contemplación del mío. No hubo palabras. Ella sólo permaneció iluminada en aquel aura divina de serenidad e hizo un gesto dulcísimo y apenas perceptible con su mano indicándome que el taburete frente a ella era mío. Yo dije, gracias, creo que dos veces, queriendo decir todo, incluso: hágase en mí según lo que tú quieras. Y luego volví a la barra al lado de mi amiga, y volví a mirar y aún estaba encendido el foco, y aún estaba ella en su estático esplendor de diosa del Oriente de edad incalculable. A su lado estaba el chino, pero este era un cuarentón completamente gris y tan anodino como la mayoría de los de la clase media granadina que llenaban la sala metiéndose chacinas para el cuerpo. Hice una última y pequeña reverencia con la cabeza como signo de reconocimiento a la grandiosidad de su persona y ella me lo devolvió aún más grande pero sin que moviera nada. Después creo que dejé de mirar por algún tipo de decoro y todo se acabó.
-Qué flash la oriental esa- creo que dije a mi amiga.
-Son Chinos- dijo ella-, que están invadiendo Granada. Antes eran los japoneses y ahora son los chinos. Están por todas partes y creo que son ruidosos que no veas, por donde van la montan.
Esa información tan estadística acabó de romper el encanto que había habido. Volví a mirar y vi que el foco celestial ya se había apagado, pero que ella aún permanecía en su postura regia mirando todo como desde una altura de paz inquebrantable y a mí con un tipo especial de reconocimiento que no pude definir pero que me emocionaba.

Entonces seguimos hablando mi amiga y yo de nuestras cosas y nos tomamos nuestras cañas y nuestras tapitas de guarro en rodajitas y pasó la hora y pico que teníamos por perder. Pero en algún rincón de mi coco siguió encendida la luz de esta imagen y se fue desarrollando la trama de este texto inspirado en el rostro magnánimo de aquella china inescrutable. Quién sería de verdad. Pero eso era imposible saberlo. Sólo podía imaginar las infinitas posibilidades de sus posibles vidas chinas, todas completamente diferentes a la que en realidad sería la suya, y que era la que le había acabado trayendo aquí, a algún hotel medianamente caro, a hacer un viaje de exotismo o vete tú a saber. Y a tener conmigo ese encuentro tan trascendental que acabábamos de tener por el intercambio de un taburete en un bar de moda de tapas de cochino. A lo mejor está ella ahora también escribiendo en algún lado algo sobre un flash que tuvo con un granadino especial bajo un cielo cuajado de jamones, sin saber que yo no soy ni andaluz siquiera. Hasta es posible que ella acabe no siendo china tampoco. Pero lo cierto es que un tipo especial de contacto si lo hubo. Y entonces me paro a hacer recuento de cuántas cosas habrán sido necesarias para que se produjera la trivialidad de nuestro encuentro en la Historia del Tiempo. Empezando por toda la trama de existencias necesarias para hacer posible su poder económico, el invento y creación del avión que la trajo a ella y el coche que me trajo a mí, el interés turístico de una ciudad emblema de exotismo para casi todo el mundo y para mí capital de una de las provincias más paletas… Y el guarro. Sí claro, toda la estructura de explotación ganadera del cerdo y por supuesto y en especial de los propietarios de las patas que colgaban del techo, y del que había hecho posible con su sangre y sus grasas las rodajas de chorizo y de morcilla, de cabeza de cerdo y de butifarra blanca con pimienta, por cuya sabrosa fama habíamos sido llamados a ir allí en devota comunión tanta ella como yo.
¡Gloria cósmica pues en especial a ese guarro!, mientras oigo sus chillidos a la hora de su muerte violenta, que tuvo que soportar el embutido de su cuerpo queridísimo para que se diera esta escena, tan tonta como mágica, y tan insignificante como trascendental. Para que yo escribiera esto. Y para que se enriqueciera el dueño del local que es una mina, y para que perdieran el tiempo de sus vidas los camareros que lo atiende sin duda por un sueldo de mierda con el que pagar sus hipotecas para gloria de los bancos.



La foto es un zapato. Sí, que se llama Por los mares de la china, y su autor, Javier Gasco, dice de él que tiene el balanceo de los barcos y el susurro de los mares. Lo encontré buscanco algo que poner como imagen para el texto de esta china. Si quieres saber más puedes pinchar aquí

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12/01/2012

Rollos matutinos 59


Pero Esto, ¿qué es?



¿Y si Esto fuera como una especie de atracción de feria, como un tren de la bruja a lo cósmico? Una realidad donde hemos entrado después de pagar un tique en alguna ventanilla de una suerte de exrealidad anterior que sería lo Real, para pasar un rato en una oferta recreativa de un centro de ocio. Un, “¿Nos damos una vuelta por la Vida?”, “¡Vale, venga!”, “¡Sí, sí!”, “Huy, yo no sé, que la última vez me pillé un karma de infelicidad que…”, “Venga hombre, atrévete, no seas caguica”. Y que sea el premio o el castigo a nuestras hazañas terrenales la risa o la vergüenza que carguemos al despertar de vuelta entre el grupo de amigos que entraron en el juego con nosotros, al comentar nuestro tripi con elogio o con escarnio, como después de aquellos colocones colectivos de papel secante: ¡Anda que vaya paranoia que te dio, colega, ya te vale!, o, ¡Vaya punto guapo que pillaste!, o el peso sordo de la ausencia total de comentarios por haber carecido tu existencia de cualquier tipo de brillo.
¿Y si Esto fuera sólo eso?, una especie de entretenimiento, en el que a lo mejor el sufrimiento fuese otra especia más para salpimentar el sabor de la experiencia.
En ese caso también podría ser que contuviera esta atracción algún tipo de intríngulis con enganche adictivo. Que creara adicción. Que pudiera ser que fuera Esto en algo parecido a una drogodependencia. Algo que hayamos experimentado una vez por no se sabe qué razón ni de qué modo ni en qué putas circunstancias, y que una vez probado nos tiene sin poder desengancharnos de la Vida. Y renazcamos y renazcamos y volvamos a renacer en un volver a empezar compulsivo cada vez que la muerte nos baja del cuelgue. Enviciados en la manía de venir Aquí a hacer digestiones y cagar para pillar cacho en la rueda interminable consistente en no poder dejar de matar para vivir. Entonces tendría sentido el rollo ese de matarse a penitencias y purificaciones para salir del mono y conseguir de una vez que una vez acabada ésta fuera por fin la última vez que se caía en este puto vicio depravado de nacer. Y lograr alcanzar el Nirvana de la desintoxicación. Por qué no. En cualquier caso, esta posible modalidad de Esto, con o sin mono, podría tener infinitas concreciones, todas igual de plausibles para una razón pura. Podría ser que fuera un puro divertimento como el caso de la feria, y entonces podría ser colectivo e interactivo, o individual y plano, como cuando aquí vamos al cine, y una vez acabada la función nos despertaríamos entre los artilugios técnicos que nos hubiera activado el órgano que hiciera las veces de cerebro y sería como Aquí cuando acaba la película. Todo se reduciría a me ha gustao no me ha gustao, qué buena ha sido o vaya rollo. O un templado no está mal. Claro que en este caso quedaría trasferida la angustia vital de la pregunta ¿pero qué coños es Esto? que tenemos Aquí, a Aquella que fuera la Realidad que contiene Esto que sería el flim que nos hemos puesto a ver y que de pronto se ha acabado. O tal vez Allí sepamos exactamente dónde y de dónde y por qué, con tan infinita precisión que sea precisamente por escapar al menos durante una Vida del eterno aburrimiento por lo que tenemos que recurrir a este juego de entrar en Esto a hacer un poco el tonto un rato. También podría ser que, en vez de la diversión, fuera la razón que nos trae algún tipo de cursillo del que nos tengamos que examinar luego y aportar correculo conseguido, para ver cómo hemos utilizado el Tiempo en la Existencia que de verdad no existe. Y entonces la cagáramos Allí los que no resultáramos alumnos aplicados. Podría ser también que viniéramos Aquí por un tipo de castigo o recompensa. O las dos cosas a la vez y por eso hay a quién le va de puta madre y a quién le va de puta pena. Entonces resultaría que los suicidas serían los listillos que se fugan del penal. También podría tratarse de un tipo de terapia, para tratar traumas y psicosis, como aquí lo es interpretar esos borrones que llevan el nombre de no sé qué lumbrera que los inventó. O como cuando se puso de moda por parte de psiquiatras psicodélicos hacer tomar a sus pacientes dosis gordas de elesedé para ver cómo afloraban sus rollos subconscientes en el viaje. Mira, en ese caso se podría enganchar con la teoría del enganche y de la desintoxicación, como un efecto secundario del tipo del que ha matado a un montón de niños en Argentina por manos de una importante firma farmacéutica con un ensayo de vacunas.
En todos estos casos podría ser comprensible que aparecieran conflictos entre lo etéreo de nuestro ser, entes por encima de las necesidades de energía y cosas de esas, y lo burdo del sistema de alimentación de las máquinas que tenemos que usar para habitar en Esto, y eso explicaría ese empeño cultural en esconder con repugnancia la innegable dependencia de la digestión, del peer el gas de los fermentos que hacen posible que vivamos echando el subproducto de la mierda por el culo, y hasta ese extraño fenómeno que comporta la anorexia y su insufrible repugnancia por llenar el buche de comida, que serían síndromes de inadaptación a las condiciones intrínsecas al Viaje.
Cualquier cosa que pensemos podría ser que resultara siendo Esto. Hasta podría ser que no fuera sino que sea verdad la teoría de la Creación, del Diseño Inteligente la llaman los modernos defensores de la carcunda eterna. Que nos hayan montado unos seres por ahí, para nosotros dioses, como esos científicos japoneses montan robots cada vez más complejos que hacen diversas monerías y que presentan orgullosos en congresos y concursos. En ese caso lo de las anorexias y los suicidas sería un fallo de serie y poco importaría si resulta que nuestros problemas vienen porque nuestros creadores nos hayan olvidado porque han conseguido especímenes mejores en otras zonas de su laboratorio o si, por el contrario, somos el no va más de su tecnología punta y nuestros problemas la máxima diversión de su preocupación científica o el modo más comercial de satisfacer su ocio. En ambos casos se jodería por completo nuestra obsesión de trascender y nuestras cuitas quedarían perdidas en el Tiempo, como las hazañas de aquel replicante de Blad Runer más allá de la constelación de Perseo y de la galaxia de Orión. ¿O es que de algún modo nuestros creadores guardarían el disco duro de nuestra memoria para posterior utilización de nuestro almacenamiento? Pudiera ser. Cualquier cosa podría ser. Si no te lo he dicho antes te lo digo ahora, Genomo. No importa qué hipótesis, todas y ninguna tienen exactamente la misma calidad de lógica como para poder resultar ser la respuesta cierta a ¿pero qué coños es Esto? Incluso lo de la virgen madre del dios sadomasoca engendrado por una paloma y su mundo de juguetitos de barro eternamente observados y juzgados duramente al final del Tiempo con las leyes que a Él le salieran de sus santas potestades podría ser verdad. Pero esa posibilidad, además de parecerme la más tonta, es la que más terrorífica parece, porque ningún destino puede ser más horrendo que ser un cordero y estar en manos de un pastor, que, por definición, te cría por tu lana, para beber tu leche, comer tu carne y aprovecharse de tus hijos.
Pero habría más y más. Podríamos pensar una infinita variedad de explicaciones… Podría ser que… Hasta podría ser que fuera un simple sueño, inducido o no, Esto, con motivo o sin él, con esta razón o la otra. Y resultar no ser verdad nada salvo mi mente ensoñadora. En ese caso, cuando despertara, cualquier inimaginable ambiente podría ser la exrealidad Real desde la que habría soñado. Hasta podría ser en resultar ser Dios. Único y Solitario entre los solos, y encontrarme en un Cine de espacios infinitos con la papeleta de no tener a nadie a quien contar: “Joder, he estado toda la puta eternidad soñando un sueño que era un lío maravilloso y ahora no me acuerdo de nada. Bueno, da igual -me podría decir en ese caso-, seguramente sería una tontería”. Y ponerme luego a crearme un mundo a mi imagen con el que poder jugar a que me contaba mis propios cuelgues a mi mismo.

El texto lo escribí hace ya sus años, forma parte de ese todo que a ver si un dia acabo de acabar.
La foto es el universo cerebral de una mosca cojonera.

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Rollos matutinos 58


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30/12/2011

Rollos matutinos 57

Inritación



Qué planchazo. Y qué inritación. Justamente el mágico día que principia la muerte del invierno. Primero la inritación y luego el planchazo. Seguidos. Así. El uno detrás de la otra. Como dos patadas en los güevos.
La inritación fue por el inri del crucificado presidiendo la constitución de la jura del Schpañiaschs. Estaba cantado. Que iba a estar allí. Sí. Ya. Pero de todas formas su repre sentación me puso alborotao cuando lo vi en el vídeo de El País. Aunque por otra parte, y al mismo tiempo, también me dio como que cierto regustillo el haber acertado en la previsión de que iba a haberlo. Lo sabía lo sabía, se dijo algo chispeante en mi interior, sintiéndome más listo en no sé qué por el acierto. Como un tonto. Pero sabido es que el creernos más listos en lo que sea nos hace gilipollas hasta el extremo de alegrarnos de sufrir el mal que habíamos sabido prever con agudeza. En este caso no hacía falta ser vidente, desde luego, pero yo ya lo había estado viendo. Y el único detalle que me faltaba por ver era si, quién correspondiera, iba a ponernos el cristo con algo de churrigueresco en la factura y cierto minimalismo en el retorcimiento, o si elegiría uno al revés. Y la realidad es que lo barroco ha estado, si bien minimal, bien presente y en todo el basamento que sujeta el instrumento de tortura, como corresponde al factor que representa impone y reivindica en ese sitio impropio, y que han sido los palos de la cruz, de un pulido cilíndrico opus dei, los encargados de dar a la figura del suplicio un toque neoclásico más acorde con los tiempos. Del retorcimiento en la postura no puedo decir mucho porque todavía no he visto ninguna foto de frente del cadáver, pero por lo que se ve es de oro y etilo realista. Haciendo ligero cucunete con el culo a la derecha. ¿Siempre tienen todos los crucificados el cucunete a la derecha? Ahora mismo no se me venía a la mente el haber visto alguno que pendiera en su retorcimiento con el culo hacia su izquierda. Pero eso no quería decir que haberlos los hubiera. Mira tú un buen tema para una buena tesis para no sé que rama del saber de la Sociología. Me he dicho tecleando en google para buscar imágenes y disipar la duda. Porque esta búsqueda en la red no me la hice en el momento de ver el cristo el día en que empezaba la muerte del invierno, sino ahora en el de escribir el texto. En el momento de ver el cristo sólo fue la inritación total obnubilando todo, ¡por qué el Schpañiaschs este tenía que ponerme en el Estado esa escatología perversa y enfermiza, emblema de una organización tan milenaria como plena de pecados, por el rollo macareno de que es tradicional a no sé qué costumbres que desde luego serán muy suyas pero que no son mías para nada!, y entonces me puse a buscar en la red a ver si encontraba alguien por ahí que estuviera tan cabreado como yo y encontré una página de un menda que también lo estaba y le puse un comentario enardecido a su cabreado post, como forma de buscar el desahogo en el arrimo tonto que da el mal de muchos. Después lo que hice fue ponerme a buscar fotos para ver cómo habían dispuesto los presidentes anteriores los fetiches de sus consagraciones. Y ahí fue el planchazo. Porque cágate lorito, yo estaba achacando la entera propiedad del muerto al niño Schpañiaschs y resulta que la misma crucifixión había presidido la de Zapatero y al menos una de las de González. Y, según fui encontrando imágenes documentales, parecía que, después de Suárez, que lo hizo de rodillas en un reclinatorio, con la facha de ir a hacer la primera comunión, y a los pies ensangrentados de uno policromo y casi de tamaño natural, el macabro objeto en sí parecía haber sido el mismo en todas. También era la misma la mesa y los cojines y esa mantelería de rancios terciopelos recargados en recamados oros de otros siglos sirviendo de altar en medio de ese mismo espacio retrete de Palacio, habitación ahogada de recargos y tapices costosos y reviejos, sin vida respirable y sin ventanas. Sin embargo sólo tres de los presidentes democráticos habían jurado en lugar de prometer. Entonces, ¿Qué pinta ahí la imagen de un yonki en pelota picada, sangrando como un cerdo, grapado en unas tablas? … ¡Yo prefiero a Baco, yo prefiero a Baco! (Mamma Ladilla), y soy también por suerte o por desgracia súbdito español. Y como tal tengo que tener pleno derecho a no tener que contemplar ese tipo de sadomasoquismo instituido como algo de obligada pleitesía. ¿Por qué ninguno ha quitado esa carga del principio de su cargo? ¿Por falta de coraje o de laicismo –y entonces me tengo que dar otro planchazo- o es que tenerlo ahí es una prerrogativa de la real gana del Rey que hace como si en su casa y no hay otro dios que valga? Pero, ¿eso no era anticonstitucional? En cualquier caso… Cómo va a ser…! ¡Hasta cuando…! Ah, que porque pueden, pues yo entonces, y por la misma razón, me jiño en esa simbología con el total derecho a réplica que me da la obligatoriedad ilegal con la que me la imponen.
Habrá que leer la Cruz y la Corona, de Puente Ojea, a ver si a lo mejor me desinrita un poco que alguien diga algo en condiciones sobre el tema.
(Y por cierto, sí hacen cucunete en su pender los crucificados tanto a derechas como a izquierdas, e incluso en tiesas rectitudes también están ahí expirando eternamente, en su artístico sufrir a lo largo de su historia, pero no sabría yo decir si el porcentaje es fitti fitti. Y hay que ver que galería de logros del arte del horror sanguinolento sale si le pides al buscador que te busque fotos de ese objeto venerado).

Hecha esta deyección, dejé la inritación clavada en la plancha de la plancha y me fui ligero a lo alto, a ver ocultar la Tierra al Sol en ese día, porque era el apogeo del invierno y por tanto el inicio de su inexorable decadencia, y es bueno santificar este instante saliendo si se puede a donde puedan entrarte los rayos del cosmos en el coco. Mañana en todo caso habrá un par de minutos más de luz, me dije usando la astrología en plan ungüento, aunque durante un tiempo sea lo normal que vaya haciendo un poco más de frío cada día. El sitio desde donde lo estuve contemplando está a mil y pico metros de altura y frente al mar. El aire estaba claro y se veía con toda nitidez toda la costa de Argelia y de Marruecos hasta el estrecho de Gibraltar y desde allí, Málaga y casi toda la provincia de Granada hasta mis pies de nuevo. La parte de Almería me la tapaba un cerro a mi izquierda. Pero cien metros más arriba habría podido ver también hasta el cabo de Gata. Así que me sentía como un dios contemplando un atlas en 3D y a escala natural. Por primera vez pude comprobar que el Sol se ponía en estas fechas al otro lado del mar pero no se ocultaba tras sus aguas como siempre había creído, sino tras una montaña, creo que de Marruecos, de doble joroba muy característica, que se me reveló como una marca geográfica perfecta del arco del solsticio en el horizonte. Hasta ahí justamente llega el Sol en su vaivén, después el resorte vuelve a saltar de inmediato su juego oscilatorio para atrás. El cielo era una explosión alucinante de rojo azules verdes y amarillos y el mar era de plata con caminos dibujados por variaciones en el tono a veces un poco violetas. Por aquí y por allá se veían minúsculas embarcaciones que a veces serían pequeñas de verdad y otras enormes cargueros y buques tal vez de placer o militares. El rodar de la Pelota de mi Mundo hacia la Noche se iba comiendo el Disco Solar milímetro a milímetro y viendo así el movimiento de los astros uno comprueba lo infinitesimal, cósmicamente hablando, de la estupidez humana. De tan infinita prepotencia, sin embargo, como dijo Einstein. Me pongo a mesurar con el patrón medida que sale de este observatorio la base barroca del indebido crucifijo, lastre de un quehacer público más universal, y la superstición y la superchería que emana de todo ese entramaje de dioses y poderes me hace reír con ganas mientras compruebo que soy parte de una especie de locos raramente geniales y a menudo sanguinarios. Una Gusanera que está confinada en una Bola a punto de acabar con el conejo que agusana, viajando sin parar girando como loca alrededor de infinitos centros a la vez y creyéndose el centro de todo el Universo. Y el caos frenético que advierto detrás de la apacible foto de postal que estamos contemplando, me da el equilibrio y la gracia de la auténtica energía universal, que, al contrario del susto religioso de los ídolos horrendos, siempre me trae a mí un cierto regocijo profundo y sereno, muy gratificante. Como un gustoso cosquilleo liberador en las partes tiernas de la zona razonable. Ciertamente, también yo, sólo podría llegar a creer en un dios que bailara.

Y, acabado el ocaso, me vuelvo para casa con mi colega y mi perra perdiguera, propiciamente unidos por las coordenadas del Aquí y del Ahora, en nuestro cuatro ele, más anchos que largos, tan campantes. Como los más ricos del mundo en este tránsito. Sin fardo espeso de agonía de crucifixión alguna. Ahí lo llevan quien lo lleve. Me digo. Y me dije. Y me dispuse a pasar la noche más larga del año hilando cuentos que proyectaran, contra la oscuridad de salterios y liturgias, chorros de espejismos en la quimera implacable del Conocimiento que jamás se puede comprender. Espero por lo menos haber servido para pasar un rato. Porque eso es lo importante, y porque en esto se me ha echado encima el tiempo en el que se me acabó la gana. De seguir dándole vueltas a la cosa. Pero… de pronto una imagen final me dice que la espere: ¿Y si en lo social estamos también en un solsticio del que hayamos llegado al apogeo del pico de la curva, y ahora sólo nos queda volver a desandar para atrás el arco de un progreso que no da para más? Yo… no sé. Pero sea lo que sea y esté donde esté esto ahora, aquí, en este punto final al fin te dejo.

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13/12/2011

Rollos matutinos 56


Pantocrátor

A la tercera con tracción, y por el coño la crisis, sale a presidir el Ruedo el Niño Schpañiaschs.

Y algo habrá que decir.
Y antes de probar a decir nada lo primero es dejar bien sentadita una idea primordial en cualquier tipo de ensayo en este tema. Y esa te la voy a concretar en el más perfecto idioma de la filosofía: Dirregierungensindschaisse. Que es como sonaba lo que una amiga mía rusa decía en alemán de lo de que los regentes estén siempre tan íntimamente unidos a la mierda. Siempre. Y todos, oye. Que en alemán ella decía
alles. O sea, al es. Es decir que de que lo son. Al punto. Indefectiblemente. Estos, aquellos, y los que pueda que lleguen a surgir de cualquier sol futuro que alcance a criar alguno con poder. De que nacen, los regentes, como las larvas de las ranas en los charcos, son renacuajos que tienen que prosperar en un caldo de mierda. No puede ser de otra manera. Porque es lo suyo. Por definición. Desde aquél cromañón en las cavernas y hasta el de la Fundación del imperio galáctico de la ciencia ficción del Asimov.

Y si sale alguno limpio, el propio proceso se lo limpia. Lógicamente. De inmediato. No puede ser de otra manera. Como a un extraterrestre que no puede soportar la atmósfera de oxigeno.
Y es que cualquiera que piense se da cuenta de que mierda sin poder no sólo cabe, sino que cunde y corre de todos los colores por los propios fundamentos de la Vida. Pero poder sin mierda… ni tiene sintáctico sentido ni hay dios que lo conciba ni ministro para qué. Quien gestiona digestiona y en todo proceso digestivo, sobre todo habiendo chicha, por lógica, tiene que oler la cosa a caca por muy bien que funcione el intestino dirigiente. Sin embargo, curiosamente, todo el que busca abrigo a sus carreras en esas cochiqueras lo primero que procura, desde el principio de los tiempos, y con monomanía, es cubrir la propia avaricia en el deleite por la pringue, con el principio inalienable de que él, por principios, no es como los otros. El bien común. Las patrias. El espíritu de sacrificio. La responsabilidad. El servicio y la entrega o la revolución… Son trampantojos similares de un mismo contenedor de turbios intereses. No hablemos ya de los que dicen hablarnos en nombre de los dioses. Se dirige digiriendo. Y el aparato digestor lo controla la parte refleja del cerebro que está fuera del sistema razonable. Así es como la nave va. Y la planta del político sólo en medio de ese abono crece, y florece y fructifica en su prole de tomates y de logros y fracasos hasta alcanzar la gloria de hacer más o menos historia con sus hechos más o menos sangrientos según toque. Esas artes son la biología del regente incluso antes de llegar a la regencia. En realidad el embrión de ese metabolismo está ahí desde sus más puros comienzos. Más decidido cuanto más se vaya haciendo el aspirante con su fin. Y siempre en forma sustantiva. Porque la política no trata de otra cosa sino en eso de andar llevándose a la boca a mano limpia y sin parar ese tipo de sustentos y nutrientes.

Otra cosa es que la Piara no pueda subsistir sin estos limos. Pero que así son de guarros no hay tutía.

Sólo dando por sentada esta realidad puede tener algún sentido andar sacando chispas a la comparación entre los polos de la pila de las cracias y sus cargas más o menos diferentes. Pero, aunque los arcos que surgen de ese juego alcanzan a veces voltajes incluso peligrosos, la verdad es que su luz insustancial es siempre fría y siempre dibujan el mismo baile de imágenes eclécticas de un mismo aburrimiento insulso y sin sentido, que poco alumbran nada interesante.
Yo, por eso siempre llevo a pastar a mi pensancia lo más lejos posible de esos pastos comunales. Sin embargo a veces es imposible no cruzarlos aunque sea sólo de paso. Como es el caso de este postveintene en que, como en el post de antes, algo habrá que decir como conjuro para poder dejar después de rumiar la mierda de estos rollos para siempre. A ver si soy capaz de hacerlo en unas cuantas parrafadas, con cuatro ilustraciones, y un par de citas gráficas sobre en qué nos va a cambiar el pelo el cambio que nos acaban de vender:
Antes de las elecciones circuló en el chorro de opinión anónima que corre por la red un mensajito con una frase de Bernard Shaw: Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo y por los mismos motivos. Que desde luego es genial, pero que en el caso concreto en que trataba de aplicarlo el que la puso en la corriente tiene miga. Porque en concreto este cambio, consigna levadura de la masa tonta e indignada, no era aquí a un pañal limpio, sino todo lo contrario. Aquí el cambio era volver a ponerle al niño los de la anterior cagada, que llevaban años reapestándose con rabia en el cesto de ropa por lavar. No sólo sin haber sido lavados, sino que con las mismas barbas zurrasposas y resecas. Como así ha sido decidido por amplia mayoría. Si no hay pañales limpios es hasta mejor dejar al niño sin cambiar mientras se encuentra uno, digo yo, o, en todo caso, lo suyo es dejarle el culo al aire mientras tanto. Pero en cuanto a eso, hay férreo consenso de la madre masa y del padre amasador en decir que es el peor de los peligros quedar expuesto a corrientes que pueden ser mortales.
Se puede sacar también la misma conclusión de moraleja con el chiste aquel de la tía guarra, que se tiraba con las mismas bragas medio año y luego se las ponía del revés y decía, ¡ah, que a gusto se queda una cuando se cambia!
Y así ha sido talmente. Y de hecho, al mismo instante de ganar el recuento del cambio, la sensación de novedad y a ver qué pasa así, que había logrado crear en buena parte del ambiente, pasó de percibirse como algo quizás incluso oxigenante a un madre mía… ahora si que la hemos hecho.
Pero, ¿qué es lo que prometía cambiar el cambio? Ah, eso es un misterio todavía y creo que el mejor resumen de intenciones y programas prometidos por el cambio durante la campaña lo tenemos en esta joya de oratoria soltada por el presidente popular de Baleares en uno de sus mítines:
(Con voz enérgica de mitin)
Sabemos que es lo qu’hay que hacer y lo vamos a hacer. Y por eso hacemos lo que hemos dicho que íbamos a hacer. Y por eso seguiremos haciendo aquello que nos toca hacer a pesar de que alguno no se crea que vamos a hacer lo que hemos dicho que íbamos a hacer.
(Aplausos, que es lo más alucinante, multitudinarios, de máquina electoral bien aleccionadita.)
Y el Schpañiaschs, ¿qué era lo que anunciaba él que tanto ha atraído? Poco. En realidad nada. Con estas dos citas se puede condensar el perfecto resumen de toda su propuesta:
Por una parte, en campaña:
(dicho marcando contundencia con el gesto de mano que hizo famoso el famoso movimiento del Caudillo.)
A losch schpañoleschs nosch hace falta un gobierno con redañoschs, que haga lasch coshaschs como Diosch manda. (Dicho a la sombra de Santiago de Compostela, para más olor a vota fumeiro)
Y por otra, proclamada desde el balcón azul de la victoria y refiriéndose, ahora sí bien clarito y antes nunca pronunciado, a que esto está jodido y nos vamos a enterar de lo que vale un peine:
(con el mismo movimiento machacón de mano y tono de arenga nacional que no nos vamos a quitar de encima en años)
…Pero esch en losch momentoschs difícileschs donde sche forja el temple de losch hombreschs y losch puebloschs.
(Otra vez aplausos de máquina electoral ahora enardecida, sobre cuyo mar glorioso de cabezas y agitadas banderas azulongas navega en el aire de la noche una pancarta blanca que pide, como dios manda, la penalización del aborto.)
Y levado por los aires imperiales de temples y redaños, yo me veo de nuevo trasportado a aquella edad de oro de mi escuela franquista, de la reina católica y beata, del florido pencil y el maestro con la vara, otra vez con aquellos pantaloncitos cortos, los mismos que nunca he podido dejar de ver en las canillas del alma del ahora futuro presidente de la futura Schpañia, en medio de una de aquellas edificantes lecciones de Viriato. Eso sí, ahora viene el soniquete a gesta de eternidad vetusta y cotidianidad revieja combinado con un chorro musical polimoderno, que arrejunta cierto toque puntera de lo más con lo más claramente borreguero, a manos del mismo disyoque que puso punto erótico al deobotellón de la visita del Papa. El Pulpo de la ocasión, o la ocasión del Pulpo. Es curioso. Pero no sé si esperanzador o aún más preocupante.
Si ahora pongo este otro soniquete de parte de la sección femenina de ciertos mítines peperos valencianos, acabo de bosquejar el trailer de la banda sonora que nos toca:
(Con la música de Somos novios, y en coral)
Somos madres, mantenemos nuestra casa limpia y pura, como todos, trabajamos sin desdén, no hay duda alguna, choferesas, enfermeras, cocineras y modistas, pedagogas, cantantes y hasta artistas, cuentacuentos, albañil y economista. Somos madres. Alguna cana en nuestra sien se nos asoma y lloramos cuando hijo ya mayor nos abandona, nos engaña recibir alguna flor y un achuchón, pero más nos gusta un bolso de Vuitton, sin hacer más comentarios. Somos madres, somos madres, somos madres.

Y, ¿esta picardía venial del bolso casquivano, en este entorno de puro gineceo, reivindicando el lubricio del gusto por el lujo de marca cara y de diseño hortera, en la maternidad de ellas, no viene a ser algo en algo parecido al guiño cochinete que se marcó el Schpañiaschs a la erótica casposa del Santiago Segura de Torrente? Porque abrió su campaña en Twiter con una foto que se sacó con él para tirarse un moco, no sé si sólo electoral pero tan efectista como inclasificable, algo así como que un poco de público arrimo a lo incorrecto si bien bien popular, para revitalizar la mustia piel del gesto adusto, que exigen marcar el temple y los redaños canos de su como dios manda, con un pequeño toque de sabor a pimentón. Al fin y al cabo lo que más pone a la masa es lo procaz, debió decirse, y el Torrente conjura a la perfección la atrayente apuesta por la revolución de lo incorrecto con el gusto más tradicional del grotesco pata negra.

Todo un fenómeno social lo del Torrente. Yo me vi el 4 la otra anoche, en compañía de un amigo mío inglés, que nunca había oído hablar de esa imaginería escatológica tan actual tan de masas y tan nuestra. Es algo que desde luego, aunque sólo sea desde el punto de vista sociológico, es imprescindible conocer, le dije. Y nos la pusimos. El inglés se rió en algunos gash con ganas, pero también dio un par de cabezazos. Yo también me reí a veces. Pero sobre todo no paré de alucinar calibrando cómo se hacía, de la caspa más hispana, mezcolanza lúdica de líquida anarquía para masas neocutres. Y reconociendo el éxito que tiene, entre cierto género de personal ibérico, el juego recurrente, que hace durante toda la película, con aquella escena primigenia de la famosa pajilla entre colegas, tan machos como prototipos del esperpento corriente y nacional, me hice yo un tratado sobre lo fantasmal en el erótico del masculino vulgar establecido que no me venga usted con freuds ni con paulovs.
Cuando acabó la peli, mi amigo inglés me preguntó tajante, como forma de centrar los sesudos análisis que yo trataba de hacerme sobre ella: Pero a parte del interés sociológico y todo eso, ¿a ti te ha gustado o no? Y no supe que decirle. Tampoco lo sabría contestar muy bien ahora. Quizás la respuesta sea ni si ni no sino todo lo contrario, porque mi interés por el fenómeno esté muy por encima de un triste gusto monosílabo. Segura me cae bien y sé que como él, lo que hace es único en su género. Y que si algo buscara él del Schpañiaschs sería la puta pela sólo. Pero, ¿que es lo que el Schpañiaschs había buscado de él públicamente? Y entonces vi de pronto que no habían sido sólo unos posibles votos, que en el estreno del 3 ya había hecho ostentación de su asistencia, que muy posiblemente lo que le movía fuera admiración sincera, de tipo visceral y de una insoportable ambigüedad tan pegajosa como la línea fría de sus labios. Y entonces comprendí en un escalofrío que el tiempo que se adviene, además de ser mariano en toda su etimología, también va a traernos sin remedio en su legislatura un torrente de actuaciones caricaturescas propias de el del brazo tonto de la ley. En el fondo igual de cómicas. Seguramente con el mismo rebozo de harinas rojo y gualdas. Pero en plan serio. En las tres dimensiones de la realidad. Y sin escapatoria.

En cualquier caso, la Transición ha muerto, tan mansa como siempre y todavía inconclusa aunque ni mucho menos virgen, en la misma fecha de su nacimiento histórico, y lo que ha empezado ahora es la Transacción, en el sentido más bursátil que la palabra tiene, que es la que se va a encargar de llevarnos otra vez a una dictadura, pero esta vez regida por la Globalísima Banca.

Que las Espe culaciones de los hados nos pillen bien reídos.
Aunque maldita sea la gracia.



Pos post:
Claro que es verdad el principio de mi principio de que al fin todos son igual de indeseables. Pero el olor a altares que traen pegado al culo estos me molesta y me preocupa. Sólo va a servir para reenquistar caudales de antiguos movimientos. Estoy seguro de que perjudica seriamente la salud social. Y pienso que con esos humos habría que hacer como con los del tabaco. Que se los fume quien quiera libremente. Pero fuera del ámbito público por ley.

Encuesta final:
¿Habrá crucificado en la constitución de la jura del cargo del nuevo gobierno? Será significativo. Ojalá no. Pero yo me temo que además va a tener algo de barroco en su factura, si bien, ¿quizás con un cierto toque minimalista en el retorcimiento? ¿O va a ser al revés? Vamos a verlo.


Nota y fe de imágenes:
La primera no es mía, yo sólo he puesto el púdico velo para significar el misterio que se traen con lo que va a acabar metiéndonos. Viene de la red, la bajé de una página gallega pero hace mucho, y ahora no encuentro dirección que darle. La otra es la que colgó su comité electoral en twiter. El tercero al fondo creo que es Julio José, Iglesias.


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