27 jun 2012

Rollos matutinos 70

La obra

Pues esto en principio va a ir sobre, la obra (luego ya veremos en lo que acaba yendo). Significando la obra, el hacer. Es decir, no tanto en cuanto a objeto sustantivo sino al proceso en sí de obrar. Pero al mismo tiempo también me va a interesar para lo que quiero describir, la obra en cuanto a obra obrada, es decir, como nombre del producto final de la obra. No se si me explico. Es vaporosa la significación de la palabra obra y más antepuesta del artículo determinado, la obra. Tiene una semántica…, ¿sutil? No sé, en cualquier caso profunda y muy compleja. Tiene miga. Obra. Obrar. La obra de la obra es la obra, se podría decir, y contraviniendo una de las reglas sagradas de la definición se consigue en este caso acercarse a detallar lo que intento expresar con el título de esto. La idea que quiero devanar, en cualquier caso, está ovillada en el orbe de la obra y buscando encontrar modo para expresar lo que, la obra, ha traído consigo en mi cabeza, he buscado en diccionarios y en concreto en uno etimológico del siglo XIX. Dice lo que el DRAE de ahora, pero cuenta un cuento que es aclaratorio de lo que diferencia la obra del hacer. Se trata de un tío que quiere vengarse de un loco por no importa qué y que por ello le endiña a traición un estacazo en la cabeza que le pone a cavilar. Nunca mejor dicho. O sea, que por el ceporretazo le sale un montón de sangre del coco y sufre muchísimos dolores y quebrantos pero como consecuencia de él le vuelve la cordura. Y dice el diccionario entonces que el vengador ha obrado mal, pero ha hecho un bien. Dicho esto, y sabiendo que antes también se decía, la hacienda, para referirse a la obra, acción o suceso, pues esto va a ir en principio sobre la obra en cuanto a lo que se refiere a ese tipo de hacer, y por después y al mismo tiempo pues a la obra que esa hacienda produce al obrar. Porque en realidad no sé si se pueden separar en algún caso de verdad los dos sentidos, pero desde luego no si se les quiere usar en lo que voy a tratar de hacerte imaginar ahora cuando te digo, la obra.

Un lío. Vamos a ver. La visión de la idea que trato de hacer surgir aquí, la he tenido esta tarde andando por el bosque de alcornoques y mirando a la lejanía del horizonte en el mar allá a lo lejos por encima del Tiempo y del Espacio. Me he dicho, la obra. Mira tú que cosas. La obra humana, si quieres. La obra de la Vida, quizás también. El obrar… Obrar es un sinónimo perfecto de cagar por otra parte. Antes muy finamente utilizado. Obrar mal, es también tener un estreñimiento de la hostia. Y obrar bien es ir como dios manda a cagar todos los días. Ese significado es muy importante para el conjunto de su significación. Y, ciertamente, de la misma manera la obra de arte, que es la más alta estancia significativa de la obra como palabra conceptual santificada sobre todo en estos tiempos, es ni más ni menos que un producto final de un sistema obrante, en este caso cognitivo, como la hez lo es del obrar intestinal de un sistema con funciones digestivas. Ambas obras son obras igualmente. Es más, cósmicamente hablando, la más importante de las dos sería la hez, sin duda alguna, porque es la única sustancia que puede llegar a involucrar al Universo. Seguramente. Refiriéndonos a la obra humana, la hez es la única de sus obras que el Cosmos pueda comprender. Con la cual puede llegar a sentirse implicado en sus fermentos y afecciones. Con las otras obras nuestras más bien parece que el Cosmos sólo se puede llegar a mezclar en la medida en que tengan al final, como al final todo lo tiene, también un sentido parecido al de la hez. Es decir, también el mejor libro que se piense acabará roído por algún tipo de agente que lo convertirá en abono asimilable por la química anímica que forma el pulsar del Universo. Y sólo en esos casos tendrá seguramente la Obra Cultural Humana algún significado, digamos si se quiere excelso, incluso, por qué no, en el cósmico sentido. Mientras tanto…, la Obra, por muy maestra, por muy genuina que la lleguemos a parir, cósmicamente hablando, es como un cálculo rocoso, como un metal inoxidable, como un objeto inanimado. Algo inerte y sin valencia, inapreciable para el Cosmos. Como también lo es para el sentido Humano, mientras que no encuentre a alguien al que le haga tilín al digerirlo con algún tipo de sus comecocos. Exactamente. Eso es. La más grande obra maestra de la creación que quieras ahora imaginar aquí, cuadro sublime, libro magnífico, bellísima escultura…, no es más que eso, un objeto inanimado que no es nada en realidad hasta que llega un ente lector y lo lee y dice, hostias esto es una obra maestra del arte de… Ojo que de la misma manera y con el mismo criterio y, cósmicamente hablando, con la misma base de razón, puede llegar otro ente igual de lector pero con no sé qué diferencia sensorial en el estilo y decir, vaya una mierda que es esto. Y por qué no. Y es la misma obra. Es así como es y no hay razón cósmica aplicable a ese debate hasta que no llega esa transformación de la obra en algún tipo de mierda fermentable en comida para otros reactivos y entra a alimentar la cadena alimenticia de la comprensión universal. Y entonces, sólo un Criterio Cósmico podrá decir cómo de buena o mala era la obra, en base a algún tipo de patrón que quizás tenga para medir la escala de su aprovechamiento. ¿Era por ahí por donde iba la visión esta tarde en el alcornocal? Porque mira que es difícil atraparlas y traerlas a la pantallita del monitor del programa tratatextos. A las visiones que se tienen cuando se pasea en la gloria por entre los alcornocales a más de mil metros de altura. Sí, la cosa era que he visto a las obras de todo el Arte nuestro (las maestras, las malas, las de culto, las comerciales, las filosóficas, las literarias…), cuando nadie las mira, y no eran todas sino nada. En realidad son partículas como las cuánticas, me he dicho, que cambian en cuanto que se las observa. Y sin observador son nada. Luego depende. De quién las observe. Y nunca se puede saber qué serán en ese entonces. Pero desde luego sí que no serán nunca lo mismo. Pasarán así un tiempo así siendo la mayor parte del Tiempo nada y a ratos un montón de cosas disparejas, y luego un día se perderán para siempre como parte del transcurso del obrar del Universo. Como todo. Y me recreé en detalles tragicómicos, como ver tantísima gran obra interesante por ahí perdida sin que nadie, concretamente yo, las llegue a dar vida con su vista jamás. Y también examinando la de gilis que alaban grandes obras, que nunca se han parado ni siquiera a mirar, por aleccionamiento, como loros bien educaditos por un sistema de cultura que en el fondo nada tiene que ver con lo que tendría que ver La Obra de verdad. Luego vi una comparación de todo esto con la vida personal de cada bicho viviente. No sé. ¿Se podría decir que existe una perfecta sinonimia de ser y de destino entre la obra y la vivencia? Fue algo así como comprobar que de la misma manera que las obras de arte sólo tienen importancia cuando las carga uno esa simbología, uno sólo es eso tan importante y tan grandioso y tan egocentrado que se cree que es, cuando le toca a uno serlo y mientras tanto. Después, mirado fuera de ese punto de observación exacto, la vivencia, como la obra, pierde todo su valor existencial y se convierte en algo nimio, igual de inanimado que la obra que elaborara con cálculo paciente y luminario durante su existencia, tal vez no sin sentido pero sí sin sentimiento, hasta que accidente absurdo llega a ser vista desde aquí bajo este punto de vista la vivencia, y en cualquier caso pequeñísimo sinser perdido entre tantísimos miles de millones de lo mismo, que al fin en realidad, mirado fuera del conjunto especie, tampoco es en conjunto nada. Y sin embargo, en cuanto que uno se lee, da igual si lo hace con gozo o con sombras, qué infinita maravilla lo que se presupone. Pues eso. Concluí entre los alcornoques. Eso de la obra debe de ser un giro dentro del girar de la vivencia que debe ser un giro dentro de otro girar que ya sabrá quién corresponda cuál es si existe y si lo sabe. Y en ese sentido tiene uno que obrar viviendo para hacer con su vivir, la más preciosa de todas sus obras. Para que quede también ahí flotando en el plasma sin sentido, hasta que llegue algún sensor al que le llegue durante un momento perdido, o se pierda para siempre en el latido Universal, como una parte más de la Obra Cósmica que alguien esté obrando. Eso da así como que un poco cierta sensación de vértigo ante un tipo de abismo que uno puede llegar a interpretar como una especie de vacío sideral sin fondo. El vértigo da, no obstante, si se sabe manejar, un cosquilleo que puede llegar a ser muy divertido y agradable. En cualquier caso, yo, de todas formas, cuando necesito sentirme en la certidumbre de estar contribuyendo con mi vida a algo sólido y feraz, me dejo de gilipollerías y miro siempre a lo palpable, cósmicamente hablando, y me contemplo en mi otra obra, la verdaderamente trascendente, y entonces soy feliz. Porque yo obro muy bien, y cada día voy, indefectiblemente, a comulgar con el rito de dar mi creación al váter. Y después de hacerlo siempre siento que me invade la gran paz interior de la obra bien hecha.




Postpost:
A la mitad del texto me di cuenta de que hay en realidad otras obras de la obra humana, aparte de la de los restos de la devastación que nos metemos por la boca y nos sale por el ano, que también son apreciables en un sentido universal, porque interactúan muy directamente con el devenir estructural del Cosmos. Como es todo ese género de lo radioactivo enterrado por miles de millones de años en cada vez más agujeros, y el DDT metido en el genoma de todo bicho viviente. Me molestó un poco notarlo porque me quedaba bien que sólo las cagadas biológicas formaran parte de nuestro legado artístico, para la armonía léxica que le estaba dando al texto. Pero enseguida vi que no pasaba nada, no había ruptura de la línea narrativa, porque en realidad cuadra este aspecto por completo en mi visión, ya que estas obras no salen exactamente por el ojete del tubo digestivo, pero es la misma mierda de la Cultura de la Contaminación que vertebra el arte de toda nuestra obra. Se trata sin duda pues, de nuestra mejor cagada. Y sin duda metemos en ella los más altos valores de nuestro conocimiento. Se encargue de su crítica la gravedad que rija todo lo creado. Lo que no sé es si el hacer de ese vientre da también paz interior después de la obra, al menos a sus defecadores. Espero que sí, porque estaría bueno que encima ni siquiera.

Queda también para otro testo, el considerar que, si somos nosotros la obra de un Señor, qué tipo de señor es el obrante y qué tipo de obra la que ha obrado el Señor.

Y, la obra de la foto que he puesto es de John Heijink (yo tampoco sabía quién era). Muchas veces, busco en google imágenes algo que se me ocurra ocurrente en relación a mi testo, cuando voy a colgarlo, como forma de hacer decir algo al azar, que sabe mucho. Y en este caso ha sido esto lo que me ha parecido que ni pintado. Encima se titula Bonnie and Clyde, lo que insinúa una infinidad de ricas sugerencias exquisitas al obrar de la obra, y a la imagen de la obra que quería yo obrar cuando me senté aquí, en el retrete de mi silla con ruedas giratorias del Alcampo. Enfrente del cuadrado vacío del monitor en blanco.


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11 jun 2012

Rollos matutinos 69

Ser o no ser


Vamos a ver. Está muy claro. Los que arguyen que no puede ser que los homosexuales tengan los mismos derechos que los otros lo que temen es que tal cosa pueda hacer que sus hijos se expongan al peligro de salirles maricones, a causa de ver malos ejemplos como algo natural. Pero es en ese sentimiento suyo donde se encierra el tomate putrefacto. Porque maricones y bolleras siempre los ha habido y siempre los habrá. Y su número real en cada momento no va a cambiar ni porque puedan ejercer sus derechos en la más completa igualdad, enseñada incluso en las escuelas, ni porque esté su práctica prohibida con la muerte. Lo único que cambia en uno u otro caso es el tipo de actitud frente a la vida que se establece. Y en un supuesto, a lo que se apuesta es a que, sobre todo en un terreno tan personal como la atracción sexual, ante el deseo ejerzas a tu antojo lo que te pida el cuerpo libremente en cada caso, siempre que el otro (u otros implicados) lo haga también con la misma libertad que tú. Y ante la duda de si sí o si no, pruebes alegremente. No hay más historias. Ni más dramas. Te gustará lo que te guste y serás lo que seas en cada momento y ya está. Pues anda que el problema. En el otro, en cambio, lo que se busca es que no te quede otra que ser normal como dicen que se debe para no ser un bicho raro más o menos tolerado, y que, en caso de duda, en vez de animarte a probar alegremente para ver, pruebes muy en serio cuanto antes a ver si eres capaz de montártelo en plan hetero, salvando la prueba de fuego que te ponen los que han pasado por el aro antes que tú. Y si es que, teniendo la desgracia de no tenerlo de forma natural, puedes cumplir mínimamente con el deseo de tener deseo por el sexo contrario, hagas del estándar tu estandarte y arrastres la condena de ocultar tus impulsos naturales proscribiendo el ejercicio de su atracción irresistible si acaso a la amarga soledad de tus pajeos o a los guetos de ocasiones tan irreflexivas como oscuras en las que no puedas resistirlo más y sepas que no te vas a ver sorprendido en el renuncio jamás, no sólo por tu madre, que al final, aunque sea la más tranquilizada por tu sensata apuesta es la que más de verdad lo sabe todo, sino que ni por ti mismo. (Contada así, la dura determinación de este supuesto, sin comas ni respiros, que es como se vive el infierno de esa carga que se niega a dejar de ser retrasmitida diciendo que ¡cómo va a ser que ahora pueda estar reconocido el derecho a mamarse las pollas dos varones, o a comerse el coño un par de tías, tan ricamente como algo tan normal tan sólo porque les venga en gana!).

Por supuesto que tener establecida una u otra de estas actitudes frente a un aspecto tan obseso como el sexo, cambia por completo la actitud general frente a la vida, que a mí es lo que más importante me parece de respirar la libertad de la primera, y que debe ser lo que más miedo dé, de perder la cerrazón social en la que enraízan, a los que quieren seguir en la segunda.
Por lo tanto, el que la homosexualidad esté reconocida por la ley en absoluta igualdad con los demás gustos sexuales no es sólo una prebenda para aquél que le ha tocado ser bollera o maricón en la existencia. Es algo esencial para que el marco social sea libre y saludable. Porque además de que sin libertad total en el campo del sexo no hay liberación que valga en ningún otro sentido, ¿cómo alguien que entienda de verdad la libertad puede estar seguro de qué es lo que le va a gustar mañana, o de si no va a tener un hijo, un nieto, un sobrino, un colega, un vecino, un jefe, un empleado, un párroco, un médico, un prócer, un maestro, o incluso un príncipe o un rey o un papa en su vida que le salga de pronto maricón? Tened la seguridad de que ninguno de estos casos es la primera vez que pasa, y de que desde luego será siempre menos rancio, más gozoso, más fresco y divertido, y dará más brillo y prestancia a la calidad social el que se ejerzan los cargos de esas reales circunstancias con la alegría que da el no tener que andar ocultando las realidades. En vez de empeñarse en el acto antinatura de hacer aparentar todo lo contrario, tapando lo que hay bajo hábitos de falsedad mohosa y mantos labrados de culpas tan doradas como corruptoras.
Sí, también hay en ese sector que se escandaliza de lo que sean los demás en sus asuntos, muchos a los que en realidad les importa un pijo lo que pase con sus hijos, en cuanto a esto y en cualquier otra cosa, aunque en el caso de tenerlos acostumbren a ponerlos por delante como escudo de sus limitaciones, y lo único que les molesta de verdad es que después de arrastrar toda una vida de dudas en cadena, vaya a proclamarse el derecho total a ser marica, e incluso a pregonarlo, ahora, que tienen ya cuajada la facultad de buscar la diversión en la sorpresa, y la libido perdida.
También están los que tienen el morro de decir que esas cosas no se hacen porque se lo ha dicho un dios que sólo ellos han vistos. Pero estos están incluidos dentro de los ya citados. Son su núcleo ideológico. Y es curioso que, sobre todo en cuanto a la religión que nos concierne, haya sido siempre el sacerdocio el sitio divino donde meterse a estar entre los de tu mismo sexo sin tener el problema de tener que dar explicaciones por que pase el tiempo sin que cases con el otro.
Madre mía, me acabo de dar cuenta de que muchos de ese tipo de padres que se escandalizan en el temor de que sus hijos vean la homosexualidad elevada a cosa legalmente natural, después van y los meten de monaguillos en la boca del lobo. Para que aprendan la moral que deben. Tiene tela esta humanidad inextricable en su funcionamiento.

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31 may 2012

Rollos matutinos 68

Rayos de Espe rancia
Esperanza por Dios, 
ay que pena me das, 
tan bonita pero no eres buena. 
Esperanza, Esperanza, 
sólo sabes bailar chachacha.

El otro día me metí en un quiosquillo de esos que venden prensa y hacen primitivas, a cumplir con el rito semanal de adoración a la Esperanza. Y como ahora tienen unas pantallas donde dan noticias de última hora además de animarte a que juegues a las loterías nacionales, me di de sopetón con la jeta del Ciruelo que decía, en un texto por debajo de su imagen, que había “rayos de esperanza” en lo de la economía. Y gracias a él alcancé de pronto el gozo de la risa repentina. Tiene usted razón, dijo el señor que atendía el negocio, yo cuando lo he leído me he tenido que reír también, porque vamos, brotes verdes decían los otros y ahora estos, rayos de esperanza. No tienen vergüenza, dije yo, pero no porque les importemos un carajo y se rían en nuestra cara de nosotros, que eso ya se sabe que es consustancial a sus cargos, sino porque no tienen sentido del ridículo, a mi me daría vergüenza presentarme así delante del público, tendría cuidado de no decir esas cosas tan al chiste fácil, tan de aparecer tan a las claras tan tonto de remate. A los políticos les da igual todo, dijo el señor del negocio gestionándome la papeleta, el rayo le tenía que caer a él para que viera. Estamos apañaos, concluí, y recogí el papelillo de la primitiva de una apuesta para jueves y sábados, estampa de la fe de un culto del que el Estado saca pingües beneficios. Perfecta adoración de la Esperanza, el último mal que salió de la caja de Pandora. Sin ella, la Humanidad se habría suicidado entonces después del desastre que supuso la escapada de los males, o al menos, habrían montado de inmediato una escabechina de hideputas al grito de, ¡A muerte, o ellos o nosotros!, hasta desaparecer por completo o no dejar ninguno vivo. En vez de vivir eternamente el infierno con ellos a la espera de lo que es claro que nunca va a llegar. Doblé mi papelito cabalista y lo guardé en mi cartera con la espera renovada. Tal vez esta semana sí. Y volví a comprobar el efecto barbitúrico que ese juego tiene. La falta de él debió de ser la causa principal de la caída del Imperio Soviético, ya te lo he dicho otras veces. Porque, esto es un Sistema de locos, se dice el pringao (que es un pringao pero no idiota), pero si los números quieren mañana puedo ser yo el rey y entonces… Los números, o la casualidad, o sea, el anza esa de esperar que la Fortuna te eche encima su cornucopia enterrándote de bienes te hace seguir tirando como un burro de la noria que muele el trigo de los otros para siempre. Y anda que no tendría gracia ahora que estamos al borde de la crisis total que te tocara el gordo justo el día antes del fin de la Banca. Joder. Malo es que te lleguen a quitar lo ahorrado con toda una vida de esclavismo gilipollas, pero lo otro tendría una marca así como que de maldita gracia de los dioses. En una de esas, cómo no quedarte con la sensación de que el Universo se ha reído de ti para la Eternidad. Madre mía, la Fortuna la Libertad y la Justicia son tres diosas putísimas. Y de las tres, la Fortuna es la más casquivana y la menos de fiar, porque la Libertad y la Justicia, al fin y al cabo, son siempre fáciles de comprar si tienes el dinero suficiente. Me dije.
Y seguí andando por la calle a mis asuntos, dándole vueltas al cabreo de mi inritación como entretenimiento. Hay que ver, en realidad… es en detallitos como estos donde vemos maravillosamente el pozo del fondo de las cosas. Porque entre, brotes verdes, y, rayos de esperanza, se encierra toda una tesis doctoral completa sobre politología sociológica de masas. El mundo de lo primero pretende vender cierta ecología en la propuesta, de frescor primaveral y aroma laíco de planta que rebrota, es más evolutiva al modo científico de Darwin. La segunda tiene un tufazo inequívocamente vaticano, y a colegio de curas moviendo varias generaciones de sotanas subconscientes, recuerda al rompimiento de cielos de los cuadros barrocos recargados, tiene también algo de la autoridad grandilocuente del estilo de la Biblia, es, desde luego, mucho más litúrgica en cuanto al uso del anza de Pandora que se suelta muy al finaaal, allá a lo lejos de la espera que te espera. La primera invita a pensar en el caro esfuerzo del quehacer de un jardinero titulado para salvar la planta que tienes que pagar, la segunda va directamente encaminada a encomendarte al rezo de cabeza ante una providencia tan oscura como inescrutables son los montos que te roban con la gracia del dios con el que mandan.
Y encima, pa colmo, si acaso la verde del brote un poco más pero tampoco, ninguna de las dos esperanzas estas tiene, a más de ser de to menos bonitas las muy guarras, el atractivo de aquella de Machín que a más de calentorra estaba buena y sólo sabia bailar el Chachachá.
¡Ah, dioses, si por lo menos nos estuvierais llevando al abismo de este infierno (lleno de chorizos y próceres horteras, que sólo tienen chispa para la ratería, y un público gorrino que no tiene entendimiento más que para ver telebasura y hozar en los dornajos), al ritmo de un son caribeño y sandunguero, ínclito a la folga el retoce y la guasanga, con el compás cargado de hilarantes carcajadas…! En vez de con esta murga criminal, pestilente soporífera y espesa.
Sería más llevadero esto. ¿No? Con la explosión de la risa como primera virtud ciudadana. La risa a todo trapo, frente al César, frente al mundo, frente a mí, frente a ti que me miras con cierta ironía. Venga. Payasos sobran sobre la pista de este triste circo de mediocridad. Encima son del género fatuo, ridículos como ellos solos, y nada da más risa que la ridiculez del pretencioso payaso con aires de grandeza. Más si encima son necios de baja gama como estos, altos en mezquindad y bajos de luces y talento. Aprovechemos la ocasión pues para reír. Ahora que podemos. Riamos, riamos. Hasta mearnos. Riendo, riendo.
Sin parar. Mientras podamos. Como el único aporte serio posible, cósmicamente hablando.


Agradecimiento a Celaya por lo que va en cursiva, parte de la Proclamación más completa que nunca he conocido.
La foto está pillada de positivos.com una tienda virtual para grafiteros.

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15 may 2012

Rollos matutinos 67

Más turbación


El testo de este texto aún no sé cuál será. Sé que tiene su génesis en la emoción que sentí al encontrarme por la red con la imagen de este post, que por una parte hizo brotar de sopetón con su visión en mis sentires el borbotón del gusto, y de otra me gustó enseguida como ideal para enjuagar el poso horrendo que deja tras de sí la del anterior. Me dije, joder, esto si que es una representación mágica del divino toque digital. Si tenemos que ser como gallinas que ovulan con ideas cerebrales a través de estampas de cartón, sea con juegos de colores como este.

La imagen, por si se perdiera del pasaje que ahora escribo, es un dibujo de un cómic de Manara y representa en primer plano a la horizontal y de perfil a una mujer joven y guapa tumbada bocabajo en una cama de sábanas sedosas. Tiene tocada la cabeza con toca blanca y repretada, que puede que sea tal vez de monja, o viuda, o moda de una época o varias de esas cosas a la vez, que le deja al aire sólo el óvalo de la preciosa cara. Sobre la parte trasera de la cabeza, la nuca y parte del inicio de la espalda se ve un trozo de gruesa tela oscura que resalta sobre el blanco de las sábanas, la toca y el camisón, que puede que sea, en caso de ser monja, parte de la parte superior del hábito, o capuchón del vestido en cualquier caso. Hasta hace unos instantes ha estado escribiendo en esa postura cosas en unos folios encima de las sábanas con una pluma de ave que ha dejado abandonada encima de uno de ellos. El camisón lo tiene bien arremangado por detrás hasta más arriba del centro de la espalda, que queda desnuda hasta el final de las prietas nalgas, donde la sabana arrebuja de nuevo el cuerpo celándonos la vista de las piernas para resaltar aún más la desnudez del espléndido trasero, sin duda un poquito ofrecido en pompa. Y ese trozo de rosada pintura voluptuosa forma el centro geométrico de la composición pictórica, y el imán de atracción del ojo que lo mira, el motivo central de la excitación del que lo ve, y parte del contraste que entre el color de las sábanas y el cuerpo sugiere la raja oscura por la que se ha deslizado la mano que abandonó de pronto la pluma, buscando la fuente del placer para jugar con las puntas de sus dedos al lubricio de juegos solitarios. En el lado izquierdo del dibujo, la cara muestra la contención estática del gesto concentrado en alcanzar el éxtasis, con los ojos cerrados para facilitar el arrobo de la imaginación y la boca entrecerrada con labios entreabiertos de lascivia. Del otro lado, un trozo de colcha de un rojo tan intenso como exquisito pone un contrapunto de tonalidad entre las sombras que reinan en la estancia. Entre ellas emerge al fondo rompiéndolas del todo, la trasparencia cristalina de un florero lleno de flores blancas rojas y amarillas. La luminosidad que irradia de la obra, entra por una ventana, quizás un ventanuco, que no se ve porque está detrás del mirón, fuera del cuadro, pero que queda patente por la potente luz, que después de entrar por él ilumina todo el cuerpo resaltando sobre el culo que ella ha descubierto para sentir la excitación de dejarlo al antojo del fantasma con el que se recrea, y se refleja enfrente en la pared del fondo dibujando los barrotes de una reja.
Del dibujo salen cálidos olores corporales exquisitos y ruidos apagados de gemidos placenteros envueltos en frufús.
Se trata de una obra maestra del icono de la paja. De la masturbación aquella que nos decían los curas que nos iba a dejar ciegos, aunque al parecer a ellos era la culpa de su abuso lo que les había convertido en visionarios.
Iba a aprovechar para decir no sé qué sobre ella y su defensa, pero al fin creo que es tontería buscarle al tema de la digital libídine exaltaciones vanas y tontos desarrollos doctorales. Basta con decir que no creo que haya en este mundo individuo que esté inmaculado de manuela. Con esto pasa como con lo de comerse los mocos, que no hay cosa peor vista, pero que todo el mundo sabe que saben a salado. El homínido es un primate onanista por naturaleza. Y del mismo modo que se hurga sola en el coño la moza de Manara, se restriega las meninges en soledad el mono creador. Porque también forma parte de la misma onanía la Philo Sophía.


Digo esto ahora porque ayer, mientras escribía, vino un amigo profesor a casa e interrumpí mi redacción. Hablamos sobre arte y creaciones y pensares y literaturas, y ocurrió que a él le parecían gilipollauras algunas obras que para mí eran envidiables. Yo volví a deducir enseguida de esa contraposición la visión ya vista otras veces, de que cualquier obra de arte es sólo arte en el momento en que encuentra la emoción de alguien que la interpreta así, y lo es por lo tanto al serlo para él el tiempo que eso dure. Mientras tanto, ahí sola, ante el Universo, la obra genial y genuina es como cualquier otra obra animal o vegetal, un producto de la actividad animada de cierta parte corporal, lo mismo que la hez lo es en concreto de la de las tripas. Por eso obrar y cagar tienen antigua sinonimia. Ante un gusto coprófago, una mierda, se convierte de repente en un objeto magnífico cargado de deseo. O al contrario, en una arcada de asco. Y del mismo modo pasa con la cosa artística cuando encuentra una fantasía en la que es capaz de generar estímulo. Del mismo modo también, en el sentido de filia o de rechazo. Mi amigo argumentó que no obstante había obras que eran de por sí algo en sí mismas glorioso, como todo el mundo sabía, y puso por ejemplo espontáneo al Quijote, que sin embargo, como es normal, él no había leído, sino trozos, cuando alumno. De lo cual deduje que en este campo, como en todo, lo convencional tiene un enorme poder publicitario establecido, sobre todo en la enseñanza. Y ya no dije nada interesante de verdad, sino que sólo me pareció interesante seguir con mis razonamientos en el ámbito de Onán, recomprobándome cómo, efectivamente, lo de la literatura era onanismo puro y duro. Y nunca hay en esa manía más que un ser solo. Calentándose las partes sensibles de su seso con un testo fantasma que sólo tiene el significado que él le dé en ese momento de relación con ella. Tanto en el sentido del escritor cuando lo escribe, como en el del lector cuando lo lee. En ese juego especular, ya te lo he dicho otras veces, nunca hay en el fondo nadie más que uno solo jugando a excitarse figuraciones con ciertas combinaciones de gurrapatillos que llaman caracteres. Claro que también hay actos de lectura colectiva, del mismo modo que en el sexo hay orgías, pero aún así cada receptor está tan solo como el dador en su recreo al lado de los otros. Y si bien en el Cine, por ejemplo, la industria tiene mucho de colectivo como cualquier empresa, no hay nada más onanísta que un sala de cine llena de gente mirando hipnotizados las historias que en su interior proyecta el juego de luces que ven en la pantalla. Ya te lo he dicho, es por eso que cada vez nos parece distinta la revisión de una película o un libro, por supuesto también para el propio autor. Porque aunque los resortes del soporte son siempre los mismos, el receptor que activan es siempre diferente, lo mismo que las aguas de los ríos. Y cada vez que nos miramos en esos espejos fascinantes lo que vemos es el nosotros que nunca había sido antes y que nunca más será un instante después. Y entonces, si el espejo es bueno y estamos inspirados para ello, nos corremos de miedo o de emoción, de alegría, de pena, de risa o de llantos, de gusto de haber sido capaces de enredar esa trama, o de creernos más listos por haber aprendido de alguien algo de no se sabe qué, o turbarnos más al descubrir que no sé qué que alguien dice ya lo habíamos dicho nosotros. O al revés, más turbarnos todavía al descubrir que eso que habíamos creído siempre tan de un modo, ahora, de repente, según dice no sé quién, resulta que no era más que todo lo contrario. Y nos pasa como en aquella anécdota que relata aquél libro del siglo XVIII, en la que yendo la princesa caminando en compañía de su tutor por una vereda en medio de un bosque de castaños florecidos, esta empezó a turbarse más y más turbarse con una intensa emoción producida por el espeso olor del floreaje que lo inundaba todo, y decía como embriagada, ay, este olor me recuerda a algo muy familiar pero que no logro recordar el qué, lo tengo en la punta de la lengua del recuerdo, pero no logro acordarme, es… Ay, qué rabia, decía aspirando ávida el olor, no lo logro, es… Y entonces el tutor le dijo, alteza, tenga la precaución de no decir tamaña cosa en público jamás, porque es de todo el mundo conocido que las flores del castaño huelen a jodienda.

¿Ves?, no sabía sobré qué iba a acabar tratando el testo del texto y al final me encuentro que ha acabado siendo un tratado de cognosciencia, de historia y de botánica.

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2 may 2012

Rollos matutinos 66


Curiosidades sobre imaginería religiosa (II)


Esta es otra curiosa cara de la talla religiosa imaginaria. Esta vez la foto detalla una escultura, en magnífico hiperrealismo, de unos pies ensangrentados de hombre atravesados por un clavo, uno encima de otro. Para alguien que no haya sido gravado previamente por una educación orientada a sentir como divino este tipo de gore sería sólo eso, una recreación artística de muy alto nivel del gore cuya exhibición debiera, normalmente, en una sociedad sana, provocar un repelús colectivo insoportable, y estar reservada para mayores sin reservas. Que decidieran libremente, con su uso de razón, darse a ese tipo de cosas, porque por qué no, ese tipo de tendencias ha tenido siempre no pocos adeptos a lo largo de la Historia.
La imagen en concreto es terrible. Sólo el detalle de que la punta del clavo no termina en punta hiriente sino en filete de tornillo romo rompería en un ojo virgen el efecto espeluznante de esta obra maestra del arte del padecimiento. Sin embargo, a los que nos lo han enseñado antes, sobre todo de pequeños, toda una maquinaria didáctica de un subconsciente colectivo gravado por este tipo de torturas, como algo no sólo divino sino incuestionable bajo durísimas penas purgatorias, celestes y aun civiles, sabemos al verla de inmediato que esos pies espantosos forman parte de un cuerpo aún mas tortuoso que, mediante ese paso de tuerca de la punta de tornillo de ese clavo de esos pies, se sujeta a un palo crucial del arte de una religión que además de tener un gusto morboso por esas cosas feas, tiene tremenda vocación autoritaria, y es posiblemente una de las que más muertes y sufrimiento ha causado en su nombre a lo largo de su historia, en la historia humana, allá donde las haya.

La primera cosa que salta a la vista al contraponer las imágenes del (I) y el (II) de estas curiosidades de la imaginería religiosa, es la sinrazón en las que están labradas todas las idolatrías. Más inicuas y peligrosas cuanto más en serio se tomen el objeto de su veneración. La segunda es una gran diferencia en el mensaje de sus talismanes. Es obvio. El de la una trae con ella de inmediato al anima la jocunda y hace pensar en la potencia cumbre del gozo de la vida, en la procreación, y hasta en el jacarandeo, y ante su ocurrencia uno tiende a la risa y la expansión que sana. Y el de la otra lo que trae a la cabeza es el suplicio del dolor y la muerte, que sobrecoge en el susto, la culpa y el temor, y tara la alegría hasta dejártela engurruñía, si te descuidas para siempre. Por supuesto que no puedo dejar de ver la tontería supersticiosa que lastra en el fondo la fiesta ritual de la (I) ni de comprender que, a pesar de todo lo siniestro y sucio que arrastra desde siglos en su imaginario, la superstición de la (II) también engloba en su creencia a parte de esa parte del ánimo humano que trata de buscar la explicación a lo que es inexplicable. Vana manía siempre. Más buscándola precisamente donde menos puede estar. Pero que está ahí y todos la tenemos. Y eso es precisamente lo peor. Ahí es donde reside lo chungo. Por esa puerta falsa del espíritu es por donde entra su horror para anidar. El valle de lágrimas. El cielo como premio al dolor del penitente… El castigo de abstenerse de todo goce carnal hecho castidad… El gozo como algo sospechoso. El sufrimiento como algo grato a la divinidad.
La tercera curiosidad que surge de contrastar la veneración de estas dos veneraciones son algunas coincidencias en los gestos. En general es completa en cuanto al concepto de procesión religiosa en sí, aunque con cierta diferencia de registro. Pero es exacta en cuanto a, por ejemplo, la voluntad de sus devotos de trasmitir su crédito a la propia descendencia. Es decir en ambas hay progenitores que llevan a sus hijos a besar pies o tocar puntas de nabos. Para que alcancen las gracias y aprendan a cogerle gusto al culto que a ellos les pone. Yo… iba a decir que, ya puestos, preferiría mil veces improntar a mi hijo con el toque de un tieso capullo antes que con el roce con la punta de los pies torturados de un muerto, pero la verdad es que no me parece conveniente ninguna de las dos alternativas. Yo, lo que le diría en ambos casos es, mira hijo mío que tontos podemos llegar a ser en esta vida. Para que así tratara de trascender a esas sandeces que nos son tan propias, y, aunque no pudiera quizás quitárselas del todo en modo alguno, pudiera por lo menos aprender a jugar a descubrir la inexistencia de la verdad infinita mirando por encima de las supersticiones, usando el potente magnetismo de la esfera de los mitos como usan las sondas espaciales los campos gravitatorios de los astros que encuentran a su paso, buscando el rebote del toque tangencial para escapar de su atracción echando leches, aprovechando la fuerza de su gravedad ganando perspicacia para mirar más lejos. A ver, más allá, de carambola, cosas a lo mejor más serias.
Sin embargo… Mira, justo iba a ponerme aquí en plan resoluto y doctrinario, diciéndole a esta Piara que es ya una sola Gusanera royéndose el Conejo en el que habita y que, lo más importante, justo ahora, en estos momentos de crítica apretura, es cambiar de chip antes de que nos carguemos el invento. Cerrar ciertos programas que ejecutamos desde que el Tiempo es tiempo. Darnos cuenta del peligro sin razón que tiene el hecho religioso de los grupos y de la insania que maneja los hilos de sus dogmas. Comprender que si el negocio de las armas va a acabar es porque ya no nos podemos permitir matarnos los unos a los otros. Dejar de usar nuestro discurrir por la existencia como una mercancía de mercado. Quitarnos de la consumina como de un tabaco que nos va a matar hasta al estanquero. Pensar que el único mundo que podría ser posible es otro. Otro en el que, para dejar en pocas palabras definido el sentido general que habría de tener, llegarse a plantear iglesias de más de un miembro no fuera ni siquiera concebible. A no ser que fueran bacanales. Pero de pronto me he visto aquí, con el índice levantado en plan aleccionador, sentado en está silla de oficina con ruedas giratorias del Alcampo, dictándole criterios a la pantalla de un ordenador a través de la punta de mis dedos, en plan maestro malo, y no me ha gustado la pinta pantocrata que tenía. Sobre todo por ridícula. Y porque no es mi plan sentar en este asiento ningún tipo de importancias, para no dejar nada importante que sentar. Y porque maestros de eso ya hay muchos en el paro. Y porque… para… Pero, oye, me voy a mear. Que es que me estoy meando. Y no está bien que por filosofar se mee uno, no ya fuera de tiesto, ni en los pantalones, sino en el mismo sitio desde el que se contemplan los aconteceres, que en este caso sería el culo del sillón con ruedas, este, del Alcampo. ¡Te veo luego en el siguiente post!, síiii, después de haberme lavado las manitas. ¿O era antes de, cuando se las tiene uno que lavar? Eso es lo que me pasa. Nunca consigo acordarme de las normas. Y así me va. Bueno. En cualquier caso en este caso, no vas a saber si me las lavo o no, así que si te huelen a algo raro los caracteres del siguiente texto… Aunque nunca podrás saber si es porque no me las lavé después o es que después me fui al templo de Tagata a tocar falos benditos.

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30 abr 2012

Rollos matutinos 65

Curiosidades sobre imaginería religiosa (I)

La variedad de las imágenes que mueve en procesión la fe religiosa en el mundo es muy grande. Y resulta interesante que, a menudo, la que en un lugar es sagrada en otros ofenda tabúes y viceversa. Sin embargo están todas hechas de la misma madera.
Mirad que curiosa esta, de Japón, de un rito con miles de años de antigüedad. En muchos lugares de ese país se practica este culto, el quince de marzo. Las imágenes que veneran son igual de duras en todas las localidades, pero Tagata (la de las fotos), es la que la tiene más grande y más gorda. La efigie, como cualquier otra a la que se le atribuya carácter divino, otorga gracias y mercedes a quienes la adoren, en este caso especialmente relacionadas con la fertilidad, las buenas cosechas, la suerte y la bonanza para todo el año.
En la procesión hay fervor, música, ritual, veneración, fiesta y alcohol, devotos y turistas. Como en cualquier otra de cualquier otra religión del mundo que tenga por tradición pasear sus ídolos.
En google, buscando Tagata, sale un montón de información.





Este es un texto que colgué hace tiempo en la página de un amigo, que hace ya más de un año se fue a ese sitio al que nos iremos todos. Y la foto es la de un cipote de 280 kilos y dos metros y medio, tallado en cedro japonés, sacado en andas por los monjes del templo donde se venera, que lo pasean en procesión el quince de cada marzo, desde hace más de mil quinientos años. Le puse este título no porque me resultara más chocante el que se haga un ídolo adorable de un pollón que de una virgen cualquiera, en absoluto, sino porque me pareció perfecto, para cristalizar, por contraste, la esencia común a todas las maderas de los sentimientos religiosos. Pues incluso los de las que no son idólatras de entrada tienen siempre algún objeto venerable por ahí con los mismos atributos. Un libro. Unas zapatillas del maestro. Un sitio. Un cacho piedra. Un mantra… Y en ese sentido, por supuesto, el vergajo de Tagata tiene todo el derecho a estar reconocido como uno más en el Olimpo anímico que habita junto con todas las otras deidades en igualdad de pleno derecho.

Ocurrió entonces que la página de mi amigo era del ámbito local de un pueblo pequeño y entonces surgió un devoto del santo patrón de la localidad que no sólo no pudo soportar el enfrentar lo cierto de que su santo Santo (llamémoslo así para que pueda ser cualquiera de cualquier religión mundana de cualquier pueblo mundial) fuera otra manifestación más de la variada imaginería religiosa, sino que se escandalizó atribuyéndome a mí la culpa blasfema de que también hubiera, en esa quimera humana, pollas. Y entonces escribió escandalizado acusándome de haber sido yo el que había metido esos dos palos santos dentro de la misma policromía, cometiendo una flagrante falta al respeto que, naturalmente, todo el mundo estaba obligado a guardar al tótem suyo. Te pongo lo que dijo:

Amigo Barrancario, me parece de muy mal gusto el comentario que haces de las Religiones. No sé si tú tienes alguna, pero me parece un insulto comparar las procesiones que podemos hacer aquí, como en Semana Santa, o en cualquier pueblo con sus patronos, por ejemplo en el nuestro con SAN SANTO (en mayúsculas en el original). Así que parece mentira que hagas esos comentarios tan vanales (sic). ... Los que quieran información de penes y culos que se vayan a las páginas múltiples de internet. Si yo fuera el administrador de esta página no hubiera publicado dicho comentario.


Su indignado sobresalto, al ver un cipote en religiosa procesión, vino a mostrar del todo el gusanito que yo había tratado indicar cuando colgué aquel texto para hurgar en su escondite. Llamando, el solito, la atención sobre la consistencia irracional de esas ilusiones, muy a menudo, y por razón de ser, excluyentes hasta el fanatismo, encima. La contraposición que hizo entre dos idolatrías abría aspectos brillantes acerca de la iconomanía en general, y sobre todo de la suya propia. Te pongo lo que le contesté para que me entiendas:

Amigo Fulanito (dejémoslo así para que entren todos los que además de adorar un ídolo crean que sólo la madera del suyo merece la consideración de ser habitada por los dioses), si piensas que el acto de fe de estos japoneses (quizás presintoísta) es cosa de penes y de culos es que no entiendes nada de religiones. Si ves en mi comentario alguna falta de respeto a algún tipo de cosa es que deliras de subjetividad, vuélvelo a leer. Y si no entiendes que el asunto religioso es variadísimo en sus manifestaciones es que entiendes poco sobre la vida misma. Piensa, eso si, que si a ti te parece una falta de respeto a tus santos el icono de esos ritos japoneses, más antiguos que el propio cristianismo, y en principio, aunque como todos criticables, tan sagrados y con tanto derecho a ser seguidos como cualquier otro, a ellos puede que también les toque algún tabú la imagen de un montón de feligreses, detrás de un hombre desnudo y clavado vivo, por las extremidades, en un par de maderos. Que visto sin estar marcado con el prejuicio de la educación es lo más natural que esa visión produzca. Y Entonces podrías ser tú el que les faltara el respeto religioso a ellos, que podrían decir del mismo modo, ¡qué insulto comparar ese tétrico pendiente con la alegría de la erección de nuestra santa polla! Que quieres que te diga. Mi comentario no es ningún ataque a nada, es sencillamente observar las cosas que ocurren y tratar de ver el hecho religioso en toda su profundidad. Yo no tengo ninguna religión, desde luego. Pero eso no me quita el derecho a opinar sobre ese asunto humano. Y el respeto que creo que debo tenerles es de un tipo tal que debe ser para todas sin que pueda ir a favor de una por otra, y sólo debe ser escrupuloso con no faltar a la verdad imparcial de lo que vea.


Con esto dije todo lo que quería decir entonces sobre la curiosidad imaginaria de las religiones. Pero ahora, a vueltas de pronto otra vez con las religiones imaginarias en la imaginación, rebotado por lo cansina que es la vaticana que me toca soportar, que no para de meternos, erre que erre, a todos en su infierno por cojones, que me tienen hasta la mismísima santa de Tagata, me han entrado ganas de decir más sobre lo que imaginan sus imágenes, y por eso este post se titula además con un (I). Porque ahora mismo me pongo a escribir un (II) de las Curiosidades sobre imaginería religiosa. En este caso, más centradas sobre, la nuestra.
Si quieres ver más fotos de Tagata, pincha aquí

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23 abr 2012

Rollos matutinos 64

Símil gallinero 

Hay un tío que se llama Bruce LaBruce que ha hecho una exposición de fotos en una galería de Madrid en las que hace posar a gente famosa en posturas clásicas de la iconografía católica barroca. Por ejemplo Alaska y su marido, con el torso desnudo lleno de pelambre y tatuajes, así como que mamándole una teta, en una composición que recuerda a la Piedad de Miguel Ángel. U otro famoso de la tele, sentado en una silla, vestido de cura con romántica sotana remangada enseñando unas patas peludas y un par de zapatos de tacón de putón rojos rojos rojos. Ese tipo de juego pensado para provocar. La que más me ha gustado, de las que he podido ver, es una en la que lo que se juega a mancillar es cierta idea santa de la luz. El claroscuro pictórico de los cuadros santos. Sí, ese tipo de luz sombría, o de tiniebla luminosa, que tienen muchos de esos cuadros barrocos de las iglesias, que ya de por sí debieron ser oscuros en el momento de colgarlos, pero que luego se han oscurecido más con la pátina de mierda del humo de los altares y el ambiente enrarecido de los templos, y hasta los claros que tuvieran al principio son hace ya tiempo espacios umbrosos poblados de sombras inquietantes apenas perceptibles. En esa foto, es verdad que lo único que vemos es el rostro de una mujer que adivinamos de pie, con pañuelo negro que tiene un borde blanco alrededor de la cabeza enmarcando un rostro doloroso, y que sujeta por las muñecas un cuerpo que pende a media altura hacia delante con los brazos hacia atrás por donde es sujetado, así un poco con esas formas de pender con que pintan el cuerpo del crucificado en los descendimientos. Pero de él casi no vemos más que un brazo y algo del vientre y una cabeza de la que ni la cara se llega más que adivinar, quizás porque una melena espesa lo tapa con el mismo color que la negrura general del cuadro, o viceversa. Lo otro es más que un claroscuro un negro total. Tétrica tiniebla. Exactamente esa tiniebla ambiental que tienen esos cuadros que a fuerza de verlos en las capillas de los templos ha marcado impronta en el subconsciente colectivo significando una especie de sanctasantórum tenebroso donde habitaría la divinidad del cielo o el infierno. Y eso es lo que se juega a mancillar en la fotografía expuesta en la denodada exposición del tal Labruce. Un recurso pictórico. Una estética artística que un grupo de sus frikis ha elevado al nivel de dogma religioso inquebrantable, cuyo trastoque produce irritación. Genial.
Lo curioso es que ese grupo de enardecidos creyentes en no sé qué cosa se puso tan borde a la puerta de la galería, llegando a tirar un cóctel molotov que algún dios bueno en sus cabales no quiso que estallara, que los políticos meapilas que tenemos, tan unidos a estas hordas fundamentalistas en su católica patriochez, cerraron la exposición antes de tiempo. Bueno va.
Y lo que yo quiero apuntar aquí ahora a este respecto es que estos exaltados que dicen ser tan píos, me hacen pensar en su piar a las gallinas. No por el chiste fácil del pío y el piar, sino por un paralelismo de acción subliminal que tienen en común con algo que una vez he oído de esas aves. Dicen que las gallinas, habrá animal más tonto, ponen más si se les hace pasar en las granjas por delante de las jaulas, la silueta de un gallo recortada en un cartón para que ovulen y por lo tanto pongan. No sé si será verdad, yo no lo he comprobado. Pero en cualquier caso, algo así es lo que les pasa a estos exaltados, que basta con ponerles delante la silueta un poco trastocada de una de sus imágenes simbólicas (que un día fueron también inventadas por un creador, por cierto casi siempre impío y muy frecuentemente maricón, y que les hacen concebir al verlas grandísimos éxtasis de mística ovalada al confundir la vanidad del dios hecha dibujo con la mismísima personalidad del dios, que para ellos estaría en los cielos representando eternamente esas pictóricas poses en plan dogma eterno incuestionable, rodeado de angelitos reviejos regordetes, revoloteando con sus colitas infantiles en pelete), para que se pongan malos de ira al pensar que están jugando con algo tan grande, tan complejo y tan fecundo como es la propia Idea Divina. Que, además de ser una cosa que sería de todos, es, por seguir con el ejemplo, el verdadero Gallo. Que en absoluto está ahí. Porque nada tiene que ver con el recorte de cartón que les hacen pasar por delante a las gallinas. Ni con el monigote que forma un juego de colores puestos en un papel, que les inrita a ellos, al fin el mismo trampantojo del de los originales santos que quieren remedar, muchos, por cierto, creados ya en su tiempo con clara intención porno, para satisfacer la tremenda demanda que había, lógicamente, por ese urgente asunto en los conventos. Ya que entonces no existían, ni las conexiones a interné, ni la fotografía. Pero sí el gusto eterno por las pajas, mentales o venéreas, que los humanos somos capaces, como las gallinas, de hacernos a partir de un puto garrapato que sugiera algo sólo existente en el cerebro de nuestra torpe vista. Y aquí descubro de repente que este símil gallinero no sólo es propio para cuatro colgados religiosos, es extensivo a todo el corral de la cultura humana, porque en realidad ese es el mecanismo que inflama todas las banderas, y en el fondo, a lo mejor no es otra cosa toda la Abstracción, orgullo emblema de nuestra inteligencia porque con ella decimos descubrir matemáticamente el Universo. Y con la cual deberíamos tal vez plantearnos sin embargo si no nos estará velando cosas más sustanciales de la Realidad, que otros animales, en los que no se observa, observen libres de su engaño, y a los que estemos considerando, sin embargo, precisamente por carecer de esa gallinácea facultad tan nuestra, más tontos que nosotros.

De pronto me hace un guiño de razón la forma tan perfecta de encajar que tendría aquí sacar punta a todo aquello del bípedo implume y del pobre gallinazo desplumado. Tan del clásico saber del filo de la sophia.

Sea como sea me da igual, porque yo, este vicio que tengo de darme al onanismo de eyacular ideas puñeteras, lo ejerzo sólo por el puro gusto del placer, te lo vuelvo a decir por si tú no lo sabes todavía, libre de culpas utilidades y destinos, consciente por completo de que tal cosa lo más posible es que, al cabo, no tenga mayor provecho ni se asiente en ninguna base estelar seria. Pero no porque yo sea un pensador fatal, sino porque sea así, cósmicamente hablando, en cualquier caso, siempre, y sin remedio.


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20 abr 2012

Rollos matutinos 63


La bolsa o el virus

Lo han llamado El virus de la policía. Y hace unos días lo pilló mi ordenador. Y es como cuando vas andando por una ciudad y un chorizo surge de repente de las sombras y te pone una navaja y te quita la cartera pero todo en el mundo de la nube. Menos lo de la cartera que, aunque te la intentan aflojar con una telemano tan virtual como virtuosa, si te dejas sufre una merma tan material como en el palo del chorizo del polígamo. 100 euros, te pide el ciberdelincuente, a cambio de la libertad de tu pc y de evitarte la deshonra que tú seguramente quieras ocultar. Al igual que aquél, estos, surgen de sopetón, y una vez que los tienes en pantalla, hacen que el resto del mundo desaparezca por completo y sólo quede en tu presente la acuciante extorsión de su amenaza. Si quieres leer entero el texto que te ponen en el cuello, pincha aquí.

Su ordenador fue bloqueado por violación de las leyes de España
, te dicen lo primero. En una interfaz que quiere ser como del Ministerio de Justicia. Y luego, en las causas, te sueltan cosas tan amenazadoras como la de haber andado en sitios con pornografía infantil, sodomías y actos de violencia en relación a los niños, y también, tener que ver con el uso de softwares y transferencias de archivos multimedia violando los derechos de autor. O sea una perdigonada al aire de sustos en abanico para pillar a la totalidad de los pájaros que revoloteamos por la Red. Eso, tiene una multa de cien euros por ser la primera vez, te dicen, y que si no se los pagas en tres días la cosa pasa a que te confiscan el ordenador y tú vas a los juzgados. Después viene una descripción detallada del modo en que tienes que pagar, que, después del flas de descubrirme atracado en un recoveco de la Web, a mí ha sido lo que más me ha sorprendido.
Usted puede pagar la multa usando los bonos Ukash o Paysafecard. Decían llanamente a ese respecto. Después te explican que esos bonos los puedes comprar en más de veinte mil puestos comerciales en España y cientos de miles en el mundo, incluyendo por Internet, cajeros automáticos, estancos, quioscos de prensa y gasolineras. Busque el puesto comercial más cercano. Ordene Ukash/Paysafecard: 100 euros. Obtenga el código Ukash (de 19 cifras) o el Paysafecard (de 16 cifras). Y métanoslos en las ventanitas de diálogo que tiene la ventana del virus y pinche en el botón Pagar multa, que es la única cosa que puedes hacer en tú ordenador mientras no pagues. Venían a concluir.

Increíble. Me dije. Mientras me cagaba en sus muertos y notaba que ese ordene, y otro par de cosillas de sintaxis, hablaba de un factor de posible origen sudamericano, y flipaba con que pudieran existir esos métodos de pago tan de “cartadepagosinriesgo” (tiene tela el nombre del invento), por las gasolineras. Pero el Sistema, ya se sabe, juega a todo y es así.

Desde luego, no me quedó la duda de que no fuera una estafa, ni tuve la mala conciencia de haber sido pillado en una guarrería. Por un lado porque no me gustan los niños para nada y de otro porque un servidor no tiene complejos de meterse en sitios pornos, si es que se le atraviesa una X por el seso o en algún tipo de interés onanista o de conocimiento, como en cualquier otro lugar que se me antoje. De todos modos no era cosa que hubiera hecho últimamente y hacía ya algún tiempo que había andado navegando por eso que llaman el Postporno, corriente cultural de la vanguardia que, por cierto, aconsejo visitar preguntándole al Google. Y lo de los derechos de autor dados por culo… por ahí si que me habría podido pillar a mí el susto de pleno, pero estaba claro que no era un bloqueo policial, y lo de unirlo al asunto de los niños, en mi caso, más que dar pie a tragarme el anzuelo en el primer impulso, fue la prueba descarada de que era un burdo timo.
Quitármelo de encima ha sido un señor coñazo de tres días. Que me acabé tomado con toda la alegría posible en una especie de reto que he ganado. Aunque aún me queda el temor de que ande por ahí tras un bloque de bits y me vuelva a asaltar cuando menos me lo espere.
Mientras me lo quitaba me he dedicado a aprovechar lo que de positivo tenía su infección en cuanto a traerme sugerencias al magín sobre detalles de esta Piara nuestra en la que pastamos todos entre refociles, manduques, cagadas y gruñidos. ¿Habrá mucho panoli que les pague? Es lo primero que me puse a imaginar imaginándomelos. Son datos que sólo los podrán conocer los delicuentes. Pero igual se hacen ricos en un par de semanas. Porque hay mucho karma de culpa por ahí. Y tontos, como para colapsar las redes. Pienso en ese pederastilla corto de entendimientos y largo de culpas y temores, que de repente se encuentra con ese pantallazo en medio de una visita a un sito cochinete, más si fuera de la ley, quizás con la mujer en la habitación de al lado poniéndole la comida a los niños en la casa de una familia establecida en la felicidad… En mis búsquedas por los foros de la Red para encontrar soluciones antivirus leí al respecto más de una declaración interesante. Uno contaba que se lo había quitado a un amigo que le había llamado llorando porque aunque él no tenía nada que ocultar, que eso él ya lo sabía, (eso lo dicen todos, pensé yo y a lo mejor su amigo), su mujer no le creía y era un verdadero drama el que le había montado la puta pantallita. También vi varios que decían sin más que lo habían cogido en xvideos. Otros cuantos contaban que lo habían pillado en el ordenador del curro, donde encima estaban limitados para instalar programas y por lo tanto antivirus que lo pudieran arreglar. Menudo marrón tenía que ser ese. Como a mi me asaltaron mientras buscaba en Google la página del tiempo, puedo comprender que encima no sea necesario que esos trabajadores hayan andado para cogerlo, en vez de estar trabajando, en sitios procelosos desde su puesto de trabajo. Pero vete tú a explicarle eso a tu jefe. Y, ¿Cómo serán los hideputas creadores del invento? ¿Cómo serán sus jetas, sus perfiles, y los sueños y pasiones del culebrón de sus día a día cotidianos? De alguna manera son peor que los que roban a las viejas, me dije con rabia y con desprecio, porque en su caso no llegan ni a saber a quién están amenazando, y aunque pueden ser causas de casos tanto para partirse el culo de la risa como para morirse de la pena, ojos que no ven corazón que no siente, aunque acaben siendo causa última que cause un suicidio a ellos no les queda ni la impresión de la cara de la víctima. Después vi que en eso se parecen a esos banqueros y jueces respetables ejecutores de embargos y desahucios desde detrás de mesas de despacho. Aunque los del virus son, por necesidad, mucho más inteligentes. Y desde luego, de entrada, cabe que mucho menos hideputas. Posiblemente tengan incluso, en muchos casos, más compasión para con los demás. Y a lo mejor hasta que más vergüenza. Y desde luego, se me antojó, más vitalidad y un cierto atractivo. No hay chorizo más criminal que el que funda un banco. Eso está ya claro y está ya dicho, y todo lo centra y lo resume. Y entonces les vi como que de otra forma menos rígida, hasta que con cierto colorido a lo Bonnie and Clyde, y me planteé enfrentarme a lo de quitarme el virus con más sentido del humor. Después llamé al servicio técnico de mi antivirus, que me planteó de entrada, a través de la voz que me atendía, y de tirón, nada más acabar de plantearles mi problema, un servicio en el que me garantizaban el telearreglo pagando, 45 euros, iva incluido. Y cuando le dije que cómo iba a ser eso, que si no tenía derecho a un servicio gratis por haber cotizado mi cuota anual, me soltó un 902 que me llevó a una operadora con acento sudamericano muy marcado, supongo que sita en algún sitio perdido por ahí en algún desierto de sal del cono sur, o al menos, pillada en el erial de un contrato baldío, que no se enteraba mucho o no quería enterarse y al fin de poco me sirvió si no fue para recomendarme el contacto vía email, o vía pago. Lo que me reafirmó en quitar a los atracadores del virus cualquier tinte patibulario. Por decirlo de alguna manera, a lo mejor era mejor pagar a los chorizos virtuales los cien euros que, a los también virtuales chorizos de la empresa de antivirus, los 45 con iva incluido que me querían clavar. Por cierto ¿Serían tan honrados como para quitarte el virus si se les pagaba lo pedido? Los del antivirus parecía ser que sí, porque te prometían la devolución de la pasta si no quedabas satisfecho, se notaba que eran profesionales del pillaje empresarial a largo plazo. Pero, ¿y los otros…? Algo me decía que no. Y sólo encontré un comentario sobre el tema en uno de los cien foros que anduve visitando. No paguéis -decía alguien en un grito de aviso, sin especificar de donde había sacado la cruda información-, que si lo hacéis os dicen que no ha funcionado el pago y te piden que lo hagas otra vez. Entonces sí me dije que vaya hijodeputas que eran los cabrones que habían diseñado el programa del engendro, aunque otra vez volví a decirme de seguida si no le estaría bien empleado al pagano por ser en esta vida tan pringao. Y me pregunté cuántos pringuilis podría haber habido que hubieran pagado varias veces, y hasta qué cantidades habría llegado el que ostentara el record guines de pagos que nunca se podría constatar.

Por estos días fue cuando salió a la palestra de la prensa uno de esos fantoches travestidos, que dicen hablar en nombre de no sé que dios irascible y suyo, con un capirucho lleno de ínfulas con pico en la cabeza, tirando la primera piedra (que prohíbe expresamente su evangelio), en una lapidación verbal contra los adúlteros, las abortistas, los maricones, y hasta los del botellón. Obispos creo que los llaman, son jerifaltes de una secta religiosa muy potente y están enfermos de elación. Desde un altar de una de sus iglesias llenas de imaginerías de torturas delirantes y durante la televisación de uno de sus ritos había proclamado que el homosexual encuentra siempre el peor de los infiernos, con voz suave de áspid dañina y veneno de rotunda intención inquisitiva (ahora anda diciendo que además de ser objetos de condenación son enfermos que hay que tratar con no sé que terapias). ¡Cómo se atreve a echar encima a los demás el fuego de un infierno que sólo existe en el retorcimiento de su mente, en vez de mirarse en un espejo su pinta enfermiza de adefesio! Me lleva a recordar una vez en los ochenta, en la que estaba yo una noche en un pueblo gallego con mi colega y una joven gallega que tenía mucho de meiga, fumándonos unos porrillos en la escalinata de la iglesia, flipando con el entorno gótico de la plaza medieval vacía bajo la luna… cuando acertó a cruzarla el cura del pueblo, que subió por ellas pasando a nuestro lado… Era ese cura clásico, gordo con papada, cuatro pelos hirsutos y grasosos y resoplido en la respiración, negro y sotanario de sotana relustrada por los roces, que traía tras de él los aires de una religión llena de vicios y pecados con la que se había dedicado a gravar su vida y las de sus feligreses durante cuarenta años. Al pasar, reconociendo a nuestra amiga, farfulló algo apenas perceptible pero que sonó claramente a recriminación autoritaria que ya no podía ser tan punitiva como unos años antes habría sido. Mi amiga la gallega saltó como una fiera sin apenas moverse de su asiento en la escalera y le espetó como una bruja que era: ¡Mírate en tus adentros, cura! Y todavía se me pone carne de gallina ahora que lo cuento, mientras escucho la voz ronca de su corta frase resonando en el vacío de la plaza abierta al cosmos de la media noche y le veo irse a toda hostia sin mirar atrás, como demonio oscuro exorcizado por una fuerza santa e invencible, a perderse entre las piedras medievales del estrecho callejón al lado de la iglesia, rechinando los dientes y con el rabo entre las patas. Fue una de esas escenas que se te quedan grabadas para siempre. Ahora que la escribo, me digo que tal vez hubiera tenido ese párroco las manos largas con los culos infantiles como tantos, y eso fuera lo que mi buena amiga meiga supiera bien de él haciéndole invencible su conjuro. No lo sé. Poco después dejé de verla y hasta ahora. Lo último que supe de ella es que poco después se había ido a Nueva York. Y los únicos recuerdos que me quedan además de este, es que tenía un nombre muy bonito y en su ser una asombrosa belleza de bosque salvaje llena de energía, y el de otra vez que me contó que solían irse los jóvenes en grupo al monte a pasar la tarde comiendo psilocibes que crecían entre las mierdas de las vacas, para comulgar con la naturaleza, y un momento en que me dijo, mirándome de una manera extraña como si me los estuviera viendo, que nunca había conocido a nadie que tuviera tantos colores como yo. Lo que guardo en mí como el mejor piropo que nunca me han echado.

Y a qué venía esto… Ah sí, a que me había empezado a imaginar a ese del capirucho lleno de ínfulas, que llaman obispo, que dijo lo del infierno para los que no eran como él, encontrándose con la pantallita del Virus de la Policía mientras estuviera navegando por dios sabe dónde. Claro que en su caso él sabría, como todos, donde lo habría cogido, pero no tendría que preocuparse por darle a su jefe ninguna explicación, porque por un lado sabido es que dicen que es omnisapiente, y por otro, él mejor que nadie sabe que la jefatura de ese policía es otro virus, que sólo importa para asustar al prójimo en beneficio propio.




Post eso: Los del antivirus, después, algo me intentaron ayudar por via email de todos modos. Pero el virus me lo quité yo sólo, entrando al disco duro con un live cd. Busqué y borré algún archivo .dll sospechoso que se había creado en el momento de la infección y luego pude entrar en Modo Seguro y después de comerme el coco hasta la sangre, al tiempo que me dedicaba a dilucidar jugosos personajes e historias sobre el tema hasta la risa, se me ocurrió pasar el easypccleaner que me lo quitó del todo. Para mi sorpresa, y una tremenda satisfacción que me ha durado varios días.

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17 abr 2012

Rollos matutinos 62

Barrito triste por un elefante botsuandés

Siempre me ha dado repelús la basca que gusta darse gusto matando animales por causas gratuitas caramente. Más si además, lejos de tener algún romántico atractivo, son viejos y torpes. Más si encima en alguna medida pagan su vicio con parte de mi iva. Mucho más si son expertos en dar el pego en plan bonachón y campechano. Más aún si, como este, resulta que son presidentes honoríficos de grandes o¿ene?gés protectoras de animales, de cara, está ya claro, a aprovechar el gancho para amasar más masa donde apoyar su popularidad. ¿Qué es lo que encierra de verdad en sus adentros?, me pregunto hoy yo también, como hacía esta mañana un comentarista en el periódico. No lo sé. El pozo del ser es insondable. Para mí, será ya siempre el Cazaelefantes. El Fantasma Cazaelefantes. No sé si me permite su Academia este uso de mayestáticas mayúsculas. Pero mayúscula es mi rabia. Y mayúsculo es mi asco. Y mi afecto y mí respeto, cósmicamente hablando, son infinitamente más reales por un solo paquidermo que haya muerto por su rifle, que por toda su paquiderma institución desde el principio de los tiempos.
A lo mejor se fue por ahí de escopeteo al no poder dormir por que le quita el sueño el trágico futuro que su Estado teje para sus tiernos súbditos. Es muy de comprender. Él ya lo dijo: ¡Nadie sabe lo que es eso!
Con el Caudillo era proverbio, y guasa nacional, que le enganchaban al anzuelo los salmones en los ríos de Asturias y Galicia. Este, por lo visto, ha heredado de él entre otras cosas el mismo tipo de gusto cinegético, pero su antojo es más voluminoso, y ejerce un territorio de caza más global. Se ve que, igual de viejo, es más moderno y pretencioso. Más en plan jolibu es lo suyo. Aunque su Casa cuida de que en su caso ejerza a la chita callando estas pasiones. Si no es porque se cae nadie se entera. Quizás lo más grotesco de toda la movida es que siendo tan patosa su realidad encima juegue, soltando pasta, a dejarse hacer creer que es un Tarzán, por una empresa que se dedica a eso. Qué inquietante cenáculo internacional dibuja esos codeos. Y no me duele el dinero que haya podido despilfarrar en ello. Ese valor no es ni más ni menos que una convención impresa en un papel. Lo que lamento es el trunque de las preciosas vidas que haya sacrificado a la estupidez de su megalomanía.
Por eso, permitidme que me abrace ahora a este elefante de Botsuana, como Nietzsche a aquel caballo de Turín, para enfrentar con él el trágico sentido de la vida y llorar por su destino, pidiéndole perdón por la brutalidad de la estulticia humana, al tiempo que clamo a los dioses contra lo aberroncho del alma del cochero.

(¡Porque existen los dioses, eso ha quedado claro! Pero no el falso de él, que es un gore de palo, sino los verdaderos, los de los elefantes, que saben bailar sobre uno de sus pies y hacer el pino con la trompa. Por eso le ha ocurrido el traspié trascendental, precisamente, el día de la República).

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13 abr 2012

Rollos matutinos 61


Yo quisiera creer

En la siguiente noticia se encierra una curiosa paradoja, si la descubres tendrás la llave para entender muchos enigmas:
Como apoyo a La Hora del Planeta, la Torre Eiffel, la Alhambra, el Vaticano, la Gran Muralla China, el Empire State, las Torres Petronas, el Puente de Sydney, la Cundaesturpe de Milanda y sus seis cundaesturpitas, y miles de edificios simbólicos de más de cinco mil ciudades en el mundo, alumbrados todo el año como faroles emblemáticos del regocijo más tonto en el despilfarro loco para la atracción turística de la voraz polilla que todo lo consume, se han apagado hoy durante una hora. La Hora del Planeta. Con ello pretenden, dicen, los que lo organizan, llamar la atención sobre el peligro catastrófico del derroche de energía para el medioambiente, que es que nos lo vamos a cargar entero si no paramos ya de encender cosas inútiles, y aún así.
Un detallito interesante: Presentadoras de telediario, reporteros, redactores, y todo el ganao de la estructura informativa del Sistema, babosean sonrientes como memos cuando dan la noticia como si se tratara de un caramelo de futuro dulce y bondadoso que hace ver que somos buenos y tiernos como bollicaos, en el fondo, para con todo.


Solución a cuál es la paradoja que encierra El Día del Planeta: Pues que, siendo de lo que alertan en verdad tan catastrófico, ¿a qué coños juega toda esa movida social, cuando luego vuelven a encenderlas una hora después tan contentos? Y, si es que existe una terrible barrera infranqueable para apagar el sinsentido suicida de una vez, ¿a qué viene hacernos tomar el gesto nimio, que sólo tiene utilidad como objeto de proyectos que generan más gasto, más derroche, y más calentamiento, igual que si se tratara de un acontecimiento festivo universal que ha salido bien y que hay que celebrarlo sonriendo condescendientes, como si se hubiera conseguido llegar a no se qué quinto cielo evolutivo, o fuéramos subnormales jugando en el recreo de una guardería en forma de pelota?

Moraleja: En esta paradoja está contenido el retrato de todo el mamoneo que nos va a acabar matando.

Nota: A mi, me recuerda a cuando quieren dejar de fumar los nicotinómanos y no quieren dejar de fumar y entonces dejan un día. Raramente dos. Y luego se ponen moraos con más ganas mientras se dicen que no importa ya fumar porque sin duda están definitivamente en el camino sin retorno de dejarlo para siempre y porque no hay otra manera de hacerlo porque desde luego, lo ultimo es dejar de fumar por nada de este mundo. Aún por la misma vida. Pero también me hace pensar en los complejos mecanismos de la enorme maquinaria de toda esa actividad, tan en pro de un supuesto bien común, pero que sólo tiene sentido en cuanto a pro de donde yectar habichuelas, según se pueda, para forrarse o para seguir tirando. En este caso en concreto, a cuenta del mediopresupuesto del ambiente entero.

Conclusión: ¿Sirve, todos estos mamoneos, para algo más que no sea para buscarse la vida, sacar buena tajada o cubrir necesidades, animar la economía y cubrir las hipotecas? Vamos a pensar que sí, que a lo mejor en algo por ahí sirve de algo, aunque sólo sea por no amargarnos la existencia hoy aquí en este momento con una inritación al fin innecesaria. Y tan poco útil como el apagón. Se me ocurre que hay quien con estas cosas entra en arrobo y es de pronto algo así como que hasta feliz por un momento sintiéndose en la grey correcta por colaborar apagando una bombilla. Pero de verdad… si de verdad quisieran hacer algo, ¿por qué coños las vuelven a encender? Yo… por más que quiero ponerme a encontrarle el lado positivo a la tontuna… Sólo le veo el morrazo. Porque eso de que al menos estas cosas sirvan para ir creando poco a poco no sé que tipo de conciencia… Quisiera tener candor para tragármelo, como, igual que decía el poeta, quisiera tener sed delante de las fuentes. Pero ese tipo de factor es cosa que si no se tiene no hay tutía.

Yo en estos montajes veo siempre un pecado parecido al de jugar con las cosas de comer.
Y, sin embargo, hay que ver lo que son las cosas, otros comen montándoselo, precisamente, de jugar con ellas.


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25 mar 2012

Rollos matutinos 60


Post perceptivo

Algún día llegaremos a entender que la Ciencia no es sino una especie de variedad de la Fantasía, una especialidad de la misma, con todas las ventajas y peligros que la especialidad comporta.
El libro de ello
Georg Groddeck.


Y a alguien que no recuerdo quién también leí decir un día algo así como que todo lo que conocía la Ciencia (y por ende toda la Sabiduría) era comparable como si, tratándose de una radio, conociéramos algo (quizás, en el mejor de los casos, bastante) sobre el dial y el enchufe de la electricidad pero no tuviéramos ni idea de la existencia de las emisoras y las ondas hertzianas.
Otra noticia que leí hace tiempo y que viene aquí perfecta para hacer trilogía este conjunto de citas que en algo tratan de tratar el otro lado del espejo, es la de un juguete educativo y caro (pero ya lo harán los chinos), tan apropiado para mayores paracultos como para niños procultivados. Se trata de unas esferas selladas y trasparentes en las que se ha metido una familia de cierto tipo de camarones, y unas algas, en una solución salina. Las llaman ecoesferas, y parece que si se dejan expuestas a la necesaria cantidad de luz y al nivel preciso de temperatura, se mantienen vivas de forma sostenible y autosuficiente por un tiempo en principio ilimitado. Los desechos de los camarones son el alimento para las algas y las algas generan el alimento y el oxígeno para los camarones. Lo que propongo pensar aquí ahora para cerrar (o abrir) lo que titila en el tríptico de esta especie de colage de post percepción es qué comecocos se harían los camarones cuando al niño, o la niña, se le ocurriera meter el invento en el frigo o en el micro ondas. Porque sí o para ver.

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2 mar 2012

Personajes 8


La China.


Fue un flash del tipo fogonazo, que se mantuvo luego un rato encendido como si estuvieran proclamando su majestuosidad con un foco divino. Algo, en la postura erguida que mantenía sobre el alto taburete o en lo estático de su sonrisa oriental, me hizo recordar a esos dioses hindúes que proclaman su divinidad desde postales pasteles de colores. Pero ella era china. Y me miraba sentada bajo el cielo de un buen centenar de jamones en un bar de la Plaza del Carmen de Granada, que es uno de esos nuevos que buscan conjugar lo tradicional con lo moderno. Tiene por un lado todo el disain en el diseño y luego todo el techo cubierto de jamones, y debajo unas pequeñas mesas altas y redondas, con aire mesonero, a las que te puedes sentar en altos taburetes. Está abierto a la calle por enormes cristaleras y una puerta corredera del mismo cristal, que un sensor te abre en cuanto que te acercas, y siempre está lleno de una mezcla de turistas, hechizados como en trance por las patas y las tapas de diferentes embutidos que se sirven sobre un trozo de papel de estraza, y de una amplia representación de la más pura clase media de Graná que va a ponerse hasta el culo, finamente, de chacinas.
Yo entré con una amiga a hacer lo propio y echar un par de cañas y un rato de cháchara, y fue nada más entrar, al ponernos a la barra y mirar a mi alrededor buscando un taburete, cuando se produjo el flash. Porque no sé con que medios, ella llamó mi atención, sentada en el suyo a la mesa que estaba al lado de la cristalera, con un gesto tan magnífico y solícito, que fue como si en vez de un taburete que a ella le sobraba, me estuviera ofreciendo la gracia de un don divino que sólo yo me mereciera. Y entonces fue el momento del foco y de la luz y de que quedáramos por un instante eterno los dos solos unidos bajo el cielo de jamones, mientras yo me acercaba a ella atraído por su éxtasis y ella se regocijaba en el acto de la contemplación del mío. No hubo palabras. Ella sólo permaneció iluminada en aquel aura divina de serenidad e hizo un gesto dulcísimo y apenas perceptible con su mano indicándome que el taburete frente a ella era mío. Yo dije, gracias, creo que dos veces, queriendo decir todo, incluso: hágase en mí según lo que tú quieras. Y luego volví a la barra al lado de mi amiga, y volví a mirar y aún estaba encendido el foco, y aún estaba ella en su estático esplendor de diosa del Oriente de edad incalculable. A su lado estaba el chino, pero este era un cuarentón completamente gris y tan anodino como la mayoría de los de la clase media granadina que llenaban la sala metiéndose chacinas para el cuerpo. Hice una última y pequeña reverencia con la cabeza como signo de reconocimiento a la grandiosidad de su persona y ella me lo devolvió aún más grande pero sin que moviera nada. Después creo que dejé de mirar por algún tipo de decoro y todo se acabó.
-Qué flash la oriental esa- creo que dije a mi amiga.
-Son Chinos- dijo ella-, que están invadiendo Granada. Antes eran los japoneses y ahora son los chinos. Están por todas partes y creo que son ruidosos que no veas, por donde van la montan.
Esa información tan estadística acabó de romper el encanto que había habido. Volví a mirar y vi que el foco celestial ya se había apagado, pero que ella aún permanecía en su postura regia mirando todo como desde una altura de paz inquebrantable y a mí con un tipo especial de reconocimiento que no pude definir pero que me emocionaba.

Entonces seguimos hablando mi amiga y yo de nuestras cosas y nos tomamos nuestras cañas y nuestras tapitas de guarro en rodajitas y pasó la hora y pico que teníamos por perder. Pero en algún rincón de mi coco siguió encendida la luz de esta imagen y se fue desarrollando la trama de este texto inspirado en el rostro magnánimo de aquella china inescrutable. Quién sería de verdad. Pero eso era imposible saberlo. Sólo podía imaginar las infinitas posibilidades de sus posibles vidas chinas, todas completamente diferentes a la que en realidad sería la suya, y que era la que le había acabado trayendo aquí, a algún hotel medianamente caro, a hacer un viaje de exotismo o vete tú a saber. Y a tener conmigo ese encuentro tan trascendental que acabábamos de tener por el intercambio de un taburete en un bar de moda de tapas de cochino. A lo mejor está ella ahora también escribiendo en algún lado algo sobre un flash que tuvo con un granadino especial bajo un cielo cuajado de jamones, sin saber que yo no soy ni andaluz siquiera. Hasta es posible que ella acabe no siendo china tampoco. Pero lo cierto es que un tipo especial de contacto si lo hubo. Y entonces me paro a hacer recuento de cuántas cosas habrán sido necesarias para que se produjera la trivialidad de nuestro encuentro en la Historia del Tiempo. Empezando por toda la trama de existencias necesarias para hacer posible su poder económico, el invento y creación del avión que la trajo a ella y el coche que me trajo a mí, el interés turístico de una ciudad emblema de exotismo para casi todo el mundo y para mí capital de una de las provincias más paletas… Y el guarro. Sí claro, toda la estructura de explotación ganadera del cerdo y por supuesto y en especial de los propietarios de las patas que colgaban del techo, y del que había hecho posible con su sangre y sus grasas las rodajas de chorizo y de morcilla, de cabeza de cerdo y de butifarra blanca con pimienta, por cuya sabrosa fama habíamos sido llamados a ir allí en devota comunión tanta ella como yo.
¡Gloria cósmica pues en especial a ese guarro!, mientras oigo sus chillidos a la hora de su muerte violenta, que tuvo que soportar el embutido de su cuerpo queridísimo para que se diera esta escena, tan tonta como mágica, y tan insignificante como trascendental. Para que yo escribiera esto. Y para que se enriqueciera el dueño del local que es una mina, y para que perdieran el tiempo de sus vidas los camareros que lo atiende sin duda por un sueldo de mierda con el que pagar sus hipotecas para gloria de los bancos.



La foto es un zapato. Sí, que se llama Por los mares de la china, y su autor, Javier Gasco, dice de él que tiene el balanceo de los barcos y el susurro de los mares. Lo encontré buscanco algo que poner como imagen para el texto de esta china. Si quieres saber más puedes pinchar aquí

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12 ene 2012

Rollos matutinos 59


Pero Esto, ¿qué es?


¿Y si Esto fuera como una especie de atracción de feria, como un tren de la bruja a lo cósmico? Una realidad donde hemos entrado después de pagar un tique en alguna ventanilla de una suerte de exrealidad anterior que sería lo Real, para pasar un rato en una oferta recreativa de un centro de ocio. Un, “¿Nos damos una vuelta por la Vida?”, “¡Vale, venga!”, “¡Sí, sí!”, “Huy, yo no sé, que la última vez me pillé un karma de infelicidad que…”, “Venga hombre, atrévete, no seas caguica”. Y que sea el premio o el castigo a nuestras hazañas terrenales la risa o la vergüenza que carguemos al despertar de vuelta entre el grupo de amigos que entraron en el juego con nosotros, al comentar nuestro tripi con elogio o con escarnio, como después de aquellos colocones colectivos de papel secante: ¡Anda que vaya paranoia que te dio, colega, ya te vale!, o, ¡Vaya punto guapo que pillaste!, o el peso sordo de la ausencia total de comentarios por haber carecido tu existencia de cualquier tipo de brillo.
¿Y si Esto fuera sólo eso?, una especie de entretenimiento, en el que a lo mejor el sufrimiento fuese otra especia más para salpimentar el sabor de la experiencia.
En ese caso también podría ser que contuviera esta atracción algún tipo de intríngulis con enganche adictivo. Que creara adicción. Que pudiera ser que fuera Esto en algo parecido a una drogodependencia. Algo que hayamos experimentado una vez por no se sabe qué razón ni de qué modo ni en qué putas circunstancias, y que una vez probado nos tiene sin poder desengancharnos de la Vida. Y renazcamos y renazcamos y volvamos a renacer en un volver a empezar compulsivo cada vez que la muerte nos baja del cuelgue. Enviciados en la manía de venir Aquí a hacer digestiones y cagar para pillar cacho en la rueda interminable consistente en no poder dejar de matar para vivir. Entonces tendría sentido el rollo ese de matarse a penitencias y purificaciones para salir del mono y conseguir de una vez que una vez acabada ésta fuera por fin la última vez que se caía en este puto vicio depravado de nacer. Y lograr alcanzar el Nirvana de la desintoxicación. Por qué no. En cualquier caso, esta posible modalidad de Esto, con o sin mono, podría tener infinitas concreciones, todas igual de plausibles para una razón pura. Podría ser que fuera un puro divertimento como el caso de la feria, y entonces podría ser colectivo e interactivo, o individual y plano, como cuando aquí vamos al cine, y una vez acabada la función nos despertaríamos entre los artilugios técnicos que nos hubiera activado el órgano que hiciera las veces de cerebro y sería como Aquí cuando acaba la película. Todo se reduciría a me ha gustao no me ha gustao, qué buena ha sido o vaya rollo. O un templado no está mal. Claro que en este caso quedaría trasferida la angustia vital de la pregunta ¿pero qué coños es Esto? que tenemos Aquí, a Aquella que fuera la Realidad que contiene Esto que sería el flim que nos hemos puesto a ver y que de pronto se ha acabado. O tal vez Allí sepamos exactamente dónde y de dónde y por qué, con tan infinita precisión que sea precisamente por escapar al menos durante una Vida del eterno aburrimiento por lo que tenemos que recurrir a este juego de entrar en Esto a hacer un poco el tonto un rato. También podría ser que, en vez de la diversión, fuera la razón que nos trae algún tipo de cursillo del que nos tengamos que examinar luego y aportar correculo conseguido, para ver cómo hemos utilizado el Tiempo en la Existencia que de verdad no existe. Y entonces la cagáramos Allí los que no resultáramos alumnos aplicados. Podría ser también que viniéramos Aquí por un tipo de castigo o recompensa. O las dos cosas a la vez y por eso hay a quién le va de puta madre y a quién le va de puta pena. Entonces resultaría que los suicidas serían los listillos que se fugan del penal. También podría tratarse de un tipo de terapia, para tratar traumas y psicosis, como aquí lo es interpretar esos borrones que llevan el nombre de no sé qué lumbrera que los inventó. O como cuando se puso de moda por parte de psiquiatras psicodélicos hacer tomar a sus pacientes dosis gordas de elesedé para ver cómo afloraban sus rollos subconscientes en el viaje. Mira, en ese caso se podría enganchar con la teoría del enganche y de la desintoxicación, como un efecto secundario del tipo del que ha matado a un montón de niños en Argentina por manos de una importante firma farmacéutica con un ensayo de vacunas.
En todos estos casos podría ser comprensible que aparecieran conflictos entre lo etéreo de nuestro ser, entes por encima de las necesidades de energía y cosas de esas, y lo burdo del sistema de alimentación de las máquinas que tenemos que usar para habitar en Esto, y eso explicaría ese empeño cultural en esconder con repugnancia la innegable dependencia de la digestión, del peer el gas de los fermentos que hacen posible que vivamos echando el subproducto de la mierda por el culo, y hasta ese extraño fenómeno que comporta la anorexia y su insufrible repugnancia por llenar el buche de comida, que serían síndromes de inadaptación a las condiciones intrínsecas al Viaje.
Cualquier cosa que pensemos podría ser que resultara siendo Esto. Hasta podría ser que no fuera sino que sea verdad la teoría de la Creación, del Diseño Inteligente la llaman los modernos defensores de la carcunda eterna. Que nos hayan montado unos seres por ahí, para nosotros dioses, como esos científicos japoneses montan robots cada vez más complejos que hacen diversas monerías y que presentan orgullosos en congresos y concursos. En ese caso lo de las anorexias y los suicidas sería un fallo de serie y poco importaría si resulta que nuestros problemas vienen porque nuestros creadores nos hayan olvidado porque han conseguido especímenes mejores en otras zonas de su laboratorio o si, por el contrario, somos el no va más de su tecnología punta y nuestros problemas la máxima diversión de su preocupación científica o el modo más comercial de satisfacer su ocio. En ambos casos se jodería por completo nuestra obsesión de trascender y nuestras cuitas quedarían perdidas en el Tiempo, como las hazañas de aquel replicante de Blad Runer más allá de la constelación de Perseo y de la galaxia de Orión. ¿O es que de algún modo nuestros creadores guardarían el disco duro de nuestra memoria para posterior utilización de nuestro almacenamiento? Pudiera ser. Cualquier cosa podría ser. Si no te lo he dicho antes te lo digo ahora, Genomo. No importa qué hipótesis, todas y ninguna tienen exactamente la misma calidad de lógica como para poder resultar ser la respuesta cierta a ¿pero qué coños es Esto? Incluso lo de la virgen madre del dios sadomasoca engendrado por una paloma y su mundo de juguetitos de barro eternamente observados y juzgados duramente al final del Tiempo con las leyes que a Él le salieran de sus santas potestades podría ser verdad. Pero esa posibilidad, además de parecerme la más tonta, es la que más terrorífica parece, porque ningún destino puede ser más horrendo que ser un cordero y estar en manos de un pastor, que, por definición, te cría por tu lana, para beber tu leche, comer tu carne y aprovecharse de tus hijos.
Pero habría más y más. Podríamos pensar una infinita variedad de explicaciones… Podría ser que… Hasta podría ser que fuera un simple sueño, inducido o no, Esto, con motivo o sin él, con esta razón o la otra. Y resultar no ser verdad nada salvo mi mente ensoñadora. En ese caso, cuando despertara, cualquier inimaginable ambiente podría ser la exrealidad Real desde la que habría soñado. Hasta podría ser en resultar ser Dios. Único y Solitario entre los solos, y encontrarme en un Cine de espacios infinitos con la papeleta de no tener a nadie a quien contar: “Joder, he estado toda la puta eternidad soñando un sueño que era un lío maravilloso y ahora no me acuerdo de nada. Bueno, da igual -me podría decir en ese caso-, seguramente sería una tontería”. Y ponerme luego a crearme un mundo a mi imagen con el que poder jugar a que me contaba mis propios cuelgues a mi mismo.

El texto lo escribí hace ya sus años, forma parte de ese todo que a ver si un dia acabo de acabar.
La foto es el universo cerebral de una mosca cojonera.

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Rollos matutinos 58


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