21 may 2013

Personajes 13

El Samsara vergonzoso

Todo es relativo. Y así también el amor propio. La autoestima. Tiene gracia. Uno piensa a veces de si mismo seriamente: vaya mierda que soy. Y luego miro alrededor y veo personajes como por ejemplo la Esperanza Aguirre, tan pagada de si misma con ese mohín indecente de niña rica consentida de colegio bien revieja, tan creída, ¡con la mierda tan grandísima que es!, y digo, oh dioses, si es que existe la objetividad… Pero seguro que la tía piensa, cuando piensa en el mojón histórico que va a dejar en la Historia del Tiempo y el Espacio su paso por el cosmos de los vivos, que es la hostia. Esto si que es hacer algo importante en la existencia, se dirá. Se le ve que se lo dice. Yo sique sique. He llegado, si señor. Mírame ahí. Soy una de las grandes. A ver si como colofón me hacen un funeral parecido al de la Thatcher. Bueno, pues yo lo tengo claro: cienmilmillones de veces me da a mi más sensación de validez, cósmicamente hablando, ser yo que ella. Dicho sea por supuesto sin ninguna intención de decir que yo sea algo que pueda merecer la pena para nada. Ni que tenga este texto intencionalidad política. Es sólo que si es que es verdad, oh dioses, eso que creo que dicen los hindúes de que todos somos en realidad distintas encarnaciones del dios Rama (o del que sea), ¡asistidme cuando me toque a mí el trago de tener que vivir la vivencia de ser ella! Porque pensado desde este yo mío de ahora, es un ridículo tan grande que no me parece posible que lo pueda soportar, y entiendo lo que es, de verme metido en la talega de ese karma, el suicidio de inmediato, aunque tuviera que ser cortándose las venas con los dientes.
¿Será este sentimiento insoportable que trato de contar la védica interpretación de la vergüenza ajena?
Después me pongo a pensar en el poder y la gloria que las sociedades dan a estas miserias personales y me inflamo el ego recreándome en el valor de ser un completo marginado. Aleluya, aleluya. Me digo dispuesto a disfrutarme a tope como soy ahora que puedo, que, aunque hay otras vidas que parecen interesantes y atractivas de reencarnar, vista la cantidad de mamarrachos que hay en el catálogo… no sabemos las sorpresas que el Samsara nos pueda reservar. Pero si en esa rueda funciona la ley  de la estadística…



Nota. Valga la foto para confrontar el frío repelús que causa la potencia diabólica del aura de la Thatcher, con el bochornoso oprobio que da la ignorancia atrevida, al fin dentro del hispano pretencioso más paleto, del fantoche de la Aguirre.
Nota 2. Claro que hay muchos más personajes invivibles como ella en todos los campos y parcelas dondequiera que se mire. Ni es tampoco el primer caso con el que me espeluzno pensando que me toque por turno la vida de ser ellos. Pero la vanidad de esta tiene algo tan fatuo que me es insoportable. Quizás por eso ha llegado a ser la presidenta de una rancia agrupación fundada en el carácter patrio de este tipo de vergüenza pata negra. Tan dentro del origen de nuestra denominación.

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13 may 2013

Rollos matutinos ¿80?

De gilipollas, gilipollauras y gilipolleces

Gilipollas es una palabra que yo utilizo demasiado. Pero es que la significación del gilipollas abarca un espectro inagotable. Porque lo gilipollas engloba, además de a lo tonto y lo estúpido (pero curiosamente también a los listillos), los mundos de lo molesto, lo pesado, lo fatuo, lo lerdo, lo mezquino, lo ruin, lo simplón y lo taimado, incluso lo ridículo, y hasta al que le gusta andar jodiendo la marrana queda perfectamente dibujado cuando decimos de él, hay que ver que gilipollas que es el tío. O la tía. Porque además de muy polivalente el calificativo es unisex. Y si una cosa es cierta en esta vida es que tan gilipollas son los tíos como las tías. De hecho, esta disquisición sobre la gilipollez me ha venido a las mientes tras haber leído una noticia que decía que en Jerusalén judías reformistas y conservadoras habían sido apedreadas por judíos ultraortodoxos por pretender rezar contra un cacho paré en el que al parecer, según los ortodoxos según designio de su dios y desde hace tres o cuatro mil años, sólo los machos tienen el derecho. Lo otro, el que un chocho se pegue cabezazos contra las santas piedras como es costumbre de ellos, implica una blasfemia por la que hay que llegar a matar si es necesario, para la parte machuna de esta historia. Y para la parte femenina… pues hay dos. Porque resulta que parece que en la trifulca de este caso mientras un ciento de ellas querían entrar a rezar a toda costa donde los hombre aunque las mataran de un cantazo, un millar, también mujeres y judías fieles a que sólo sus machos ortodoxos tienen el poder y la gloria de ya ves, frenaban a las guarras que no tienen vergüenza hombre por dios, como se atreven. También a toda costa. O sea que, aquí tenemos un ejemplo de que todos son igual de gilipollas. Y si acaso hay, en este triángulo equilátero, alguien que lo sea un poco más, son sin duda las mujeres que dedican sus esfuerzos a conseguir hundirse aún más adentro en ese club que hace de la machorrez una virtud divina milenaria, empeñándose en llegar a ser miembros de pleno derecho de él, en vez de mandarlos a todos a donde corresponde. A la ignorancia. En la que desde luego viven y con la que se les debe honrar eternamente. Y dedicarse a vivir todo lo alegremente que se pueda lejos de esas taras espantosas. Y si es que hay que ponerse a luchar porque te opriman, coño, que no sea por empeñarse encima en formar parte sacra de la cadena puta. Porque eso si que es de gilipollas.


Nota: mis respetos a los mapaches de la foto, que no he podido encontrar de donde la he cogido, por ponerlos a hacer parte de esta gilipollaura de la que están seguramente exentos. Porque si algo parece al observar, es que no son los animales tan gilipollas como nosotros para nada.

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30 abr 2013

Rollos matutinos 79

Buitre con niña

Mientras me afeito lo veo. La visión arranca del recuerdo de una foto que acabo de ver en una noticia del periódico. La foto es de una niña negra desnuda consumida y muriente, en cuclillas y con la cabeza pegando por la frente en un suelo reseco terroso y polvoriento, a punto de palmar de hambre con un buitre al lado que está esperando pacientemente a que se muera. La noticia es sobre el fotógrafo que la hizo y aclara que la foto ganó ese año el más prestigioso certamen de fotos y que la escena era en algún lugar de esas áfricas de dios, y que el fotógrafo se había suicidado en todo el esplendor de su carrera poco después de ganarlo. Uno sabe que uno nunca se puede saber por qué se hacen las cosas y que probablemente a lo mejor en el caso de este suicida ni él mismo supiera tampoco por qué daba ese paso ni cuando lo dio, pero no puedo dejar de pensar que el hecho de andar por este mundo ganándose la vida haciendo fotos como esas tiene que ser algo que le acabe marcando a uno aunque sólo sea por mirar de forma tan directa a la primordial crudeza en que en realidad consiste la existencia. No sé, pero a lo mejor era a este orden de cosas a lo que se refería el mito aquel de la Medusa, que dejaba de piedra al que le viera la cara. Y uno tiene que tener cuidado, si es que anda viviendo de retratar el horror para venderlo al mercado del curioso, de no cruzarse con los ojos de la bestia. En cualquier caso, la imagen de esa imagen me ha estado dando vueltas por el coco mientras que me afeitaba y alrededor de ella he ido descubriendo, como un buitre observador, la trama real del mundo de la Vida y la película particular que conforma nuestra praxis como especie. Ese día a día del bullir humano sobre la costra del Planeta, buscando cada cual arrimar el ascua a su sardina. Y es que, hace tiempo que lo sé, es la búsqueda de ventajas en la obligada depredación que supone el tener que buscarse la vida día a día lo que va creando las estructuras que generan el Pensamiento, la Moral, las leyes, el Orden, y todo ese montaje cultural coercitivo con el que luego se trata de dorar pomposamente la cruda realidad del cósmico pillaje natural con no sé qué trascendencia de aires místicos que tratamos de vendernos como un tipo de civilización que tiende a la consecución de unas cosas divinas frente al caos del Universo. ¿Divinas para quién? ¿Lo serán por lo menos para los que viven de aplicarselas en las mieles de las cumbres de sus éxitos? Porque mira tú si al final ni para esos. En cualquier caso. Pocos son los abundios que no tienen esa tara. La de tener que buscarse la vida día a día. Y desde luego no sólo están inmerso en esa especie de castigo natural los que tienen el marrón de tener que buscarse el mendrugo de pan y el trago de agua, que es desde luego el marrón donde los haya, sino que están también los que se meten en las luchas de tener que buscarse el prestigio o la consideración de vete tú a saber qué fatuos sueños de poder, quizás al fin peores y más encarnizadas que las que llevan a cubrir las necesidades más elementales. Con frecuencia estos que tienen antojos elitistas son los que se encargan de acarrear la ruina a toda la purrela que forma la esfera de pringaos, aunque estos por su parte parecen no haber venido al mundo sino para satisfacer el objeto de ese abuso. Entre los que están en el punto extremo de la niña del buitre y de, vamos a poner, uno de la trilateral esa que dicen que son ahora los que mandan incluso por encima de papas y gobiernos, hay por supuesto todo un abanico de niveles que se cruzan entre ellos con infinitos lazos de interdominaciones. Y si bien es sólo la mayoría la que está metida hasta el cogote en el más cutre carrusel del corre que te pillo sin parar, la verdad es que luego los de la clase esa que llaman media-alta, y que se creen que ellos se han llegado a aupar a una especie de limbo superior por encima de las calamidades de esas cadenas inferiores, están prácticamente todos hundidos en la misma miseria de tener que mantener, interminablemente, la misma lucha agotadora para defender los escalones conquistados, ya sea yendo cada día a un trabajo indeseado teniendo que estar encima al loro de cortar, desde que nace, la posibilidad de que te quite el chollo que disfrutas el que pretende ascender a costa tuya en cuanto te descuides. Y es que, desde luego, es el defender el pille, cada uno del cacho que ha alcanzado a pillar, lo que genera la asociación de acciones que van encajando el plebiscito social de toda la estructura de la trama del reparto de poderes. Cuidado con el que cuente otra tipo de milonga para justificar la Ley, porque o está tratando de engañar para legitimar su pillar el muy hijo de puta o, lo que es muy raro pero es peor en cualquier caso, él es el primer engañado porque además de un hijo de puta es completamente gilipollas.
Pero, ¿a qué venía esto con respecto al nefando cuadro de esa pobre niña y de ese afortunado buitre? Ah, sí, ya, claro, es que de pronto parecía que no pero es precisamente entre las sombras de este flash donde queda perfectamente retratada la oscura razón de esta triste escena. 



Nota in memorian: el autor de la foto se llamaba Kevin Carter, sudafricano, y se suicidó en 1994. Con la niña y el buitre nadie sabe lo que pasó pero parece deducible.

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12 abr 2013


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7 mar 2013


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6 feb 2013

Rollos matutinos 76

Caravelle
En la pared de mi escritorio, si se puede llamar así a ese sitio donde tengo mi ordenador en el que paso los años frente a él pensando en escribir sin escribir una sola palabra, tengo pinchadas multitud de notas. Fotos, citas, apuntes que un día fueron claves para intentar desarrollar después ideas y que luego quedaron en performances de intenciones polvorientas sin sentido colgadas con chinchetas. Lo mismo pasa en mi sesera con las brillantes ideas. Pero ahí las inscripciones enseguida se esfuman poco después de ser leídas con el mismo ojo ilusorio que las escribe sobre un soporte tan imperecedero que es en realidad inexistente. Algunas reaparecen de vez en cuando con el tiempo para volverse a perder casi enseguida. Pero la mayoría se disuelven en la nada para siempre dejando sin parar lugar a otras que se van por el mismo camino echando leches. Sin embargo, las notas polvorientas que penden de una chincheta en la pared de ese sitio que podría llamarse mi escritorio, siguen ahí estáticas frente al paso de los días, que de pronto son años, aunque muchas luego uno no pueda saber por más que las mire por qué coños las colgó ahí enfrente como si fueran una cosa importante que no había que olvidar. Otras de pronto logran al mirarlas sin querer, llamar de nuevo la atención con una chispa de contenido luminoso. Este es el caso hoy de tres papeles que están pinchados juntos. Los descuelgo y te los paso:
El más grande es una foto negra en blanco y negro recortada de un periódico de vete tú a saber cuántos años de eso, titulada PATERA DE JUGUETE, que es un medio plano de siete negros metidos en una barca inflable para niños de las de todo a veinte duros. Porque la foto es del tiempo de los duros. Y habla de gente muy dura. Están los siete que apenas caben en el flotador barca juguete que casi se está hundiendo en las aguas negras de la noche que forman el fondo de la foto, asustados y abrazados en una noche negra, en medio de un mar negro, intentando llegar a las costas del territorio Español, en el momento en que la Guardia civil los ha descubierto. Uno está de espaldas a la cámara, y otro cabizbajo enfrente suya tiene la cara oculta por el cuerpo de este. Los otros cinco miran al objetivo que les está retratando y dentro de su susto sus gestos son extrañamente altivos. Debí pincharlos ahí en la pared de la intención de mi recuerdo para escribir algún tipo de testo inflamatorio contra la actitud que mi mundo tenía ya con ellos hace todos esos años que a lo mejor puede que sean más de diez y más de quince. Creo que hay una máxima, de todas las que entonces debieron formar el texto de la indignación en mi cabeza, que ha perdurado en mi memoria porque me la he repetido a lo largo de este tiempo muchas veces, como un resumen titular de todo lo que siento, siempre que me he ido encontrando con ejemplos de cierto tópico típico en la opinión de mi entorno sobre eso que llaman el problema de la inmigración, que va cada vez más por decir, yo no soy racista, pero aquí ya no cabemos más. A lo que yo siempre me digo: pues no se, pero puestos a elegir así de entrada, yo prefiero milmillones de veces a un puto negro cojonudo de esos que arriesgan todo por cojones, a cienmilmillones de abundios de estos sin güevos que buscan, en este mundo nuestro, desde la primera teta, la seguridad plana y sin cambios de una mediocridad segura en la que no tengan nunca nada que arriesgar. También sé que todo es más complejo y que en el fondo lo que buscan la mayoría de esos negros echándole cojones es pillar todos los colesteroles de esta sociedad basada en el consumo de los otros, huyendo de la zona objeto a consumir a la del paraíso de los consumidores. Pero eso es algo como la vida misma y por eso digo que sé que todo es más complejo. Miro la foto ya amarilleada por el tiempo y pienso en todo lo que querría decir sobre estos negros en el momento en que la colgué, ahora prácticamente olvidado para siempre, y pienso en lo que querría decir ahora sobre ellos, y veo como en un flash de sucesiones de imágenes borrosas el cambio que la escena social ha ido dando en todos estos años. Al principio del fenómeno patera, cuando llegaban a la playa y echaban a correr barranco arriba preguntando a los sorprendidos campesinos que encontraban en el campo por un tasialmería, y ahora, que todo el mundo está harto de verlos y traen quizás las mismas barcas de juguete pero con gps y un ipod de última generación cada uno en el bolsillo para contactar con su punto de apoyo antes incluso de llegar a tierra. En aquel entonces empezaba aquí el ascenso a los cielos de la sociedad del bienestar que nos ha llevado ahora al pum de la burbuja justo cuando empezábamos a creer que esto era jauja para siempre. Así que, dejando correr nuestra mente por el vaivén de aconteceres que han ido amarilleando a lo largo de los años que han pasado los negros de esta foto colgada en la pared de mi escritorio, se podría hacer un análisis sociológico completo del rumbo hacia Occidente de este país nuestro siempre a la cola y lampando por aparentar como los nuevos ricos. Ese saltar de ser paletos más bien de corte agro rural a listillos de la movida cultural del pelotazo. Ese pasar rápidamente del culto al chorizo de taberna al de chorizo culto de fogones michelín. Al final ya hasta las marujas más catetas llevaban de la tele a sus cocinas recetas de menús destructurados. ¿Es representativo en este orden de cosas que algunos grupos de gitanos nacionales llegaran a quejarse, diciendo que ¡ellos también eran personas!, por tener que compartir ¡na menos que con los rumanos! espacio en sus polígamos? Pasamos de andar a real y media manta a comprar a euro y por docenas la manta de cosas que nos hacían los chinos. ¡Exijo hablar directamente con la niña china que me ha cosido mal los pantalones!, decía una web satírica viniendo muy al caso de lo que estaba llegando a pasar aquí cuando hizo pum la pompa de jabón que abrió la crisis financiera. Con ella, se nos abrió bajo los pies el suelo frágil de aquel sueño de horteras que sostenía nuestro encanto y desde entonces no hemos parado de caer y recaer de nuevo en la miseria que tanto forma parte de nosotros y que sin embargo habíamos olvidado tan pronto y tan deprisa. Ahora vivimos cayendo en un caer que vive como parado en el tiempo sin querer pensar que a lo mejor el suelo de este batacazo va a estar aún más abajo que aquella España miserable de la que no hace tanto nos aupamos poniendo el pie sobre los otros. Los otros que, a fuerza de currar para nosotros como esclavos allá en mundos perdidos se han hecho los dueños del negocio planetario. Y ahora ya empiezan a plantearse que puede que sea el momento de que seamos nosotros los que tengamos que empezar a trabajar para sus jefes como chinos. Qué de historias. Miro otra vez este grupo de negros abrazados en su patera de juguete y observo lo fuertes y sanos que parecen. Están en su plena juventud e irradian la belleza que es pura energía. Ahí van, o mejor dicho aquí vienen, en ese flotador de plastiquirri que lucía una leyenda a modo de marca sugestiva en la proa de una de sus bordas: Caravelle. Qué habrá sido de ellos en todos estos años. Ahora ya serán negros maduros. Maduros en edad y en relación con el nuevo mundo que alcanzaron. ¿Cuáles habrán sido las novelas de sus vidas? Cuántas vidas de este territorio habrán interactuado con las suyas y en qué modos precisos. Cómo habrá sido el desarrollo de sus sueños, la aparición de sus desencantos, los logros de sus alegrías. A quiénes habrán inafricado con sus polvos. Qué material la de estos siete cuentos personales para escribir la historia general de las dos últimas décadas.
Miro otra vez la foto de los negros en medio de lo negro de la noche metidos en el mar en su barca inflable de juguete y recuerdo las veces que he dicho -siempre que me he encontrado con esos que miran a esta gente como si estuvieran quitándoles algo de lo suyo, que vienen a decir con su mohín de afilada corrección, es que no es posible que se venga para acá todo el que quiera-, que antes en el siglo XVIII a los esclavos había que cazarlos y pagarles el viaje de algún modo, pero que ahora no sólo son ellos los que se lo tienen que pagar muy caramente, sino que encima las duras pruebas que tienen que vencer ellos solitos para llegar a sus puestos de trabajo se encargan de que sólo lleguen los más fuertes. A hacernos las cosas que nadie quiere hacer. Y encima decimos que son una invasión y arrugamos el hocico. Prueba de que vienen porque les traemos es que ahora que ha bajado la necesidad de su servicio con la crisis, han dejado de venir en proporción directa. Pero, en cualquier caso, si es que vienen porque les da la real gana, tiene todo el derecho cualquiera a ir donde le salga de su antojo. Al menos yo eso es lo que he hecho siempre a lo largo de mi vida. Ir donde he querido y he podido llegar. Y nunca me he preguntado si tenía derecho a ir donde quería o a estar donde estuviera, pues eso lo he dado siempre por sentado al margen de cualquier otra ley que no fuera la mía. Las leyes fronterizas de los mapas son, cósmicamente hablando, lo mismo que las del derecho de pernada. Que nunca pueden ser consideradas de ningún modo legales, pero que mientras subsiste su imposición legalizan hábitos del todo criminales haciéndonoslos ver como el mejor orden posible por establecido, en un: ¡A ver si no cómo va a poder ser de otra manera!
Pues con un par de güevos, si señor. Caiga quién caiga, aunque sea uno mismo. Así es como se puede conseguir dar la vuelta a las cosas. Por eso debí de guardar el recorte de la hazaña de estos negros. Espero que hayan sido más o menos felices, porque se lo merecían, me digo guardando el papelito. Y que no hayan acabado luego resultando gilipollas, me aviso a mí mismo de algo que por supuesto sé que pasa, y que se puede ilustrar con aquél chiste que contaba Lascha. Lascha era un georgiano con el que coincidí en Berlín y que contaba muy buenos chistes siempre con moraleja. Sobre la inmigración contó una vez uno que decía: Esto era una familia de inmigrantes que llegan a Alemania y que después de un terrible periplo ya sólo les queda cruzar la frontera por un sitio que es una quebrada tan estrecha que se podía intentar cruzar de un salto. Primero salta el padre, y cruza. Después salta el hijo, y cruza. Por fin salta la madre y se despeña perdiéndose de vista hacia el fondo insondable del abismo fronterizo. El hijo se pone a llorar y el padre le dice, ¡Hijo, qué haces llorando por una extranjera! Pues eso. Sirva también el mensaje de esta chanza para exponer otra cara del complejo polígono que quise introducir con lo de salir después de todo gilipollas, la de los que después de pasarlas putas y saltar por fin al nuevo mundo, se descuelgan con que se han traído pegado al culo un fardo seminal de religiones pegajosas y costumbres denigrantes que parecían ser de lo que huían y es lo que se ponen a incubar. Estas cosas sabido es que pasan. Pero es que la estulticia es una de las cosas más comunes a todas las razas y culturas de todo el género humano por igual. Y no iba a ser distinto por tratarse de inmigrantes.
En cualquier caso… Ni es este detalle base que pueda justificar la tendencia xenofóbica de los abundios medios, ni tampoco es cosa que quiera yo dejar de tener claro a la hora de pensar sobre el asunto. Porque no sirve de nada ver las cosas sesgadas sino en su completo como son, y por eso me lo digo aquí a la hora de hacer esta reseña de aquella nota que pinché en la pared de ese sitio que se podría llamar mi escritorio y que está enfrente del monitor en donde paso gran parte de mi tiempo pensando en escribir sin escribir una palabra. Desde entonces la foto ya se ha puesto amarillenta, y ahora, por cierto, quién lo iba entonces a creer, somos nosotros ya, dicen, otra vez, un país productor de emigrantes. Así que habrá que cerrar esta disquisición tratando de pensar qué gilipolleces nuestras serán las que se empeñen en perpetuar estos jóvenes nuestros por esos países de por ahí por donde se están yendo. Y que tipos de normas sagradas de allí donde caigan les resultarán tan degradantes como para ponerse queriendo o sin queriendo a combatirlas con su cotidianidad en contra de las leyes normalmente establecidas. Considerándolo desde el punto de vista nuestro, tan amigo del España es diferente, y de el de los de donde están, probos ciudadanos que se sientan invadidos por esos mediomoros. Porque sólo mirando las cosas desde todas sus verdades podremos sacar la buena perspectiva a lo que hasta ahora sólo nos poníamos a mirar desde una de sus caras. Claro que, en cualquier caso, no tienen nuestros jóvenes para emigrar necesidad de andarse con pateras. Y en su mayoría pueden permitirse ir por ahí así como que en un plan fino. No es aquello que fue un día de lo de la maleta de cartón atada con una cuerdecilla. Ahora, comparados con lo de los africanos, lo suyo es un viaje de tipo turista con billete de ida y vuelta y con un montón de seguros contratados. No quiero quitarle mérito a su valor ni sabor a su aventura, que serán los que sean como no puede ser de otra manera, pero a epopeya épica les dan mil vueltas los de la barca de juguete. Así que, guardo el viejo recorte de la foto queriéndome quedar en la memoria con el brillo de la gesta de estos negros, como una gema valerosa del poema humano, como un destello de métrica gloriosa a recitarme en momentos decaídos, al margen de que luego el poemario que la engasta sea o no una mierda de rima en su conjunto.

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10 ene 2013

Personajes 12

El tío del drone

Y la Bola gira y gira como un pollo al ast ante el fuego atómico del Sol, y la Gusanera rebulle sobre su globalidad hoy día cada día más ansiosa por aquello de la Crisis (porque de pronto, no sólo es que se haya parado el ritmo creciente de agusane, es que hasta puede que no sea tan grande como se creía el conejo que agusana y acojona eso de encontrarse encerrado sin condumio y con el aire cada vez más enrarecido por los pedos de la superpoblación). Y yo, girando con ella como el gusanillo más que soy, aquí, al margen del gusanal ruido, en este pliegue barrancario de la Esfera donde disfruto de un poco más de espacio y tengo por ahora todo lo suficiente que roer, buscando la manera de matar el tiempo en este giroviaje con estas redacciones, he conocido hace poco a través de la ventana digital a un perfecto personaje para colgarle el 10 por hideputa. Porque eso es lo que es este sujeto que intento detallar. Un finísimo hijoputa, de los del número 10. Como la chica aquella de la película que protagonizó Bo Derek en cacho tía pero este en cacho de algo muy marrano, de sicario frío altamente tecnológico, de encarnación refinada del horror del matarife en el arte de la ciencia de matar. Drone, llamaban en el artículo de prensa que me trajo la información de su existencia al artilugio volador que él telepilota matando desde lejos de verdad en un juego serio de consola como las de mentira. Así que el personaje es pues el tío del drone, un cerdo con alas teledirigidas para el exterminio de alta precisión. Que producen la buscada escabechina sin riesgo ni salpique indeseado para el que la provoca. Entonces: El Cerdrón. Este va a ser el objeto de este Personajes 12. Un verdadero experto en exterminar con finas cirugías, a quién sea y donde quiera que haga falta. O sea, que este elemento se mete en una cabina, en algún sitio seguro del mundo civilizado, llena de instrumento de mandos y pantallas, y dirige su avioncito de juguete a, por ejemplo, una boda de verdad en un cortijo perdido de los montes más arcaicos de la zona más barranca de un país de los cualesquiera donde interese llegar y matar por lo que sea, por nuestra seguridad en el Sistema mismamente, a un asistente prefijado que haya sido identificado asistiendo a dicho acto, y, tratando, dice, de no dañar nada más que a ese o esos que hace falta eliminar (o a los menos posible que estén tan cerca de el objetivo que no haya modo de evitarlo sin poner en peligro la misión en juego) según criterios de los que dicen que tienen el poder de decidir, va y, pum, aprieta el botón del joystick, comprueba que se han infringido los daños deseados tomando imágenes del cirio que ha montado, da vuelta al juguetito, y sale de la cabina quizás un poco trastornado porque esas cosas, oye, siempre le dejan a uno, sobre todo al principio, un rato así como que pensativo.

Después presentará el informe pertinente, digo yo, y se irá a su vida normal, a hacer cualquier cosa de las que suela hacer como elemento social que es integrado en una realidad de día a día. Quizás, para utilizar un tópico manido que pueda en este caso ser, por requetesobado, muy significativo, llevará sus niños esa tarde al centro comercial, a ver una peli de piratas con Penélope Cruz y Jhonny Depp. Y mientras el ve la supuesta película comiendo palomitas al lado de sus crías en mi imaginación, yo me recreo en ver las que le pasan a ratos por su mente sin buscarlo mientras mira la peli de piratas, pues es precisamente muchas veces mientras miramos una peli con la atención entretenida, cuando se producen y proyectan los rollos más privados en esa filmoteca secreta que tenemos por ahí al fondo del yo más subconsciente. Y, a pesar de las infinitas almas que se le pueden suponer al personaje y las infinitas caracterologías que le impriman a cada una de ellas el momento y las circunstancias en que se decida ponerle a funcionar, alucino con lo fríos y escalofriantes que son siempre los entresijos de ese ser acabe resultando quien resulte.
Madre mía. Es que cuantas más posibles personas me monto, barajando las posibles personalidades que caben en el arquetipo de este ente, más escalofríos me da la sutil letalidad que encierra su existencia en cualquier caso. Es un elemento siniestro, en cuanto al quehacer de su karma, en cualquier sujeto en que se encarne su agencia. Y en cuanto lo conocí pensé en colgarlo en el Personajes 10, que era el que tocaba, porque me parecía ocurrente empezar el texto con la relación casual que se daba entre el 10 que le correspondía por orden y el que se merecía por hideputa. Pero poco antes de que aquel artículo me hiciera pensar para ese puesto en este personaje, había aparecido en la escena de los noticieros otro ejemplar de este tipo de gusano matagentes también muy propio para haberle puesto un 10 por hideputa en esta galería de personajes que me traigo, colgándolo en el diez de Personajes. Uno que había aparecido de pronto de entre el público en un cine transmutado en el malo de la peli, con un par de armas de fuego acojonantes, y se había cargado a tiros a unos cuantos en la sala donde se iba a proyectar el estreno mundial de la ficción de horror recreativo que él se encargó de hacer realidad recreativa del horror. Parte de los asistentes se creyó durante la matanza que toda aquella escena de tiros y de muertes a su alrededor era parte del espectáculo de presentación de la película, y gritaban entusiasmados con la genialidad de los organizadores en medio de los tiros, disfrutando de saborear el susto tan espectacular que les estaban dando por sorpresa mientras aquí y allá caían los muertos (puede que hasta a algunas de las víctimas mortales les pillaran los fatídicos balazos aplaudiendo). Y dudé de si no era con él con quién tenía que hacer la carambola colgándole en el Personajes 10 para darle el 10 por hijoputa, aprovechando de paso para hacer un tipo de post bis aniversario a aquél otro cabrón de aquella otra matanza colectiva de Noruega que había habido un año antes, que tengo figurado en el Personajes 7. Ese que, en el mismo estilo de chou criminal que aparece disparando armado hasta los dientes en medio de una multitud cargándose a to cristo, se había llevado en una isla a 85 jóvenes por delante. Pero es que… en cuanto a cualidad putil… este exhibicionista hijo de puta loco por el cine… en comparación con la casta sicaria y la técnica siniestra y refinada del Cerdrón en su cabina… no había color. Como matador y como hideputa ganaba el Cerdrón. En calidad de vocación, en entrega, en esfuerzo formativo, en sistema, en vileza, en capacidad mortífera, en frialdad de alma… en determinación… en todo. Dónde va a parar. Comparado con él, el del cine se queda en un pobre loco autodidacta del horror más artesano, pretencioso en el afán protagonista y sanguinario el muy cabrón pero artesano. Un puro paleto criminal. Y, si bien su caso tenía de impresionante el shock del ímpetu brutal que siempre tiene la acción del genio loco en solitario, la calidad de su horror no se podía comparar en solidez con la dedicación sistemática del otro, que usa en su matar los avances más punteras de la ciencia como hacen las factorías productivas en las cadenas de montaje. Lo mismo pasaba con la esencia terrorífica del móvil, que en el uno era el gusto irresistible por la sangre, de un ego delirante y asesino, y en el otro la obediencia sin ego de un yo esbirro a la orden militar, irrazonable por definición. No. Si acaso, el valor que, aunque sea repugnante y muy recriminable, conlleva el que actúa solo y sólo por valores personales, por muy locos que sean, sin buscar en absoluto ningún tipo de lucro en su pura acción vocacional, sin importarle un pijo el qué dirán de todo el Universo, apretando el gatillo en un tacaquetaca orgásmico de muerte así como diciendo mirar con qué hijodeputa tan grandísimo os habéis ido a cruzar hoy tan trascendentalmente en esta puta vida, y cerrando por fin el espectáculo de su intenso momento de gloria asesina volándose la tapa de los sesos, quizás encerrara algún tipo de eximente del carácter hideputa si es que, cósmicamente hablando, pudiera haber un juez para tal cosa. Sobre todo frente al agravante que supone en el caso del que vive de hacer carrera del acierto de sus tiros a la hora de matar, que los dé como un mandao, diciendo que lo hace por la seguridad de no sé qué bien que trata de imponernos como nuestro por deber, al amparo de un brazo armado incuestionable y poderoso que incluso se encarga de buscarnos un problema a usted o a mí si empezamos a dudar de que sea cierto eso de que mata en nuestro bien, y sin necesitar más valor en sus hazañas que el de la pericia técnica y el ser inmune al reconcomio de cualquier forma de culpa. Porque lo único que arriesga cuando mata, es que le destruyan el juguete. No había color, el 10 de Personajes era para el Cerdrón por hideputa.

Pero después me ocurrió lo que me ocurre siempre, pasó el tiempo sin que escribiera nada y un día olvidado por completo de aquél certamen me encontré con la foto de la Lagarta y el Ciruelo y me dije que ciertamente expresaba más una imagen que mil y un verbo encendido y les colgué a los dos en el 10 y el 11 de un primer Personajes de pareja y sin palabras. Por desahogar el asco tan tremendo que me dio el encontrarme de pronto con sus jetas. Y fue luego cuando caí en la cuenta de que había perdido la ocasión de colgar en el 10 de Personajes al personaje 10 por hideputa, y pensé en descolgarlos para darle su puesto al Cerdrón y colgarlos a ellos en el 11 y 12. Pero me pareció una tontería, porque además, bien mirado, ni siquiera era cierto que el Cerdrón fuera más hideputa que cada uno de ellos, puesto que este al menos tenía güevos de apretar el botón de disparar, y ellos, aunque pertenecían a más altos estamentos de la máquina que lo mandaba, y cobraban sin duda mucho más, ni siquiera. Así que los dejé en el puesto en que estaban tan bien puestos. 

Y luego, hace unas semanas, justo cuando me disponía a colgarle por fin al Cerdrón su diez por hideputa poniéndole en el Personajes 12, se volvió a presentar otro candidato para el puesto. Uno también del tipo mata gente en show como el del cine, pero este en la categoría infantil. Sí, un joven de veinte años en un pueblo de USA, que coge un rifle de asalto militar y dos pistolas de la colección de armas que tiene su madre para defenderse de todo el mal que nos acecha y mata con él a ella la primera. Después se va armado en ese plan a la escuela del pueblo y se carga de tirón a seis adultos y veinte niños de primaria. Con la última bala se vuela la cabeza. Fin de la película que duró cinco minutos. El mundo, conmocionado mientras los informativos acreditan el suceso, no da crédito. Los medios le dan el ranking de segunda tragedia de USA en ese tipo de sucesos. Buscando en Google cuál había sido la primera me encuentro con una larga lista de matanzas parecidas. Sólo en la última década una veintena. Vuelvo a comprobar lo punteras que son los usas en la producción de este tipo de mendas. Otra vez dudo entre si gana a hijodeputa este o el Cerdrón. El Cerdrón me sigue pareciendo más frío, pero lo de que sean niños los muertos siempre afecta más a la sensiblería. Por otro lado observo que los tres personajes de esta competición son genuinamente usas, y es precisamente lo usa lo que dice que defiende el Cerdrón con sus telematanzas. Algo debe de significar eso. Y en muchas operaciones de limpieza se habrá limpiado y se limpiará niños el Cerdrón, que no tendrán más culpa que estar cerca del objeto que haya que extirpar. De hecho me suena haber visto varias veces fotos de críos deshechos en brazos de gente arcaica dolida e iracunda que los enseñaban como pruebas del destrozo de esos putos aviones teledirigidos. El hecho de haber casi olvidado esas imágenes me hace comprender hasta que punto no vale lo mismo en el fondo de nosotros un niño de un sitio que de otro. La mayoría de las veces los niños que se cargue el Cerdrón morirán sin llegar ni siquiera a ser objetivo de reporte. Además, la madre del mata niños este de la escuela esa sería seguramente procerdrone hasta la médula. A lo mejor hasta soñaba que llegara a ser su niño un buen cerdrón. Nunca se pueden llegar a saber a ciencia cierta los detalles de las cosas. Pero parece cierto que esa gran parte de los usas que se corre con la posesión de armas cada vez más poderosas, son los que abonan con sus leches las industrias del cerdrón para que sea cada día más grande en sus imperios. Y sobre todo… lo secuaz, lo secuaz que es el Cerdrón, que es el verdugo que ejecuta maquinalmente lo que haga falta ejecutar. No hay duda. Yo le sigo dando ganador al 10 en este concurso de hideputas matadores. Además, hasta ganará en número de víctimas, seguramente con uno sólo de sus petardazos. Y en eso de buscarle tres pies de justificación al caso con que si es más o menos cabrón el que mata partiendo de al menos algún tipo de razón o dándose al capricho por completo… eso sólo tiene respuesta con un depende de donde te toque. Si te toca ser un pringado que ha ido al cine a palmarla no hay duda, el mas cabrón es el hijoputa que salió de malo de la peli porque sí en medio de la sala. Pero si te toca pringar yendo, con la ilusión de comer al menos algo más que otros días, a la boda aquella en medio de un barranco anclado en la Edad Media más profunda donde aparece de pronto por el aire el futuro más lejano en forma de aparato volandero criminal que va y te jode porque sí a toda la familia por estar al lado de un primo con no sé que problemas… el hideputa no cabe la duda que no sólo es el cacho cerdrón que se supone allá a tomar por culo al mando del maldito avioncito sino toda su puta casta entera, incluidos cada uno de los miembros gozantes directos e indirectos del Sistema patriocho que financie el interés que ha hecho posible la aparición del puto invento en el horizonte de tu cielo, desde el más rico y poderoso hasta los sincasas que viven de la beneficencia, al margen de cualquier ideología, al fin cualquiera que pertenezca al mundo cuya milicia dirigió el ataque. O sea que tirando y tirando por ahí, hasta tú y yo podemos encontrarnos metidos en el saco de las culpas del Cerdrón. Quizás por eso me haya a mí revuelto tanto el descubrir la existencia de estos ingenieros matadores. No en mi nombre, no en mi nombre. Es lo que creo que trato de decir. Porque este Cerdrón no es ningún héroe anónimo al que encima tengamos que guardar respeto militar, sino un tipo más que mata. En el fondo como cualquier otro que sienta el gusto de matar. Pero peor. Por eso lo del 10. Por que en su caso la cosa no es sólo vicio personal, que por la forma queda fuera de cualquier posible valentía, sino pura profesión jifera. Es el carnífice de una alquimia sangrienta. Un asalariado verdugo frío y maquinal. ¿Te has parado a pensar alguna vez en lo curioso del binomio juez-verdugo? El uno dice, hay que matar, pero no lo hace. El otro mata, sin decir nada, pero diciendo que a él se lo han mandao. Sin uno de los dos no sería funcional el artilugio de apiolar que configuran. Y de los dos el único que tiene la autoría de la muerte es el verdugo. Así, los ancestros del Cerdrón están presentes en las bases más oscuras de los tiempos. Desde los empaladores que cuenta ya Heródoto, hasta los portaalfanjes que están siempre en las salas de tronos de todos los cuentos de Las mil y una noches, para cortar al punto lo que el antojo del visir ordene que haya que cortar. Del mismo modo que sin soldados no tendríamos siquiera el concepto de la guerra, y sin carceleros sería imposible concebir las cárceles, sin este tipo de funcionarios no estaría la historia llena de empalamientos, desollados vivos, quemados en la hoguera, descoyuntes y crucifixiones. No cabe duda. Ellos son los auténticos manufactores de todo ese horror. Y por lo tanto quiero, dándole al Cerdrón, versión aséptica donde las haya de este tipo de sanguinolento tajo, el diez, por hideputa, frente a todos estos otros asesinos compulsivos que ya tienen el convencional rechazo de la práctica totalidad de los abundios, dejar dicho que la verdadera cresa del gusto por el crimen está, más que en manos de unos cuantos asesinos locos que hay que reprimir, más bien metida en las propias estructuras del Orden que establece la Ley que nos gobierna.
Sin embargo…

Sin embargo todo en esta vida es más complejo de lo que a simple vista pueda parecer. Y este sucio personaje no iba a serlo menos. Cómo esbozar aquí el espeso caldo que les posibilita. Hay mucho cenutrio que apoya estos cerdrones. Además de los institucionales, que les buscan, adiestran usan potencian pagan y enardecen. Hay muchos cenutrios vulgaris en todas las clases sociales de cenutrios buena gente. Que les ven bien. Que les veneran. Que piensan que están ahí para su bien. Que les ven en secreto como a tipos envidiables. Que se les pone dura cuando ven las armas prepotentes disparando en las películas de guerra. Hay también los que, no es que se corran con ellos pero les ven inevitables, o a lo mejor de algún modo necesarios, o en verdad, si es que tienen que llegar a definirse, imprescindibles. Y luego están los que no quieren ni verlos pero mejor que estén ahí, sin que se note demasiado, a que tengan que subirles a ellos el precio de su bienestar por una insurrección de las materias primas. Con estos últimos, que son una mayoría, pasa un poco como con los que comen carne con los de los mataderos, que casi todo los carnívoros piensan en ellos con cierta repugnancia, pero que son los que les ponen a mano la barqueta de filetes que ellos compran limpiamente en el supermercado. En cualquier caso nadie piensa en el matarife y el grito del ser vivo muriendo degollado cuando se lleva a la boca el trozo de animal hecho guiso con receta refinada. Pero, qué diferente sería nuestra dieta carnicera si no fuera por ellos. Porque no todo el mundo tiene lo que hace falta para poder matar y comer luego. Y es mucho mejor si alguien te lo hace y tu usas de esas proteínas y luego formas parte de algún tipo de asociación pro derechos de los pobres animales, si es el caso que así hagas mejor la digestión. A estos es a los que ahora me quiero referir marcándoles con la atención de algún tipo de gravamen. Porque es posiblemente entre estas existencias donde resida la clave primigenia de la razón de ser de los cerdrones. Tanto de los que ejecutan a las vacas como de los que matan a los tipos que va tocando ser declarados terroristas según el interés del tiempo que domine. Igual existen ya también estos tipos de tecnologías matarifas a distancia en los mataderos de última generación. Y puede que el que degüella animales en cadena lo haga desde lejos a través de un monitor con un programa que tenga, por ejemplo, una interfaz de dibujos animados de Walt Disney, donde la vaca del dibujo diga muuuu, cuando sea acogotada felizmente con éxito, de alguna forma incluso que un poco graciosa. También se le puede poner esa interfaz de cómic al monitor del drone que mata gentes en los rincones de los barrancos pretéritos perfectos. así sería menos duro para la salud integral del que los mata, en ambos casos. Por qué no, si es algo que no interfiere en la productividad sino que incluso la mejora… A todo llegaremos si ya no hemos llegado. Sólo es cosa de tiempo. Ya verás. El otro día decía Obama de estos ataques: son legales, son éticos, y son inteligentes. Y yo me quede pasmado con la función arrogante con la que había dispuesto los calificativos, para marcar el más contundente orden al mensaje: primero de entrada y sobre todo, el derecho que me otorgo por ley y punto (aunque él seguía con una coma), y, inmediatamente, aunque después sin duda, la conveniencia de su bondad indiscutible tan completa como laica, y por fin, aunque dando una bella envoltura a todo lo demás desde el final hasta el principio, la estética del sentido económico de medios y de vidas, y de la humanidad, fría y calculada pero cierta, que confiere al término inteligentes usándolo como adjetivo de bombazos. De todas formas… esa frialdad de bisturí robotizado… no me pega verle a este Cerdrón siendo condecorado públicamente con podium y aplausos a su valentía, como en la época de los bombarderos tripulados aquellos de los tebeos de hazañas bélicas. Antes bien me imagino esos reconocimientos en formas más secretas de prima y trepe en calidad de su currículo. Tampoco lo veo, como a aquéllos, siendo objeto de grandiosas pelis de gloriosas acciones tipo Rambo. Este más bien dará lugar a un tipo de ficción más dentro del género del cine de vidas retorcidas. Incluso seguramente, más bien pronto que tarde, su categoría profesional entrará, debido a que habrá muchos y dispondrán de un softguar cada vez más sencillo para que hasta un tonto pueda hacer sin problemas lo que hacen, en un perfil masivo en el que cobrarán cada vez menos y tendrán que pagarse a lo mejor incluso el IVA como autónomos. Porque a una pauta de estructuración social así es a la que parece que nos estamos encauzando.
 
Y al fin esto parece, en vez de el cuadro de un post de Personajes, otro post Rollo matutino. Pero es que siempre me queda ahí como que algo en el tintero referente a lo que se trasluce detrás de este señor. Ahora por ejemplo, me imagino lo que dirán de él sus madres. Y veo que cada una de ellas dirá de él una cosa que no será además siempre la misma ni siquiera en cada uno de los casos en los que el personaje se concrete en una sola. Y escucho lo que dicen de él cada uno de los diferentes encuestados que imagino de entre los sietemilmillones que somos y de los tropecientillones que fuimos y de los que serán. Y alucino con la diversidad de pareceres. Me imagino también lo que dirán de él… ¡tú mismo!, ¡piénsate tú mismo, sobre el cerdrón de todos los tiempos, todos los juicios que se te ocurran y así no te dejo yo fuera ninguno que te pueda interesar! En cuanto a mí está sobre todo, la conclusión que yo me monte. Que ahora parece que tendría que ser esta que me estoy forzando a redactar, pero que a partir de ahora será la que sea según cada momento en que lo piense. Porque no es lo mismo opinar desde aquí en mi cabina de acción disparando caracteres lejos de todo compromiso, que luego fuera de ella inmerso en los vaivenes de la vida. También puede acabar uno enamorado de uno de ellos. Por cierto, ¿habrá ya alguna cerdrona por ahí? ¿Cuanto tiempo tardará, si no, en que consiga una ser la primera de la Historia en eso? Y esta, tanto si ya la hubo o cuando por fin la haya, ¿será una bollerona militaria o todo lo contrario mujer exquisitamente femenina? Quizás, en cuanto a matar de forma refinada sea más competitiva que el macho, la mujer. Cuántos puntos de vista diferentes de pronto para el mismo personaje. Y está por supuesto por encima de todas la opinión cósmica. Claro. Esa que se daría desde fuera en un estado de aquiescencia absoluta e infinita. Pero esa es como el punto o el plano de la Física. Que están ahí, pero que solo podemos manejarlos en el terreno imaginario. ¿Cósmicamente hablando, qué es lo que representan los cerdrones? La mayoría contesta a estas cosas tan serias tirando por el morro de las falsas fórmulas de sus falsos dioses. Pero eso está fuera del más mínimo coeficiente intelectual y de la más mínima decencia. Y sin embargo, del mismo modo que toda la Física se basa sobre conceptos ideales fuera de los rozamientos de la realidad, las leyes sobre esto se promulgan con estas fórmulas falsarias como si fueran ciertas y estuvieran escritas por dioses verdaderos. Es un absurdo. Y, cósmicamente hablando no vale de nada ese razonamiento. Así que si vas a perder tiempo en razonar, hazlo de forma que pueda reportarte algo interesante. Trata de considerar, en tu consideración, todo eso que de verdad te sugiera este personaje. Mete también como parte del tuyo el juicio de cuantos más demás puedas llegar a imaginarte, desechando sólo a esos que no sólo tratan de engañarnos, sino que ellos son los primeros que se engañan.
 
Yo que sé… Sé que todo esto que digo de puro impreciso queda raro. Pero lo que intento es tratar de ver las cosas en todas sus corrientes, y al discernir siempre se congela el movimiento. Si te digo que en Usa hay 200.000.000.000 de armas privadas en circulación, y que hay más muertos por ellas que por todas las guerras que han tenido, y que en el mundo el suicidio es la violencia que más mata, por encima de todas las demás incluidas guerras y accidentes, quizás esté aclarando algo sobre el meollo que estoy tratando de desenterrar. Acerca de ese entresijo oscuro que rige el fondo de la cosa destructiva. De la cual, el cerdrón, es, al final, en el sentido de única primera, la última pieza responsable.

Por fin, quiero acordarme de Sleep dealer, de Alex rivera. Una peli mejicana que fue la primera que me enseño eso de los drones. Pero allí, el tío malo del drone se hace al final bueno y dirige su aparato contra la injusticia. Claro que es una peli de ciencia ficción. Pero a lo mejor no está mal acabar esto con un toque de optimismo tonto. En cualquier caso, si puedes, visiona la película. Es una opera prima, pero a mí me pareció bastante buena.




La foto es de lanacion.com. Buscando imagen que poner caí ahí y después en una serie de informaciones que me hablaron de cerdrones que contaban lo extraño que era salir de la cabina aún con la adrenalina a cien después de haber disparado en la otra puerta del mundo y volver a salir al cosmos de la calle de una ciudad de Nuevo Méjico, donde nadie se había enterado de nada, camino de casa, entre tiendas bien abastecidas y restaurantes de comida rápida, en un tono que presagiaba, efectivamente, una tendencia al desquicie y a la autoconmiseración falsa y enfermiza. Otro venía a decir que se entretenía en ver las costumbres y la vida íntima de sus víctimas, este un poco más intelectual, pintando su actitud con el color romántico del protagonista de La vida de los otros, que citaba. También me presentaron a una cerdrona. Tenía que haberla y la hay, y esta en concreto contaba de cómo había pasado todo un embarazo teledirigiendo uno de esos aviones hasta doce horas diarias, hasta que la tripa se le metía ya encima de los mandos, decía, completamente libre de otras contemplaciones. Al final venía a decir que era mejor trabajar así, porque podía estar cerca de sus hijos cada día. Tenía por lo menos otros dos más, comiendo de su drone. Lo que a unos mata, a otros los engorda. Eso es lo que es al final siempre la vida. Y tratándose de la comida de sus crías, las hembras son siempre las que más fríamente buscan el éxito en la caza.


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6 ene 2013

Rollos matutinos 75


75

Pues yo, con lo del 75 cumpleaños del Rey y la publientrevista que se han montado en la tele y todo eso me ha pasado lo mismo que con el discurso ese que hace en navidad, que lo que más me ha hecho pensar es verlo en sí a él en la foto de El País y pensar que esa realidad decrépita sólo me saca 17 añitos. O sea, que la única impresión que me ha quedado de esa imagen real es la de que dentro de ya no tanto tiempo es muy posible que me vaya viendo yo poco a poco también en esos términos caducos. O, visto de otra manera más clara de decirlo, que ese puede ser el pachorcho futuro no ya tan lejano que me espera. O, sin puede, porque lo posible es que sea si no tan así por el estilo, o en esa onda más o menos y desde luego, en cualquier caso, en esa dirección será la deca den cia en que vaya yendo mi futuro, y lo que pasa es que estoy tan asustado de lo que estoy viendo ahora que lo escribo que no hago más que ponerle a la oración adminículos posibilistas para esquivar certeza a lo terriblemente cierto. Porque, claro, él ha debido pasarse mucho, y los de su dinastía no se han caracterizado nunca por tener dura otra constitución que la de sus coronas, y además lleva toda la vida pegándose trompazos y… Sí, lo que quieras, pero también es rey, y goza de los máximos cuidados que puedan existir, los mejores médicos, las mejores cosas para retrasar… No sé, es terrible comprobar que al cabo cualquier esplendor por más real que sea tiene que acabar siendo realmente una ruina. En cualquier caso… Esto es lo que me ha hecho pensar hace un momento la foto del artículo que hablaba de él y de sus años: joder, madre mía, así que el futuro que me aguarda es, poco más antes o después, ese tipo de majestuosos cambios para los que ninguna realidad tiene remedio por más real que sea. Y no acababa de digerir esa constatación del regustillo amargo que siempre tiene en el fondo la existencia cuando he leído otra noticia al lado, esta de hacía sólo unas horas: un niño de seis años muere en el acto arrollado por una carroza de una cabalgata de reyes mientras recogía los caramelos que tiraban desde arriba pajes de sus altezas de fábula oriental. Buf, mira, qué casual causalidad, otra vez asuntos relacionados con shows de realezas trayendo consigo la trágica evidencia del horror fino que siempre tiene por ahí, guardado incluso entre las cuentas más dulces de su cuento, la puta vida.
Pues eso.

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26 nov 2012

Rollos matutinos 74

Dinámica de líquidos.


Las culturas, las ideas, las creencias, las filosofías, aunque unas más espesas que otras, todas son fluidos encerrados en este extraño frasco formado por el espacio entre dos bolas concéntricas que sólo tienen una diferencia de radio de unos pocos kilómetros. Incluso dentro de las más rígidas, las partículas que las forman no paran de expandirse intentando llenar todo, combinándose entre ellas sin más leyes que las que el interés de sus radicales libres tengan. Una vez que entran en contacto, no hay ninguna que al final resulte incombinable. Y cuando se mezclan lo hacen según la dinámica de disoluciones de los líquidos. Y hace ya mucho tiempo que tienes, Genomo, todas tus culturas en proceso irreversible de disolución. De la misma manera que se mezcló en agua el bien y el mal, dicen que en tiempos primigenios, ahora todas tus pensancias están metidas en un mismo saco disolviéndose entre ellas sin remedio. Como en cualquier otra mezcla, hay partes más solubles y otras más resistentes a perder sus estructuras. Unas que desaparecen en la nueva dimensión y otras que tintan con su color todo el disolvente. Están las que siendo porcentualmente muy pequeñas cambian incluso el significado químico del vaso entero, y hay por eso las que siendo muy superiores en moléculas activas sufren el cambio radical de toda su estructura por el efecto catalizador de un par de átomos que andaban perdidos por ahí encerrados en un valle y de pronto montan la de dios al entrar en contacto con los otros. Hay uniones que resultan explosivas y otras que se fusionan tan tranquilamente que nunca hubiéramos pensado que habían sido varias. También existen las que se empeñan en definirse indisolubles, que se enquistan cerradas como cantos negadas a cualquier tipo de intercambio. Pero estas, además de ser un muermo y dar problemas, al final fracasan siempre, porque aunque crean o parezca que son como los granos de arena en el mar, no son sino eso, granos de arena y por lo tanto, cada instante más pequeños debido a la erosión, y al fin serán moléculas dispersadas por completo en la disolución por la dinámica de líquidos. Porque en realidad, el sólido ideal no existe. Y mucho menos en cuestiones de cultura ni de ideas. Gracias al Cosmos. Lo jodido es que estos corpúsculos difíciles de disolver a veces generan al chocar ondas sísmicas dramáticas que causan dolores tan terribles como absurdos, toda vez que, aquí, al final, no va a quedar idea pura ni patria chica o grande que sobreviva a la emulsión total. Bueno, también puede pasar que el proceso se corte, como una mayonesa, a medio hacer, pero eso sería lo peor que podría pasarnos, porque tendríamos que andar reiniciándola para ver si conseguíamos ligar los ingredientes otra vez. Con el fastidio que todo el que haya hecho esa salsa sabe que supone el que te pase eso. Y, si no hay forma de arreglarla, habría que tirar el resultado fallido a la basura, porque una cosa así no hay dios que se la coma. Pero incluso siendo así, después en su nueva condición… Sí, en la propia basura seguirían tal vez su camino cada uno de los elementos por su lado esta vez separados para siempre, el aceite, el huevo, y el jugo del limón. Sin embargo, por ejemplo, la sal… Esa se habría repartido por todos los componentes, que no se podrían librar de ese aspecto común en el camino independiente de su futuro ni siquiera en la oxidación separada hacia la putrefacción aislada. Ojalá no sea ese tu destino, Genomo. Por ahora y a pesar de que las membranas económicas son casi tan indisolubles como las estructuras costumbristas sin embargo ambas se deslíen sin parar. Ayer estuve por casualidad, aquí en el Barranco, con un tío de nacionalidad usa, de padre pakistaní y madre holandesa, que al hablar yo de la cachemira que relata Salman Rushdie en Shalimar el payaso, me dijo, yo tengo muchos parientes en esa zona, es una zona muy bonita lo mismo que esta pero con las montañas altísimas… Y yo vi en mi magín las miasmas usas que a través de esos parentescos estaban yendo hasta barrancos impensablemente aislados en el integrismo más continental cargadas de hamburguesas, y las que a través de muchos como él estaban entrando en el cuerpo del Imperio llevando ramalazos de pakistanería profunda y determinante al punto más sagrado de lo genuinamente americano. Para siempre y sin parar. Y vi a tiempo real el holograma en toda su extensión. Los cientos de millones de canales semejantes a este remanente cachemiro que conectan en inevitable forma íntima y recíproca todos y cada uno de los rincones más pretéritos con todos y cada uno de los grandes centros de las potencias más vanguardistas del Mercaraiso. Y viceversa. Y en un sin fin de conexiones de todos los tipos y en todas las direcciones. Sin remedio. Y sin que quede ningún puto barranco sin tenerlos en cantidad decisiva para procurarse la disolución de sus esencias por completo.
Y mi alma, o lo que sea, se rebosó de golpe en un instante espumoso, en el que el gozo de contemplar la dispersión molecular de las más rocosas tradiciones me recorrió el cuerpo con un cosquilleante escalofrío que me hizo flipar y me llegó a poner los pelillos de punta por un grato momento. Hummm. Por fin el fin de las purezas. Aleluya.



La imagen es un cuadro de Kandinsky  (Amarillo, rojo y azul, 1929), y el texto un trozo sacado de Genomeando.

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20 nov 2012

Rollos matutinos 73

Instantánea conduciendo por la carretera al lado de una de las playas más bonitas de la zona

Por la carretera de la costa hay siempre un continuo ir y venir de seres caminantes, de todas las edades y las razas y casi siempre maltrechos. No muy masivo, pero constante. Raro es el día que no me cruce con alguno cuando voy en coche, yendo para allá o para acá. Hoy eran dos, un tío maduro y un perro que también parecía reviejo. Los dos iban sucios. Los dos iban juntos. Los dos estaban caminando solos sin ninguna duda a ninguna parte que pudiera solucionar su soledad y su abandono. Los dos tenían encima la misma pátina parda y triste de destino miserable. El hombre llevaba dos bolsas de plástico amarillas de las de Covirán. Una en cada mano. Llenas con lo que debían de ser todas las pertenencias de los dos. Su próximo sustento, su posible abrigo, y su total capital. Los dos andaban con la misma expresión mesmérica en los ojos. Incapacitados de captar cualquier mensaje en la luminosidad del día o la belleza del paisaje. De no saber. Ni a dónde ni para ni por qué. El perro era de esas razas que son pobres desde el momento de su nacimiento. Y lo sabía. El hombre también, era de esas razas, y si alguna vez no lo supo, ahora ya no le quedaba duda alguna. Los dos andaban juntos. Porque estar parados les debía hacer pensar que todo era peor. Algo en la vista de su unión resaltaba aún más sus soledades. Me los imaginé a la hora de dormir en la cuneta a la llegada de la noche. Y pensé que al menos de algún modo se harían compañía, pero algo tenían en sus auras que de pronto vi que pudiera ser la suya una relación áspera, de esas de  trato desabrido y duro. De las que encima de estar en todo lo malo uno elige remover con mala leche la carga amarga del destino sobre el otro en una especie de amor malvado y frío. En las que el uno suelta de mal modo su amargura y el otro se la come porque mejor eso que nada. Hay muchas de ese tipo de locura en la vida que podríamos catalogar como normal. Así que es normal que también haya de eso en las vidas colocadas al extremo. Según se mire, hasta con más razón. Pero nunca se sabe porque en realidad, acaso sea lo razonable lo que está, al fin y al cabo, siempre fuera de toda relación.

La foto es una obra de Vladimir Artazov, y se titula Apoyo.

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17 nov 2012

Rollos matutinos 72


Según como se mire

Es de verdad interesante, para apreciar el concepto en todo su aspecto terrorífico, plantearse la cuestión del cautiverio -y por ende, lo del Señor como Pastor que cuida del Rebaño y todo eso, que igual anda por lo mismo- desde el punto de vista de, por ejemplo, el azafrán que llena ahora los platos que tengo en mi habitación mientras escribo, con los pistilos de todas sus flores destrozadas puestos a secar en torno al tubo de la estufa. Esos órganos reproductores femeninos así tratados. Venir a ser, cósmicamente hablando, el ser de tu existir ese florecer y florecer a la existencia de tu cosmología año tras año a lo largo de milenios para el mismo ritual: satisfacer un gusto culinario sibarita en la alimentación del proceso digestivo del que extrae la energía la especie que te arranca las flores en cuanto que floreces. Sin que le quede a tu horrible esclavitud ninguna escapatoria, porque no parece próxima la desaparición del ente que ejerce la cultura de tu amputación.
Sin embargo, y he ahí un guiño del juego especular que es clave para entender la Vida, nosotros, yo mismamente mientras las mutilo, vemos con gozo el holocausto de esa acumulación de órganos genitales tarazados y resecos, como una cosa hermosa en la que hemos conseguido el arte de encerrar todo el perfume y el color que encierra de bueno, de dulce, de mágico, cósmicamente hablando, la maravilla del mundo de las flores. En un montón de canales ováricos ajenos tajados en vivo uno a uno por medio de un hábil pellizco y momificados después de forma conveniente buscando la mejor forma de conservación para lo particular de nuestro uso.

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9 oct 2012

Personajes 10 y 11

La Lagarta y el Ciruelo


Sin más palabras. Ante la imposibilidad humana de encontrarles alguna que les signifique más, seguramente porque son innecesarias.
Quédense mirando fijamente la foto un rato sin pestañear, y verán de pronto, claramente, en tres dimensiones, la profunda cochiquera que es este Sistema.

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4 sept 2012

Rollos matutinos 71

Jeremiada olímpica

Pues yo he logrado, casi sin proponérmelo, no enterarme esta vez para nada de ese evento fragorosos. Tan mundializado, tan compravendido, tan de forma subcutánea administrado. Tan de competitividad espectacular y especulante. Tan de esplendor de esplendores humanistas dorando en brillantes purpurinas de los dioses antiguos del Olimpo la clásica manzana pocha del capitalismo de siempre. Con un palito para que la asgas mientras te la tragas. Es posiblemente el fasto más global de los fastos más globales. Que a mí me la trae, por definición, tan floja. Si he acabado ahora aquí hablando de ello ha sido en parte por Millás, que con ese articulillo suyo tan bueno sobre el Del Bosque y el Florentino que he leído esta mañana, me ha llevado, al hablar en la mesa sobre él mientras comía, a la cosa mas iva del deporte y entonces…
De pronto he caído en que no había visto esta vez de las olimpiadas ni siquiera algo de la ceremonia esa de las inauguraciones que siempre se hacen por todo lo alto y con mucho pim pam pum y coro al himno de la alegría más pura y luminosa que pueda tener la Humanidad hecha quintaesencia gloriosa de la vida cuasi celestial, unida por supuesto de forma irremediable a la cosa de la Banka que todo lo promueve y acapara y que es sin duda lo que está detrás de la tramoya haciendo que nadie pueda quedar fuera del foco del spot del que se nutre. Esta vez, todo lo que me ha llegado de ese caro griterío ha sido el eco de que estuvo en la coreografía que montaron los ingleses en plan fundamental el fundamento de la Campiña Inglesa y de los Beatles, y nada más en absoluto. Ni ningún otro detalle, ni imágenes, ni ningún tipo de información de ningún tipo más, ha entrado en mi cerebro sobre el tema esta vez. Y me he acordado de que hace cuatro años, cuando las chinas, si que vi esa ceremonia de apertura con horror, mientras todos los abundios del planeta la veían con asombro, como simplones a los que se les cautiva, nunca mejor dicho, con una caña de carabaña y cuatro sombras chinas. Yo lo vi con horror. Pocas cosas me han llegado a espeluznar más en esta vida que aquellas demostraciones excesivas de terrorífico sudor colectivista recapitalizado. Florituras de rebaño de elementos adiestrados por milenios en cumplir con sus papeles de hormiguitas. De orden hecho cosa social incuestionable por encima del cual sólo el dinero. Recuerdo que me dije que era preferible para mí que si un hijo mío tuviera que sufrir abusos de menores, los sufriera mil veces en las manos de ese tipo tan denigrado y perseguido por la ley, que tiene que ver con lo sexual, antes que en las de la selección de un comité olímpico como aquél, y por ende de cualquiera de ese tipo, que son un engranaje terrible que rueda y muele en base a todo lo protervo con máscara enlucida en lo más noble. Y me pareció que esa visión, y esta manera de decirlo, era precisa y suficiente para ilustrar lo que sobre el rollo de las altas competiciones deportivas veía mi menda. Y luego, como siempre, se me pasó el arroz de la ocurrencia y pasó el tiempo que siempre se me pasa como agua entre las manos y me encontré que esa apreciación ya no tenía sentido de ser apreciada con actualidad, lejos del contexto de la noticia que un par de meses después ya no solo era vieja, sino inexistente. Por eso ahora he visto mientras comía que pasados ya otros cuatro años, era otra vez el olímpico momento de ser rescatada y escrita aquella imagen tan explicativa que me sugirió la ceremonia de apertura de aquellas olimpiadas orientales, junto con lo que me hubieran podido sugerir ahora estas que se estaban celebrando en plena crisis de la occidentalidad (¿o se han acabado ya? ¿O no se han acabado todavía? ¿O se acaban de aquí a nada?, ya te digo que lo más importante que me han trasmitido estas esta vez, y que es lo más importante que sobre ellas tengo ahora que decirte, es lo que me congratula el logro de que no haya llegado a mi cerebro, sin casi proponérmelo, de la magnitud con que se trata este evento planetario del márquetin global, casi nada).
De pronto oigo a un abundio medio, que no es lo mismo que un medio abundio, pero que también, que me recrimina el orgullo que pongo a mi desinterés por este tipo de fastos como algo así como que de antiguo, de no estar en el momento, de estar anclado en un tipo de ideas ya muy superadas, de estar pillado para siempre en un cierto estilo demodé. De andar siempre buscando las tres patas al banco en vez de dedicarme a disfrutar la vida sin comerme el coco. Porque ahora en eso de tragarse religiosamente el maíz que los medias les embuten en los buches son punteras incluso las porteras, que aunque quedan pocas, quedan, y además riman de puta madre con la clase de su nombre aquí en el sentido y en el ritmo de la composición que ahora compongo y por eso las traigo y pego como imagen conceptual, y representativa, de ese plantel tan abundante que recrimina mi gozo por sorprenderme fuera de la religión de estas celebraciones tan consensuadas por la audiencia general. Pero también siento cómo me miran raro una amplia gama de la gama intelectiva de la intelectec, sobre todo de la más joven, por cierto hoy día más titulada que instruida y más aleccionada que opinante, por no decir que prácticamente todos ellos, tanto los en paro con problemas de proyecto, como los de proyectos con futuros sobre el paro. Porque entre esos, entre esa mara de alevines y alevones que traga con todo lo que tengan que tragar con tal de no enfrentarse de cara a sus frustraciones, especialmente, causa furor el comosedebe estar al tanto de todo macroevento que les echen, y en especial de los de corte deportivamente institucionalizados, y mejor cuanto más bestseler sean en su aspecto aborregante, y disfrutar de la aglutinación en el berreo colectivo, incluso mejor si con cierto toque de aroma patriótico, al tiempo que se adora al ideal de los atletas del mismo modo que se admira a los famosos medallas de oro de lo hortera, como modo de cumplir con el comosedeba, con lo que les echen a tragar, y como forma de llenar con el gusto por la mística del márquetin gregario el vacío existencial que sufren sus criterios personales, tan grandísimo que mirar sólo por un momento en él produciría el vértigo fatal que catalizaría la cuajada irreversible de una muerte interior tan cierta como sin importancia.
Así, no es que no esté bien visto entre la masa el que no te interesen las competiciones y fastos gigantescos, plantados en planteles de fuertes intereses comerciales, que son éxito de audiencia antes de nacer, es que el reacio a comulgar tragándose esos sapos sin mascarlos por lo menos con algún tipo de crítica o mosqueo es un tipo de cuadro execrable de un tipo de jeremías esnobista aburrido y fastidioso que ya no se puede llevar ni en el perfil del mango de un paraguas. Y eso de la masa hoy no es como antes, que se refería de forma despectiva a una amorfa mayoría que balaba unida aparte de no se sabía exactamente qué otra cosa pero que era una minoría por contraposición, tal vez aunque al fin igual de gilipollas más selecta, por tratar de adjetivar la diferencia de algún modo, que estaba en cualquier caso, aunque en realidad no pudieran ser como es normal sino lo mismo, jugando por lo menos a estar fuera de ella como pose. Hoy la masa es el trademarquin que engloba por fin cualquier manifestación de la existencia. Y hay otros mundos, pero están todos en ella y cotizan en el tópic de valores de su trending al segundo, como pasa con las pelas y la vida en los íbex de las bolsas. No importa que tu disidencia sea todo lo criminal que quiera, pero si no puede gustar a algún valor borrego andas listo, eres más que un maldito, un pesao que ya está con lo de siempre. Pero, ¡si a mí sí que me interesa todo ese chou de llamaradas llamativas deslumbrantes que nos administran por todos los medios desde las alturas!, digo siempre cuando me encuentro solo ante la corriente que arrasa con la contundencia de su masividad cualquier andarrío suelto que se ponga por delante. Y la verdad es que mucho. Pero no en cuanto a la insulsa fiebre festiva colectiva que inoculan. A esa calentura soy inmune, y nada puedo hacer por contagiarme. Sin embargo me interesan y mucho sobre todo en su sentido más genérico y profundo. Me recrea meditar sobre todas esas drogas que se toman y se meten por venas por bocas y por culos todos esos cuerpos que se nos publicitan con el aro angelical de la olímpica pureza, ahora en la Olimpiada, por ejemplo. Sometidas encima al control de calidad de unas pruebas antidoping que son el record olímpico de la hipocresía y del retorcimiento de la falsedad, cada año también, como las otras marcas, superadas en el listón del avance tecnológico. El fondo de ese afán que llaman deportivo es enfermizo. Encierra una tortura grave de la naturalidad con que intentan vendernos ese encanto. Todo eso por qué, ¿en aras de qué dios insaciable se ejerce ese terrible paroxismo? ¿Por la sagrada Superación de los límites humanos? ¿Por el culto a la Competitividad incuestionable? ¿Por revalorizar el Espectáculo de cara a la taquilla? ¿Porque los juegos, como el Sistema mismo, si se para el reloj del crecimiento pierden todo su sentido en un segundo? Me divierte pajearme las neuronas con todas estas cosas. Hacerlo sin rigor y sin finalidad, mirando al pairo, del tirón, a lo que vea, como jugando a jugar a ver qué veo sin mirar. ¿No es interesante, ni socialmente significativo, el que miles de indignados clamen al corte de cabezas porque políticos de alto nivel de su país cobren cien mil euros anuales, por haberse ganado el partido de unas elecciones, y después ese mismo individuo salte y se enardezca como un verdadero gilipollas enarbolando los colores de la patria costrosa que hace posible el acto de ese robo que le indigna, babeando por unos mendas que se acaban de llevar trescientosmil euros cada uno, por haber ganado el partido de una copa, tan contento de ser el pasto que hace posible el triunfo de esa pasta? Señores… Déjenme a mí disfrutar en vez de esa coreografía de regateos y carreras luminosas, que tanto ha conseguido enardecer a todos, del espectáculo oculto de toda esa mara sumergida que trabaja para hacer realidad toda esa magia, si bien alucinante, al cabo tan fatua como cualquier juego de manos. Que eso si que es un monstruo gigantesco de un esfuerzo atroz y silencioso digno de ser mirado en toda su grandeza. Es difícil mostrarlo con un nombre. Es esa voráquina multidisciplinar que forman desde esos millones de chinos currando como tales sin parar en fábricas de concentración para elaborar desde la más absurda de las merchandising a las cosas tan de base como los propios uniformes que lucen los atletas, hasta el ejercito ingente de elementos que va desde el marasmo de peones constructores de las obras gigantescas que albergan los eventos hasta el de obreros barrenderos y limpia váteres y gradas de todos los colores que hace falta después para el mantenimiento, pasando por todo el montón de técnicos eléctricos, de sonido o de organización y de mantenimiento, y comentaristas y cronometradores, y expertos en comunicación y en aéreas nutricionales y de seguridad o doctos en entrenar los doping de las drogas para que no den positivo en ningún caso cosas que puedan afear lo que ha de ser divino en su belleza. Todo ese derroche de energía visto de unidad en unidad en cada detalle de las grandezas y miserias de cada uno de los elementos que lo forman. Ese magma bullente y gigantesco no se puede describir. Sólo puedo llamar tu atención sobre él para que trates de verlo como yo lo estoy mirando. Esa es la competición espectacular que a mí más me interesa en este tipo de quehaceres. No sé a quién correspondería subir al podium de esta competición, ni a qué dios habría que ofrendarla, ni que himno habría que tocarle al que fuera ganador del rollo de esos juegos, ni si a alguien habría que descalificar por violación de no sé que reglamento que, cósmicamente hablando, no se tuviera jamás que violar y que sin embargo, como es lógico, sistemáticamente se viola. Ahora se me viene a la cabeza el sueño de uno de esos cientos de miles de cerdos que han sido comidos olímpicamente durante las celebraciones. Porque también hay que mirar siquiera por un rato al alma de todos esos seres que han servido de alimento con sus carnes al esplendor mundial de la olímpica quincena. He tenido un sueño, le he oído decir al cerdo de mi sueño a otro cerdo colega de jaula en la granja de exterminio donde tiene lugar el trascurso de su vida, he visto como al final de toda esta vida de prisión en la tortura para engorde acelerado que sufrimos, mis carnes queridas van a servir de alimento a un atleta que va a superar el record de salto con pértiga y a un gordo empresario de Brasil, que por no sé que extraña coincidencia va a comer un par de veces en el mismo comedor que los atletas, así que, aunque sólo sea en esencia, además de volar por las alturas del aire y de la gloria en un cuerpo grácil, voy a formar parte de otro muy rico, que aunque no en el sentido que ahora tengo de jugoso, si va a resultar en ser mucho más cerdo que yo. El que no se contenta es porque no quiere, le contestó el cerdo compañero de jaula. Y siguió comiendo, como se esperaba de él, igual que el otro, pero sin buscarle lado bueno a su asquerosa vida. Queda por discernir, a qué coño exactamente viene aquí este cuento de guarros, y si alguno de ellos dos, en cualquier caso, fue realmente más feliz que el otro y, en caso de que fuera el cuento así, si fue el más feliz el que buscaba la positividad en el karma o el que aceptaba el karma sin positividad.

Postdespués:
Pos después, ya acabado el post de antes, resulta que no he podido escaparme sin ver la de clausura.
Sí, estaba mirando las estrellas del pozo sin fondo del cielo de la noche, en la terraza, tumbado bocabajo a él encima del colchón, cuando llegaron a mi oreja desde la tele acordes creo que del Wish you were here de Pink Floyd. Y me dije, la ceremonia de clausura. Y me bajé a verla y me vi todo lo que quedaba.
Creo que si algún resumen tuviera que hacer de ella es que ha sido un cántico triunfal a ese espacio generacional que es el mío y que es el de los que ahora mueven la pala de la pela de este barco sin timón en el que no va a callar la banda aunque se hunda. Hay que ver qué cosas veo mientras veo en la superescena ininterrumpida del estadio no sé que viejos que dicen ser los Who’s, y el Fredy Mercury comprimido en holograma extemporeo y tridimensional de un muerto siempre joven y atractivo de sexo eternamente incendiario y revoltoso … Qué de claves para la comprensión de los intríngulis sociales y de sus devenires surgen contraponiendo aquellos jóvenes contestatarios con estos viejos aún sin contestar. Esas generaciones de este Occidente que no están libres de la culpa de las guerras pero que es como si no la hubiera habido en realidad durante setenta años ni nunca más la haya. Jugando a darse el gusto de ver puesta, desde el poder de su tercera edad, aquella simbología que tratara el Poder como locura, de banda sonora de la locura de su sueño despertado en el Poder.
Y pos claro que me he quedado mirando todo ese estallido de color y pirotecnia tan grandísima de medios y espectáculo. No soy ciego ni tonto. Ni es mi caso crítico el de ningún tipo activista resentido ni antinada. Y siempre me ha encantado el artificio de los fuegos. Pero cuántas conclusiones. Todas con algo de sardónico en el regusto final. A lo largo de esa contemplación. ¿Celebrarán dentro de cincuenta años un acto de clausura de este tipo de juegos con una celebración así por parte de unos viejos que ahora son los jóvenes estos que están como perdidos y no contestan nada? ¿O se habrá roto ya entonces para siempre la trayectoria de la historia que ahora han vendido todavía como inquebrantable y entonces no podamos hacernos ni una idea de lo que será lo que sea? Contrapongo lo que debieron ser aquellas olimpiadas de la Atenas de Pericles, sólo visibles desde dentro del estadio, con luz de antorchas en las noches, y estas de apoteosis tan electrónica y global, con ese despliegue de escena cuasi cósmica, y me digo que el Futuro ya está aquí, y que vaya mierda que ha resultado ser el Futuro. Después me entretengo pensando en cómo aquellos atletas ganadores clásicos serían seducidos y manoseados por los ricos del entonces que sintieran el gusto de darse ese placer con el interés que cada uno tuviera, y los de ahora, igualmente convertidos en la picota de todo tipo de interés manejado por sus managers. Y alucino. Con lo que el mundo es desde que el mundo ha sido. Todo el toma y daca entre la parte negra y la parte blanca de todo ese torrente que junta en el mismo albañal los dineros y las genialidades.



Algunos flases sustanciosos:
Uno muy bueno, por lo macabro, es el del detalle de parar en seco, de repente y por un instante, el ritmo apoteósico del espectáculo final, para centrarse en poner solemnemente el Himno Griego, mientras suben a toda pompa la bandera de la Grecia actual, como si tuviera algo que ver esta con aquella con cuyo misticismo tratan de hacernos sentir reasociados, y sin que importe en absoluto cómo lo están pasando los griegos de ahora por culpa de esa misma maquinaria que les usa en forma tan particular y descarada para sacrosantar con aromas de oráculos antiguos la celebración divina de su actual mercado de valores corrompidos.

El de los vencedores mordiendo picaruelos, para los fotógrafos, los falsos medallones que acaban de ganar. Que me parece un guiño muy significativo y por eso lo he puesto como imagen. Por un lado porque algo se me antoja cuando menos de curioso, en lo que se puede concluir comparando aquellas coronas de olivo y estos oros, para más detalle falsos. Porque ese gesto de morder probando la autenticidad, desde siempre asociado a lo más vil del alma más mercante, además de decir mucho de lo que es en realidad hoy eso que llaman espíritu olímpico, y escala de valores de la sociedad, es encima un riesgo que puede dañar el trofeo para siempre, porque estas medallas son tan de mentirijilla como aquellas monedas de chocolate que comprábamos en los kioscos cuando niños, y aunque pesan más de 400g (el burro grande ande o no ande), solo tienen 6 de oro. Finísima capa que mejor no andar poniendo a prueba por si acaso. Y, ¿no es, llevar al podium ese aire infantiloide que se pone en el mohín ante la foto, consagrar en los altares de lo excelso el síndrome de Peter Pan al que son tan dados los actuales alevines y alevones de este mundo despiadado y rico con problemas de futuro?

Por fin vino lo del barrendero barriendo el escenario a son de sambas nuevas y entonces supe que las próximas iban a ser en Río y que Brasil explota algo parecido al sueño americano pero en tropical.
Y caí en la cuenta de qué era lo que hacía el rico brasileño en el comedor de los atletas del sueño de mi guarro.

Notas.
Merchandising. Se refiere a todo ese conjunto de sacadineros que son los suvenires y regalos y adornitos conmemorativos, que van desde los calzoncillos con la banderita o log de turno a todo ese montón de objetos sin sentido, prácticamente todos iguales de horrorosos que suelen adquirirse en plan recuerdo. Suelen ser especialmente feos los que representan eso que llaman, la mascota. No sería mala idea, para la salud social, poner una multa al que comprare, o vendiere, uno de esas cosas, en nombre del decoro, en vez de hacerlo a quién ejerza o use de la prostitución.

En definitiva:
Sí, claro, algo de magnífico hay en todo este tinglao competitivo. No se me escapa. Eso de tratar de alcanzar un ideal. Pero yo prefiero ver el brillo que tenga esa grandeza, en vez de en el tarariro tararará del espectáculo oficial, asociándola a la historia de esa atleta negra que ha muerto ahogada, frente a las costas del mundo de estas celebraciones, mientras trataba de entrar en una patera al juego de la competición que no le dejaba otra. Sí, sé que al final puede que sea la misma vaina. Pero mil veces más esplendor en los ovarios y cojones de uno de estos negros, que en cienmil opositores a carreras funcionarias y de esbirros, que no hacen otra cosa que correr tras de la oposición que les coloque en puesto fijo, en la seguridad que creen que da el ir en el barco del que no saca jamás el pie del plato, desde que tienen uso de razón.
Permitidme que me ría sin embargo, de que resulte al fin que, como ahora, también zozobren y se hundan las balsas de currículos en que estos se creían tan estables. Al fin y al cabo, en esta Vida, como en el Mar, por definición, las previsiones nunca pueden ser seguras. Y tal vez radique ahí lo único verdaderamente interesante de toda la Película.


Y resumiendo:
Que en todo este despliegue de teatralidad tan finamente coregrafiado, veo algo así como una Especie más perdida en el Espacio-Tiempo que un burro en un garaje, dando armoniosas coces de ballet en una pretendida escena sideral.

Y paro y cuelgo, que ya se me ha vuelto a pasar el tempo del momento del evento y la noticia y estamos ya de lleno en la próxima olimpiada. El retraso ha sido ocasionado por causas dentro de lo trágico, que al cabo también es algo griego de nominación, pero eso ni justifica mi tardanza ni viene al caso. Y para el caso, en cualquier caso, ya está bien de jeremiar.

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13 jul 2012

Personajes 9

El Blusón del Gig

Esta crónica del Blusón se me vino a la cabeza ayer mientras hacía mis ejercicios de estiramiento vespertino frente al mar lejano al otro lado del aire del Barranco lleno de vencejos. Estaba yo en una de mis flexiones tumbado boca arriba y de repente me llegaron las dulces ondas olfativas de un bollo en un horno. Debían venir de alguna cocina de mi vecindario viajando por el éter. Y con las partículas que provocaban mágicamente su aroma en mi nariz, trajo a mi mente la base de la idea de este post sobre el Blusón de la esencia inaprensible. Porque de la comprensión del mecanismo de trasporte y uso de la Materia y del Espacio que estaban haciendo físicamente las partículas invisibles del bollo que me traía el olor apetitoso a la cabeza deduje lo que hacen las que nos traen toda la virtualidad que degustamos después en Interné, en la radio, en los móviles y en la televisión. Así que por un momento vi el plasma del Barranco cuajado de ondillas impalpables que iban y venían cargadas de olores a pasteles y de preimpulsos de píxeles en chorro de todo tipo de película y archivo de imagen de texto y de sonido. Por un momento sentí cómo viajaba por esos caminos en el aire con su gracia de ondita vibratoria todo ese montón de pollas gigantescas y chochos entreabiertos yendo y viniendo chorreantes de tecnología a través de nuestra atmósfera (estadísticamente son por lo visto de lo que más circula), entreveradas de yernos reales y chorizos, de muertos reventados en las guerras, de bancos de ladrones predilectos, de líderes y líderas tan vanos como excelsos y bocazas mezclados con fairys para lavar los paltos y superlimpios quita grasas y mantecas libres de colesterol y cremas antiarrugas, de cifras para la correcta especulación en bolsa de mercados, de olas de feisbuses y tuiteres con millones de millones de mensajes con rollos importantes y nimios hasta la gilipollez navegando mezclados con coches sugerentes y frascos de perfume y ensayos de todo tipo de Philosophías, sagradas, guarras, sesudas, falsas, religiosas, literarias, de culto y de masas, incluso estos testos barrancarios, programas basuras y científicos. Porque ha sido en este marasmo de corrientes de micropartículas vibrantes sin cuerpo, que luego se materializan en el monitor en materias consumibles por la comprensión que las atiende, donde me han llegado esta mañana las nuevas de que había sido pillado infraganti un tal Blusón. Apodado el del Gig. Tras el que andaban hace tiempo las grandes inteligencias de la Especie. Gracias a un sistema observatorio de sesenta kilómetros de largo, cuatro mil cerebros celadores de la observación, y seis mil milloncetes de eurillos contantes y sonantes para dar a la cosa movimiento. Joder, hay que ver la Ciencia cómo ha evolucionado, desde aquélla torre apartada en el castillo de un noble mecenas donde buscaban la piedra filosofal en monómano secreto amenazados por la hoguera de la Santa Inquisición. Observé. Ahora ostentan sin duda los más altos grados del poder. Incluso el religioso. Por eso han montado ese número para cazar al Blusón, al del Gig: la partícula de Dios. Me dije que decían, fascinado por las figuraciones de modelos que el descubrimiento sugiere incluso a alguien tan poco versado en la Ciencia como yo, mientras cambiaba de las flexiones supinas a las de prono, sin dejar de observar la de intrigas y proyectos, y las puñalás traperas, que el mundo de esa investigación habrá desarrollado al tiempo de sus teorías en la práctica. Porque un mucho de montaje mediático de fiesta de los oscares nobeles de la ciencia de la investigación tenían las declaraciones que me habían llegado a través del vibrar de las ondas que viajaban por el mismo camino que los corpúsculos del aroma a bollo que en un principio tuvo el efecto de causar lo que ahora escribo. Y no sé si de verdad le habrán hecho la foto, los científicos, al Blusón, ni si en realidad tendrá que ver la Realidad mucho con el tinglado de teorías que montan con sus fórmulas, pero de lo que no parece caber duda es de que están pero que muy contentos de tener algo que vender. Quizás demasiado, pienso, como para que, al igual que se supone encerrado por ahí el Blusón, del Gig, entre los secretos de la formación de la Materia, no esté encerrado por acá el gato del Haberqué, del Pillo, entre los caminos de la materialización de los proyectos. Seguramente la respuesta concreta a esta última intuición que se me plantea sobre el universo, en este caso de la investigación, será tan compleja y tan inexplicable, si lo quieres tan cuántica, como la de intentar desentrañar los íntimos secretos de la urdimbre de la Masa Universal. En cualquier caso, los dos son juegos fascinantes de un mismo tipo de manía investigadora. Llamada comecocos. En los que no debe importar que nunca se pueda llegar a saber con exactitud las verdades que se buscan, sino que podamos ver con claridad que los caminos de las partículas básicas de las cosas son tan divinos como infinitos, además de inextricables y caleidoscópicos, y hagamos de esa facultad de la investigación lo fascinante de nuestro juego en busca de blusones, tanto de gigs, de ags, como de ugs. Ya sea a través de andar colisionando, en circuitos de aceleración de subpartículas, toda clase de hadrones, o del rumie especular de rudimentos de ideas malabares en las espirales especulativas de la lucubración.

(Sí. Ya sé que es un chiste fácil. Y que no aporta nada a la idea que trato de centrar sino que a lo mejor hasta que todo lo contrario, pero, no puedo resistirme: ¿no estará encerrando algún guiño interesante la coincidencia sonora que hay en español entre el ladrón, ese corpúsculo primario tan fundamental en la materialización de la Cultura, y los hadrones esos que aceleran en el acelerador ese de partículas para entender cómo se materializa la esencia de la Masa? Interesante campo de análisis se abre ahí para un pensamiento matemático que trate de englobar la Física con la Filosofía, en una explicación social desde el punto de vista cosmológico. Pero esto está dedicado al Blusón, y aunque al parecer es lo que hay que partir en colisiones para sacar a este a la luz, lo del Hadrón sería, en cualquier caso, otro personaje).



Postpost con un par de colores que se han quedado en la paleta sin formar parte del cuadro:

Esa coincidencia mística que tiene el Blusón con el Espíritu Santo en cuanto a que en los dos hay que creer sin verlos realmente, el uno imponiendo su existencia con los dogmas de la fe, y el otro demostrando con la fe en las ecuaciones la obligación matemática que tiene su existencia.

También puede ser interesante considerar ahora aquí aquello que he oído decir de que en su tiempo, el gerifalte de la política inglesa encargado de soltar la pasta del Estado, cuando le enseñaron los científicos el recién descubierto arco voltaico de la inducción eléctrica, buscando obtener de él fe en sus proyectos (económica, por supuesto, los proyectos no entienden de otro tipo de crédito), dijo, Es muy bonito, sí, pero, ¿esto de la electricidad sirve de verdad para algo? Y los otros le dijeron, Usted firme que luego ya veremos para qué puede servir, pero lo más  probable es que pronto esté usted cobrando impuestos por ella.



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