28 abr 2010

Personajes 4

El colocado



El pobre en su simpleza había llegado a estar seguro de estar seguro en el bienestar de su burbuja. Al principio empezó a abrirse camino con los dientes sin saber muy bien ni donde estaba, pero según fue creciendo se dio cuenta de que había caído donde había que caer. Vamos, que su progenitor le había colocado en to’el meollo que se dice. Una vez instalado en aquel mundo propicio él sólo tenía que dedicarse a crecer, para lo cual tenía todo a pedir de boca. Así que hizo lo que se esperaba que hiciera, devorar como una tuneladora todo lo que se le ponía por delante y engordar lo más rápidamente posible, y cuanto más devoraba más crecía y más sitio se iba haciendo en su seguridad. Intuía que cuando su crecimiento tocara techo tendría que enfrentarse a algún tipo de metamorfosis, no le iba a durar eternamente aquella dulce etapa rutinaria, pero eso no implicaba nada malo sino todo lo contrario y, mientras tanto, el mundo era un paraíso y estaba allí para eso, para que se lo comiera a su antojo, para envolverle tiernamente, para darle todo lo que necesitaba, para servirle de matriz donde gestar su sueño, para él. Y él sólo se lo tenía que comer. To pa’mi, to pa’mi, se decía glotón, creyéndose el Dios de un infinito inagotable, mientras metabolizaba el entorno con voracidad cada vez más difícil de saciar. Cuanto más crecía más seguro se sentía de poder comerse lo que le hiciera falta. Entonces puede que llegara a pensar, quizás siquiera por un rato, como quién no quiere la cosa, por qué no, en el ser de su existencia. A lo mejor llegó a darse cuenta de que aunque dejara de sentir el apetito ansioso que sentía por devorar todo su espacio sin parar tendría que seguir devorándolo sólo para poder hacerse plaza para seguir creciendo. Porque no podía dejar de crecer y si dejaba de hacerse sitio perecería ahogado por la propia estructura de su mundo. Pero eso no iba a ser nunca un problema porque estaba muy bien dotado para abrirse camino en un medio que parecía haber sido creado para alimentarle a él y de pronto llegó la crisis estructural tan inesperada como irreparable. De repente, como llegan estas cosas. Alguien empezó a escamochar con fuerza la inflorescencia en la que se arropaba causando un montón de vuelcos y de ruidosos cracks desgajadores de las hojas exteriores de su medioambiente, pero él no llegó a creer que eso le afectara recerrado como estaba en el corazón profundo de la compacta seguridad de su seguro cosmos hasta que sintió el shiiiip frío atravesando de por medio su organismo y un craackhhhggg horroroso desgarró el universo dejando su agujero abierto de par en par a una luz tan cegadora que no podía ser otra cosa que mortal y su cuerpo cortado en dos mitades, separadas para siempre la punta del culo de la de la boca, con cuatro pares de piececillos moviéndose convulsos todavía en cada una de ellas pero ya sin ninguna posible continuidad en el rollo vital que habían construido juntas hasta un momento antes. Por primera vez en su vida dejó de roer. Sin poder detener el movimiento mecánico de sus mandibulitas miraba con sus ojillos al ser monstruoso que tenía el capítulo de su vida destrozado en una de sus manos y un objeto afilado y reluciente en otra. Ajustaba su mirada en él desde su enormidad y, aunque él no estaba programado para poder constatar ese detalle, el monstruo contraía el gesto observante con un mohín como de asco sorprendido. Y sí, miraba las insignificantes medias larva retorciéndose en el corazón de la alcachofa que acababa de tajar con el asco desdeñoso de una repugnancia más convencional que realmente asquerosa, y me dio el punto de saberme señor de la vida y de la muerte, sobre todo de la muerte, y aprovechando la visión de la atroz agonía que había creado con mis manos, me puse a dilucidar cómo, en esta curiosa vida, se pasa en un plis plas de estar como dios en el mundo de uno a ser un puto gusano rebanado sin remedio en dos mitades por el cuchillo de un elemento hijo de puta que ni siquiera se puede comprender.

la foto es de la exposición Macro-Micro, casaciencias.org

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6 abr 2010

Rollos matutinos 36

Documentos arqueoblógicos sobre Pedericto XVI




Pedericto XVI, nombre con el que se conoce al pontífice de una de las sectas más pudiente en los tiempos del Barroco Digital de la Primera Planetarización, o Edad del Puntocom, marca, definitivamente, la decadencia social de esta hermandad extraña, de misoginia patológica y morbosa adoradora de ídolos abiertamente sadomasoquistas, que, sin embargo, había logrado prolongar su influencia sobre la cultura humana durante un par de milenios. Todos los estudiosos coinciden en señalar la connivencia de Pedericto XVI con el facto pederástico, que, aunque inherente y de siempre conocido y asociado a su organización por el subconsciente colectivo (datos documentales hablan ya de estos escándalos en el s.IV), afloró a la luz pública durante su reinado haciéndose innegable de forma alarmante y general, como la causa del principio del fin de cierto tipo de poder ritual que aún mantenían sobre la sociedad civil. Pero algunos especialistas en la mitología supersticiosa de principios del S.XXI mantienen que, Pedericto, no fue en realidad el nombre que este personaje adoptó originalmente en el momento de ser elegido para el cargo por su logia, sino que le debió de ser impuesto por un tipo de guasa general y espontánea y que tendría raíz etimológica con pederasta y adicto. De todas formas son estas teorías peregrinas, ya que no existe indicio alguno de cuál podría ser ese otro nombre supuestamente primigenio. Por el contrario todos reconocen como el documento histórico más antiguo sobre Pedericto el encontrado por el arqueoblólogo Rebus Kando N’larré, entre los restos virtuales de la era del blogspotismo, atribuido al excelso Elbarrancario, dónde ya se cita a esta figura sólo con ese nombre. Se trata de un texto por desgracia no integro, pero sí en admirable estado de conservación del código binario, que se titula:


La santa falsederastia.

Ay señor, otro post de curerías. Mira que no quería andar yo posteando más a costa de la perversión religiosa que, aunque es un tema inagotable, imprescindible para la salud pública, y que enseguida me enciende, había decidido darle la callada como mejor desprecio. Pero es que las denuncias de pederastia son tantas y tan fuertes que parecen blancos culitos inocentes explotando como palomitas de maíz en las negras congregaciones del santo jollín, por todas partes del planeta donde hayan tenido poder sobre los niños. Y la desvergüenza de la jerarquía vaticana de contestar encima con que son sólo malas “murmuraciones de las opiniones dominantes”, “ataques”, “confabulaciones como las del tiempo del antisemitismo”, “habladurías”, es tan

... (trozo de código imposible de leer)

no necesitábamos en este país nuestro ninguna denuncia periodística para saber lo de que los curas suelen tender a meter mano a los niños. Tampoco que se les ha estado metiendo hostias y levantando en vilo de los pelillos malos de la nuca y de las patillas y otros miles de formas rebuscadas de causar daño humillante con evidente gozo, cuasi sexual sino enteramente y por completo, por parte de cochinos religiosos. Cualquiera que sea ya madurete lo sabe por poco contacto que haya tenido con ellos de pequeño. Yo tengo que recordar, aquí ahora y sobre esto, al Padre Cachimba, el muy hijo de puta, que se ponía, con religiosa asiduidad, en la estrecha puerta que comunicaba la empinada escalera que subía de la calle con el pasillo de entrada de la academia particular donde yo estudié primaria, por la que teníamos que pasar todos los críos, de uno en uno, a la vuelta del recreo, con la gruesa cachimba, que le dio nombre eterno, agarrada por el extremo de la boquilla, con la punta del índice y pulgar, para dar mayor efecto al cazoletazo fuerte y seco con que trataba de picar cada cocorota, retándose goloso a que no se le escapara una sin pegar. Pocas veces lograba uno burlar el cachimbazo y juro que vi casos en los que el chichón llegó a pintar en sangre. Recuerdo una vez uno que se mareó. Por supuesto lo vivíamos como un juego natural, del que disfrutábamos incluso en algún modo masoca, y al que tenía él todo el derecho, de parte de una sociedad, basada en el nacional catolicismo, que hubiera metido en un correccional a cualquiera de nosotros que se hubiera atrevido a ir al director a denunciar algo que, entonces, no se podía ni soñar que iba a acabar siendo llamado “malos tratos”. Omito describir los profusos bofetones a que nos sometía luego durante las absurdas clases de su religión, y la cantidad de casos que, como este, a pesar de no haber ido nunca a ninguna escuela religiosa, tuve que vivir, a lo largo de mi educación, con otros padres de diferentes nombres y sotanas, sin embargo, todas igualitas de brillantes en el negro untuoso de sus telas, a la del Cachimba, supongo que por la crasa pátina de mierda que había ido percudiéndolas en toda una existencia de sucia aureola procaz y sin lavar. Tampoco creo yo que nos haga falta a los de mi generación que nos vengan a contar ahora con pruebas y señales lo que todos sabíamos del gusto de estos padres de almas por las carnes infantiles. Formaba desde siempre parte del saber popular, que también sabía muy bien que de eso no se hablaba ni por imaginación. Por mi parte tengo que declarar que soy de los que menos habrá sufrido de estos tragos, pero que sí me tocó más de una vez el padre carmelita José Ignacio como confesor, a pesar de que ninguno de los de mi colegio queríamos ir a confesar con él por saber lo que pasaba. Parece que lo esté viendo, tan largo, tan hirsuto, metido en su hábito marrón de tela basta. Le quedaba un poco corto y eso resaltaba la enormidad de los pies que asomaban por debajo, desnudos en sus sandaliones, de dedacos repugnantes y peludos. Parecía un espantapájaros, larguirucho, gordinflácido y disforme, y le gustaban los niños más que a un tonto un lapicero. Ocurría que éramos llevados obligatoriamente, del colegio a la iglesia de su convento, y allí nos ponían en fila de a uno a esperar turno de los dos o tres confesionarios. Si te tocaba con él, ya era sabido: “¿Has cometido actos impuros?”, preguntaba el menda en cuanto empezaba a confesar, soterrado en la sudada sombra de su cubículo viciado, con esa característica vibración que pone el morbo en la voz. Si decías solo se empeñaba en saber con todos sus detalles los pensamientos que te habían acompañado, pero lo que más le ponía era cuando uno confesaba haber hecho las guarrerías con otros. "¿Cuántos erais?” “¿Dónde?” “¿Cómo?” “Cuantas veces” “¿Había niñas o sólo niños?” “¿Hubo tocamientos mutuooos?" Y los tocamientos eran los de él, que se convertía en un pulpo. Primero, con la puntita de sus dedos, juntaba bien las moradas cortinillas del quiosquillo para envolver las espaldas del confesante y dar católica cobertura a la acción de sus tentáculos. En seguida se daba al sobeteo baboso, palpante, de experta meticulosidad, exhaustivo, un poco ansioso pero tranquilo, glotón, pecaminoso, cerúleo, con esa murcielaguez mística, húmida y fría, tan propia al morbo de los sacerdocios. Al tiempo, iba absorbiendo su presa al interior de su oscuro habitáculo por medio de una fagocitación de la que estaba divinamente dotado, mientras musitaba letanías con los labios pegados al oído de la victima. Eso era lo peor, porque le olía el aliento a perro muerto. Era terrible, de verdad, su boca era la de una alcantarilla podrida. Todo el colectivo infantil masculino lo sabíamos, nos lo comentábamos, y huíamos de él como de una peste que era. Pero el menda era profesional en esas lides y se las ingeniaba muy bien para obligarnos a caer en las redes de su confesión. Y, el cabrón, siempre, ponía el doble de penitencia si el acto se había cometido en compañía, no sé si porque creía que el pecado era doblemente malo o porque le ponía también a uno la que le tocaba a él. Exactamente, como están haciendo ahora las jerarquías vaticanas ante la ola ineludible de casos escabrosos que salen deslumbrantes a luz: ¿que se denuncian cientos de casos con pelos y señales repugnantes?, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra, dijo Pedericto el otro día; ¿que se demuestra que los denunciados eran simplemente trasladados en secreto a otras diócesis más escondidas donde seguían dándole a su vicio, todavía más tranquilos, hasta morir de viejos?, es que hay que atacar el pecado y no al pecador, vuelve a aclarar; ¿que no ha salido uno todavía del asombro que lee que su hermano, también alto prelado, le tiraba sillas a los niños de la escolanía que dirigía, llamada Los Pájaros de la catedral por cierto, y de los que también, algún que otro pajarito había denunciado haber sido cogido al vuelo por el miembro frío de algún vicario verde de alma sucia que habría sido encubierto, sino por él por el propio Pedericto?, sigue uno leyendo y lee que el propio Pedericto XVI admite, como suficiente explicación, haber dado alguna que otra bofetada en ese coro incluso él, pero, eso sí, habiéndose arrepentido siempre nada más darlas. ¿Que la iglesia de eeuu ha pagado ya 1.300 millones en indemnizaciones y en Irlanda ¡el gobierno! pacta con las órdenes religiosas la creación de un fondo de 2.100 milloncetes para lubrificar el rechino del abuso de 35.000 niños en treinta años de educaciones religiosas, fundamentales, devotas y fervientes...?, da lo mismo, como tampoco importa la paradoja de que todo este dinero provenga (no parece que la iglesia tenga otras fuentes ni fines económicos) de la caridad y la limosna, o de la parte del impuesto sobre la renta, que los corderos fieles dan para hacer buenas acciones. La proliferación de estas denuncias, dijo el otro día un alto prefecto vaticano, "no preocupa excesivamente" a la Iglesia, "porque nosotros estamos asentados sobre la cruz de Jesucristo, que siempre es salvación y victoria”. Y si llega el caso se dice abiertamente: "Nos atacan para que no se hable de Dios; peor es el aborto", que viene a ser argumentar, como decía un periodista de El País, aquello de, ¡y tú más!, de las rabietas de niño redicho en los patio de recreo donde por cierto ocurrían
... (trozo de código imposible de leer)
Mientras tanto, seguid dejando que los niños se acerquen a mí. Se podría resumir. Porque ese vicio es tan intrínseco a
... (trozo de código imposible de leer)
no van a dejar de hacerlo por mucho castigo que les pongan y muchos perdones públicos que pidan si es que llegan a ped
... (trozo de código imposible de leer)
los detalles de los actos denunciados son más lúbricos y sórdidos que cualquier relato porno de los duros. Se ve que son abusos de tarados recocidos por el vicio soterrado de una culpa milenaria
... (trozo de código imposible de leer)
o el obispo de Tenerife, que no se ha podido contener de romper una lanza a favor del pederasta: "Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso, si te descuidas, te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece". Ha dicho.
Y el sinvergüenza degenerao tiene razón, eso de la pederastia es más complejo que los cuatro prejuicios con los que se la limita. Y claro que en eso habrá casos horrorosos y otros que serán incluso naturales. Pero no en el seno de una banda insana de por sí, que se caracteriza por imponer, mediante la violencia siempre que ha podido, la prohibición enfermiza sobre el uso del sexo. Porque el mismo cura que mete mano al monaguillo luego predica que no hay que tocársela ni para mear. Y con la misma mano que pajea las colitas bendice después la redondez de sus hostias y señala acusador al que folla alegremente. Es lo de a dios rogando y con el mazo dando, y predicar no es dar trigo y haz lo que diga y no lo que me veas hacer. Para mi no es la pederastia, en sí, lo más imperdonable de este grupo de poder, sino la falsedad en que se asienta todo lo que hace desde su creación. Y, ni me ha sorprendido el pastel de abusos que se está descubriendo bajo sus altares, ni el que los cometieran por cientos hasta con sordomudos y otros centros de acogida y orfandades, sino el que hayan aparecido países donde sus contra naturas han sido tan escandalosas que han dejado a las hispanas deslucidas. Eso, mira tú, si que es verdad que yo no me lo esperaba. Aunque tal vez el silencio sepulcral que guardan nuestras curias, tan dadas a rajar del bien y el mal en plan pontificial, sea por saber que lo de esos no es nada para con lo que quiera dios que no llegue a saltar nunca.
Tampoco me asombra que el fundador de los Legionarios de Cristo ese tuviera varios hijos y abusara incluso de ellos, haciendo, como dios manda, a pelo y pluma. Con la natural tolerancia que su iglesia ha tenido siempre para con estas cosas. Pero en este caso me deja perplejo pensar, qué hace ahora una secta fundamentalista como esa cuando descubre eso de su santificable fundador ¿Quita los retratos de todos los despachos y oratorios, elige otra figura que aún no esté manchada y tira pa’delante con el rollo? ¿Imita el ejemplo de su líder y se recicla en putiferio declarado con misas orgiásticas colgadas en youtube y cuota en el mercado pederasta de la Red? No, lo más normal, ya lo veréis, es que corran cuanto antes el tupido velo de que al fin todos semos humanos y sigan
...(trozo de código imposible de leer)
y aquí paz y después gloria.

Ay Pedericto, Pedericto que te han visto. Con razón te gustan tanto a ti los zapatitos rojos y los sombreritos esos tan cucos que te pones para santificar las fiestas. Y esas puntillitas de primores recargados con los que rematas las mangas y los bordes de tus caros faldumentos de alta costura clerical. El escape del aire viciado del subsuelo te ha dejado el culo al aire ¿No será la culpa de ese pecadillo eso tan feo que se mueve en el fondo de tus ojos? ¿Tienes la línea de los labios fría por algún beso de pecado? Da igual. Tú no te preocupes, que, ni has sido el primero en esto por los siglos de los siglos de la lista, sólo de tú nombre van ya dieciséis, ni, aunque tu reinado marque un mojón de decadencia, vas a ser el último en dirigir el cristo que os tenéis montao.

La imagen es de Banksy, el más famoso grafitero de la época de elbarrancario.

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21 mar 2010

Rollos matutinos 35

La cuadratura ibérica del ruedo

Oh Cosmos, cuánta sandez en los debates y cuanto debate gilipollas tendremos que aguantar. Ahora el de si se tiene que prohibir la artística tortura de los toros. Pero cómo va a ser eso posible en una sociedad como la nuestra. Sería caer en el absurdo de la sinrazón más grande. Estamos desarrollados sobre la explotación total de cualquier otro género de vida. Sea animal o vegetal. Con qué criterio se iban a prohibir los toros y no las granjas de exterminio y los terroríficos laboratorios de la ciencia y de la medicina o de la industria de cosméticos ¿Cuántos prohibicionistas de los toros se relamen con tostaditas de paté de fua de oca obligada a comer maíz por el tubo de un embudo? Pero es que aunque se prohibiera también el embudo de la oca. Si al final nos comemos su hígado querido en un paté... Y el mismo horror encierra, creo yo, el trocear vivo un vegetal para juntarle con sal y con vinagre en ensalada. Ya, pero que lo veas así o no depende sólo de si te ha tocado ser lechuga en esta vida ¿Y la guerra química que tenemos declarada en contra de las moscas? No, seamos consecuentes por favor, prohibir, por crueldad, sólo los toros sería una hipocresía muy grandísima. Tienen toda la razón los que señalan que la misma crueldad se encierra en salivar de gusto viendo a la ostra retorcerse corroída por el chorro de limón. Tampoco me sirve lo de que en un caso se haga la tortura por razones de comer y en la otra por el mero gusto de gozar con ella, porque no sólo de pan vive el hombre. Y aunque sería un argumento, flojo, desde el punto de vista de reducir la brutalidad vital en el quehacer humano, si te toca ser la víctima, ese matiz en las razones de tu inmolación, solo valdría para tocarte encima los cojones.
No. Ni sirven, a la razón, los argumentos anticrueldad a favor de los prohibicionistas, ni tampoco a favor de los taurinos los de que el toro no sufre porque, fisiológicamente, está preparado para aguantar a base de endorfinas la tortura acojonante que le hacemos, cosa que, para mi asombro, he tenido que leer en boca de ilustres doctores en fisiología animal, parida seriamente en altos parlamentos, y que para el único razonamiento que vale es para demostrar la enorme cantidad de majaderos que se alimenta en la especie humana a base de carne y de lechugas.
Aparte dejo el comentar siquiera la utilización que de lo de los toros están haciendo los políticos, en especial los nacionalistas de uno y otro pelo, que sabido es que no tienen ni vergüenza ni decoro en dar espectáculos impúdicos con tal de enardecer a un tipo de masa que son tan repugnantes, razonablemente hablando, como ellos.
Luego están los que salen de pronto con que eso de los toros es Cultura. De estos los hay de todos los colores. Hace unos días lo defendía ardorosa en su columna de El País una escritora moderna y muy de izquierdas. Desde luego. Pero, qué coño está queriendo decir con eso (coño es sin duda la palabra señera y cultural más clara y general de nuestra lengua). Vamos a ver, Cultura, aunque en decadencia, es por ejemplo, sin ningún lugar a dudas, lo taurino en la españas. En eso estoy totalmente de acuerdo. Con toda la complejidad que la influencia de la figura, y el léxico, del toro del toreo y del torero tiene en nuestro heraldo imaginario y subconsciente colectivo. Incluida, como no, además de la multitud de modismos tauromáquicos de la lengua hispana, que con profusión citaba la escritora, y de un montón de poses ideales ante el hecho de la vida, la indiscutible conexión del arquetipo del torero, ibérico, machorro, valiente y varonil donde los haya, que enseña como enseña echada por delante, al mundo y sus peligros, envuelta en seda, y oro y plata, bien remeneá con aire lascivo, y prepotente paso cadencial, su bien repretada taleguilla: ¡Ehe, toro!, venacá’pacá que te voy a dar yo marcha de la buena, con el de ese tipo de macho que ahora se intenta erradicar del ruedo de la vida, con leyes de dudosa equidad en la justicia basada en una discriminación que dicen positiva. Y se me antoja cachondo a mí ahora presentir el enredo cultural de cómo por encima de la ley estará seguramente la realidad, siempre irremediable, de que todo es mucho más complejo de lo que se quisiera, y veo aidos militantes de uno y otro sexo a los que se les seguirá estremeciendo el género, a pesar de toda la campaña y en forma por lo tanto inconfesable, con la figuración de este modelo masculino, diestro en el arte de matar con violenta hombría, y sin embargo, existirán también, ardientes defensores, y defensoras, de la cultura machista más tradicional, a los que les espante de verdad el figurín de la estética torera, del chorvo chulo ese que busca dominar con el trasteo cubriendo en la trampa del trapo el rígido temple de su estoque.
¿Con qué tipo de capote de nobleza se intenta recubrir el hecho de matar toros diciendo que es Cultura? También es Cultura el cultivo de patatas o el uso de herbicidas peligrosos, la semana santa, y los clubs de putas de las carreteras. Cultura es, entre los curas, meter mano a los niños, juntarse la familia en Navidad, matar a pedradas a la que no se ponga el velo. La ablación es sin duda una Cultura en una parte enorme del Planeta, que también tendrá sus modismos en las lenguas que desde hace tantos siglos la practican. Lo es también tirar la cabra desde lo alto de la iglesia (esta función es igual que la taurina, y las florituras rococós- por cierto en algo al fin mariquitusas- de los unos, y los modos más terroneros de los otros, son estilos diferentes de un mismo tipo exacto de liturgia). Y romperse los incisivos con un buen par de piedras para parecer más guapos, es por supuesto Cultura, en no sé que regiones de las áfricas. Aquí tiene eso su paralelismo con andar metiéndose las tías siliconas en las tetas, o hacerse los tíos caras perrerías para alargarse el sable y ganar capacidad de ahondar en la metida. Cultura es sin duda andar siempre de guerras, aunque ahora se quiera imponer el cultivo de hacerlas solamente humanitarias.
Cultura viene a ser también sinónimo de subsecretaría, por eso lo de bien, y lo de interés, cultural, que quieren poner a la corrida. Pero en esta significación el debate sólo puede tener sentido para los que viven de ella. Ya que los contribuyentes son tan mansos que nunca se van a mosquear por lo que puedan hacer con el dinero que les quitan.
También se quiere decir a veces con Cultura, sabiondez, que se es muy leido y escribido, pero en un sentido amplio de materias, y eso no parece que guarde mucha relación directa con los cosos .
Y en un sentido más grandilocuente, sí, Cultura es la pintura rupestre, la capilla sixtina, nina hagen y la música de cámara, el quijote, las moradas, mein kampf o el ¿qué hacer?, la ópera, van gogh, la venus de mileto..., el Arte, con mayúscula, tomado como esencia sublimada del alma superior del Hombre, ¡tachán tachán!, se quiere expresar a veces con el término Cultura. Y es por supuestísimo, culta creación artística, en este sentido tan enaltecido de la dúctil palabreja, meter la cagada del artista en una lata de conserva. Y si es a esta trascendencia del concepto a lo que se están refiriendo los taurinos cuando arropan con Cultura la pura desnudez de su gusto por la sangre de los toros, sepan que los que lo disfrutan con andar cortando clítoris, también hacen lo propio. Vamos a ver si estamos a lo que estamos y nos ponemos a ver las cosas con la propiedad debida.
Al fin señores, el único argumento lícito en este debate truculento es el de que te ponga o no te ponga un cosquilleo el morbo de ver al toro hecho un cristo y las taleguillas del macho matador restregándose en la sangre ritual del lomo de la bestia atormentada. En las ingles o en cualquier otro repliegue sensible del espíritu. A partir de ahí lo suyo es decir en su defensa, si señor, me pone cosa mala y, como puedo, y no hay ley que pueda oponer a mi gusto, con consecuencia, esta sociedad zoocida, uso y abuso de la vida de los toros como me dé la gana, y cósmicamente hablando ya responderé si alguien me llega a pedir cuentas algún día a ese nivel. Porque puede ocurrir, de hecho habrá ocurrido, créeme, cualquier cosa que imagines existe en la realidad, que llegue un torero un día a vivir tremendo reconcomio de conciencia, de repente, a lo mejor en la cumbre de la fama, porque sienta de pronto que, en vez de matador, que suena a gloria y a riqueza, lo que ha sido es un simple mata toros que ha hecho de atormentar con saña bichos nobles y bravos la seña de su arte y la razón vocacional de su existencia. Y llore amargamente su destino en una soledad irremediable que le acabe llevando a la locura, quizás por el temor a tener que pagar su abuso en Karma, quizás sencillamente, sin miedo ninguno de castigo, por un dolor profundamente serio en la conciencia. (Mira que buen argumento para un corto).
En cuanto a los de en contra, cada uno verá qué es lo que le sale de dentro argumentar si se le antoja, pero que no lo haga, por favor, con insulseces. A mí, por mi parte, no sólo no me excita la erótica taurina sino que hasta que me repele. Como español ya madurete, reconozco que algo debo de tener de torero por ahí. Pero me flipa (en el sentido de quedar estupefacto por el asombro) que esos actos puedan ser Arte para algunos. Nunca he disfrutado con la visión sangrienta y siempre me dan yuyu los fenómenos de exaltaciones colectivas. En cualquier caso, ya puestos a gozar con lo tremendo sería mejor, más justo, y de verdad más excitante, si fuera verdad que la Fiesta consistiera en un hombre contra un toro. Espectáculo total. Entran dos y sale uno. Vale el estoque, pero nada de picadores ni burladeros ni cuadrillas ni de auxiliar al torero cuando fuera él al que le tocara morir a corná limpia. Pero también me echa pa’trás este mundillo por lo que tiene de cañí y gloriaespañia, simplemente. Y ese tufillo que exhala a humo ceremonial de altar de secta rancia, de iniciados, de entendidos religiosos, recerrados en el ombligo de sus normas, llenos de pelusas de purismos y de arcaicas terminologías. Algo tiene la tauromaquia en su iconografía que me recuerda a la pasión de la de los católicos, que también, por cierto, me produce el mismo efecto repulsivo.

Pospost:
Del mismo modo flipo con las capaduras de mascotas. Son masivas. Quirúrgicas ¿Cuántas se harán en el mundo en una hora? Infligidas por dueños amorosos, más de uno ferviente activista antitaurino, eso sí, con la mejor anestesia clínica para el animal, y el más tranquilizador convencimiento de que la última mutilación que quisieran para ellos, se la van a hacer ellos al otro con todo el mimo del mundo y por su bien. A veces pienso también en ese veterinario que un día echa cuentas con horror de cuanto bicho tierno lleva mutilado en una vida dedicada a la atención de los animalitos. Y la verdad no sé qué es lo que me da más frío, si este o el torero.

Nota:
Toda esta disquisición sobre la tauromaquia está hecha desde las grandes plazas y las figuras más o menos grandes del toreo, pero existe un submundo de fracaso, seguramente mucho más numérico en todos los aspectos que el glorioso, que es el del toreo de mala muerte, el de los que van de troupe por las fiestas de los pueblos de tercera, con plazas desmontables y trajes de luces recosidos y toros resabiados, que ese ambiente si que es verdad que huele a cutre, y une sin adornos lo burdo y lo salvaje a lo patético. Qué de cuadros se me ocurren de sórdida comedia. De una de estas corridas supe un día que, tras pinchar no se cuantas veces al toro, todos los maestros ambulantes del cartel, sin conseguir matarlo, tuvo que entrar la Guardia Civil a rematar a tiros la faena.

Declaración final:
Los animales son biomáquinas autorreplicantes iguales a las nuestras, con la mismas bases de diseño funcional, andando en el mismo de dónde y hacia qué, quién sabe si menos perdidos que nosotros, y yo, en las diferentes relaciones que tengo con los que me cruzo en esta vida busco reconocerles como tales. Con algunos he llegado a creerme unido con un cariño cómplice más interesante que lo que me inspira la mayoría de mis semejantes. A otros me los como, o les fumigo para que no me molesten con sus revoloteos. Y, la verdad, cada vez soy más consciente del ser que estoy matando cuando destruyo el perfecto mecanismo de una mosca, de la tierna coincidencia existencial que comparto con mi gata, o de la triste expresión, como que de reproche, que tiene la caballa que destripo. Luego está que la vida no es otra cosa que eso. Y para acabar de dibujar mi rollo con los animales, yo también quiero quedarme ahora, como tan bien ha dicho Savater en su Rebelión en la granja, en El País (juro que cuando lo leí ya tenía yo acabado esto), con la imagen de Nietzsche “abrazado llorando al cuello del viejo caballo fustigado por su cochero. ¿Síntoma de locura o comprensión abismal de la irreductible desdicha de existir?”, acababa diciendo él. Pues eso.


Gracias a Forges, por ser.

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16 mar 2010

Rollos matutinos 34

Si se trata del Fin, el cómo poco importa.

Cuarenta y no sé cuántos van. Muertos. En un momento. Un nubarrón que viene del océano y anega la isla. De tirón. Por la noche. De pronto llega una riada de agua tierra y piedras y listo. Cuarenta y no se cuántas biomáquinas sensoras, programadas cada una para creerse, además de absurdamente eternas, el centro más importante del Universo que intentan registrar, convertidas en mierda, en cadáveres que de inmediato empiezan el proceso de descomposición. Arrasadas por la fuerza de la corriente como cuando vemos hormigas ahogándose en un reguerillo por el campo. Qué brutal demostración de que somos el mismo tipo de objeto, sujetos a la misma lista de amenazas y, seguramente, animados con y para los mismos objetivos de la Naturaleza. Para los que sobrevivieron, los barrizales, las irreparables pérdidas, los duelos. La certeza de que la normalidad puede quebrarse como se rompe un vaso al caerse de las manos. Para los cuarenta y no sé cuántos muertos sólo el silencio del Fin, repentino. Decisivo. Más que en nada, en la muerte, no importa el medio sino el fin. Quién sabe qué cuidados tendría cada uno con la conservación de su existencia. Quizás uno sufriera obsesionado con no comer eso que tanto le gustaba por lo del peligro del colesterol. Otra podría estar preocupada porque su hijo adolescente se había ido de marcha, y es el único de la familia que ha sobrevivido al estar fuera de casa. A otro me lo quiero imaginar limpiando unas sardinas, ahogadas en el aire, para hacérselas asadas cuando le pescó la parca ahogándolo en el agua. Lo más posible es que ninguno sospechara poco antes la inminencia de su término. Como tampoco lo sospecharían los dos ingleses muertos, días después, hace un par de días, a mil y pico kilómetros de distancia del que se preparaba la sardina pero por causa del mismo macrofenómeno atmosférico, al hundirse, por las lluvias excesivas, la techumbre del típico cortijo perdido en la Andalucía profunda donde habían venido a parar, propiedad de otro inglés al que estaban visitando, mientras tomaban té y veían la tele, que a lo mejor hasta emitía las tristes noticias de la reciente tragedia de Madeiras y los cuarenta y tantos muertos en el momento del plomf. El anfitrión, sin embargo, quedó, al parecer, aunque estupefacto, sin casa, y sin amigos y sin televisión, prácticamente ileso, para siempre.
No sé porque habrán sido estos cuarenta y no sé cuántos muertos los que me movieron a darle vueltas a nuestra insignificancia ante el desastre natural y no, por ejemplo, lo de Haití que había sido un poco antes y a una escala mayor, o cuando otros cataclismos anteriores, definitivos para el inconsciente colectivo, como el del Tsunami del terremoto marino de Sumatra, que además de anegar a cientos de miles en un rato fue el que nos grabado a todos en los sesos el término tsunami para siempre, palabra ignota hasta el entonces que, en cualquier caso, designaba algo que era como que nunca había existido antes en la realidad. Ha debido de ser cosa de los antojos que rigen las diarreas literarias. De todos, fue con estos con los que me entró el retortijón de las ideas. Y luego, nada más empezar a soltar haces de letras en el retrete de mi ordenador, de pronto, un estreñimiento verbal me cortó la deposición y, mientras apretaba las entendederas para evacuar lo imaginado a mediosalir, se ha pasado el tiempo y han ido ocurriendo más fatalidades, noticiadas por los medios, la doméstica de lo de los ingleses, amplificada por la cercanía local, y luego lo de Chile, que ha sido primero un seco remeneo y luego otro tsunaminazo. Pero esté, a pesar de haber inundado quinientos kilómetros de costa, con minúscula, muy poco retransmitido, porque la alarma social está ya acostumbrada al concepto y las olas y los medios informativos, tan sensibles a aprovechar lo sorpresivo, no encuentran ya en este fenómeno mortal el mismo gancho de audiencia que una vez tuviera. En cualquier caso, mira por donde, otra vez aparece el agua primigenia, tempestiva, reduciéndonos a escala de hormiguitas, llevándose a su paso todo, incluso pescando, otra vez, a otro que estaba preparándose los peces que estaba tan contento de haber pescado él, desde su barca, un poquito antes.
Amplificado así el área catastrófica y considerando el número de víctimas mortales en cientos de miles de millares, veo que habrá habido de todo. Ricos, pobres, listos, tontos, recién nacidos que sólo hubieran sacado la cabeza, prontos a expirar el último suspiro... Se me ocurre alguno que sufría porque sólo le quedaban cuatro meses por no sé qué tipo de cáncer terminal que le habían diagnosticado. Muchos estarían durmiendo a pierna suelta cuando el agua mortal les arrastró la cama, o se les vino el mundo encima en forma de cascotes. Gran parte estaba al parecer de vacaciones, tumbados al sol en la arena de las playas a las que habían ido a disfrutar del efecto relajante de las olas. Más de uno, sin duda, estaría dándole vueltas a cómo prosperar en sus especulaciones a costa de los otros con empresas y finanzas ¿No iba a haber por ahí algún gilipollas que estuviera escribiendo para dejar a la posteridad el arte de su elucubración? ¿Cuál sería su última ocurrencia? Se estaría haciendo de todo. Follando, comiendo, cagando, dándole a todo tipo de masturbación, preocupándose por esto y por lo otro, llorando, riendo, matando, sudando en una infinidad de afanes o perdiendo el tiempo de manera vil. Sufriendo, gozando, o ni fu ni fa. Viviendo. A lo mejor no faltó el que se estaba suicidando en el preciso instante. A este cojo y lo saco quitándose la cuerda del cuello con el susto y saliendo disparado lejos del desastre para vivir después una vida entera, por qué no, de éxito ejemplar y de felicidad envidiable. Desde luego, cuántas esperanzas rotas. Cuántos dolores rematados de una vez. Cuántas agonías abiertas de repente. Cuánto cuento de la lechera a tomar por culo en un momento. Cuánta empresa desbaratada y cuánto negocio abierto, para tantos. Porque, como decía mi madre, en esta vida unos tienen que morir para que vivan otros. Era su forma cruda y llana de enunciar eso tan trascendental del yin y el Yan. Destrucción y creación siempre van juntos, y desde luego ese aspecto comercial no lo desaprovecha nunca, en el Mercado, el sector que trafica con la muerte.
Es impresionante la tragedia masiva. Impone más que la individual y aislada. Pero eso sólo vale para el espectador. Para el que palma da lo mismo. Tal vez, el que ponía más arriba escribiendo cuando llegaba la ola criminal escribía:
Jayyan, el que cosía la jaima de los saberes,
ha caído en la noche y se ha quemado.
Las tijeras de la Parca han cortado su aliento
y un chamarilero lo ha vendido de balde.
Porque igual de trágico es sucumbir solo porque te caiga una maceta en la cabeza, o por cualquier mal funcionamiento orgánico, que con doscientos mil porque ha habido un terremoto, y, el mismo casual absurdo y sin sentido tiene pagar para ir de turismo exótico a Tailandia a morir por desastre natural que hacerlo, por ejemplo, en el reseco Afganistán del opio, por el impacto de una mina, soldado a sueldo de una guerra humanitaria de la Democracia. En cualquier caso, después, sigue la vida, y se siguen sacando sardinas a ahogarlas en el aire. Y se siguen ahogando aquí y allá algunos nadadores. Y vuelven las lecheras a llevar en la cabeza el sueño progresivo de su cántaro de leche, y le siguen atizando macetas en los cocos a los elementos que les cae la china, mientras van de copas, o de compras, o de paseo. O de entierro. O no. O no le parte a uno un rayo por más que viva de desatar tormentas. Porque en Esto en lo que estamos todos todo es, al parecer, pura cuestión de mera suerte, aunque al final del cuento, de espichar, por lo que se ve, ni dios se escapa.

Gracias, a Salvador por la imagen y a Omar por la última de sus rubaiyyat.


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3 feb 2010

Rollos matutinos 33


Desarreglos.


Puede parecer una idiotez pero es como te lo cuento. Será una miseria pero así es como engordan. Te parecerá de tontos rebotarse por tan poca cosa pero a lo mejor, en ese caso, el tonto me parecerías tú a mí, que no te habrías ni extrañado y que, encima, hasta me considerarás un histérico hipercrítico y depravado insolidario.
La cosa es que es martes y además de desarreglos. De entrada, la conexión de Iberbanda con la que tengo teléfono e Interné no funciona desde ayer. En las últimas tres semanas hemos estado sin conexión tres días. Además tengo el coche en el taller desde el viernes y me aseguraron que me lo darían hoy. Como no me funciona el teléfono no podía estar seguro de si me habían llamado o no para decirme que me lo tenían. Entonces les he llamado con el móvil y me han puesto al corriente de una triste historia que me ha informado de que, como muy pronto, estará para mañana, y de que tal vez, aunque en realidad no me han dicho nada sobre eso, por ciertos detalles del relato sobre la dificultad habida en conseguir la pieza, puedo ir preparándome por si hay susto en el costo. Qué se le va a hacer. Hace tiempo que me digo que no hay que inritarse por nada en este mundo y menos por una tontería. Lo peor es que se me caduca la iteuve, para la que ya tenía cita para mañana. Entonces he pensado que iba a ser bueno e iba a llamar para anularla. Claro que como es un nuevecerodós no es cosa de llamar con el móvil porque no veas el palo. Así que he decidido bajar a la cabina de la plaza a hacer la llamadita. También podía haber pasado y santas pascuas, ahorrarme el gasto y el trastorno como cualquier persona normal, pero como soy gilipollas, he decidido ser bueno, ya lo he dicho, y he buscado las monedas que podía tener sueltas y he bajado con un euro diez a cumplir con mi deber de buen ciudadano. Enfrente de la cabina, con las puertas abiertas de par en par, están de entierro en la iglesia y, al lado, en medio de la calle, el coche fúnebre con la trampilla levantada espera que le metan por detrás el féretro cuando salga del oficio. Pero eso nada tiene que ver con esta historia, sino es poner una cierta nota tétrica y verídica en el decorado. Llego pues al único teléfono público del pueblo, que es un maquinón enorme clavado en la pared, mientras descuelgo veo que tiene escrito de fábrica encima algo de euro no sé qué, que debe de querer decir que está dentro de norma, y meto el euro diez. Marco. Entonces ha arrancado una voz de tío muy seria y profunda, de dicción mecánica muy profesional, y ha dicho algo así como que todas las iteuves de la empresa de iteuves andaluzas iban a abrir el domingo para dar la recaudación a lo del terremoto de Haití, pero con una alocución tan historiada que para cuando ha acabado de soltarlo todo, y para mi sorpresa, quedaban sólo 25 céntimos de saldo en la pantallita de saldo del teléfono y nada más salir por fin la voz de la tía que se encarga de las citas se ha cortado la comunicación, a pesar de que, según la pantallita, quedaban todavía 10 céntimos de crédito, porque debe ser que corta por lo sano para no perder uno siquiera. Y ahí me ves como un tonto del culo, alucinado con lo que me acababa de pasar. Por mi cabeza ha pasado, lo primero una perplejidad que no acababa de dejarme dar crédito a lo que había oído, y luego una constatación de que tal comunicación le había supuesto a la telefónica un euro de ganancia. Porque los diez céntimos me los ha devuelto al colgar como si fueran una mierda. Entonces subo a casa y busco más monedas. He encontrado un euro sesenta y he decidido volver a llamar para ver si lograba, todavía, como un gili que soy, conseguir anular la cita en beneficio del sistema y del bien común (también, y sobre todo, del de la telefónica), pero también, y sobre todo, para recabar detalles de la grabación. Llego al teléfono, repito la marcada y en cuanto vuelve a salir la voz mecánica del tío que recita, aplico todos mis sentidos, y aunque no puedo recordar los detalles grandílocuos exactos, lo que dice es algo así:
Que La empresa no sé qué de iteuves de Andalucía abrirá sus puertas el próximo domingo, que la totalidad de la plantilla ha decidido trabajar ese día para entregar su salario para ayuda a los damnificados del terremoto, que si quiere usted pasar la inspección técnica de su vehículo ese día, ponemos en su conocimiento que la totalidad del importe de su servicio será entregado para los de Haití, que no hace falta tener cita previa para ello, y por fin que si usted está interesado en pasar la revisión de su vehículo otro día espere un momento por favor que ahora sale la operadora.
Para cuando sale la tía quedan 70 céntimos de crédito en la pantallita del telefonón, 60, 50, para cuando le he explicado que quiero anular una cita porque no me han devuelto el coche del taller y le he dicho la matrícula que me ha pedido, 30, 20, para cuando me dice que un momento señor, señor no se retire que va a anularla y me pregunta si quiero cambiarla para otro día, piiiii, fin de la comunicación, aunque en la pantallita ponía 10 céntimos de crédito como la otra vez, pero esta, cuando cuelgo, no me devuelve nada.
Medio pasmado vuelvo a subir a casa, pensando qué hacer, si volver a llamar, si mandar la anulación de la cita a tomar por culo, si pedir cita nueva por si acaso está el coche para mañana, si pasar hasta que sepa seguro cuándo me da el coche el taller... Me ha decidido a volver a llamar el morbo de intentar grabar el jodío mensaje. Entonces he buscado más monedas por toda la casa, pero no he logrado encontrar nada más que otro euro con ochenta. He cogido la pequeña grabadora digital y me he dirigido al teléfono de nuevo con ánimo raposo de inmortalizar el mensaje impositivo que me había sacado ya una donación, si no excesivamente grande sí descaradamente obligatoria, pero a la compañía telefónica. Bajo, paso al lado del conductor del coche fúnebre, con traje negro barato, plante de macarra rural, y gafas negras de las de los negros, que ha salido del coche y habla con su ayudante, una mujer vestida con pantalón negro y jersey rosa pálido, al lado de él, también fuera del coche, descuelgo, llamo, y antes de que salte la voz, aplico el micro de la grabadorilla al auricular. Así que ahora sí puedo decirte exactamente lo que dice el menda:
Las cincuenta estaciones ITV, gestionadas por la empresa pública Verificaciones Industriales de Andalucía, abrirán sus puertas el próximo domingo 24 de enero para ayudar a los damnificados en el terremoto de Haití. El personal de V.E.I.A.S.A. trabajara ese día de forma altruista y la empresa donará el cien por cien de la recaudación a la Cruz Roja en beneficio de las víctimas. Si está usted interesado en realizar la inspección Técnica de su vehículo en el próximo domingo veinticuatro, no es necesario que pida cita previa, será atendido en todas las estaciones de nueve a una y media por orden de llegada. Recuerde que ese día el cien por cien del coste de su revisión irá destinado a quienes más lo necesitan. Si usted no pudiera realizar la revisión de su vehículo en dicha fecha, no cuelgue, enseguida será atendido para la gestión de su cita. Muchas gracias.
Todo esto dicho con su pompa, su eco y su parsimonia.
Para cuando por fin tengo a la tía, le cuento que se me ha cortado la comunicación durante la anulación de una cita y no sé si se ha anulado o no, (creo que es la misma pero no puedo estar seguro), le vuelvo a dar la matrícula que me pide, y me dice que sí, que estaba ya anulada, la pantallita del teléfono marca que me quedan 40 céntimos. Ella me pregunta que si me da una cita nueva, yo le digo que si no pasa nada porque pida una y luego la vuelva a anular si el taller me vuelve a fallar y ella me dice que no, le voy a decir que me la dé para el jueves y entonces veo 30, en la pantallita, le digo que no va a dar tiempo que estoy en una cabina porque no me funciona Iberbanda y que no me quedan más monedas ni tengo dónde conseguir cambio, ella dice que se puede intentar y yo, viendo que marca 20, le digo que no, que no da tiempo, que la culpa es del rollo ese que se marcan al principio y que ya me ha costado varias llamadas y perder todas mis monedas, y encima no he podido hacer la gestión. Sí, alcanzo a oírla decir secamente, con un claro deje de fastidio, lo juro, que me indica que no debo de ser el primero que se queja y que a ella tampoco le debe parecer la idea de currar un domingo buena al cien por cien, y se corta por tercera vez la comunicación. Con la pantallita como siempre marcando que quedaban 10 céntimos todavía.

Entonces, más perplejo que iracundo, porque no tiene sentido cogerme un arrebato, aunque sin poder evitar tender a cabrearme, diciéndome que por lo menos había conseguido captar el mensajito, he decidido ponerme a escribir como una especie de terapia y forma de sacar provecho de las pejigueras haciendo con ellas este Rollo matutino. Porque es alucinante. Alucino con que toda una plantilla de currantes decida currar gratis un domingo. Alucino con la conjunción del mensaje solidario y el robo del nuevecerodós. Me sorprende que un ente empresarial de la Administración haya decidido dar toda esa pela y pueda, administrativamente, hacerlo ¿De qué estamento de la empresa, pública, habrá saltado la chispa genuina de la idea y cómo habrá ido fraguando hasta la unanimidad gremial? No sé por qué me asquea pensar en los hilos que han tejido esa madeja ejemplarizante. Haya sido la génesis vertical o horizontal, la bola se ha debido de cocer en una tríada perfecta. Se habrán acordado la esfera mercantil con la política y la sociosindical. El asunto, lejos de congraciarme con un supuesto ejemplo humanitario de encomiable civilización, me mosquea. Me mosquea de forma espontánea e instintiva. Y eso me hace sentir de alguna forma por ahí si no debería plantearme el por qué soy yo tan malo. Encima. ¿Por qué?, me cago en la leche puta ¿Por qué encima voy a tener que tener corte de tener mosqueo por verme obligado a dar dinero a una empresa choricera en nombre de un rollo solidario? Además, algo me repugna en sí en este asunto de solidaridad corporativa. Instintivamente ¿El tono ampuloso del anuncio que tan caro me ha salido recibir? ¿La génesis de moralina neobeatona y de qué bueno que soy que sostiene este tipo de acciones? ¿El ver el río de dinero que el desastre ha empezado a generar nada más producirse y que principalmente va a servir para regar las propias estructuras responsables de que esa gente que dicen auxiliar lleve siglos en la putísima miseria y lo que les espera? ¿Ese tilín que tiene por ahí este tipo de acciones de borregüilismo de ayer y de mañana? No sé. Lo que sea. Pero algo me repele en este asunto ejemplar de solidaridad síndica de empresa colectiva que me han hecho tragar hace un momento, y no es precisamente lo que más el precio de su obligada información.


Miércoles. Vuelve a funcionar mi teléfono con Iberbanda y a medio día me avisan de que el coche ya está. Así que vuelvo a llamar para pedir cita para el día siguiente y me tengo que volver a tragar otra vez el rollo. Pagando. Poco o mucho, pero soltando. Obligatoriamente. Para una empresa no precisamente buena. Bueno. Estamos en un mundo rico y yo debo ser el único que considere esas pequeñas cantidades de cuatro o cinco euros. Aprovecho para tomar notas mentales del tono, de detallitos, de las cosas que me sugiera para escribir luego esto... Cuando por fin sale la tía y le explico, me dice que para el día siguiente ya no puede darme cita y que para el otro que le dé la matricula si soy tan amable y luego me dice que sí, que para el viernes a las diez. Esta vez, como no ha habido monedas ni pantallita meditoria, no te puedo decir cuánto he ingresado en la sagrada cuenta de las telefonías.
Por fin decido ir el jueves a primera hora sin cita ni hostias a ver qué pasaba. Me encuentro con que no hay casi nadie y me cogen los papeles en seguida y sólo tengo que esperar veinte minutos. Lo hago tranqui seguro de que todo irá bien porque ya me han revisado el coche en el taller. Pero no. La luz de freno. Que no va, dice el chavalito que lo mira. Pero cómo. Nada, que no va. Que tengo que pedir cita, me precisa, para volver cuando esté arreglada. Vuelvo al taller. Sí, ciertamente, no va. Esas cosas pasan, es el interruptor del pedal, me dicen. Juran que ayer funcionó cuando lo comprobaron. Tres veces. Pero eso no es problema, concluyen, lo piden y por la tarde cuando llegue en un plis plas me lo ponen y ya está. Así que, claro, tengo que llamar otra vez para volver a pedir cita porque, aunque tengo pedida la del viernes, como es sólo comprobar que ya funciona la maldita luz, quizás me puedan dar para esa misma tarde. Llamo. Las cincuenta estaciones ITV, gestionadas por la empresa pública, Verificaciones Industriales de Andalucía, abrirán sus puertas... Sus muertos todos y la puta mierda del tío y de las cincuenta estaciones. Sale por fin la tía pasado el rato y otro euro, le explico. No se dan citas para el mismo día señor. Es que... (le explico que sólo es para la luz de freno) Sí pero le estoy diciendo que no damos citas para el mismo día, puedo mirar si hay para mañana, dígame la matrícula y para donde la quiere..., ¡Para mañana tengo ya una a las diez!, Sí, pero usted la quiere de segunda inspección ¿no es eso?, pues la que usted tiene es para primera y esa no le vale, Bueno pero..., Déme la matricula del coche (se la doy). Mire le puedo dar para mañana a las diez, ¿le conviene?, Sí, De acuerdo señor, tome nota, tiene usted cita de segunda inspección para mañana viernes a las diez en la Inspección Técnica de... Alucino.
Al final fui esa tarde otra vez sin cita y no había nadie y en diez minutos me habían mirado la luz y ya estaba todo y se acabó esta triste historia. Bendita sea la gloriosa burocracia y prosperidad tenga el mamoneo que se nutre de sus tretas. Plaga, al fin, inradicable.

¿Y en cuanto al domingo solidario...? No sé, ha sido hace unos días, y según han dicho en la tele se han sobrepasado todas las expectativas, un éxito. Y yo me alegro. Pero sigo pensando…, aparte de todo eso de que luego no llega ni la mitad, y de que las empresas y los bancos usan el dinero y la oportunidad de la caridad para forrarse como con cualquier otro negocio, y de que en los desastres que han ocurrido hace diez años todavía no ha llegado ni la mitad de lo recaudado, que eso ya se sabe que es así pero que no es por donde voy ahora y que algo llegará y que a lo mejor es verdad que es mejor que se les dé, aunque llegue sólo un poco, que que no les llegue nada, ¿no hay por ahi en este caso concreto un error elemental de cálculo? Porque la inspección técnica no es un bien que se consuma a voluntad, sino todo lo contrario. Luego el número de inspecciones que se hagan en un periodo va a ser el mismo con domingo solidario que sin él. El sacrificio del descanso dominical es improductivo en este caso. Igual habría dado que la empresa pública, Verificaciones Industriales de Andalucía, hubiera declarado solidario cualquier otro día laboral. A efectos económicos. Que es el único efecto que debería de importar en este tipo de acciones. Es más, haciéndolo un día laboral la empresa se habría ahorrado el gasto de mantenimiento de las instalaciones y de cierto número, exacto y cuantificable, de sobre emisión de ceodós que se habrán generado currando un día extra. Y se habría evitado además el peligro de dos posibles desajustes funcionales que encerraba el domingo laborable. Que, o bien por acudir mogollón de solidarizados se hubieran ocasionado atascos, esperas y sobrecargas que en días normales llevan siempre a tensiones horrorosas (como al parecer pasó, porque han dicho que el dinero de los que no pudieron ser atendidos también será entregado a la causa cuando pasen por fin la revisión, y aunque, como sarna con gusto no pica, las esperas habrán dado lugar a escenas de confraternización dominical y solidaria), o que (conociendo el panorama, era muy poco probable) hubieran acudido tan pocos parroquianos que no hubiera servido de nada toda la campaña organizada. Para todos los efectos era mejor hacerlo un día laboral. Lo único que no habría conllevado la forma de aportar en día de diario es la dosis de bombo y platillo del olor de sacrificio obrero extra que tiene lo de currar un domingo sin cobrar. Ese toque efectista y penitente habría sido lo único que se habría perdido. Pero claro, precisamente, ese matiz seudo ecucarístico que tiene la ofrenda de la festividad, aunque no sirve una mierda para aliviar el dolor de las pobres víctimas haitianas, es, sin ninguna duda, lo que más habrá alimentado aquí al rollo macareno del globo humanitario que les ha llevado a estar, a todos, de acuerdo en hacer el sacrificio de ese día de asueto en su socorro.

¿A todos? permitidme que a mi edad yo no pueda ya creerme ciertas cosas. No es por sacarle punta al lápiz pero, cuántos no habrán ido a currar ese domingo cagándose por dentro en fulanito, que siempre tiene que estar dando la nota implicando a los demás ¿Habrá habido votación? ¿Cómo se habrá decidido por cada centro de trabajo si había suficientes de acuerdo como para poder abrir? ¿No ha habido nadie que haya planteado que currar más en realidad no aportaba nada? ¿Hasta que punto habrá influido en algunas criaturas tener contratos más o menos inseguros? ¿Cuantos niños, y otras excusas, habrán sido enfermados, o ocurridas de forma repentina, como achaque para hacer eludible lo que no era desde luego fácil de eludir diciendo sin más que no se tenía puta gana?

Y, en otro orden de cosas, ¿cuántos de estos solidarios domingueros albergan, a diario, por ejemplo, tremendas ganas de endurecer la ley de extranjería? ¿Que qué tiene que ver? Pues mucho, mucho, por ahí van los tiros de lo que me repele a mí de este tipo de parafernalias. Más si son corporativas. Y desde luego si, como en este caso, por eso de no producir el sacrificio beneficio, se convierten en una prueba palpable de que la caridad de antaño, la rancia, la de toda la vida, la de aquella noble señora hijastra de una exprincesa que husmeaba las bandejas tras de un güiski on the rock en aquella fiesta a beneficio de los huérfanos, los huérfanos, y de los pobres de la capital, aunque se haya convertido hoy, además de en una carrera universitaria con futuro y en un tipo de empresa de mercado floreciente, en todo un fenómeno social y postmoderno, sigue teniendo todavía ese regustillo penitencial a día del ayuno voluntario. Pero ahora, la solidaridad, además de servir como la caridad para ser bueno, sirve para lavar las conciencias de un Sistema que ya no se basa en la explotación de una clase social en beneficio de la otra sino en desarrollar salvajemente el tercer Mundo en aras del bienestar, dentro de un orden, de todas las clases del primero. Por eso, antes, las que se solían purificar absolviéndose con el ejercicio de la caridad eran las beatas de las familias pudientes y, ahora, creerse felices constructores de un mundo mejor con aportaciones solidarias es cosa de todos los consumidores de una pequeña parte del planeta, al fin y al cabo rica a costa de explotar a esos con los que se solidariza cada día más.

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16 ene 2010

Rollos matutinos 32

Colage de obispos, curatos, obispillos, obispones, y munillas.
Mi primer arrebato cuando leí lo que decía el menda fue escribir: obispo, v’uste a que le den morcillas. Así, como suena. Sin más. Y dar el post por terminado.

Luego, me he dicho de escribir algo sobre la pinta que tiene. Por insana ¡Pero cómo se atreve ese espantajo travestido a pasarse de esa manera con la gente de Haití, con la putada que les ha caído encima! De modo que a ese fantoche con ínfulas divinas le ha parecido ayer, un par de días después del terremoto, al tiempo que al parecer se están haciendo barricadas por las calles con cadáveres, que hay una cosa peor que el desastre de Haití y es el que yo y, según él mismo, la sociedad es su conjunto, nos pasemos por el forro de los cojones la idea de moral que él y su podrido dios nos quisieran imponer. “Nuestra pobre situación espiritual” dice, que “nos tendría que hacer llorar”. Se querrá referir a la de de los españoles, o a la de la humanidad, porque a la ruina moral de la puta secta a la que pertenece y que nos lleva jodiendo desde hace 1700 años no se refiere el personaje que de ella vive como un señor obispo, nunca mejor dicho. Pero, qué es la mierda subconsciente que tiene en su alma para poder decir una cosa así en tal momento ¿Que es un castigo de dios por ser tan malos? Y luego va y rectifica y dice que se refería a un sentido teológico y que el mal de esos pobres no tiene la última palabra porque Dios les ofrece felicidad eterna. ¿?????????????? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡! Literal oye. Alucinante, pero en realidad, esa es la doctrina de esa institución tan turbia y eso es lo que vende. Y lo que siempre ha impuesto y trata de imponer. Y la marcha perversa que le va a la Guarrindonga. El dolor como cosa que conduce al cielo, más deprisa y más mejor cuanto más doloroso dolor sea.
Y de paso, ahí queda implícito como quién no quiere la cosa lo del Infierno que nos va a caer por ser tan malos.
Yo, lo que habría hecho, si hubiera sido dios, ante un ser así, para ejemplarizar la justicia divina, habría sido mandarlo allí tal cual, con mitra y faldumentos incluidos, de forma fulminante nada más acabar de soltar esa parida por su boca, para que se le quitaran las ínfulas, y dejarlo en medio mitá de todo aquél desastre a ver si se ganaba el cielo que dice administrar.

Y mira que guiños cachondos tiene a veces el lenguaje. No estaba yo seguro de si el capirucho ese tan recamado que llevan encima de la pelota se llamaba mitra y he mirado el María Moliner:
mitra (del lat. «mitra», del gr. «mítra», y éste de or. indoiranio)
1 f. *Gorro terminado en punta por arriba que usaban los antiguos persas y usan todavía los parsis.
2 Gorro formado por dos piezas, una delante y otra detrás, terminadas en punta por la parte superior, que llevan en las ceremonias los obispos y otras dignidades eclesiásticas. Þ Tiara. Ínfulas.
3 Dignidad de arzobispo u *obispo. ¤ Territorio de su jurisdicción. ¤ Conjunto de sus rentas.
4 *Rabadilla de las aves. Crepón, obispillo.
Y me ha hecho gracia esto de que el lenguaje, que es la cosa que más directamente está ligada a la creación libre del pueblo, ligue mitra, rabadilla de las aves y obispillo. Así que he seguido indagando.

obispillo (dim. de «obispo»)
1 m. Niño al que, en algunas catedrales, visten de obispo el día de San Nicolás de Bari y le hacen asistir así a vísperas y misa mayor.
2 Antiguamente, en las universidades, *alumno a quien ponían una mitra de papel y le tributaban acatamiento burlesco.
3 Morcilla grande que se hace en los pueblos cuando se mata el cerdo; en algunos sitios, con carne picada, huevos, almendras y especias. Ô Obispo.
4 *Rabadilla de las aves.
¡Anda!, y mira tú por donde, obispillo junta, además de con culo de las aves, obispo con morcilla. Cuanto me alegro de haberle mandado al principio, en vez de a tomar por donde se rompe el saco, a que le dieran de ellas, o sea de él mismo, que no habrá mayor castigo en este mundo. Es como si de pronto viniera, o viniese, el destino a insuflar no sé qué de espíritu redondo morcillero en la clarividencia de mi escrito. Y también relaciona el lenguaje (con sabia intuición) ínfulas con tiaras, obispos y otras dignidades eclesiales. Así que busco las ínfulas que le habría quitado yo de ser un dios, de golpe: Curioso, a pesar de aparecer en la descripción como plural, no aparece en las entradas nada más que en singular:

ínfula (del lat. «infúla»)
1 f. Tira de lana blanca con que se ceñían la cabeza los *sacerdotes de algunas religiones antiguas, y también, a veces, los *reyes, dejando caer los extremos a ambos lados.
2 (gralm. pl.) Se aplica a las cintas que, en número de dos, penden de la *mitra episcopal.
3 (inf.; pl.) *Orgullo o *presunción. Actitud de exigir obediencia, acatamiento, respeto, etc., a los que no se tiene derecho, o exagerados: ‘No vengas con tantas ínfulas’.

¡Vaya!, así que resulta que son un par de trapos en vez de una peculiar forma pretenciosa de mala follá. Sin embargo queda bien claro que en plural, ínfulas, quiere decir eso, creerse en posesión, con orgullo y presunción, de poder exigir acatamiento y obediencia por la cara, en clara alusión a las ínfulas obispales que penden del gorro en número de dos. ¿Cuál es el sentido pues de ese ínfulas que aparece asociado directamente en la palabra mitra con las dignidades eclesíasticas? ¿El de simple plural de cinta o el de mandón de soberbia impenitente?

El lenguaje es siempre revelador e irreverente, y más si del español se trata. Y el del culo de pollo en la cabeza tiene toda la razón en lo de que hay algo peor, no sólo que los males de Haití, sino que el más malo de los males: él. Su propia esencia. En ese vicio que tiene de andar juzgando a los demás. Podría volver su mirada inquisitoria para adentro, a lo aberrante de su moral curiana. O debería decirse curial. Vuelvo a mirar los diccionarios y vuelve a aparecer otra curiosa concomitancia significativa, curiana es cucaracha, dice el Moliner,

curiana (¿de «coriana», por alusión al traje negro de estas aldeanas?) ¬f. *Cucaracha (insecto dictióptero).
Y flipo con las interrogaciones que puso esta mujer en su duda etimológica. Porque no creo yo que venga esa palabra, por asociación hispana entre el negro cucarachil de las cucarachas con las mujeres de Coria, población de la provincia de Cáceres, por el negro de sus faldas aldeanas, de coriana, que además exigiría un improbable cambio de o en u, sino más bien de, con las negras sotanas de la curia, curiana. Que sería en cualquier caso mucho más lógico y directo.
Y cómo prueba de esta posible raíz etimológica se me viene a la cabeza una asociación de palabras del Barranco, que descubrí al poco de llegar, no sin estupor, en el que llaman curianas a un tipo de escarabajo de abdomen muy largo y panzudo, que nunca yo había visto antes, completamente negro, de aspecto rechoncho y sotanario, que parece moverse perezoso por tener que arrastrar su enorme vientre por el campo en primavera. Busco en Interné a ver si encuentro la fotografía del bicho y por curiana sólo salen cucarachas, pero por fin encuentro todo sobre él. Bendita sea la Red que todo lo sabe y todo lo pesca. Lo que encuentro con la foto en macroinstantes.blogspot dice así:

La aceitera común (Berberomeloe majalis) es una especie de coleóptero polífago de la familia Meloidae que alcanza gran tamaño, ocasionalmente más de siete centímetros, convirtiéndolo en uno de los coleópteros más grandes de Europa.

Pues esos son los que, al menos algunos que yo he oído, llaman aquí curianas, y cuando los ven les dicen, curato curato, si no me cantas misa te mato, chofsh, y se los espachurra con el pie.

¿Estamos ante una inapropiada inclinación mía a la explicación anticlerical fácil, latente de otra parte en un pueblo que estaba hasta la corinilla de tener que aguantar el muermo de los curas sin poder decir ni pio por los siglos de los siglos, o ante un tapujo diccionarial de una mujer que tuvo que escribir bajo el poder eclesiástico del más duro franquismo?

No lo sé, los misterios etimológicos son al fin siempre inescrutables, pero desde luego la comparación les viene que ni al pelo a ese ganao, por la pinta y por la definición, eso de polífagos y de ser uno de los más grandes coleópteros de Europa. Yo por mi parte, juro que así como lo cuento he oído llamarlos, y he visto proceder con ellos, en efigie. Y lo juro por los dioses verdaderos, que no por el dios feo y falso del del capirucho con ínfulas en su cabeza ida de iracunda piadez. Por los verdaderos dioses lo juro que no me he inventado lo que cuento, por los alegres dioses, por los que buscan el gozo, por los que ríen a mandíbula batiente, por los que gustan de bailar y encima lo hacen bien. Los mismos que me han asegurado divertidos que ellos no tienen nada que ver en absoluto con ese tipo de visionarios peligrosos que aseguran estar en comunicación con ellos, para meternos miedo y corromper la vida.


Mil perdones, en nombre de estos miembros matabichos de mi especie, al pobre insecto que, en mi opinión, no tiene nada feo para que le haya tocado cargar en él con la fealdad que les corresponde a otros.

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6 ene 2010

Rollos matutinos 31

Como siempre se ha hecho.

Joder, cómo puede ser que en la cabalgata de Madrid, hayan hecho el rey mago negro con un blanco tiznao. Y por lo menos al paje que salía con él en la pantalla de la tele también. Dos tiznaos. Para hacer de negros. En medio de un supertinglao que no ha reparado en medios. Ni en cositas caras. Ni en lo que hiciera farta gastarse para dejar a la capitá con la imagen de curta y de puesta en este mundo y en las técnicas más refinadas de la espectacularidad más puntera y vanguardista que le corresponde, ante Españia y ante el Globo entero. Eso no es casualidad. Hombre, eso... Eso es tela. Marinera. De entrada es una cutrez que tira pa’trás. Y luego... Eso está hasta feo, ¿no? Hoy día. Eso huele a cosa chunga. A sentires reveníos escondidos en lo jondo. Eso... Eso es cutre pero que de profundis. Vaya, vaya, vaya. Lo que viene a descubrir. El betún del rey negro de la cabalgata de reyes de Madrid.
Y eso... sin duda se habrá debatido en los culturales comités de las secretarias de Cultura, encargadas de manejar los presupuestos y tomar las decisiones. Cómo no. Habrá tenido lo de tiznar sus partidarios y sus detractores. Cómo me gustaría oír los detallitos de esas argumentaciones ¿O es que no ha habido nadie que se haya planteado que eso quizás fuera, o fuese, demasiado inconveniente como para ponerse a hacerlo?
A mí siempre me parece (como toda la navidad) lo de los reyes magos horroroso. Un culto al consumo de masas para que la misma masa se consuma en su consumo. El orgasmo de tendero convertido en cosa pública, santa, y fiesta de obligado cumplimiento. La consumolatría hecha religión de religiones. Me inrita ver esas campañas jugueteras consumando cabalgatas en las que se trata a los niños como a tontos y a los padres como idiotas con poder adquisitivo. Me asquea comprobar que no hay elemento político que no le baile el agua al ritual. De pronto el asunto se convierte en una cuestión de estado y como tal se lleva la mitad del tiempo de los informativos. Pero eso es lo de siempre y lo de menos. Lo de más... Lo de más ha sido hoy el detallito de ver a un tiznao haciendo de rey mago negro. En Madrid. Porque es que eso no ha podido ser por casualidad.
Sin embargo, luego, en el acto final, en Cibeles, con un castillo de fuegos artificiales que no veas, no han puesto a toda mecha por la megafonía la cancioncilla esa de a Belén pastores a Belén chiquillos, por ejemplo, que iría más a juego con lo de los tiznes ancestrales, no, han puesto Imagine. De John Lennon. Para que acabara yo de vomitar por si no había tenido ya bastante. De pronto me ha parecido una herejía, por decirlo de alguna manera para que me entiendas. Ese mundo que imaginó Lennon comparado con la imbecilidad de Reyes, encima con el negro de betún. Tiene su gracia la contradicción que encierra. Es posible que el que haya elegido la canción no se haya fijado bien en lo que dice el texto. Quizás no sepa inglés, sencillamente. A mí me ha hecho volver a pensar en un hecho que me aterra desde hace tiempo. Es, que ya no queda nada sagrado, nada serio que vender. Que lo mismo se usa el Himno de la alegría para anunciar un detergente, que la idea de la reencarnación del Lama para que te entren ganas de cambiar de coche. Y quién le iba a decir al Lennon que su canción iba a ser utilizada por ejemplo ahí, esta noche, mezclándose con esa voz de fondo de la presentadora oficial de la tele que decía, ay, qué bonito, qué final. Sí, qué final, decía el presentador (siempre son dos y en estereopareja hetero), Imagine, te imaginas. Sí, decía ella, cuánta gente está ahora repitiendo esa letra con John Lennon, cantándola con él, imagina un mundo sin guerras, imagina toda la gente en paz,... estoy emocionada, ¡todos estamos emocionados!, ¡Sí sí, todos los que estamos aquí queremos un mundo en paz...!, mira creo que estoy hasta llorando un poco (juro que lo dijo).
Y así hasta la nausea y la arcada y la bocaná. Una bocaná por lo demás, dulzona. Laig. Sensiblera. Pegajosa. Farsa y pringosa, como el cutis del rey mago negro.
Y para cerrar la retrasmisión del rollo, va y dice la tía (para culminar un montón de tontas voluntades más soltadas de carrerilla), ¡que a estos cientos y cientos de miles de niños que están así de ilusionados esta noche, les dure la ilusión... toda su vida! Y se ha quedado tan pancha.
Bendito sea el que la viña plantó.
Yo, señores, por mi parte, no sé si me paso presintiendo un no sé que de tonto en todo eso de andar engañando a los niños con los reyes, pero, de lo que no me cabe duda, es del repelús que me da pensar que se pudieran quedar para toda su vida así de gilipollas. Digo yo. Aunque por ese camino va, tan contentos como la presentadora, en este mundo rico, gran parte del producto de las generaciones nuevas.

La imagen del post es de un tal Robert Gernhardt y se titula, “Frohes Fest!” Venía en una postal que me ha mandado una amiga alemana. Representa a la parte vengadora de Santa Klaus, que allí, al igual que aquí es carbón, lo que les echan a los niños malos es un manojo de ramujas. Y siempre me acordaré de cuando mi amiga me contó cuando sus padres, de broma, le pusieron en el sitio de los regalos su manojo de ramujas, y cómo su inmediata preocupación fue esconderlo de inmediato, para que, de ninguna manera, sus padres se llegaran a enterar de que había sido mala. No sé, me gustó mucho la postal cuando la recibí, y me ha parecido que algo importante aporta a lo que quiero decir, sobre las diferentes lecturas y matices que puede tener andar con cuentos, en este Rollo matutino, surgido de la inritación de descubrir ayer por la televisión cómo en el ambiente de Madrid, al fin mi pueblo queridísimo, hay rancios componentes que andan todavía tiznando baltasares, en vez de elegir su representación natural entre la amplísima gama de negros madrileños.

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5 ene 2010

Rollos matutinos 30

Cuento cuántico.

El Cuento sería que el Universo languidece. Puede ser que, por ejemplo, el Sol se enfría pero que no lo hace de la forma esperada por la Física sino de otra rara. De forma rápida y sin que concuerde con las Matemáticas predictoras que venían controlando con sus números el hecho desde el principio de la Ciencia. Tal vez la gravedad se debilita y los cuerpos celestes, e incluso el propio vacío, hacen plofs craterosos y espontáneos en los que se producen gases y materias desconocidas pero que se parecen a las que se generan en la vil putrefacción. También a los individuos les empieza a pasar eso, o hay algo paralelo en los individuos que recuerda eso y que concuerda con el fenómeno observado en todo el Universo. No se sabe qué es, no se sabe qué es, y al final del cuento un niño corta una flor y la mete en agua y en dos días la flor empieza a pasarse y luego a secarse y pudrirse. Sus moléculas comienzan a degenerar y sus mecanismos de cohesión a deshacerse y... entonces hay un corpúsculo dentro de ese cosmos que se expande desde el cual un Perceptor observa el fenómeno y el Cuento entra dentro del Cuento ¿Qué le pasa al conjunto de mi realidad? La energía se apaga, la atracción entre las masas se afloja, hay plofs craterosos que disuelven la compactividad del Todo aquí y allá, cada vez más numerosos y cada vez más imponentes. Angustia y caos. Entonces algún ente caprichoso de esa realidad cognitiva corta una pieza material que tenía la capacidad de crear puertas para la reproducción de nuevas realidades de existencia y la mete en un elemento que prolonga su agonía dentro de un vaso. Y en dos periodos de tiempo después sus congruencias comienzan a desmembrarse y su homogeneidad a mutar en grandes plofs craterosos que producen entidades sustanciales que en algo recuerdan al hedor de lo que la Esencia que habita en su interior identifica con la fermentación de la inmundicia ¿Que le pasa a mi espacio? Se pregunta. Y en su miedo, para agradar a uno de sus dioses, desgaja un módulo de su cosmos que cumplía la función de clonar la intersección de los elementos en el Tiempo haciéndoles nacer. Y la ofrece ante Él metida en una solución de Singularidad para que retrase su degeneración. Dos evos después llega el grado de su muerte al punto en que la descomposición trasforma su estructura tanto ante el espacio exterior como al interior donde Algo sufre por la ruptura de su Física cotidiana y se extraña ante la flacidez de las durezas y los plofs craterosos que rompen las texturas de lo impenetrable irrumpiendo en todo tipo de armonías. Pronto la urdimbre de su suelo empieza a dejar de sujetarlo. El fenómeno le provoca ligereza y él goza del cosquilleo insoportable de su vértigo gustoso, feliz y dichoso con la droga, y, al caer, arrastra al agarrarse en la caída una estructura de gameto que abandona su proyecto embrionario en cuanto que se le rompe el pie que la sujetaba a la vida, y comienza de inmediato la disolución de su mundo. Ese es el instante ínter universal que coincide con la aparición del mosqueo en los Programas de Conocimiento que habitan en su enjundia. Algo pasa que ha hecho que se hundan todas las bases de sus Ciencias de repente. La confusión amarga la miel de sus logros sociales. Se decreta la recolección de miríadas de entidades sexuales de colores para ofrecerlas aún frescas a los pies de cierto ídolo hasta entonces desusado. Un manto de expiración para pasar el miedo del tránsito. Un sacrificio de dolor ante el espanto. Y una miríada de mundos comienzan a diluirse provocando el mosqueo de una miríada de sensores que se dicen que el Sol se enfría pero que no lo hace de la forma esperada en la Física sino de otra rara. De forma rápida y sin que concuerde con las Matemáticas predictoras que venían controlando con sus números el hecho desde el principio de la Ciencia. Parece que la gravedad se debilita y los cuerpos celestes, e incluso el propio vacío, hacen plofs cratrerosos y espontáneos en los que...
Sí repetimos el Cuento desde el punto de vista de los infinitos mundos que nacen alegres, pujantes y gozosos, radiantes de salud, de juventud y de frescura impetuosa, en cada uno de esos plofs craterosos que acaecen en la inacabable serie del desastre circular que hemos contado, y en los que luego alguien en un arranque de dicha corta de pronto una flor, podemos quizás intuir un poco eso que definen los sabios como la infinitud curva del Tiempo y del Espacio.

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24 dic 2009

Rollos matutinos 29


En el candelabro.


La otra noche, al dormirme, justo cuando ya tenía planchada la oreja y daba ese respirón profundo con el que me entrego a Morfeo para que haga conmigo lo que quiera, vino a envolverme una percepción extrañamente deliciosa, que me acordó conmigo mismo más de lo que ya normalmente lo estoy. Fue como una visión líquida que penetraba enteramente los secretos de los fastos de este Mundo al que venimos y en el que estamos hasta que la parca nos saca de la escena. Era una sensación dulcísima y tan sencillamente cargada de armonía que me arrebujé satisfecho de tenerla y me deje llevar al sueño deleitándome en la recreación de las claves y secretos que me trasmitía. Venía a cuento de que esa noche le acababan de romper la cara, de un catedralazo, con una réplica de la de Milán, souvenir de los más vendidos, unos decían que en plomo y otros que en alabastro, que alguien le había tirado con mucha mala leche, a un alto mandatario, más que cómico ridículo, pero que tiene mucha proyección global y es propietario de medios importantes. Mientras se daba un baño de masas le había ocurrido algo así como al que está en la ducha cantando tan contento y de pronto se resbala y se rompe la jeta y se queda consternado, turulato, hecho polvo y con la pastilla de jabón en la mano sin saber ni por dónde le ha venido. Exactamente esa consternación penosa y de dolor fue el cuadro que había ofrecido en primer plano a todos los rincones del planeta en un instante. Que mira que había tenido mala leche el objetivo del cámara, que en el fondo estaría pagado hasta por él. Un cuadro que no podía ser que dignificara, o dignificase, a ningún tipo de personalidad pública el tenerlo. Menos a un político, famoso por evadirse de la acción de la justicia y mundialmente conocido por ser, como el solito, chulo macarrón y prepotente. Una lástima de imágenes, que no se iban a dejar de emitir y reemitir y volver a rerrerreemitirse días y días que a él se le iban a hacer sin duda eternos. Porque había sido una rotura de hocico planetaria en todos sus sentidos. Y ni todo su dinero ni todo su poder podía evitarlo. ¿Cuanto tiempo tendría que pasar antes de que se olvidaran por completo? Nunca. Él estaría ya muriéndose de viejo, descreído del vano placer que le diera la erótica del Poder en su momento y todavía habría, dios sabe donde, quien podría decir de pronto, oye, ¿te acuerdas del hostión que le metieron?, en to’la boca, ¡yo tengo un vídeo que grabó mi abuelo de la internet de entonces!, lo que pasa es que sólo se puede leer con un sistema que se llamaba Windows. Estaba claro, lo más doloroso de ese trago no era el terrible dolor de tener rotos los morros, sino lo otro, la universalidad del auditorio y la lógica falta de piedad del coro. Eso era lo que de verdad debía de escocer. Y el ver los entresijos de esos escozores, y la cachonda versatilidad de puta que tiene la Fortuna, era lo que me venía a mostrar esa percepción en tres d que me envolvía induciéndome esa armonía templada que daba gloria tener camino de los sueños. No por revancha política ni nada parecido, por que se joda por cabrón, se lo tenía merecido, anda y que le den o cosas del estilo, no. De verdad que no. Para nada eso. De verdad. Todo lo contrario. Si hubiera tenido que poner un nombre a lo que el personaje me hacía sentir realmente por él en el fondo habría sido pena. Pero una pena en algo parecida a como cuando ves esas hambres y esas guerras en la tele y uno se arrellana en su sillón hartico de comer y calentito y se dice sin decirse, madre mía, que agustico estoy yo aquí. Y eso no significa maldad ninguna hacia los pobrecitos sino todo lo contrario. Pues eso. Que de pronto veía en mi cabeza todo el follón de reacciones que el catedralazo había desencadenado en un instante con todas sus ramificaciones y detalles a la vez, formando parte de la Bola General de la Existencia: el subidón de los periodistas ante la carnaza de la noticia fresca, la excitación de la ciudadanía con el sorprendente flas de la magnífica boca ensangrentada de pronto en medio del hastío cotidiano del telediario, todos los líderes públicos del Globo, sin excepción de rango ni de ideologías, pensando con horror al enterarse, lo primero, que a cualquiera del gremio le podía llegar a pasar eso, antes de ponerse a hacer, como con todo, política del hecho, el médico famoso y de alto estandin que le ha tocado de pronto dar los puntos, satisfecho de pensar que de estudiante nunca hubiera pensado estar ahí; lo que le habría sugerido de verdad la noticia del jetazo a su exmujer, a las velinas, a los allegados del travesti ese que había aparecido el otro día asesinado por saber lo que sabía, al papa, al padrino, a todos los de su calaña, a los que están hasta los güevos de él, a ese que se parece al jorobado de Notre Dame y que es medio subnormal y barre las calles de un pueblo napolitano que se llama Montichone de la Franchesquina. Y los millones de millones de opiniones personales brotando y rebotando con toda su pureza de forma involuntaria ante la información antes de ser filtradas por el comosedebe, que tenían que ser el eco diabólico que le estuviera silbando imparable en los oídos. Y el Sol que alumbra la Esfera que sostiene su drama personal entre otros cinco mil millones y pico más de ellos. Y el del otro, que como cara y cruz corría correlativo con el suyo pero dentro del mundillo policial y la justicia de guardia: el drama del autor de la mano arrojadora del arma arrojadiza, y la instrucción de su caso. Y el perrengazo, tan grandísimo, que tenía que estar pasando el protagonista, con esa jugada tan jodida del Destino encima, rodeado de personal médico y de los del Gabinete de Crisis de su partido, que le mantienen día a día en el poder, haciendo filigranas para conseguir que el líder se siga creyendo poderoso mientras que le remiendan, al tiempo que yo estaba como dios, los dos bajo la misma Luna, en el mismo Tiempo, y dentro de la misma Representación de la misma Obra del Gran Teatro del Mundo; yo durmiéndome feliz con mi almohada como toda posesión, él con todo su dinero enfrentado a la amargura de la reconstrucción facial, él como siempre montado en la burra de la jet y la alta esfera que corta el bacalao (pero ahora atrapado en un lujo clínico y amargo de olor a asepsia y chuta de anestesia con desinfectante), y yo en el hoyico de mi cama en el Barranco, descatalogado por completo de las pompas de este mundo pero con el Poder de poder dormir a gusto a pierna suelta sin más pena ni gloria que tirarme peos arropado. Mira tú. Y ahí íbamos, cada uno en el papel que le tocaba, sin duda los dos, cósmicamente hablando, igualmente importantes, viajando juntos a toda hostia a través de la noche en dirección al día en el mismo Carrusel. Con idéntico Porqué y escribiendo la misma Historia. Seguramente también con la misma semejanza en el Destino. Y entonces comprendí de golpe la lástima tediosa que me daba su karma, su absurdo despotismo, su ridícula imagen prepotente de gallito dominante corto de talla sin remedio, sus grotescos implantes capilares repeinados, su histeria por vencer al Tiempo y a quién sabe qué más tipo de taras psicológicas con cotas de Poder en plan bruto y hortera, las orgías romanas de sátiros verdes que auspiciaba, ese absurdo empeño de pagar con dinero e influencias polvos con los que dejar patente el esperpento sexual que ya es y será más cada día... De sopetón vi todas las miserias y malaventuras que guarda la trastienda de la preeminencia y me sentí feliz de estar fuera de ese lodazal, al menos en mi avatar presente y por ahora. Tal vez en otro me tocará ser él por haber sido malo y entonces soñaría mientras estuviera en el quirófano con ser un barrancario perdido en su barranco anónimo mientras observa mi desgracia complacido en el colchón de su relajo, y yo estoy en la boca de todos y con la mía rota.

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15 dic 2009

Rollos matutinos 28


Saw 6
Y nada, que no quieren bajar los crucifijos los cristeros. Pero qué crueldad y qué morbo tan grandísimo ¿Cómo puede haber alguien que no quiera descolgar de una vez por todas al crucificado? Hombre, ya está bien. Es imperativo que se quite. Pero no sólo por no ser cosa agradable a los sentidos sanos, ni porque tengamos el derecho a no ver gore sin querer, ni por razones de moral elemental, sino por Él. Por Él, coño, por Él. A Él es al que más prisa le corre. Pero no sólo el que se le descuelgue, sino que se le desenclave luego. Porque me parecería horroroso quitarlo de la vista y guardarlo así clavado en esa postura tortuosa en un cajón oscuro del alma retorcida. Que se le desclave por fin y de inmediato con un poco de amor y que, más que se le entierre, ya que nunca está del todo muerto sino más bien eternamente a punto de morir, se le devuelva a la vida. Y que una vez curado con algún buen betadine espirituoso y samaritano, se le ponga a gozar ¡A gozar, coño, a gozar!, que se le vista con algún tipo de cómoda ropa colorida y se le den calditos y manjares para que engorde un poco, y se ponga guapo y de gusto de verlo y disfrute de la Alegría Cósmica y se ría a carcajadas de los que hicieron de tenerlo allí colgado en ese trance lastimoso su cultura. Y que baile ¡Que baile sambón y sandunguero!, olvidado para siempre de que una vez fue mantenido por milenios hecho un cristo, en el momento estático de la cumbre del dolor y la agonía, por una curia adoradora del santo sufrimiento, con un concepto de Gloria dudoso y reprochable, en el nombre de un dios que, visto lo que hay, no puede ser que sea ni bueno.

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10 dic 2009

Personajes 2 y 3

Plume.
Implume.



Una amiga mía decía que el mundo de la Vida estaba dividido entre los bichos y las plantas. La Vida, esa especie de efervescencia de la Materia que parece buscar el Conocimiento o lo que sea en favor de no sabemos qué Evolución o qué Pollas. Y que los bichos éramos todos bichos y que, aunque parecía ser que, excepto nosotros, ninguno lloraba a lagrima viva ni reía a carcajadas, no se podía asegurar que como, según ella, había escrito Unamuno, no pudiera resultar que resolvieran las hormigas ecuaciones tan complejas que nosotros no llegáramos ni a plantear siquiera. Sabia observación que no sé por qué se me ha venido a la cabeza esta mañana cuando he espantado de la cuneta ese grupo de bichos voladeros al pasar con el coche por la carretera.
Todos eran de la misma generación, pero uno de ellos era más listo. Porque los bichos, dentro cada uno de su especie, somos unos más listos y otros más tontos. Este, o mejor dicho esta si me guío por el género de su nombre genérico, debía de serlo porque me ha parecido que se fijaba en mí, al pasar por delante de mi vista en su huída, cruzando su mirada con la mía a través del parabrisas en un chispazo de reconocimiento apenas trascendente, pero que ha estado ahí y ha hecho que su avatar entrara en mi cabeza y me empezara a contar su historia hasta ese mismo instante desde su comienzo.
Ella desde el primer golpe de consciencia estaba mosqueada. Sabía que algo raro pasaba y que lo que pasaba era de todo menos bueno. Había nacido en una eclosión de más de quinientos miembros y los demás no parecían darse cuenta de nada, pero ella sí. Ella desde el primer momento supo que aquello no era natural. Precisamente eso, que fueran tantos hermanos, era ya mosqueante, pero es que además nada de aquel mundo encajaba con lo que le decía su instinto de cómo tenían que ser las cosas.
Los bichos y las plantas, sabido es, se pasan sus conocimientos a través de las generaciones. Y aunque se conoce por lo menos una especie de bichos, la más arrogante, que somos nosotros, capaz de hacer esa transmisión por vía cultural ajena a la cromosomática, todas las demás lo hacen por trasmisión genética y llevan todo su saber impreso en sus propias unidades de memoria desde el momento de nacer. La especie arrogante cree que su forma única es la leche y se atreve a llamar a eso inteligencia sin darse cuenta de que, si bien es cierto que el método suyo tiene sus ventajas, también produce elementos idiotas y ridículos que llegan, por ejemplo, como aquél ya clásico, a autodefinir su especie, con pedantería aberrante que puede que tenga a todo la Consciencia Cósmica tiesa de la risa desde entonces, como bípedo implume de uña plana. Pero ella no era de estos y estas gilipolleces ni siquiera se le podían pasar por su cabeza, y si era plume o no o si tenía la uña cóncava o convexa no formaba parte de su preocupación en absoluto. Sí, sin embargo, le producía un desasosiego insoportable aquella luz extraña que les calentaba, o como ya he dicho, el que fueran tantos en vez de sólo diez o doce como debería haber sido, y la ausencia de una figura adulta que no sabía por qué tendría que estar ahí y sin embargo no estaba. Estaban sin embargo, omnipresentes, esos seres enormes bípedos pero sin plumas, que con sus alas lineales terminadas en una especie de racimo de gusanos que agarraban, les traían los alimentos y parecían mantener un tipo de orden en su universo y a los que, aunque eran algo así como los dioses, nunca podía dejar de tenerles un instintivo miedo espantoso. Tampoco el periodo oscuro era normal y, además de ser más corto de lo que su código le decía que tendría que ser, no se podía conectar con las ondas de Casiopea, ni abrir el canal receptor de Cefeo para descargar los datos recabados durante la jornada a las Osas por más que lo intentaba, a pesar de que era para lo que estaba desarrollado su sistema neuronal. El resto de sus cientos de hermanas también se percataban de esas alteraciones del ambiente, pero no parecía inquietarlas de la misma manera que a ella. Ella se sabía dentro de un destino extraño que además de anormal sólo podía ser terrorífico. Pero terrorífico de verdad. Mucho más terrorífico que lo que ella misma podría nunca pararse a imaginar en los cortos espacios de tiempo en que no acababa cayendo como sus hermanas en el cotidiano picar del pienso sin pensar y beber del agua de los bebederos, siempre a mano y bien repletos. Algo iba mal. Y ella Siempre supo que habían sido puestas a vivir una película de horror sin escapatoria, aunque no sabía por qué ni parecía que pasara nada malo. Pronto, aunque siguieron juntas, las apartaron de una en una en filas de cientos de espacios individuales muy pequeños, apenas un poco más grandes que ellas mismas, y entonces, al mosqueo inicial, se sumó la indescriptible tortura de la inmovilidad forzosa. Y así había llegado a adulta junto con las otras. Para entonces estaba ya completamente convencida de que eran presas de algún tipo de pesadilla real creada por los bípedos implumes que todos los días aparecían por allí organizando el universo de su horror, y de que ese horror era en lo que consistirían sus vidas, y que, además, lo más horrible estaba aún por venir. Entonces, un recién empezado periodo de luz, estos seres empezaron a meterlas en un sitio que luego traqueteó dando tumbos y haciendo mucho ruido y por fin, después de un tiempo indeterminado de angustia pavorosa, las sacaron a un tipo de luz, que ella de inmediato identificó como la que siempre debía haber sido, y las liberaron del encierro y por primera vez, después de echar una carrera no muy larga por un terreno que aunque no había visto nunca supo que era el suyo por naturaleza, pegando un brinco, había revoloteado. Poco y mal, porque además de que las de su raza no solían volar en grandes vuelos, ella, como sus hermanas, tenían las patas y las alas atrofiadas por toda una vida de completa inmovilización.
El choque con el nuevo medio fue un cataclismo. De inmediato cundió el pavor mezclado con una desorientación total. El mundo había pasado a ser otro completamente diferente, de una inmensidad inabarcable, y estaba lleno de un caos de nuevos elementos que no paraban de mandar avisos de alarma a los sentidos. Durante un tiempo difícil de medir sufrieron un shoc de estrés y pánico que les impidió hacer otra cosa que intentar superarlo mientras huían o trataban de esconderse como locas sin saber ni de qué. Ella fue de las primeras en parar la locura de la crisis y poder empezar a valorar fríamente la nueva situación. Lo primero que le llamó la atención fue el cambio de luz, que ahora era emitida por algo cegador y muy lejano en las alturas que parecían trasparentes y no tenían fin. Después de varios intentos empezó a controlar los saltos y los vuelos y a ganar seguridad en las carreras. Enseguida se reagruparon alrededor de ella varios ejemplares aglutinados por la incipiente seguridad que trasmitía. Después vino el comprender que los comederos habían desaparecido y la comida se encontraba escasa y muy diseminada por un suelo reseco y polvoriento. Antes de que llegara el primer ciclo oscuro de la nueva situación su banda sufrió un ataque de algo asesino que surgió de las alturas y se llevó de repente a uno de sus miembros por los aires. Durante la oscuridad se agruparon juntas bajo el abrigo de uno de esos seres vivos que estaban por todas partes sujetos al suelo, porque sufrían por primera vez de miedo al entorno y de falta de calor. Pero también por primera vez, y eso fue para ella alucinante, sus terminales cósmicas conectaron con el programa estelar madre, recibiendo un torrente de información precisa sobre los interrogantes que hasta entonces no había podido responderse y descargándola por fin de la pesada carga de datos que había almacenado en su memoria durante su vida de encierro.
Habían pasado ya diez periodos oscuros antes de tener el encuentro conmigo. Y su bandada se iba adaptando a la nueva rutina. Durante los primeros días varias habían muerto de estrés y otras inadaptaciones y dos habían sido llevadas, una por ese ser que cayó del cielo y otra por otro más grande con cuatro patas y una boca llena de vértices blancos y puntiagudos, que acechaba escondido entre el terreno. La nueva vida se había convertido en algo duro pero parecía mejor. Había que estar constantemente en alerta y dedicar casi todo el tiempo a malcomer, pero a cambio había desaparecido ese horror sordo y envolvente que impregnaba la cotidianidad anterior. Además no se veía la forma de volver atrás así que, de alguna manera, la nueva situación tampoco tenía escapatoria. Los bípedos implumes habían desparecido por completo y eso le preocupaba ¿Serían dioses buenos que velaban por ellas? Algo le decía que no y que tampoco habían desaparecido para siempre. Los pulsares de Cefeo le habían avisado que esa componente cósmica bípeda no sólo no iba a desaparecer nunca del programa sino que ella iba a ser para uno de ellos el resorte liberador del infierno insoportable que vivía. Por eso cuando los reencontró ayer no se sintió sorprendida. Eran varios ¿Cuatro, tres, o tal vez dos? Sí, eran tres bípedos implumes y dos entes más muy parecidos al asesino terrestre que se había llevado a la compañera de su banda hacía seis periodos oscuros. También tenían cuatro patas pero eran más grandes. Ellas salieron volando porque presintieron que no era cosa de dejarles acercarse mucho. Entonces dos de ellos se habían llevado con sus raras alas unas especies de palos a la altura de la cabeza dirigiéndoles las puntas hacia ellas. Poco antes de que sonara el ruido había mirado al que tenía más cerca y vio que el la miraba mientras cambiaba su palo a una posición vertical al lado de su cuerpo y entonces sonaron los estruendos, tres, como los que habían estado oyendo a lo lejos desde que empezó ese ciclo de luz pero más fuertes y cercanos, ¡PAM, PAM! ¡PAM!, dos seguidos y uno un poco más separado. Y como si estuviera relacionado con ellos cayeron de inmediato dos miembros de su bandada y el bípedo implume que había puesto su palo vertical. El bípedo desplomado al suelo, sus compañeras a plomo en el aire. Nunca olvidaría el olor que se produjo. Y supo que, como había supuesto, los bípedos implumes no se habían ido para nada.
Hacía un momento se habían vuelto a encontrar con otro. En una de esas estructuras grandes que se movían muy deprisa siempre sobre esa formación larga sin principio ni fin, de superficie negra y dura, que atravesaba el terreno sobre el suelo. Las otras no lo tenían muy claro pero ella había visto dentro a uno de esos bípedos implumes, que miraba para adelante decidido y agarraba con los gusanos de las puntas de sus extrañas alas rematadas por uñas, por cierto planas, un dispositivo circular. Algo le hizo comprender que nada tenía que temer de esos seres horrorosos mientras estuvieran dentro de esas estructuras, que sólo eran peligrosos cuando estaban levantados sobre su bipedez. Elaboró el dato y lo mandó de inmediato al primer puerto estelar que su emisor encontró abierto. Porque también durante los ciclos de luz era posible, no verlos brillar, pero si darse el gozo de contactar con ellos. Lo mismo había hecho ayer cuando la escena de los estruendos, y había recibido como inmediata contestación una deliciosa sensación dulce de paz, de conclusión de un pesado sufrimiento sucio con el que el bípedo caído había estado cargando hasta ese instante, no pudo comprender ella por qué.


A pesar de haber tenido siempre todo, él no recordaba haber sido feliz nunca. De niño su puta madre. De adolescente la puta universidad. De adulto las putas oposiciones. Siempre había tenido una puta cosa impidiéndole ser feliz, sistemáticamente. Quizás era por eso por lo que lo único que le había distraído del tedio mullido que había sido su vida en este mundo habían sido las putas. Porque aunque a él no le iba mal con las mujeres, que le encontraban resultón, lo que le gustaba eran las putas. Saberse capaz de poner de verdad a cien a un putón buenorro y desorejao era realmente lo único que le había puesto en la vida. Los otros logros... sí, bueno, claro, debió de ser algo parecido a la alegría eso que sintió cuando se licenció después de diez años de carrera (aunque en eso le jodió lo contenta que se puso su puta madre), y luego cuando aprobó las oposiciones a la judicatura y consiguió plaza en el juzgado de Hellín también puede ser que se sintiera contento, pero allí fue donde empezó la otra gran putada de su vida, la puta carrera judicial. Fue un alivio ir progresando, en la carrera, sobre todo por poder desplazarse a Madrid, claro, allí había más puterío, pero... más de la misma putada. Ni siquiera lo de haber llegado a juez decano le había producido otra cosa que un vano vacío profundo y sinsabor soportable a duras penas. Y luego estaba su mujer. La gran putada de su puta vida. Porque la gran putada ahora era su mujer, la puta de su mujer. La grandísima puta de su mujer. Notaria tenía que haber sido. Con lo mosquita muerta que parecía al principio ¿Por qué se casaría con ella si ni siquiera se la dejó meter bien nunca? ah claro, se quedó preñada al primer puntazo, la muy puta, y a él le había hecho gracia eso de ser padre al parecer, fíjate. Anda que luego el prenda que le había salido el niño. Un hijo de su madre encima de medio subnormal, gordo. Ni siquiera tenía dinero, ni todavía era notaria cuando la conoció, ¿entonces...? Sabía estar, eso sí, ¿no era eso lo que decías siempre? Pues ahora jódete. Si señor juez decano, ahora la notaria se va a quedar con todo y usté se va a joder, por gilipollas. Que hija de puta, que tengo el cargo que tengo por ella, me dijo un día. Por sus relaciones. Una tiesa es lo que es. Si ni siquiera es influyente. La tenía que haber matao en vez de darle sólo el guantazo que le di. Que fui al cajón de los cuchillos, declaró al juez del tribunal de malos tratos, que lo supo por el sonido, que porque lo oyó, que suena diferente cuando se abre el de los cuchillos que el de los vasos, dijo, en el juicio. La muy puta. A él todavía se le notaba la costra del arañazo en la cara. Cómo no le iba a haber metido el revés que le metió. Encima se lo había hecho para que saliera el asunto hasta en el telediario. Siempre fue buena estratega ¡Qué escándalo, una alta figura del Sistema Judicial! Tranquilos, ahí tenéis mi dimisión y que os den mucho por culo a todos. Gutiérrez, mira tío, todos te entendemos pero... ¿cómo has podido caer...?, le había dicho ayer el fiscal general. Ándate con cuidado que mal lo tienes tal como están ahora las cosas, yo ya sabes que para lo que haga falta pero tienes que comprender... le había soltado su colega Ramírez, con todo lo amigo suyo que decía siempre que era. Otro hijoputa. Pero le daba igual. Estaba claro que ella se iba a quedar con todo, pero le daba igual. Le daba igual hasta que le metieran un año en la cárcel que es lo que le iba a pedir el fiscal de la violencia doméstica de los cojones. Le daba igual. Le daba igual que le trataran como un apestado en todas partes. Tenía gracia. Con tantísimas cosas guarras que había hecho en el ejercicio de su cargo, tratarle como un apestado por esa leche tan bien dada. Todo le daba igual. Siempre le había dado todo igual y quizás por eso no recordaba haber sido nunca eso que llamaban ser feliz. Su vida había sido un absurdo más grande aún que la Justicia y ya ni pensar en putas le aliviaba del asco opresor que sentía en los sesos. Un vacío total que al tiempo era un hueco infinito y un sinfín de reconcomios varios a punto de explotar. Encima esa puta cacería ¿Por qué coños había ido a ellas tantas veces? Si en realidad nunca le habían gustado ¿Iba por inercia, porque había que ir para asuntos de carrera, por alternar entre el mundillo del cotarro...? Pues ya tenía que ser gilipollas para haberse metido hoy entre todos esos chupones del Poder que no tenían otra cosa que hacer que hacer leña de su caso para salir del repugnante aburrimiento propio del ejercicio de sus juicios, y usarle de paso como chivo expiatorio del albañal que habitaban cada día. No te preocupes, le había vuelto a decir el fiscal general hacía un rato, estas cosas ahora... pero ya verás, siempre puedes volver a empezar... de que pase un tiempo prudencial... Un tiempo prudencial había dicho el hijo puta. Y le había dado un par de palmaditas en el hombro. Qué asco. Pero lo que más asco le daba eran las palabras de su madre, por teléfono, desde la residencia de lujo a la que se había ido después de la muerte de su padre, en cuanto vio la noticia en el telediario: No dirás que no te había advertido de que era una mosquita muerta, dijo como si se lo escupiera. Desde que te parí sabías que eras tonto hijo mío, pero nunca creí que fueras a llegar tan lejos. Te has superado a ti mismo. Has llegado a la fama llenándonos a todos de vergüenza. Qué lastimita que no esté ya tu padre para que lo hubiera visto, él que siempre se ponía de tu parte.
Qué asco, se dijo sintiendo la nausea de todo el asco de su vida en la boca del estómago al tiempo que salían las primeras perdices levantadas por los ojeadores. Casi no saben volar, míralas, se dijo dejándose enraizar por un odio indiferente en todos sus sentidos, son como yo, un producto del Sistema, ni siquiera saben dónde están. Las crían en granjas para soltarlas luego y que haya algo que cazar en un mundo falso carente de verdad y de sentido. Eso si que es una vergüenza. Qué asco. Y mientras levantaba la escopeta apuntando a una de ellas se le impuso en el alma el sentido trágico de un libro de Sartre sobre el Asco que había leído en su juventud sin ningún entusiasmo, pero que ahora fue el interruptor que acabó de reflejar el movimiento a su brazo. Si hubiera estado en contacto con las estrellas se habría enterado de que lo que iba a hacer era de nuevo lo que quería su madre que hiciera, pero los de su especie no tienen instalada de serie conexión astral. La Vida, se dijo. Después de gestionar tanta porquería iba a hacer algo por la Vida, coño, decidió al instante mirando a la perdiz que hacía un microsegundo iba a matar ¿Le estaba mirando ella también? pensó extrañado en el momento último que se encajaba la boca del arma bajo la barbilla y PUM, voló la irresistible opresión de sus sesos por fin libres hacia el cielo, en un estallido cálido de gloria, dejando al pájaro en el aire libre para volar, volar, volar, y seguir volando unido al gozo sideral mientras su cuerpo vacío caía, felizmente desmadejado, al suelo.


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