20 jul 2010

Rollos matutinos 40




Yo soy el que vigila el juego de los niños

Escrito entre finales
Sudáfrica 2010 I



No es que no me guste. El fútbol. Que no me gusta nada. Es sobre todo que veo como se cuece en sus altares un rollo raro que no es que me parezca malo, es que es algo así como la madre del malrollopadre de todos los malrollos del tinglado social este. Sí. El caldo ligero que hincha el alma del forofo futbolero tiene los mismos ingredientes que el brebaje espeso que alimenta la fe que enquista y aglutina la unión tribal y enardece los patriotismos y da testarudez a las religiosidades. Y son también los mismos chefs los que lo guisan y el mismo tipo de chamán el que los administra con la misma cuchara. Hoy día, encima, al igual que los paraísos fiscales son imprescindibles para que el capital pueda cumplir sus funciones económicas sin remilgos racistas de colores, la capitalización del fútbol es el mejor detergente para la sagrada lavadora que limpia fija y da blancor al dinero que se ensucia de currar en los mercados naturales que mueven el Sistema. Y, al mismo tiempo que transforma deportivamente las feas manchas de la humana praxis en olor de multitudes a gloria olímpica divina, consigue que adeptos y devotos olviden sus desgracias felices en la euforia de ser muchos siendo así y que, al mismo tiempo que están entretenidos se enorgullezcan de ser un grano más en el magnífico molino que les muele, aflojen la pasta sin sentir y se sientan parte de una masa hasta el delirio colectivo. Todo son ventajas. El fútbol se ha hecho el conductor perfecto para conectar el consumo de los consumidores con la gestión de Estado y Mafia, los dos bornes de la dorada pila que alimenta y eleva el resplandor de toda democracia, desarrollada o emergente. Sus partidos venden más banderas patriotas que cualquier grupo político, para contento de quién guste del sabor nacionalista y gloria de moros y de chinos, que son los que las venden y producen. Y con la animación de sus ligas consigue que ese espécimen mayoritario que no sabe muy bien ni para qué está aquí tenga la referencia mística de unión al carro que merece. Yo soy del equipo. Porque es el mío y yo soy del. Y este cliché de comunión con la afición al grupo es de esos valores que se pasan machaconamente de padres a hijos, de que dejan de mearse en los pañales, sobre todo si son machos, porque el fútbol es el ultimo veterano que sigue siendo, casi tanto como la eucaristía católica y más aún que la política, cosa de hombres. Tanto que en ese género profundo de desigualdad ni siquiera se plantea mirar ningún ministerio de igualdades. A veces, ese gusto por el fútbol no se logra de forma natural sino que hay que conseguirlo con determinación. Todos lo tienen, yo no puedo ser menos porque entonces algo hay que no encaja. Y entonces uno se lanza a adquirir esa pasión cueste lo que cueste. Marcos, el Jabatrueno, fue el primer caso, de estos, que yo conocí. Teníamos diez o doce años allá por los sesenta en una ciudad pequeña de la castilla franquista y, junto con Alfonso, éramos los tres colegas que más tiempo pasábamos juntos por el barrio. Jugábamos a las guerras y a las pelis y él alucinaba sintiéndose el Capitán trueno o el Jabato. Y un día cuando íbamos paseando los dos para el parque con nuestros pantaloncillos cortos, recuerdo que me iba soltando de corrido la musiquilla de las alineaciones de no sé que equipos, como para fardar de conocimientos futboleros y hacerse un autoexamen de su forofía aprovechando que yo era de fiar, yo le conté que a mí el fútbol es que me parecía una tontería que lo único asombroso que tenía para mí era esa embriaguez general absurda que ponía a la gente seria a hacer el ridículo sin que al parecer se dieran cuenta.
-Y a mí tampoco me gustaba- me confesó muy seriamente-, a ver qué te crees tú. Pero eso no lo puedes hacer. El fútbol te tiene que gustar ¿No ves que a todos los tíos les gusta? Sólo a las niñas no les gusta. Hazme caso, si no te gusta vas a tener problemas. Es muy fácil. Tú empieza por aprenderte las alineaciones y luego escucha lo que dicen. Con el tiempo te llega hasta a gustar, ya verás. Mira yo ya me sé todas las de todos los equipos de primera. Pregúntame, pregúntame verás.
Y se puso a hacer regates con un balón imaginario al tiempo que recitaba saltarín la cantinela de las alineaciones mientras seguíamos caminando por la calle hacia el parque, con una madurez tan fría que a mí me dio hasta que un poco de miedo. Por él, por la penitencia tan grandísima que se había echado encima. Porque por mí, ya sabía yo que mi destino era ser raro, y no sólo por ese interés inadecuado que empezaba a notar por las patas peludas de los tíos, que, por otra parte, estaba seguro de que no guardaba relación alguna con que me gustara o no ese deporte por el que todo se estaba empeñando en que llegara a ser fenómeno social completamente incuestionable.
Poco después caí en la cuenta de la forma tan particular que había elegido Alfonso para salvar el problema que en verdad suponía el que no te gustara el fútbol. Él, que tenía además ademanes demasiado finos. Proclamaba continuamente que lo que a él le gustaba era el baloncesto, y que además era un fororo empedernido del Club de Baloncesto del Ferrol. Sí, de Galicia. Allí, en aquella ciudad mesetaria todavía casi sin televisión, que no sabía siquiera si existía algo más allá del río que la circundaba. Se tiraba la vida quejándose de que no encontraba gente para formar equipo. Así que no tenía que jugar.
Luego fui dejando de verlos, después me fui y nos perdimos por completo. Cuando tenía yo ya veintitantos y en un barco de vuelta de Marruecos me encontré con otro tío de aquél mundo, que no veía casi desde entonces. Nos reconocimos y empezamos a recordar aquellos lugares comunes en los que él seguía viviendo ¿Te acuerdas del Jabatrueno?, me preguntó, pues se suicidó. Estaba hecho polvo, se quedó colgao. El caso es que no parece que fumara ni se pusiera de na, pero se quedó colgao con los comics, tío. Vivía como en un comics. Al final no hacía otra cosa que leer comics sin salir de casa. Se quedó colgao. ¿Te acuerdas que su madre era divorciada y vivía solo con ella?, Claro, menudo escándalo era eso entonces, Pues se murió la madre y él se suicidó.

No pretendo deducir que fuera el reajuste de la homologación lo que desequilibrara al Jabatrueno. Pero empeñarse en normalizar nuestra conducta no trae nunca nada bueno y siempre tiene serios efectos secundarios. La gente se busca la identidad grupal cargándose de marcas colectivas y son legión los que lo hacen con el fútbol. Aunque parece fácil, esta normalización es muchas veces una pesadilla de autoterapia conductista sorda, que por secreta es aún más dura y cruel. Por eso son tantos los que se pasan la vida repitiendo como loros las cuatro frases hechas de los comentaristas deportivos en las conversaciones obligadas acerca del partido, con ese énfasis absurdo y cabezón con el que creen dejar bien demostrado que además de fanáticos entienden de lo que hay que entender y que lo único que deja al descubierto es la falta total de convicción y de conocimiento. Todos son igual en su simpleza, como si estuvieran lobotomizados por el mismo bisturí. ¡El balón era de Martín, lo que pasa es que Perico hizo falta aposta para evitar el gol, eso lo vio to’l mundo menos el árbitro, pero el balón era de Martín!
Claro que algo tiene el balompié que lo hará tan atractivo para quién le guste. Estaría bueno que no tuviera nada. Como algo tienen que tener las guerras cuando van a ellas tantos voluntarios. Todo eso del juego de equipo y de la táctica y la estrategia y de la geometría aplicada en la competición y de la emoción del juego y la fuerza y la destreza del atleta prototipo, que hoy día usa su imagen metrosexualizada por los medios para vender de todo. La unión extática en el shock sacramental que produce el subidón de adrenalina de millares de cuerpos apretados en una arquitectura gigantesca, erigida como templo para el caso por la mejor ingeniería de la Humanidad, en el momento del gol. Pero a mí... No es solo que no me ponga nada de eso. Que no me pone nada. Es que lo que más me salta a la vista en el montaje que envuelve al simple juego es ese rollo malo que te digo que es el malrollopadre madre de todos los mal rollos, y que está tan presente en la intríngulis de todo su tinglado que, aunque me gustara en sí ese deporte y llegara con él al frenesí que al parecer casi todo el mundo del rebaño llega, si dejara de verlo sería, francamente, gilipollas.

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18 jun 2010

Rollos matutinos 39

Coño


¡Coño!, es: coño. No puede ser otra. La palabra preferida del español más castellano. Hoy, que juegan las instituciones de la lengua a elegir cuál es con pompa publicitaria y presupuesto cultural y ni siquiera la mencionan, más que nunca. Señores: coño. No hay otra que más esté en todas las bocas de la lengua patria ni que encierre más amplio abanico de significaciones ni que nos salga de dentro con más ganas. Coño para bien, coño para mal; coño porque sí, coño por algo; coño por nada, coño porque me sale‘el coño. Coño para cargarse de razón, coñó para recalcar que sí, para subrayar que no, para mostrar asombro, alegría, rechazo, sorpresa, indignación, extrañeza, para subrayar el gozo de lograr un logro o descargar la rabia de haberse equivocado. Para hacer imperativa la respuesta en las interrogativas: dónde has estado, dónde andas, qué te crees, qué piensas o te pensabas, qué dices, qué haces, quién es, o eres sois o son, son más urgentes si se les pone en medio un coño. Qué coños pasa. Qué coños miras. Dónde coño, cuándo coño, cómo coño, por qué coño, en qué coño, hasta el coño estoy de recatos falsos y de tabús idiotas que por corromperlo todo quieren atar también hasta las lenguas. Qué prueba tan grande del tonto infantilismo que lastra todo orden social la de que en todos los idiomas pese un secreto tabú al tratar este término peludo y primordial en sus diccionarios. Que si malsonante, que si vulgar, que si grosero, anteponen al artículo cuando no lo omiten sin ningún reparo a la emasculación lingüística que supone hacerlo. Que si no se han encontrado sinónimos para coño, me acaban de decir en Wordreference.com, la prestigiosa web global de sinonimias. Pues coño: chocho, vulva, vagina, conejo, potorro, chumino, chirri, chichi, papo, almeja, concha, papaya, felpudo, raja, verija, higo, pepe, mejillón, chirla, champa, parrús... por poner los primeros que se me han venido a la cabeza y tener en cuenta médicos y panhispanías. El más serio tratado sobre la imbecilidad letal en la que se sustenta nuestra Civilización podría escribirse con solo analizar el convencionalismo absurdo de estas prohibiciones. O de hechos tragicómicos y reveladores a que dan lugar, que uno no sabe si son para reír o para llorar, como el de que el cuadro de Courber, titulado con sabia intención El origen del mundo, que ilustra aquí el Coño mío este, haya estado cien años, hasta el 1995, vendiéndose de mano en mano caramente, eso sí, claro, haciéndose además con un fino secreto revalorizante, sin ser expuesto al público. Qué pena de saber del Homo Sapiens. Qué pena de lingüistas del academicismo hispano que, buscando hoy el ombligo de nuestro universo oral, no muestren, al menos una vez al mundo, nuestro coño.

Porque no hay otra más patria que coño, ¡Coño!. Coño. Lo decimos todos sin ningún género de duda. Él y ella lo tienen en la boca por igual. El rey lo suelta a veces con espontaneidad medida y con el tono natural que tan bien domina para afirmar su campechanería ante la Historia, tres veces se lo tengo oído yo, que sólo lo he visto por la tele, y corre y habita con toda su prosodia en el mismo alma de la Academia de la Lengua. Dios sabe que, coño, lo profiere hasta el más casto de los obispos españoles muchas más veces de lo que su dios quisiera. Pocos niños habrá que no lo hayan oído de pequeños en bocas de sus santas madres. En todo caso, ¡jesús que coño!, tenía costumbre de decir la mía para espantar incordios que la ponían nerviosa. Del coño sale hacer o no las cosas. El coño es también forma de puntuar eso que ha sido por una muy bien o muy mal hecho: qué coño tienes. Ole tu coño. Marca también de forma definitiva la femenina resolución en, por mi santo coño. Pa mi coño moreno, zanja y licita la posible duda moral ante una apropiación gozosa.

¡Cómeme el coño!, le soltó una vez María Jimenez por la tele con soltura a un periodista que la estaba jodiendo en la calle con preguntas, haciendo gala de su insigne hispanidad y de su buena boca, marcándose un recorte de desprecio envolviéndose en esa frase por bandera y siguiendo de seguida su camino arrastrando de una punta el capote de lo dicho sin mirar atrás, retorciendo el orgulloso hocico, y con desdén torero. Porque coño, como enseña nacional, es más brillante y verdadera, más común, más uniforme, profundamente oracional, y desde luego, con mucho más fervor enarbolada día a día, que ese trapo bicolor que, encima, lejos de unificarnos en ningún sentido noble, para unos es santo hasta el delirio y para otros no podrá dejar nunca de estar lleno de mierdas.
Y es que, otras habrá que le acompañen en los altares de las expresiones patrias, pero la palabra nacional es, coño.


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15 jun 2010

Rollos matutinos 38

Ten fe y te salvarás



Este es el papelito de 10,50 x 9,54 centímetros que me puso delante un negro en Lavapiés el otro día a las diez de la mañana. Todavía en su mano me llamó la atención el que el prospecto fuera igual en todo a otro que también repartía un negro, también muy parecido, en una estación céntrica del metro de Lisboa, en portugués, lógicamente, y unos años atrás. Lo cogí y ciertamente, hasta es posible que también se llamara Bea el profesor de el de aquél, pero eso da lo mismo. Su mensaje me hizo clik y seguí mi rumbo hacia el Reina Sofía, donde iba a ver una exposición de Martín Ramírez, diciéndome que este iba a ser el post que escribiría sobre este viaje de final de primavera del 10 al pueblo planetario de La Mancha, que es Madrí, y me lo guardé para escanearlo luego mientras iba llenando para mi esa consulta de personajes en mi imaginación.
También en Lisboa pensé que iba a escribir algo sobre lo que me sugería el papelito del negro. Ese mundo que crea las esperanzas que necesita en cuanto que se lo proponen y que el empresario del prospecto maneja como mercado en el que mueve su negocio y que hacía surgir en mi cabeza coloridos personajes de olor a especias y miserias, triste y cotidiano, que yo quería traer al papel arrastrando los espesos dramas vulgares y corrientes que cargaban con ellos como fardos trágicos de los que no podían librarse. Pero ahora de pronto, mientras vuelvo a seguir mi camino al Reina Sofía, me acuerdo que me dije que mejor que traer aquí los elementos que a mí se me pasaran por el coco era mejor traerte a ti el papelito reclamo para ver cada uno lo que vemos al mirar en ese mundo que reúne lo ingenuo con lo útil, la esperanza con el miedo y la fe con el frío pragmatismo de los que saben bien que viven de ello, al fin seguramente sin mucha brillantez la mayoría, todo bajo una pátina apagada, sórdida de dolido sudor mate cotidiano y duro. Un mundo cutre, este, se me antoja de principio por definición. Pero también tendrá sus glorias y sus alegrías, que hay que tener en cuenta si queremos imaginar un cuadro verdadero. Veo a estos saprofitos de la pena ajena desde el principio de sus profesiones. Cuando deciden empezar a hacerse con el rollo y principian a medrar con la experiencia en su carrera. Los hay de muchos tipos y niveles. Al final todos son herederos de las artes cavernarias de aquél hechicero primitivo que fue el primero en echar geta a la cosa. Luego es como en la Medicina, unos se colegian con los títulos de las multinacionales poderosas que administran excluyentes el negocio de los grandes dioses de la espiritualidad y otros van más o menos de por libre rebañando lo que pueden entre los desengañados de la oficialidad divina. En todos los tipos unos llegan a popes y otros se quedan en clerizánganos cualquiera. Nada diferencia en el fondo la materia del Profesor Bea de la de cualquier otro obispón, rabino mulá dalai santero o sicólogo moderno de terapia de autoayuda. Todos forman parte de la misma rama. Son el mismo oficio. Y excepto raros casos, que haberlos los habrá, encierran la misma triquiñuela para buscarse las putas habichuelas. La consulta la veo en algo cochanbrosa, posiblemente en una dependencia de algún piso interior, de pronto colorida por ropajes africanos, de pronto con africanos vestidos a lo occidental con trajes cenicientos, a lo mejor gastados por el uso, o sacados de entre el revoltijo de ropa usada de algún puesto del Rastro. De pronto se me antoja ver un negro imponente y bien vestido con ese toque hortera que sólo ellos tienen y que sólo a ellos les favorece encima. Él sabrá que asunto es el que le lleva allí. En todos los casos llama la atención lo especial de los zapatos. También tiene que haber entre la clientela autóctonos adictos a las magias, atraídos por la autenticidad que suponen al hechizo de las tribus. Cuánta gente vivirá de la industria de este profesor. Empezando por los repartidores de la publicidad y siguiendo por los que limpien el garito. Los acólitos que ayuden en las ceremonias, las tiendas que provean de los objetos mágicos, los dueños de los pisos o locales que tengan alquilados, e incluso la parte que les toque a la empresa de la luz y de la telefonía. últimamente se habla mucho de los duces de la prostitución que usan de estos maleficios para forzar a sus putas a currar. De pronto hago comparación de este colectivo con el de El Vaticano y saco interesantes conclusiones de lo importante que es para la economía lo que se podría llamar cuantificarse. En ambos casos tienen esos mundos estrechas conexiones con las mafias. En ambos casos el dinero vil es la verdadera aparición que materializan con sus ritos. El billete es el único elemento que conjuran sus liturgias. Los veo aparecer arrugados, sacados de bolsillos con dificultad, contados al contado con manos pesarosas de perderlos quizás con poca garantía de sus resultados, ante los ojos contabilizadores del santón, o de su secretario, y desaparecer después entre sus manos llevados a una caja con presteza, o abstractos en cifras que ponen cantidad al cuánto en la información preliminar del precio. Tanto por ponerte duro el rabo, tanto por conseguirte el éxito rotundo, tanto por curarte de esa enfermedad o por tal filtro de amor; o tanto cacho del presupuesto del Estado, esta vez en plan seguridad social, por ser la asociación vidente que más creyentes hemos sido capaces de atontar con nuestra divina magia a tu servicio. Con estos, después ya no hace falta que pagues cada vez que te asistan con su cristo. A veces se usa un sistema de indirecta recogida. Una bandeja, cestilla o receptáculo, encima del buró, o incluso una simple mesilla a la salida, puesta ahí pero alejada del puro ara de la magia, sirve para que se deposite de forma voluntaria el obligado óbolo. Método que, además de ser más elegante y lo mismo de seguro, sirve para burlar la culpa de intrusión y otros delitos. Con todo, muchos habrá en los que se obren los impagables milagros que han ido a buscar. Si no no seguirían en pie estos negocios. Otros también acaban saliendo en los medios por haber acudido a la justicia a protestar por haber sido engañados como tontos. No se sabe si en ese caso la responabilidad subsidiaria del santón podría recaer en las fuerzas a las que representa. De pronto veo el reguero de bichitos miserables que rondan atraídos en torno del papel que acabo de guardarme en el bolsillo, lo mismo que hormigas afanándose alrededor de un trozo de materia muerta, en el hormiguero de esta urbe que bulle hiperactiva sobre una bola girando a toda leche por el Cosmos, este estrecho piso de camas calientes que llamamos Tierra, y por un momento me siento como un ser superior que se divierte en la contemplación lejana de este drama ridículo. Pero sé que bastaría que me tocase la fatalidad para verme de golpe entre el sector aciago de los que necesitan el posible profesor que, con la ciencia más cercana a su credulidad, sea capaz de hacerles creer que tiene, bien mirado por muy poco, la sencilla solución de su problema.


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7 jun 2010

Rollos matutinos 37

Remachado de flash cañí en el caló de la ruta





A la España de Charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María, que es la esencia jonda que en lo jondo encarna, reivindica, proclama, publicita, exalta vende y comunica al turista en su coche de alquiler el flash del Toro emblema de nuestros horizontes, le he sacado con el zum fortuito de la foto el cerdo sonriente que tiene bajo el cuerno. Un cerdito que, antes que oreja, es más bien golondrino de sobaco oscuro con jeta y morro de porcino afable. Ibérico de hecho, pero sin duda recebado. Se ríe viendo pasar las nubes por el cielo de la Historia, no sé si inteligente, mente, o de forma completa mente hueca. Siempre con alma casquivana y con la mala leche fina que nos caracteriza. Ahora mismo no sé si renegar de su pose estrafalaria o loar el escapismo de su filosofía. Así que dejo que se fugue, ahí, enmarcado a lo lejos en el retrovisor, reflejo de atrás en adelante, perdiéndose en la ruta ya pasada a toda leche, el perfil prepotente de cartón gigante que no es ya anuncio de hoy, de ayer ni de mañana, sino espirituosa enseña de la cepa hispana. Hoy por cierto, ya dentro de las modas alcoholfree y sujeto a normas de seguridad vial y de todo género de igualdadanías.

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28 abr 2010

Personajes 4

El colocado



El pobre en su simpleza había llegado a estar seguro de estar seguro en el bienestar de su burbuja. Al principio empezó a abrirse camino con los dientes sin saber muy bien ni donde estaba, pero según fue creciendo se dio cuenta de que había caído donde había que caer. Vamos, que su progenitor le había colocado en to’el meollo que se dice. Una vez instalado en aquel mundo propicio él sólo tenía que dedicarse a crecer, para lo cual tenía todo a pedir de boca. Así que hizo lo que se esperaba que hiciera, devorar como una tuneladora todo lo que se le ponía por delante y engordar lo más rápidamente posible, y cuanto más devoraba más crecía y más sitio se iba haciendo en su seguridad. Intuía que cuando su crecimiento tocara techo tendría que enfrentarse a algún tipo de metamorfosis, no le iba a durar eternamente aquella dulce etapa rutinaria, pero eso no implicaba nada malo sino todo lo contrario y, mientras tanto, el mundo era un paraíso y estaba allí para eso, para que se lo comiera a su antojo, para envolverle tiernamente, para darle todo lo que necesitaba, para servirle de matriz donde gestar su sueño, para él. Y él sólo se lo tenía que comer. To pa’mi, to pa’mi, se decía glotón, creyéndose el Dios de un infinito inagotable, mientras metabolizaba el entorno con voracidad cada vez más difícil de saciar. Cuanto más crecía más seguro se sentía de poder comerse lo que le hiciera falta. Entonces puede que llegara a pensar, quizás siquiera por un rato, como quién no quiere la cosa, por qué no, en el ser de su existencia. A lo mejor llegó a darse cuenta de que aunque dejara de sentir el apetito ansioso que sentía por devorar todo su espacio sin parar tendría que seguir devorándolo sólo para poder hacerse plaza para seguir creciendo. Porque no podía dejar de crecer y si dejaba de hacerse sitio perecería ahogado por la propia estructura de su mundo. Pero eso no iba a ser nunca un problema porque estaba muy bien dotado para abrirse camino en un medio que parecía haber sido creado para alimentarle a él y de pronto llegó la crisis estructural tan inesperada como irreparable. De repente, como llegan estas cosas. Alguien empezó a escamochar con fuerza la inflorescencia en la que se arropaba causando un montón de vuelcos y de ruidosos cracks desgajadores de las hojas exteriores de su medioambiente, pero él no llegó a creer que eso le afectara recerrado como estaba en el corazón profundo de la compacta seguridad de su seguro cosmos hasta que sintió el shiiiip frío atravesando de por medio su organismo y un craackhhhggg horroroso desgarró el universo dejando su agujero abierto de par en par a una luz tan cegadora que no podía ser otra cosa que mortal y su cuerpo cortado en dos mitades, separadas para siempre la punta del culo de la de la boca, con cuatro pares de piececillos moviéndose convulsos todavía en cada una de ellas pero ya sin ninguna posible continuidad en el rollo vital que habían construido juntas hasta un momento antes. Por primera vez en su vida dejó de roer. Sin poder detener el movimiento mecánico de sus mandibulitas miraba con sus ojillos al ser monstruoso que tenía el capítulo de su vida destrozado en una de sus manos y un objeto afilado y reluciente en otra. Ajustaba su mirada en él desde su enormidad y, aunque él no estaba programado para poder constatar ese detalle, el monstruo contraía el gesto observante con un mohín como de asco sorprendido. Y sí, miraba las insignificantes medias larva retorciéndose en el corazón de la alcachofa que acababa de tajar con el asco desdeñoso de una repugnancia más convencional que realmente asquerosa, y me dio el punto de saberme señor de la vida y de la muerte, sobre todo de la muerte, y aprovechando la visión de la atroz agonía que había creado con mis manos, me puse a dilucidar cómo, en esta curiosa vida, se pasa en un plis plas de estar como dios en el mundo de uno a ser un puto gusano rebanado sin remedio en dos mitades por el cuchillo de un elemento hijo de puta que ni siquiera se puede comprender.

la foto es de la exposición Macro-Micro, casaciencias.org

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6 abr 2010

Rollos matutinos 36

Documentos arqueoblógicos sobre Pedericto XVI




Pedericto XVI, nombre con el que se conoce al pontífice de una de las sectas más pudiente en los tiempos del Barroco Digital de la Primera Planetarización, o Edad del Puntocom, marca, definitivamente, la decadencia social de esta hermandad extraña, de misoginia patológica y morbosa adoradora de ídolos abiertamente sadomasoquistas, que, sin embargo, había logrado prolongar su influencia sobre la cultura humana durante un par de milenios. Todos los estudiosos coinciden en señalar la connivencia de Pedericto XVI con el facto pederástico, que, aunque inherente y de siempre conocido y asociado a su organización por el subconsciente colectivo (datos documentales hablan ya de estos escándalos en el s.IV), afloró a la luz pública durante su reinado haciéndose innegable de forma alarmante y general, como la causa del principio del fin de cierto tipo de poder ritual que aún mantenían sobre la sociedad civil. Pero algunos especialistas en la mitología supersticiosa de principios del S.XXI mantienen que, Pedericto, no fue en realidad el nombre que este personaje adoptó originalmente en el momento de ser elegido para el cargo por su logia, sino que le debió de ser impuesto por un tipo de guasa general y espontánea y que tendría raíz etimológica con pederasta y adicto. De todas formas son estas teorías peregrinas, ya que no existe indicio alguno de cuál podría ser ese otro nombre supuestamente primigenio. Por el contrario todos reconocen como el documento histórico más antiguo sobre Pedericto el encontrado por el arqueoblólogo Rebus Kando N’larré, entre los restos virtuales de la era del blogspotismo, atribuido al excelso Elbarrancario, dónde ya se cita a esta figura sólo con ese nombre. Se trata de un texto por desgracia no integro, pero sí en admirable estado de conservación del código binario, que se titula:


La santa falsederastia.

Ay señor, otro post de curerías. Mira que no quería andar yo posteando más a costa de la perversión religiosa que, aunque es un tema inagotable, imprescindible para la salud pública, y que enseguida me enciende, había decidido darle la callada como mejor desprecio. Pero es que las denuncias de pederastia son tantas y tan fuertes que parecen blancos culitos inocentes explotando como palomitas de maíz en las negras congregaciones del santo jollín, por todas partes del planeta donde hayan tenido poder sobre los niños. Y la desvergüenza de la jerarquía vaticana de contestar encima con que son sólo malas “murmuraciones de las opiniones dominantes”, “ataques”, “confabulaciones como las del tiempo del antisemitismo”, “habladurías”, es tan

... (trozo de código imposible de leer)

no necesitábamos en este país nuestro ninguna denuncia periodística para saber lo de que los curas suelen tender a meter mano a los niños. Tampoco que se les ha estado metiendo hostias y levantando en vilo de los pelillos malos de la nuca y de las patillas y otros miles de formas rebuscadas de causar daño humillante con evidente gozo, cuasi sexual sino enteramente y por completo, por parte de cochinos religiosos. Cualquiera que sea ya madurete lo sabe por poco contacto que haya tenido con ellos de pequeño. Yo tengo que recordar, aquí ahora y sobre esto, al Padre Cachimba, el muy hijo de puta, que se ponía, con religiosa asiduidad, en la estrecha puerta que comunicaba la empinada escalera que subía de la calle con el pasillo de entrada de la academia particular donde yo estudié primaria, por la que teníamos que pasar todos los críos, de uno en uno, a la vuelta del recreo, con la gruesa cachimba, que le dio nombre eterno, agarrada por el extremo de la boquilla, con la punta del índice y pulgar, para dar mayor efecto al cazoletazo fuerte y seco con que trataba de picar cada cocorota, retándose goloso a que no se le escapara una sin pegar. Pocas veces lograba uno burlar el cachimbazo y juro que vi casos en los que el chichón llegó a pintar en sangre. Recuerdo una vez uno que se mareó. Por supuesto lo vivíamos como un juego natural, del que disfrutábamos incluso en algún modo masoca, y al que tenía él todo el derecho, de parte de una sociedad, basada en el nacional catolicismo, que hubiera metido en un correccional a cualquiera de nosotros que se hubiera atrevido a ir al director a denunciar algo que, entonces, no se podía ni soñar que iba a acabar siendo llamado “malos tratos”. Omito describir los profusos bofetones a que nos sometía luego durante las absurdas clases de su religión, y la cantidad de casos que, como este, a pesar de no haber ido nunca a ninguna escuela religiosa, tuve que vivir, a lo largo de mi educación, con otros padres de diferentes nombres y sotanas, sin embargo, todas igualitas de brillantes en el negro untuoso de sus telas, a la del Cachimba, supongo que por la crasa pátina de mierda que había ido percudiéndolas en toda una existencia de sucia aureola procaz y sin lavar. Tampoco creo yo que nos haga falta a los de mi generación que nos vengan a contar ahora con pruebas y señales lo que todos sabíamos del gusto de estos padres de almas por las carnes infantiles. Formaba desde siempre parte del saber popular, que también sabía muy bien que de eso no se hablaba ni por imaginación. Por mi parte tengo que declarar que soy de los que menos habrá sufrido de estos tragos, pero que sí me tocó más de una vez el padre carmelita José Ignacio como confesor, a pesar de que ninguno de los de mi colegio queríamos ir a confesar con él por saber lo que pasaba. Parece que lo esté viendo, tan largo, tan hirsuto, metido en su hábito marrón de tela basta. Le quedaba un poco corto y eso resaltaba la enormidad de los pies que asomaban por debajo, desnudos en sus sandaliones, de dedacos repugnantes y peludos. Parecía un espantapájaros, larguirucho, gordinflácido y disforme, y le gustaban los niños más que a un tonto un lapicero. Ocurría que éramos llevados obligatoriamente, del colegio a la iglesia de su convento, y allí nos ponían en fila de a uno a esperar turno de los dos o tres confesionarios. Si te tocaba con él, ya era sabido: “¿Has cometido actos impuros?”, preguntaba el menda en cuanto empezaba a confesar, soterrado en la sudada sombra de su cubículo viciado, con esa característica vibración que pone el morbo en la voz. Si decías solo se empeñaba en saber con todos sus detalles los pensamientos que te habían acompañado, pero lo que más le ponía era cuando uno confesaba haber hecho las guarrerías con otros. "¿Cuántos erais?” “¿Dónde?” “¿Cómo?” “Cuantas veces” “¿Había niñas o sólo niños?” “¿Hubo tocamientos mutuooos?" Y los tocamientos eran los de él, que se convertía en un pulpo. Primero, con la puntita de sus dedos, juntaba bien las moradas cortinillas del quiosquillo para envolver las espaldas del confesante y dar católica cobertura a la acción de sus tentáculos. En seguida se daba al sobeteo baboso, palpante, de experta meticulosidad, exhaustivo, un poco ansioso pero tranquilo, glotón, pecaminoso, cerúleo, con esa murcielaguez mística, húmida y fría, tan propia al morbo de los sacerdocios. Al tiempo, iba absorbiendo su presa al interior de su oscuro habitáculo por medio de una fagocitación de la que estaba divinamente dotado, mientras musitaba letanías con los labios pegados al oído de la victima. Eso era lo peor, porque le olía el aliento a perro muerto. Era terrible, de verdad, su boca era la de una alcantarilla podrida. Todo el colectivo infantil masculino lo sabíamos, nos lo comentábamos, y huíamos de él como de una peste que era. Pero el menda era profesional en esas lides y se las ingeniaba muy bien para obligarnos a caer en las redes de su confesión. Y, el cabrón, siempre, ponía el doble de penitencia si el acto se había cometido en compañía, no sé si porque creía que el pecado era doblemente malo o porque le ponía también a uno la que le tocaba a él. Exactamente, como están haciendo ahora las jerarquías vaticanas ante la ola ineludible de casos escabrosos que salen deslumbrantes a luz: ¿que se denuncian cientos de casos con pelos y señales repugnantes?, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra, dijo Pedericto el otro día; ¿que se demuestra que los denunciados eran simplemente trasladados en secreto a otras diócesis más escondidas donde seguían dándole a su vicio, todavía más tranquilos, hasta morir de viejos?, es que hay que atacar el pecado y no al pecador, vuelve a aclarar; ¿que no ha salido uno todavía del asombro que lee que su hermano, también alto prelado, le tiraba sillas a los niños de la escolanía que dirigía, llamada Los Pájaros de la catedral por cierto, y de los que también, algún que otro pajarito había denunciado haber sido cogido al vuelo por el miembro frío de algún vicario verde de alma sucia que habría sido encubierto, sino por él por el propio Pedericto?, sigue uno leyendo y lee que el propio Pedericto XVI admite, como suficiente explicación, haber dado alguna que otra bofetada en ese coro incluso él, pero, eso sí, habiéndose arrepentido siempre nada más darlas. ¿Que la iglesia de eeuu ha pagado ya 1.300 millones en indemnizaciones y en Irlanda ¡el gobierno! pacta con las órdenes religiosas la creación de un fondo de 2.100 milloncetes para lubrificar el rechino del abuso de 35.000 niños en treinta años de educaciones religiosas, fundamentales, devotas y fervientes...?, da lo mismo, como tampoco importa la paradoja de que todo este dinero provenga (no parece que la iglesia tenga otras fuentes ni fines económicos) de la caridad y la limosna, o de la parte del impuesto sobre la renta, que los corderos fieles dan para hacer buenas acciones. La proliferación de estas denuncias, dijo el otro día un alto prefecto vaticano, "no preocupa excesivamente" a la Iglesia, "porque nosotros estamos asentados sobre la cruz de Jesucristo, que siempre es salvación y victoria”. Y si llega el caso se dice abiertamente: "Nos atacan para que no se hable de Dios; peor es el aborto", que viene a ser argumentar, como decía un periodista de El País, aquello de, ¡y tú más!, de las rabietas de niño redicho en los patio de recreo donde por cierto ocurrían
... (trozo de código imposible de leer)
Mientras tanto, seguid dejando que los niños se acerquen a mí. Se podría resumir. Porque ese vicio es tan intrínseco a
... (trozo de código imposible de leer)
no van a dejar de hacerlo por mucho castigo que les pongan y muchos perdones públicos que pidan si es que llegan a ped
... (trozo de código imposible de leer)
los detalles de los actos denunciados son más lúbricos y sórdidos que cualquier relato porno de los duros. Se ve que son abusos de tarados recocidos por el vicio soterrado de una culpa milenaria
... (trozo de código imposible de leer)
o el obispo de Tenerife, que no se ha podido contener de romper una lanza a favor del pederasta: "Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso, si te descuidas, te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece". Ha dicho.
Y el sinvergüenza degenerao tiene razón, eso de la pederastia es más complejo que los cuatro prejuicios con los que se la limita. Y claro que en eso habrá casos horrorosos y otros que serán incluso naturales. Pero no en el seno de una banda insana de por sí, que se caracteriza por imponer, mediante la violencia siempre que ha podido, la prohibición enfermiza sobre el uso del sexo. Porque el mismo cura que mete mano al monaguillo luego predica que no hay que tocársela ni para mear. Y con la misma mano que pajea las colitas bendice después la redondez de sus hostias y señala acusador al que folla alegremente. Es lo de a dios rogando y con el mazo dando, y predicar no es dar trigo y haz lo que diga y no lo que me veas hacer. Para mi no es la pederastia, en sí, lo más imperdonable de este grupo de poder, sino la falsedad en que se asienta todo lo que hace desde su creación. Y, ni me ha sorprendido el pastel de abusos que se está descubriendo bajo sus altares, ni el que los cometieran por cientos hasta con sordomudos y otros centros de acogida y orfandades, sino el que hayan aparecido países donde sus contra naturas han sido tan escandalosas que han dejado a las hispanas deslucidas. Eso, mira tú, si que es verdad que yo no me lo esperaba. Aunque tal vez el silencio sepulcral que guardan nuestras curias, tan dadas a rajar del bien y el mal en plan pontificial, sea por saber que lo de esos no es nada para con lo que quiera dios que no llegue a saltar nunca.
Tampoco me asombra que el fundador de los Legionarios de Cristo ese tuviera varios hijos y abusara incluso de ellos, haciendo, como dios manda, a pelo y pluma. Con la natural tolerancia que su iglesia ha tenido siempre para con estas cosas. Pero en este caso me deja perplejo pensar, qué hace ahora una secta fundamentalista como esa cuando descubre eso de su santificable fundador ¿Quita los retratos de todos los despachos y oratorios, elige otra figura que aún no esté manchada y tira pa’delante con el rollo? ¿Imita el ejemplo de su líder y se recicla en putiferio declarado con misas orgiásticas colgadas en youtube y cuota en el mercado pederasta de la Red? No, lo más normal, ya lo veréis, es que corran cuanto antes el tupido velo de que al fin todos semos humanos y sigan
...(trozo de código imposible de leer)
y aquí paz y después gloria.

Ay Pedericto, Pedericto que te han visto. Con razón te gustan tanto a ti los zapatitos rojos y los sombreritos esos tan cucos que te pones para santificar las fiestas. Y esas puntillitas de primores recargados con los que rematas las mangas y los bordes de tus caros faldumentos de alta costura clerical. El escape del aire viciado del subsuelo te ha dejado el culo al aire ¿No será la culpa de ese pecadillo eso tan feo que se mueve en el fondo de tus ojos? ¿Tienes la línea de los labios fría por algún beso de pecado? Da igual. Tú no te preocupes, que, ni has sido el primero en esto por los siglos de los siglos de la lista, sólo de tú nombre van ya dieciséis, ni, aunque tu reinado marque un mojón de decadencia, vas a ser el último en dirigir el cristo que os tenéis montao.

La imagen es de Banksy, el más famoso grafitero de la época de elbarrancario.

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21 mar 2010

Rollos matutinos 35

La cuadratura ibérica del ruedo

Oh Cosmos, cuánta sandez en los debates y cuanto debate gilipollas tendremos que aguantar. Ahora el de si se tiene que prohibir la artística tortura de los toros. Pero cómo va a ser eso posible en una sociedad como la nuestra. Sería caer en el absurdo de la sinrazón más grande. Estamos desarrollados sobre la explotación total de cualquier otro género de vida. Sea animal o vegetal. Con qué criterio se iban a prohibir los toros y no las granjas de exterminio y los terroríficos laboratorios de la ciencia y de la medicina o de la industria de cosméticos ¿Cuántos prohibicionistas de los toros se relamen con tostaditas de paté de fua de oca obligada a comer maíz por el tubo de un embudo? Pero es que aunque se prohibiera también el embudo de la oca. Si al final nos comemos su hígado querido en un paté... Y el mismo horror encierra, creo yo, el trocear vivo un vegetal para juntarle con sal y con vinagre en ensalada. Ya, pero que lo veas así o no depende sólo de si te ha tocado ser lechuga en esta vida ¿Y la guerra química que tenemos declarada en contra de las moscas? No, seamos consecuentes por favor, prohibir, por crueldad, sólo los toros sería una hipocresía muy grandísima. Tienen toda la razón los que señalan que la misma crueldad se encierra en salivar de gusto viendo a la ostra retorcerse corroída por el chorro de limón. Tampoco me sirve lo de que en un caso se haga la tortura por razones de comer y en la otra por el mero gusto de gozar con ella, porque no sólo de pan vive el hombre. Y aunque sería un argumento, flojo, desde el punto de vista de reducir la brutalidad vital en el quehacer humano, si te toca ser la víctima, ese matiz en las razones de tu inmolación, solo valdría para tocarte encima los cojones.
No. Ni sirven, a la razón, los argumentos anticrueldad a favor de los prohibicionistas, ni tampoco a favor de los taurinos los de que el toro no sufre porque, fisiológicamente, está preparado para aguantar a base de endorfinas la tortura acojonante que le hacemos, cosa que, para mi asombro, he tenido que leer en boca de ilustres doctores en fisiología animal, parida seriamente en altos parlamentos, y que para el único razonamiento que vale es para demostrar la enorme cantidad de majaderos que se alimenta en la especie humana a base de carne y de lechugas.
Aparte dejo el comentar siquiera la utilización que de lo de los toros están haciendo los políticos, en especial los nacionalistas de uno y otro pelo, que sabido es que no tienen ni vergüenza ni decoro en dar espectáculos impúdicos con tal de enardecer a un tipo de masa que son tan repugnantes, razonablemente hablando, como ellos.
Luego están los que salen de pronto con que eso de los toros es Cultura. De estos los hay de todos los colores. Hace unos días lo defendía ardorosa en su columna de El País una escritora moderna y muy de izquierdas. Desde luego. Pero, qué coño está queriendo decir con eso (coño es sin duda la palabra señera y cultural más clara y general de nuestra lengua). Vamos a ver, Cultura, aunque en decadencia, es por ejemplo, sin ningún lugar a dudas, lo taurino en la españas. En eso estoy totalmente de acuerdo. Con toda la complejidad que la influencia de la figura, y el léxico, del toro del toreo y del torero tiene en nuestro heraldo imaginario y subconsciente colectivo. Incluida, como no, además de la multitud de modismos tauromáquicos de la lengua hispana, que con profusión citaba la escritora, y de un montón de poses ideales ante el hecho de la vida, la indiscutible conexión del arquetipo del torero, ibérico, machorro, valiente y varonil donde los haya, que enseña como enseña echada por delante, al mundo y sus peligros, envuelta en seda, y oro y plata, bien remeneá con aire lascivo, y prepotente paso cadencial, su bien repretada taleguilla: ¡Ehe, toro!, venacá’pacá que te voy a dar yo marcha de la buena, con el de ese tipo de macho que ahora se intenta erradicar del ruedo de la vida, con leyes de dudosa equidad en la justicia basada en una discriminación que dicen positiva. Y se me antoja cachondo a mí ahora presentir el enredo cultural de cómo por encima de la ley estará seguramente la realidad, siempre irremediable, de que todo es mucho más complejo de lo que se quisiera, y veo aidos militantes de uno y otro sexo a los que se les seguirá estremeciendo el género, a pesar de toda la campaña y en forma por lo tanto inconfesable, con la figuración de este modelo masculino, diestro en el arte de matar con violenta hombría, y sin embargo, existirán también, ardientes defensores, y defensoras, de la cultura machista más tradicional, a los que les espante de verdad el figurín de la estética torera, del chorvo chulo ese que busca dominar con el trasteo cubriendo en la trampa del trapo el rígido temple de su estoque.
¿Con qué tipo de capote de nobleza se intenta recubrir el hecho de matar toros diciendo que es Cultura? También es Cultura el cultivo de patatas o el uso de herbicidas peligrosos, la semana santa, y los clubs de putas de las carreteras. Cultura es, entre los curas, meter mano a los niños, juntarse la familia en Navidad, matar a pedradas a la que no se ponga el velo. La ablación es sin duda una Cultura en una parte enorme del Planeta, que también tendrá sus modismos en las lenguas que desde hace tantos siglos la practican. Lo es también tirar la cabra desde lo alto de la iglesia (esta función es igual que la taurina, y las florituras rococós- por cierto en algo al fin mariquitusas- de los unos, y los modos más terroneros de los otros, son estilos diferentes de un mismo tipo exacto de liturgia). Y romperse los incisivos con un buen par de piedras para parecer más guapos, es por supuesto Cultura, en no sé que regiones de las áfricas. Aquí tiene eso su paralelismo con andar metiéndose las tías siliconas en las tetas, o hacerse los tíos caras perrerías para alargarse el sable y ganar capacidad de ahondar en la metida. Cultura es sin duda andar siempre de guerras, aunque ahora se quiera imponer el cultivo de hacerlas solamente humanitarias.
Cultura viene a ser también sinónimo de subsecretaría, por eso lo de bien, y lo de interés, cultural, que quieren poner a la corrida. Pero en esta significación el debate sólo puede tener sentido para los que viven de ella. Ya que los contribuyentes son tan mansos que nunca se van a mosquear por lo que puedan hacer con el dinero que les quitan.
También se quiere decir a veces con Cultura, sabiondez, que se es muy leido y escribido, pero en un sentido amplio de materias, y eso no parece que guarde mucha relación directa con los cosos .
Y en un sentido más grandilocuente, sí, Cultura es la pintura rupestre, la capilla sixtina, nina hagen y la música de cámara, el quijote, las moradas, mein kampf o el ¿qué hacer?, la ópera, van gogh, la venus de mileto..., el Arte, con mayúscula, tomado como esencia sublimada del alma superior del Hombre, ¡tachán tachán!, se quiere expresar a veces con el término Cultura. Y es por supuestísimo, culta creación artística, en este sentido tan enaltecido de la dúctil palabreja, meter la cagada del artista en una lata de conserva. Y si es a esta trascendencia del concepto a lo que se están refiriendo los taurinos cuando arropan con Cultura la pura desnudez de su gusto por la sangre de los toros, sepan que los que lo disfrutan con andar cortando clítoris, también hacen lo propio. Vamos a ver si estamos a lo que estamos y nos ponemos a ver las cosas con la propiedad debida.
Al fin señores, el único argumento lícito en este debate truculento es el de que te ponga o no te ponga un cosquilleo el morbo de ver al toro hecho un cristo y las taleguillas del macho matador restregándose en la sangre ritual del lomo de la bestia atormentada. En las ingles o en cualquier otro repliegue sensible del espíritu. A partir de ahí lo suyo es decir en su defensa, si señor, me pone cosa mala y, como puedo, y no hay ley que pueda oponer a mi gusto, con consecuencia, esta sociedad zoocida, uso y abuso de la vida de los toros como me dé la gana, y cósmicamente hablando ya responderé si alguien me llega a pedir cuentas algún día a ese nivel. Porque puede ocurrir, de hecho habrá ocurrido, créeme, cualquier cosa que imagines existe en la realidad, que llegue un torero un día a vivir tremendo reconcomio de conciencia, de repente, a lo mejor en la cumbre de la fama, porque sienta de pronto que, en vez de matador, que suena a gloria y a riqueza, lo que ha sido es un simple mata toros que ha hecho de atormentar con saña bichos nobles y bravos la seña de su arte y la razón vocacional de su existencia. Y llore amargamente su destino en una soledad irremediable que le acabe llevando a la locura, quizás por el temor a tener que pagar su abuso en Karma, quizás sencillamente, sin miedo ninguno de castigo, por un dolor profundamente serio en la conciencia. (Mira que buen argumento para un corto).
En cuanto a los de en contra, cada uno verá qué es lo que le sale de dentro argumentar si se le antoja, pero que no lo haga, por favor, con insulseces. A mí, por mi parte, no sólo no me excita la erótica taurina sino que hasta que me repele. Como español ya madurete, reconozco que algo debo de tener de torero por ahí. Pero me flipa (en el sentido de quedar estupefacto por el asombro) que esos actos puedan ser Arte para algunos. Nunca he disfrutado con la visión sangrienta y siempre me dan yuyu los fenómenos de exaltaciones colectivas. En cualquier caso, ya puestos a gozar con lo tremendo sería mejor, más justo, y de verdad más excitante, si fuera verdad que la Fiesta consistiera en un hombre contra un toro. Espectáculo total. Entran dos y sale uno. Vale el estoque, pero nada de picadores ni burladeros ni cuadrillas ni de auxiliar al torero cuando fuera él al que le tocara morir a corná limpia. Pero también me echa pa’trás este mundillo por lo que tiene de cañí y gloriaespañia, simplemente. Y ese tufillo que exhala a humo ceremonial de altar de secta rancia, de iniciados, de entendidos religiosos, recerrados en el ombligo de sus normas, llenos de pelusas de purismos y de arcaicas terminologías. Algo tiene la tauromaquia en su iconografía que me recuerda a la pasión de la de los católicos, que también, por cierto, me produce el mismo efecto repulsivo.

Pospost:
Del mismo modo flipo con las capaduras de mascotas. Son masivas. Quirúrgicas ¿Cuántas se harán en el mundo en una hora? Infligidas por dueños amorosos, más de uno ferviente activista antitaurino, eso sí, con la mejor anestesia clínica para el animal, y el más tranquilizador convencimiento de que la última mutilación que quisieran para ellos, se la van a hacer ellos al otro con todo el mimo del mundo y por su bien. A veces pienso también en ese veterinario que un día echa cuentas con horror de cuanto bicho tierno lleva mutilado en una vida dedicada a la atención de los animalitos. Y la verdad no sé qué es lo que me da más frío, si este o el torero.

Nota:
Toda esta disquisición sobre la tauromaquia está hecha desde las grandes plazas y las figuras más o menos grandes del toreo, pero existe un submundo de fracaso, seguramente mucho más numérico en todos los aspectos que el glorioso, que es el del toreo de mala muerte, el de los que van de troupe por las fiestas de los pueblos de tercera, con plazas desmontables y trajes de luces recosidos y toros resabiados, que ese ambiente si que es verdad que huele a cutre, y une sin adornos lo burdo y lo salvaje a lo patético. Qué de cuadros se me ocurren de sórdida comedia. De una de estas corridas supe un día que, tras pinchar no se cuantas veces al toro, todos los maestros ambulantes del cartel, sin conseguir matarlo, tuvo que entrar la Guardia Civil a rematar a tiros la faena.

Declaración final:
Los animales son biomáquinas autorreplicantes iguales a las nuestras, con la mismas bases de diseño funcional, andando en el mismo de dónde y hacia qué, quién sabe si menos perdidos que nosotros, y yo, en las diferentes relaciones que tengo con los que me cruzo en esta vida busco reconocerles como tales. Con algunos he llegado a creerme unido con un cariño cómplice más interesante que lo que me inspira la mayoría de mis semejantes. A otros me los como, o les fumigo para que no me molesten con sus revoloteos. Y, la verdad, cada vez soy más consciente del ser que estoy matando cuando destruyo el perfecto mecanismo de una mosca, de la tierna coincidencia existencial que comparto con mi gata, o de la triste expresión, como que de reproche, que tiene la caballa que destripo. Luego está que la vida no es otra cosa que eso. Y para acabar de dibujar mi rollo con los animales, yo también quiero quedarme ahora, como tan bien ha dicho Savater en su Rebelión en la granja, en El País (juro que cuando lo leí ya tenía yo acabado esto), con la imagen de Nietzsche “abrazado llorando al cuello del viejo caballo fustigado por su cochero. ¿Síntoma de locura o comprensión abismal de la irreductible desdicha de existir?”, acababa diciendo él. Pues eso.


Gracias a Forges, por ser.

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16 mar 2010

Rollos matutinos 34

Si se trata del Fin, el cómo poco importa.

Cuarenta y no sé cuántos van. Muertos. En un momento. Un nubarrón que viene del océano y anega la isla. De tirón. Por la noche. De pronto llega una riada de agua tierra y piedras y listo. Cuarenta y no se cuántas biomáquinas sensoras, programadas cada una para creerse, además de absurdamente eternas, el centro más importante del Universo que intentan registrar, convertidas en mierda, en cadáveres que de inmediato empiezan el proceso de descomposición. Arrasadas por la fuerza de la corriente como cuando vemos hormigas ahogándose en un reguerillo por el campo. Qué brutal demostración de que somos el mismo tipo de objeto, sujetos a la misma lista de amenazas y, seguramente, animados con y para los mismos objetivos de la Naturaleza. Para los que sobrevivieron, los barrizales, las irreparables pérdidas, los duelos. La certeza de que la normalidad puede quebrarse como se rompe un vaso al caerse de las manos. Para los cuarenta y no sé cuántos muertos sólo el silencio del Fin, repentino. Decisivo. Más que en nada, en la muerte, no importa el medio sino el fin. Quién sabe qué cuidados tendría cada uno con la conservación de su existencia. Quizás uno sufriera obsesionado con no comer eso que tanto le gustaba por lo del peligro del colesterol. Otra podría estar preocupada porque su hijo adolescente se había ido de marcha, y es el único de la familia que ha sobrevivido al estar fuera de casa. A otro me lo quiero imaginar limpiando unas sardinas, ahogadas en el aire, para hacérselas asadas cuando le pescó la parca ahogándolo en el agua. Lo más posible es que ninguno sospechara poco antes la inminencia de su término. Como tampoco lo sospecharían los dos ingleses muertos, días después, hace un par de días, a mil y pico kilómetros de distancia del que se preparaba la sardina pero por causa del mismo macrofenómeno atmosférico, al hundirse, por las lluvias excesivas, la techumbre del típico cortijo perdido en la Andalucía profunda donde habían venido a parar, propiedad de otro inglés al que estaban visitando, mientras tomaban té y veían la tele, que a lo mejor hasta emitía las tristes noticias de la reciente tragedia de Madeiras y los cuarenta y tantos muertos en el momento del plomf. El anfitrión, sin embargo, quedó, al parecer, aunque estupefacto, sin casa, y sin amigos y sin televisión, prácticamente ileso, para siempre.
No sé porque habrán sido estos cuarenta y no sé cuántos muertos los que me movieron a darle vueltas a nuestra insignificancia ante el desastre natural y no, por ejemplo, lo de Haití que había sido un poco antes y a una escala mayor, o cuando otros cataclismos anteriores, definitivos para el inconsciente colectivo, como el del Tsunami del terremoto marino de Sumatra, que además de anegar a cientos de miles en un rato fue el que nos grabado a todos en los sesos el término tsunami para siempre, palabra ignota hasta el entonces que, en cualquier caso, designaba algo que era como que nunca había existido antes en la realidad. Ha debido de ser cosa de los antojos que rigen las diarreas literarias. De todos, fue con estos con los que me entró el retortijón de las ideas. Y luego, nada más empezar a soltar haces de letras en el retrete de mi ordenador, de pronto, un estreñimiento verbal me cortó la deposición y, mientras apretaba las entendederas para evacuar lo imaginado a mediosalir, se ha pasado el tiempo y han ido ocurriendo más fatalidades, noticiadas por los medios, la doméstica de lo de los ingleses, amplificada por la cercanía local, y luego lo de Chile, que ha sido primero un seco remeneo y luego otro tsunaminazo. Pero esté, a pesar de haber inundado quinientos kilómetros de costa, con minúscula, muy poco retransmitido, porque la alarma social está ya acostumbrada al concepto y las olas y los medios informativos, tan sensibles a aprovechar lo sorpresivo, no encuentran ya en este fenómeno mortal el mismo gancho de audiencia que una vez tuviera. En cualquier caso, mira por donde, otra vez aparece el agua primigenia, tempestiva, reduciéndonos a escala de hormiguitas, llevándose a su paso todo, incluso pescando, otra vez, a otro que estaba preparándose los peces que estaba tan contento de haber pescado él, desde su barca, un poquito antes.
Amplificado así el área catastrófica y considerando el número de víctimas mortales en cientos de miles de millares, veo que habrá habido de todo. Ricos, pobres, listos, tontos, recién nacidos que sólo hubieran sacado la cabeza, prontos a expirar el último suspiro... Se me ocurre alguno que sufría porque sólo le quedaban cuatro meses por no sé qué tipo de cáncer terminal que le habían diagnosticado. Muchos estarían durmiendo a pierna suelta cuando el agua mortal les arrastró la cama, o se les vino el mundo encima en forma de cascotes. Gran parte estaba al parecer de vacaciones, tumbados al sol en la arena de las playas a las que habían ido a disfrutar del efecto relajante de las olas. Más de uno, sin duda, estaría dándole vueltas a cómo prosperar en sus especulaciones a costa de los otros con empresas y finanzas ¿No iba a haber por ahí algún gilipollas que estuviera escribiendo para dejar a la posteridad el arte de su elucubración? ¿Cuál sería su última ocurrencia? Se estaría haciendo de todo. Follando, comiendo, cagando, dándole a todo tipo de masturbación, preocupándose por esto y por lo otro, llorando, riendo, matando, sudando en una infinidad de afanes o perdiendo el tiempo de manera vil. Sufriendo, gozando, o ni fu ni fa. Viviendo. A lo mejor no faltó el que se estaba suicidando en el preciso instante. A este cojo y lo saco quitándose la cuerda del cuello con el susto y saliendo disparado lejos del desastre para vivir después una vida entera, por qué no, de éxito ejemplar y de felicidad envidiable. Desde luego, cuántas esperanzas rotas. Cuántos dolores rematados de una vez. Cuántas agonías abiertas de repente. Cuánto cuento de la lechera a tomar por culo en un momento. Cuánta empresa desbaratada y cuánto negocio abierto, para tantos. Porque, como decía mi madre, en esta vida unos tienen que morir para que vivan otros. Era su forma cruda y llana de enunciar eso tan trascendental del yin y el Yan. Destrucción y creación siempre van juntos, y desde luego ese aspecto comercial no lo desaprovecha nunca, en el Mercado, el sector que trafica con la muerte.
Es impresionante la tragedia masiva. Impone más que la individual y aislada. Pero eso sólo vale para el espectador. Para el que palma da lo mismo. Tal vez, el que ponía más arriba escribiendo cuando llegaba la ola criminal escribía:
Jayyan, el que cosía la jaima de los saberes,
ha caído en la noche y se ha quemado.
Las tijeras de la Parca han cortado su aliento
y un chamarilero lo ha vendido de balde.
Porque igual de trágico es sucumbir solo porque te caiga una maceta en la cabeza, o por cualquier mal funcionamiento orgánico, que con doscientos mil porque ha habido un terremoto, y, el mismo casual absurdo y sin sentido tiene pagar para ir de turismo exótico a Tailandia a morir por desastre natural que hacerlo, por ejemplo, en el reseco Afganistán del opio, por el impacto de una mina, soldado a sueldo de una guerra humanitaria de la Democracia. En cualquier caso, después, sigue la vida, y se siguen sacando sardinas a ahogarlas en el aire. Y se siguen ahogando aquí y allá algunos nadadores. Y vuelven las lecheras a llevar en la cabeza el sueño progresivo de su cántaro de leche, y le siguen atizando macetas en los cocos a los elementos que les cae la china, mientras van de copas, o de compras, o de paseo. O de entierro. O no. O no le parte a uno un rayo por más que viva de desatar tormentas. Porque en Esto en lo que estamos todos todo es, al parecer, pura cuestión de mera suerte, aunque al final del cuento, de espichar, por lo que se ve, ni dios se escapa.

Gracias, a Salvador por la imagen y a Omar por la última de sus rubaiyyat.


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3 feb 2010

Rollos matutinos 33


Desarreglos.


Puede parecer una idiotez pero es como te lo cuento. Será una miseria pero así es como engordan. Te parecerá de tontos rebotarse por tan poca cosa pero a lo mejor, en ese caso, el tonto me parecerías tú a mí, que no te habrías ni extrañado y que, encima, hasta me considerarás un histérico hipercrítico y depravado insolidario.
La cosa es que es martes y además de desarreglos. De entrada, la conexión de Iberbanda con la que tengo teléfono e Interné no funciona desde ayer. En las últimas tres semanas hemos estado sin conexión tres días. Además tengo el coche en el taller desde el viernes y me aseguraron que me lo darían hoy. Como no me funciona el teléfono no podía estar seguro de si me habían llamado o no para decirme que me lo tenían. Entonces les he llamado con el móvil y me han puesto al corriente de una triste historia que me ha informado de que, como muy pronto, estará para mañana, y de que tal vez, aunque en realidad no me han dicho nada sobre eso, por ciertos detalles del relato sobre la dificultad habida en conseguir la pieza, puedo ir preparándome por si hay susto en el costo. Qué se le va a hacer. Hace tiempo que me digo que no hay que inritarse por nada en este mundo y menos por una tontería. Lo peor es que se me caduca la iteuve, para la que ya tenía cita para mañana. Entonces he pensado que iba a ser bueno e iba a llamar para anularla. Claro que como es un nuevecerodós no es cosa de llamar con el móvil porque no veas el palo. Así que he decidido bajar a la cabina de la plaza a hacer la llamadita. También podía haber pasado y santas pascuas, ahorrarme el gasto y el trastorno como cualquier persona normal, pero como soy gilipollas, he decidido ser bueno, ya lo he dicho, y he buscado las monedas que podía tener sueltas y he bajado con un euro diez a cumplir con mi deber de buen ciudadano. Enfrente de la cabina, con las puertas abiertas de par en par, están de entierro en la iglesia y, al lado, en medio de la calle, el coche fúnebre con la trampilla levantada espera que le metan por detrás el féretro cuando salga del oficio. Pero eso nada tiene que ver con esta historia, sino es poner una cierta nota tétrica y verídica en el decorado. Llego pues al único teléfono público del pueblo, que es un maquinón enorme clavado en la pared, mientras descuelgo veo que tiene escrito de fábrica encima algo de euro no sé qué, que debe de querer decir que está dentro de norma, y meto el euro diez. Marco. Entonces ha arrancado una voz de tío muy seria y profunda, de dicción mecánica muy profesional, y ha dicho algo así como que todas las iteuves de la empresa de iteuves andaluzas iban a abrir el domingo para dar la recaudación a lo del terremoto de Haití, pero con una alocución tan historiada que para cuando ha acabado de soltarlo todo, y para mi sorpresa, quedaban sólo 25 céntimos de saldo en la pantallita de saldo del teléfono y nada más salir por fin la voz de la tía que se encarga de las citas se ha cortado la comunicación, a pesar de que, según la pantallita, quedaban todavía 10 céntimos de crédito, porque debe ser que corta por lo sano para no perder uno siquiera. Y ahí me ves como un tonto del culo, alucinado con lo que me acababa de pasar. Por mi cabeza ha pasado, lo primero una perplejidad que no acababa de dejarme dar crédito a lo que había oído, y luego una constatación de que tal comunicación le había supuesto a la telefónica un euro de ganancia. Porque los diez céntimos me los ha devuelto al colgar como si fueran una mierda. Entonces subo a casa y busco más monedas. He encontrado un euro sesenta y he decidido volver a llamar para ver si lograba, todavía, como un gili que soy, conseguir anular la cita en beneficio del sistema y del bien común (también, y sobre todo, del de la telefónica), pero también, y sobre todo, para recabar detalles de la grabación. Llego al teléfono, repito la marcada y en cuanto vuelve a salir la voz mecánica del tío que recita, aplico todos mis sentidos, y aunque no puedo recordar los detalles grandílocuos exactos, lo que dice es algo así:
Que La empresa no sé qué de iteuves de Andalucía abrirá sus puertas el próximo domingo, que la totalidad de la plantilla ha decidido trabajar ese día para entregar su salario para ayuda a los damnificados del terremoto, que si quiere usted pasar la inspección técnica de su vehículo ese día, ponemos en su conocimiento que la totalidad del importe de su servicio será entregado para los de Haití, que no hace falta tener cita previa para ello, y por fin que si usted está interesado en pasar la revisión de su vehículo otro día espere un momento por favor que ahora sale la operadora.
Para cuando sale la tía quedan 70 céntimos de crédito en la pantallita del telefonón, 60, 50, para cuando le he explicado que quiero anular una cita porque no me han devuelto el coche del taller y le he dicho la matrícula que me ha pedido, 30, 20, para cuando me dice que un momento señor, señor no se retire que va a anularla y me pregunta si quiero cambiarla para otro día, piiiii, fin de la comunicación, aunque en la pantallita ponía 10 céntimos de crédito como la otra vez, pero esta, cuando cuelgo, no me devuelve nada.
Medio pasmado vuelvo a subir a casa, pensando qué hacer, si volver a llamar, si mandar la anulación de la cita a tomar por culo, si pedir cita nueva por si acaso está el coche para mañana, si pasar hasta que sepa seguro cuándo me da el coche el taller... Me ha decidido a volver a llamar el morbo de intentar grabar el jodío mensaje. Entonces he buscado más monedas por toda la casa, pero no he logrado encontrar nada más que otro euro con ochenta. He cogido la pequeña grabadora digital y me he dirigido al teléfono de nuevo con ánimo raposo de inmortalizar el mensaje impositivo que me había sacado ya una donación, si no excesivamente grande sí descaradamente obligatoria, pero a la compañía telefónica. Bajo, paso al lado del conductor del coche fúnebre, con traje negro barato, plante de macarra rural, y gafas negras de las de los negros, que ha salido del coche y habla con su ayudante, una mujer vestida con pantalón negro y jersey rosa pálido, al lado de él, también fuera del coche, descuelgo, llamo, y antes de que salte la voz, aplico el micro de la grabadorilla al auricular. Así que ahora sí puedo decirte exactamente lo que dice el menda:
Las cincuenta estaciones ITV, gestionadas por la empresa pública Verificaciones Industriales de Andalucía, abrirán sus puertas el próximo domingo 24 de enero para ayudar a los damnificados en el terremoto de Haití. El personal de V.E.I.A.S.A. trabajara ese día de forma altruista y la empresa donará el cien por cien de la recaudación a la Cruz Roja en beneficio de las víctimas. Si está usted interesado en realizar la inspección Técnica de su vehículo en el próximo domingo veinticuatro, no es necesario que pida cita previa, será atendido en todas las estaciones de nueve a una y media por orden de llegada. Recuerde que ese día el cien por cien del coste de su revisión irá destinado a quienes más lo necesitan. Si usted no pudiera realizar la revisión de su vehículo en dicha fecha, no cuelgue, enseguida será atendido para la gestión de su cita. Muchas gracias.
Todo esto dicho con su pompa, su eco y su parsimonia.
Para cuando por fin tengo a la tía, le cuento que se me ha cortado la comunicación durante la anulación de una cita y no sé si se ha anulado o no, (creo que es la misma pero no puedo estar seguro), le vuelvo a dar la matrícula que me pide, y me dice que sí, que estaba ya anulada, la pantallita del teléfono marca que me quedan 40 céntimos. Ella me pregunta que si me da una cita nueva, yo le digo que si no pasa nada porque pida una y luego la vuelva a anular si el taller me vuelve a fallar y ella me dice que no, le voy a decir que me la dé para el jueves y entonces veo 30, en la pantallita, le digo que no va a dar tiempo que estoy en una cabina porque no me funciona Iberbanda y que no me quedan más monedas ni tengo dónde conseguir cambio, ella dice que se puede intentar y yo, viendo que marca 20, le digo que no, que no da tiempo, que la culpa es del rollo ese que se marcan al principio y que ya me ha costado varias llamadas y perder todas mis monedas, y encima no he podido hacer la gestión. Sí, alcanzo a oírla decir secamente, con un claro deje de fastidio, lo juro, que me indica que no debo de ser el primero que se queja y que a ella tampoco le debe parecer la idea de currar un domingo buena al cien por cien, y se corta por tercera vez la comunicación. Con la pantallita como siempre marcando que quedaban 10 céntimos todavía.

Entonces, más perplejo que iracundo, porque no tiene sentido cogerme un arrebato, aunque sin poder evitar tender a cabrearme, diciéndome que por lo menos había conseguido captar el mensajito, he decidido ponerme a escribir como una especie de terapia y forma de sacar provecho de las pejigueras haciendo con ellas este Rollo matutino. Porque es alucinante. Alucino con que toda una plantilla de currantes decida currar gratis un domingo. Alucino con la conjunción del mensaje solidario y el robo del nuevecerodós. Me sorprende que un ente empresarial de la Administración haya decidido dar toda esa pela y pueda, administrativamente, hacerlo ¿De qué estamento de la empresa, pública, habrá saltado la chispa genuina de la idea y cómo habrá ido fraguando hasta la unanimidad gremial? No sé por qué me asquea pensar en los hilos que han tejido esa madeja ejemplarizante. Haya sido la génesis vertical o horizontal, la bola se ha debido de cocer en una tríada perfecta. Se habrán acordado la esfera mercantil con la política y la sociosindical. El asunto, lejos de congraciarme con un supuesto ejemplo humanitario de encomiable civilización, me mosquea. Me mosquea de forma espontánea e instintiva. Y eso me hace sentir de alguna forma por ahí si no debería plantearme el por qué soy yo tan malo. Encima. ¿Por qué?, me cago en la leche puta ¿Por qué encima voy a tener que tener corte de tener mosqueo por verme obligado a dar dinero a una empresa choricera en nombre de un rollo solidario? Además, algo me repugna en sí en este asunto de solidaridad corporativa. Instintivamente ¿El tono ampuloso del anuncio que tan caro me ha salido recibir? ¿La génesis de moralina neobeatona y de qué bueno que soy que sostiene este tipo de acciones? ¿El ver el río de dinero que el desastre ha empezado a generar nada más producirse y que principalmente va a servir para regar las propias estructuras responsables de que esa gente que dicen auxiliar lleve siglos en la putísima miseria y lo que les espera? ¿Ese tilín que tiene por ahí este tipo de acciones de borregüilismo de ayer y de mañana? No sé. Lo que sea. Pero algo me repele en este asunto ejemplar de solidaridad síndica de empresa colectiva que me han hecho tragar hace un momento, y no es precisamente lo que más el precio de su obligada información.


Miércoles. Vuelve a funcionar mi teléfono con Iberbanda y a medio día me avisan de que el coche ya está. Así que vuelvo a llamar para pedir cita para el día siguiente y me tengo que volver a tragar otra vez el rollo. Pagando. Poco o mucho, pero soltando. Obligatoriamente. Para una empresa no precisamente buena. Bueno. Estamos en un mundo rico y yo debo ser el único que considere esas pequeñas cantidades de cuatro o cinco euros. Aprovecho para tomar notas mentales del tono, de detallitos, de las cosas que me sugiera para escribir luego esto... Cuando por fin sale la tía y le explico, me dice que para el día siguiente ya no puede darme cita y que para el otro que le dé la matricula si soy tan amable y luego me dice que sí, que para el viernes a las diez. Esta vez, como no ha habido monedas ni pantallita meditoria, no te puedo decir cuánto he ingresado en la sagrada cuenta de las telefonías.
Por fin decido ir el jueves a primera hora sin cita ni hostias a ver qué pasaba. Me encuentro con que no hay casi nadie y me cogen los papeles en seguida y sólo tengo que esperar veinte minutos. Lo hago tranqui seguro de que todo irá bien porque ya me han revisado el coche en el taller. Pero no. La luz de freno. Que no va, dice el chavalito que lo mira. Pero cómo. Nada, que no va. Que tengo que pedir cita, me precisa, para volver cuando esté arreglada. Vuelvo al taller. Sí, ciertamente, no va. Esas cosas pasan, es el interruptor del pedal, me dicen. Juran que ayer funcionó cuando lo comprobaron. Tres veces. Pero eso no es problema, concluyen, lo piden y por la tarde cuando llegue en un plis plas me lo ponen y ya está. Así que, claro, tengo que llamar otra vez para volver a pedir cita porque, aunque tengo pedida la del viernes, como es sólo comprobar que ya funciona la maldita luz, quizás me puedan dar para esa misma tarde. Llamo. Las cincuenta estaciones ITV, gestionadas por la empresa pública, Verificaciones Industriales de Andalucía, abrirán sus puertas... Sus muertos todos y la puta mierda del tío y de las cincuenta estaciones. Sale por fin la tía pasado el rato y otro euro, le explico. No se dan citas para el mismo día señor. Es que... (le explico que sólo es para la luz de freno) Sí pero le estoy diciendo que no damos citas para el mismo día, puedo mirar si hay para mañana, dígame la matrícula y para donde la quiere..., ¡Para mañana tengo ya una a las diez!, Sí, pero usted la quiere de segunda inspección ¿no es eso?, pues la que usted tiene es para primera y esa no le vale, Bueno pero..., Déme la matricula del coche (se la doy). Mire le puedo dar para mañana a las diez, ¿le conviene?, Sí, De acuerdo señor, tome nota, tiene usted cita de segunda inspección para mañana viernes a las diez en la Inspección Técnica de... Alucino.
Al final fui esa tarde otra vez sin cita y no había nadie y en diez minutos me habían mirado la luz y ya estaba todo y se acabó esta triste historia. Bendita sea la gloriosa burocracia y prosperidad tenga el mamoneo que se nutre de sus tretas. Plaga, al fin, inradicable.

¿Y en cuanto al domingo solidario...? No sé, ha sido hace unos días, y según han dicho en la tele se han sobrepasado todas las expectativas, un éxito. Y yo me alegro. Pero sigo pensando…, aparte de todo eso de que luego no llega ni la mitad, y de que las empresas y los bancos usan el dinero y la oportunidad de la caridad para forrarse como con cualquier otro negocio, y de que en los desastres que han ocurrido hace diez años todavía no ha llegado ni la mitad de lo recaudado, que eso ya se sabe que es así pero que no es por donde voy ahora y que algo llegará y que a lo mejor es verdad que es mejor que se les dé, aunque llegue sólo un poco, que que no les llegue nada, ¿no hay por ahi en este caso concreto un error elemental de cálculo? Porque la inspección técnica no es un bien que se consuma a voluntad, sino todo lo contrario. Luego el número de inspecciones que se hagan en un periodo va a ser el mismo con domingo solidario que sin él. El sacrificio del descanso dominical es improductivo en este caso. Igual habría dado que la empresa pública, Verificaciones Industriales de Andalucía, hubiera declarado solidario cualquier otro día laboral. A efectos económicos. Que es el único efecto que debería de importar en este tipo de acciones. Es más, haciéndolo un día laboral la empresa se habría ahorrado el gasto de mantenimiento de las instalaciones y de cierto número, exacto y cuantificable, de sobre emisión de ceodós que se habrán generado currando un día extra. Y se habría evitado además el peligro de dos posibles desajustes funcionales que encerraba el domingo laborable. Que, o bien por acudir mogollón de solidarizados se hubieran ocasionado atascos, esperas y sobrecargas que en días normales llevan siempre a tensiones horrorosas (como al parecer pasó, porque han dicho que el dinero de los que no pudieron ser atendidos también será entregado a la causa cuando pasen por fin la revisión, y aunque, como sarna con gusto no pica, las esperas habrán dado lugar a escenas de confraternización dominical y solidaria), o que (conociendo el panorama, era muy poco probable) hubieran acudido tan pocos parroquianos que no hubiera servido de nada toda la campaña organizada. Para todos los efectos era mejor hacerlo un día laboral. Lo único que no habría conllevado la forma de aportar en día de diario es la dosis de bombo y platillo del olor de sacrificio obrero extra que tiene lo de currar un domingo sin cobrar. Ese toque efectista y penitente habría sido lo único que se habría perdido. Pero claro, precisamente, ese matiz seudo ecucarístico que tiene la ofrenda de la festividad, aunque no sirve una mierda para aliviar el dolor de las pobres víctimas haitianas, es, sin ninguna duda, lo que más habrá alimentado aquí al rollo macareno del globo humanitario que les ha llevado a estar, a todos, de acuerdo en hacer el sacrificio de ese día de asueto en su socorro.

¿A todos? permitidme que a mi edad yo no pueda ya creerme ciertas cosas. No es por sacarle punta al lápiz pero, cuántos no habrán ido a currar ese domingo cagándose por dentro en fulanito, que siempre tiene que estar dando la nota implicando a los demás ¿Habrá habido votación? ¿Cómo se habrá decidido por cada centro de trabajo si había suficientes de acuerdo como para poder abrir? ¿No ha habido nadie que haya planteado que currar más en realidad no aportaba nada? ¿Hasta que punto habrá influido en algunas criaturas tener contratos más o menos inseguros? ¿Cuantos niños, y otras excusas, habrán sido enfermados, o ocurridas de forma repentina, como achaque para hacer eludible lo que no era desde luego fácil de eludir diciendo sin más que no se tenía puta gana?

Y, en otro orden de cosas, ¿cuántos de estos solidarios domingueros albergan, a diario, por ejemplo, tremendas ganas de endurecer la ley de extranjería? ¿Que qué tiene que ver? Pues mucho, mucho, por ahí van los tiros de lo que me repele a mí de este tipo de parafernalias. Más si son corporativas. Y desde luego si, como en este caso, por eso de no producir el sacrificio beneficio, se convierten en una prueba palpable de que la caridad de antaño, la rancia, la de toda la vida, la de aquella noble señora hijastra de una exprincesa que husmeaba las bandejas tras de un güiski on the rock en aquella fiesta a beneficio de los huérfanos, los huérfanos, y de los pobres de la capital, aunque se haya convertido hoy, además de en una carrera universitaria con futuro y en un tipo de empresa de mercado floreciente, en todo un fenómeno social y postmoderno, sigue teniendo todavía ese regustillo penitencial a día del ayuno voluntario. Pero ahora, la solidaridad, además de servir como la caridad para ser bueno, sirve para lavar las conciencias de un Sistema que ya no se basa en la explotación de una clase social en beneficio de la otra sino en desarrollar salvajemente el tercer Mundo en aras del bienestar, dentro de un orden, de todas las clases del primero. Por eso, antes, las que se solían purificar absolviéndose con el ejercicio de la caridad eran las beatas de las familias pudientes y, ahora, creerse felices constructores de un mundo mejor con aportaciones solidarias es cosa de todos los consumidores de una pequeña parte del planeta, al fin y al cabo rica a costa de explotar a esos con los que se solidariza cada día más.

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16 ene 2010

Rollos matutinos 32

Colage de obispos, curatos, obispillos, obispones, y munillas.
Mi primer arrebato cuando leí lo que decía el menda fue escribir: obispo, v’uste a que le den morcillas. Así, como suena. Sin más. Y dar el post por terminado.

Luego, me he dicho de escribir algo sobre la pinta que tiene. Por insana ¡Pero cómo se atreve ese espantajo travestido a pasarse de esa manera con la gente de Haití, con la putada que les ha caído encima! De modo que a ese fantoche con ínfulas divinas le ha parecido ayer, un par de días después del terremoto, al tiempo que al parecer se están haciendo barricadas por las calles con cadáveres, que hay una cosa peor que el desastre de Haití y es el que yo y, según él mismo, la sociedad es su conjunto, nos pasemos por el forro de los cojones la idea de moral que él y su podrido dios nos quisieran imponer. “Nuestra pobre situación espiritual” dice, que “nos tendría que hacer llorar”. Se querrá referir a la de de los españoles, o a la de la humanidad, porque a la ruina moral de la puta secta a la que pertenece y que nos lleva jodiendo desde hace 1700 años no se refiere el personaje que de ella vive como un señor obispo, nunca mejor dicho. Pero, qué es la mierda subconsciente que tiene en su alma para poder decir una cosa así en tal momento ¿Que es un castigo de dios por ser tan malos? Y luego va y rectifica y dice que se refería a un sentido teológico y que el mal de esos pobres no tiene la última palabra porque Dios les ofrece felicidad eterna. ¿?????????????? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡! Literal oye. Alucinante, pero en realidad, esa es la doctrina de esa institución tan turbia y eso es lo que vende. Y lo que siempre ha impuesto y trata de imponer. Y la marcha perversa que le va a la Guarrindonga. El dolor como cosa que conduce al cielo, más deprisa y más mejor cuanto más doloroso dolor sea.
Y de paso, ahí queda implícito como quién no quiere la cosa lo del Infierno que nos va a caer por ser tan malos.
Yo, lo que habría hecho, si hubiera sido dios, ante un ser así, para ejemplarizar la justicia divina, habría sido mandarlo allí tal cual, con mitra y faldumentos incluidos, de forma fulminante nada más acabar de soltar esa parida por su boca, para que se le quitaran las ínfulas, y dejarlo en medio mitá de todo aquél desastre a ver si se ganaba el cielo que dice administrar.

Y mira que guiños cachondos tiene a veces el lenguaje. No estaba yo seguro de si el capirucho ese tan recamado que llevan encima de la pelota se llamaba mitra y he mirado el María Moliner:
mitra (del lat. «mitra», del gr. «mítra», y éste de or. indoiranio)
1 f. *Gorro terminado en punta por arriba que usaban los antiguos persas y usan todavía los parsis.
2 Gorro formado por dos piezas, una delante y otra detrás, terminadas en punta por la parte superior, que llevan en las ceremonias los obispos y otras dignidades eclesiásticas. Þ Tiara. Ínfulas.
3 Dignidad de arzobispo u *obispo. ¤ Territorio de su jurisdicción. ¤ Conjunto de sus rentas.
4 *Rabadilla de las aves. Crepón, obispillo.
Y me ha hecho gracia esto de que el lenguaje, que es la cosa que más directamente está ligada a la creación libre del pueblo, ligue mitra, rabadilla de las aves y obispillo. Así que he seguido indagando.

obispillo (dim. de «obispo»)
1 m. Niño al que, en algunas catedrales, visten de obispo el día de San Nicolás de Bari y le hacen asistir así a vísperas y misa mayor.
2 Antiguamente, en las universidades, *alumno a quien ponían una mitra de papel y le tributaban acatamiento burlesco.
3 Morcilla grande que se hace en los pueblos cuando se mata el cerdo; en algunos sitios, con carne picada, huevos, almendras y especias. Ô Obispo.
4 *Rabadilla de las aves.
¡Anda!, y mira tú por donde, obispillo junta, además de con culo de las aves, obispo con morcilla. Cuanto me alegro de haberle mandado al principio, en vez de a tomar por donde se rompe el saco, a que le dieran de ellas, o sea de él mismo, que no habrá mayor castigo en este mundo. Es como si de pronto viniera, o viniese, el destino a insuflar no sé qué de espíritu redondo morcillero en la clarividencia de mi escrito. Y también relaciona el lenguaje (con sabia intuición) ínfulas con tiaras, obispos y otras dignidades eclesiales. Así que busco las ínfulas que le habría quitado yo de ser un dios, de golpe: Curioso, a pesar de aparecer en la descripción como plural, no aparece en las entradas nada más que en singular:

ínfula (del lat. «infúla»)
1 f. Tira de lana blanca con que se ceñían la cabeza los *sacerdotes de algunas religiones antiguas, y también, a veces, los *reyes, dejando caer los extremos a ambos lados.
2 (gralm. pl.) Se aplica a las cintas que, en número de dos, penden de la *mitra episcopal.
3 (inf.; pl.) *Orgullo o *presunción. Actitud de exigir obediencia, acatamiento, respeto, etc., a los que no se tiene derecho, o exagerados: ‘No vengas con tantas ínfulas’.

¡Vaya!, así que resulta que son un par de trapos en vez de una peculiar forma pretenciosa de mala follá. Sin embargo queda bien claro que en plural, ínfulas, quiere decir eso, creerse en posesión, con orgullo y presunción, de poder exigir acatamiento y obediencia por la cara, en clara alusión a las ínfulas obispales que penden del gorro en número de dos. ¿Cuál es el sentido pues de ese ínfulas que aparece asociado directamente en la palabra mitra con las dignidades eclesíasticas? ¿El de simple plural de cinta o el de mandón de soberbia impenitente?

El lenguaje es siempre revelador e irreverente, y más si del español se trata. Y el del culo de pollo en la cabeza tiene toda la razón en lo de que hay algo peor, no sólo que los males de Haití, sino que el más malo de los males: él. Su propia esencia. En ese vicio que tiene de andar juzgando a los demás. Podría volver su mirada inquisitoria para adentro, a lo aberrante de su moral curiana. O debería decirse curial. Vuelvo a mirar los diccionarios y vuelve a aparecer otra curiosa concomitancia significativa, curiana es cucaracha, dice el Moliner,

curiana (¿de «coriana», por alusión al traje negro de estas aldeanas?) ¬f. *Cucaracha (insecto dictióptero).
Y flipo con las interrogaciones que puso esta mujer en su duda etimológica. Porque no creo yo que venga esa palabra, por asociación hispana entre el negro cucarachil de las cucarachas con las mujeres de Coria, población de la provincia de Cáceres, por el negro de sus faldas aldeanas, de coriana, que además exigiría un improbable cambio de o en u, sino más bien de, con las negras sotanas de la curia, curiana. Que sería en cualquier caso mucho más lógico y directo.
Y cómo prueba de esta posible raíz etimológica se me viene a la cabeza una asociación de palabras del Barranco, que descubrí al poco de llegar, no sin estupor, en el que llaman curianas a un tipo de escarabajo de abdomen muy largo y panzudo, que nunca yo había visto antes, completamente negro, de aspecto rechoncho y sotanario, que parece moverse perezoso por tener que arrastrar su enorme vientre por el campo en primavera. Busco en Interné a ver si encuentro la fotografía del bicho y por curiana sólo salen cucarachas, pero por fin encuentro todo sobre él. Bendita sea la Red que todo lo sabe y todo lo pesca. Lo que encuentro con la foto en macroinstantes.blogspot dice así:

La aceitera común (Berberomeloe majalis) es una especie de coleóptero polífago de la familia Meloidae que alcanza gran tamaño, ocasionalmente más de siete centímetros, convirtiéndolo en uno de los coleópteros más grandes de Europa.

Pues esos son los que, al menos algunos que yo he oído, llaman aquí curianas, y cuando los ven les dicen, curato curato, si no me cantas misa te mato, chofsh, y se los espachurra con el pie.

¿Estamos ante una inapropiada inclinación mía a la explicación anticlerical fácil, latente de otra parte en un pueblo que estaba hasta la corinilla de tener que aguantar el muermo de los curas sin poder decir ni pio por los siglos de los siglos, o ante un tapujo diccionarial de una mujer que tuvo que escribir bajo el poder eclesiástico del más duro franquismo?

No lo sé, los misterios etimológicos son al fin siempre inescrutables, pero desde luego la comparación les viene que ni al pelo a ese ganao, por la pinta y por la definición, eso de polífagos y de ser uno de los más grandes coleópteros de Europa. Yo por mi parte, juro que así como lo cuento he oído llamarlos, y he visto proceder con ellos, en efigie. Y lo juro por los dioses verdaderos, que no por el dios feo y falso del del capirucho con ínfulas en su cabeza ida de iracunda piadez. Por los verdaderos dioses lo juro que no me he inventado lo que cuento, por los alegres dioses, por los que buscan el gozo, por los que ríen a mandíbula batiente, por los que gustan de bailar y encima lo hacen bien. Los mismos que me han asegurado divertidos que ellos no tienen nada que ver en absoluto con ese tipo de visionarios peligrosos que aseguran estar en comunicación con ellos, para meternos miedo y corromper la vida.


Mil perdones, en nombre de estos miembros matabichos de mi especie, al pobre insecto que, en mi opinión, no tiene nada feo para que le haya tocado cargar en él con la fealdad que les corresponde a otros.

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