2 jul 2008

Rollos matutinos 8


Revelación.
A veces pienso en mí cuando desaparezca. Ese punto concreto que consistiré en el enorme Archivo de la Existencia, ahí, concluso, sin poder ser ya otra cosa que exactamente eso para siempre. Y respiro hondo y me digo, pues vale, ahí está el tío, bit perdido en el orden del Programa. Y observo el fósil que creo que seré, con cada una de mis queridas particularidades, mis preferencias, mis puntos de vista, mis detallitos, mis pejigueras, mis éxtasis y mis desazones, con todas esas cosas del día a día que bullendo a lo largo de una vida congelen mi personalidad para la Eternidad en la celda del Tiempo que me tocó constituir, secas, carentes de sentido personal, expuestas y explicadas como un berenjenal de efectos y de causas ajenas ya a cualquier voluntad maquilladora, valencias sin fin de un yo ahora apagado, que eclipsaba con el brillo ineludible de una singularidad más falsa que un euro de papel la percepción de la Entidad con la que se conforma, hechas ya historia, grafitos dispuestos para ser interpretados por un lector capaz si es que el Guión exige que lo haya. Entonces medito sobre la Realidad. La del Todo, y la de cada uno de esa mara que como yo fueron y tendrán que ser irremediablemente a trancas y barrancas. No para ser más listo ni para poder escribir chorradas como esta sino para tratar de sentirme in situ y porque me da la gana. E intuyo cuán pocas veces concuerda lo pretendido, lo creído, y lo que en verdad se acaba siendo, y que igual papel al fin han de tener en esa Historia la bruja iletrada e inocente que quemó la puta madre iglesia que Cervantes, o el chorvo guapo y prepotente que daba por culo al Papa protector bajo el palio de San Pedro como Napoleón o Bismarck (¿quién sería ese?), Cristóbal Colón o Juanita Banana, o el mayor cerdo con alas de la saga que cualquiera de la pila de sanchopanzas quijotescos que en el mundo han sido y seguirán siendo, agitando sus prácticos cilios primordiales como locos sin parar para mover el culo por la fangosa pasta del Anonimato que les tiene apegostrados, al son que les tocara, que les tocasen, que les correspondía o que les corresponda, moviendo la Rueda para dar de comer a la prole, llegar al heroísmo, comprarse su heroína, o para escurrir el bulto echando leches y vender hasta a su madre si hace falta. Y que da lo mismo que lo mismo da, este que aquél y ocho que ochenta, un corre que te pillo que un corre que te cagas. Cósmicamente hablando. Bien clarito está.
Después, tras la visión, se me queda un rato el Tiempo un poco así como en suspenso entre que por perplejidad y por la sombra incierta de un disgusto borroso que no tiene razón. Y cómo no hay dios que sepa si la Obra en la que ripio esta pensada para reír o llorar, resuelvo hacerme un Om y verlo con el color de un cristal que sea bonico. Decidir por mi parte que Esto forme algo así como que armónico, buscando la manera de escurrir el máximo deleite a la palabra en el sentido más trascendentón. Ante la duda la más tetuda. Total, si luego viene a resultar que es un mal rollo lo que es, eso que me habré llevado por delante, porque, en cualquier caso, no quiero pensar que por resultar acabe resultando que haya modo de quitar a los pringaos, después de tanta leche, incluso, lo bailao.

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